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C.HERMOSILLO : CONFESÓ LLORANDO LO QUE LE HIZO SALINAS – EL PRESIDENTE MAS ODIADO DE MEXICO

Los hombres se iban a las 5 de la mañana a la refinería y volvían a las 8 de la noche oliendo a petróleo. Los niños crecían sin verlos. Y los domingos,  el único día que el padre estaba en casa, lo dedicaba a dormir. Carlos creció con un hermano mayor que  lo cuidaba más que el padre. Se llamaba Heriberto, 4 años mayor, el que lo llevaba a las canchas, el que le compraba los primeros tenis con sus ahorros de la refinería, el que le explicaba cómo cabecear el balón en el aire. Heriberto era el héroe silencioso

de Carlos, el padre que el padre nunca pudo ser. Y un día de 1975,  cuando Carlos tenía 11 años, Herriberto con 15 le hizo una promesa que iba a marcar el resto de su vida. Le dijo, “Carlitos, tú vas a ser jugador profesional del Cruz Azul.  Yo te voy a llevar.” Carlos asintió esa tarde sin entender lo que estaba prometiendo, pero Heriberto sí entendía.

Heriberto sabía que su hermano menor tenía algo que ningún otro niño del pueblo tenía.  Una capacidad para cabecear el balón en el aire que se sentía sobrenatural,  una potencia en las piernas para saltar como si tuviera resortes y una inteligencia para leer la portería que los entrenadores adultos no podían  explicar.

Desde esa tarde, Eriberto se convirtió en el manager personal de su hermano. Le compró botines usados en el mercado de Tampico. Le pagó los pasajes en autobús para ir a entrenar a Posa Rica y habló a los ojeadores del Cruz Azul que pasaban por Veracruz una vez al año. Carlos, a los 14 años entró a las fuerzas básicas del Cruz Azul.

Eriberto con 18 dejó la refinería para irse con él a la ciudad de México.  Vivían en un cuarto rentado de la colonia Doctores. Comían frijoles con tortilla  5co días a la semana y Heriberto trabajaba de albañil durante el día para pagar la renta mientras Carlos entrenaba en la noria con los muchachos de la cantera.

Esa promesa de Heriberto hecha en un pueblo polvoriento de Veracruz una tarde de 1975 se cumplió. Carlos Hermosillo debutó con el primer equipo del Cruz Azul  el 12 de octubre de 1984, 20 años, camiseta celeste, Estadio Azteca. Y al minuto 67 recibió un balón por la izquierda,  acomodó el cuerpo y disparó.

¡Gol! Su hermano Heriberto en la  tribuna popular del Azteca lloró como un niño esa tarde. Lo que ninguno de los dos sabía esa noche era que 40 años después, en febrero de 2025,  Heriberto iba a morir solo en un hospital de Veracruz y que Carlos,  en esa misma cama sostendría su mano una última vez.

Recordando esa tarde polvorienta de 1975, cuando un niño de 15 años le prometió  a un niño de 11 que iba a ser jugador del Cruz Azul. Pero todavía no estamos en febrero de 2025. Todavía estamos en 1984, cuando Hermosillo era una promesa juvenil del Cruz  Azul, cuando Heriberto seguía siendo albañil de día, cuando nadie en México sabía quién era el grandote de Cerro Azul.

Pasaron 2 años, 1986,  y la vida le iba a presentar a Hermosillo la primera prueba grande de su carrera,  el Mundial México 86. Marzo de 1986,  Bora Milutinovic, técnico serbio de la selección mexicana, recibió la lista de convocados preliminares para el Mundial, que México iba a hacer sede por primera vez, 35 nombres, y entre ellos un delantero de 21 años del Cruz Azul que apenas  tenía dos temporadas en primera división, Carlos Hermosillo.

Esta convocatoria era el sueño cumplido de Eriiberto, de su madre,  de Cerro Azul entero. Carlos llamó por teléfono a su pueblo natal esa noche llorando  y le dijo a su madre tres palabras. Le dijo, “Lo logramos, mamá, pero 5co semanas después  todo iba a cambiar porque Hermosillo”, ese mismo mes, en una grabación del programa Siempre en domingo de Raúl Velasco, conoció a la mujer que iba  a marcarlo para siempre.

Una actriz de 22 años. Cabello castaño claro. Cabello castaño claro. Sonrisa que iluminaba el plató. Voz de cantante. Su nombre era Laura Flores. Hermosillo esa noche,  sentado en la grabación al lado del cantante Manuel Mijares, vio como Laura Flores entró al  escenario para presentar su primer disco como solista llamado Preparatoria y se quedó sin habla.

40 años después,  frente a las cámaras de la periodista Matilde Obregón, Hermosillo confesó lo que sintió esa noche.  Dijo solamente una frase, dijo, “En cuanto la vi, supe que iba a ser la madre de mis hijos.”  Y empezó a perseguirla. le mandó flores al estudio de Televisa, cartas escritas a mano, cassetes  con canciones grabadas y pagó a un compañero del Cruz Azul para que la llamara por teléfono y le dijera que él, Hermosillo,  estaba enamorado en serio.

Laura Flores resistió tres semanas,  después aceptó salir con él a comer y durante los siguientes dos años Hermosillo y Laura Flores fueron la pareja más fotografiada del medio del espectáculo y el  deporte en México. Iban a los premios de la radio, aparecían en  TV Notas, salían en Cosmopolitan.

Hermosillo le compró un anillo de  compromiso con sus primeros ahorros como jugador profesional. Iban a casarse después del Mundial 86. Pero algo pasó en mayo de 1986. Algo que Hermosillo no esperaba, algo que lo iba a destruir durante meses y que lo iba a marcar el resto de su vida. Guarda esta fecha en tu mente. Mayo de 1986.

Concentración de la selección mexicana en Txcala.  Vas a entender lo que pasó allí más adelante en este video.  Cuando llegue el momento de la revelación más dolorosa de la vida del grandote de Cerro Azul. Por ahora quédate con esto. Hermosillo no jugó  el Mundial México 86.

Bora Milutinovic lo dejó fuera  del 11 titular en los cinco partidos. Lo único que hizo fue calentar  en la banca y al final del torneo regresó al Cruz Azul con  una decepción que el público mexicano nunca entendió porque la prensa creyó que era  una decepción deportiva. La verdad era otra.

La verdad estaba en una carta que Hermosillo había recibido en su habitación del hotel de Tlazcala  unas semanas antes del mundial. Pero todavía no es momento  de contar eso. Por ahora vamos a seguir con la carrera de Hermosillo porque después del Mundial 86  todo cambió. 1987 Cruz  Azul lo vendió al club América. Sí, al rival eterno.

La afición celeste en su última temporada con Hermosillo lo insultó. Le gritaron traidor, bendido,  que se fuera del Estadio Azteca. Hermosillo cruzó al América  aceptando un sueldo cinco veces más alto y se convirtió en el delantero estelar de los Azulcema  durante dos temporadas, 1987 a 1989.

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