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Eugenio Derbez: La Boda Falsa que Humilló a Victoria Ruffo

Victoria Raffo tenía 29 años y estaba embarazada de 8 meses cuando Eugenio Dervz le organizó una boda falsa dentro de un salón católico de la Ciudad de México. El vestido blanco lo sostenía con cinta adhesiva y esa tarde de 1992 el comediante mexicano tomó una decisión que se convertiría en uno de los engaños más asquerosos del medio del espectáculo nacional.

Hoy vas a entender qué pasó esa tarde. ¿Qué decisión tomó el comediante durante los 6 meses siguientes al nacimiento de José Eduardo? ¿Y por qué Victoria Rufo, 30 años después ha jurado frente a cada periodista mexicano una sola frase concreta: La verdad se sabrá hasta que yo muera? Todo lo que vas a escuchar está respaldado por las propias declaraciones de Victoria Rufo, que ningún periodista mexicano logró conectar hasta hoy.

Si te quedas, vas a saber el nombre del actor cómico que se hizo pasar por sacerdote esa tarde. Vas a escuchar la frase exacta que Victoria Rufo le dijo a Eugenio Dervz cuando descubrió la verdad. y vas a descubrir el nombre del hombre que José Eduardo aprendió a llamar padre y que jamás fue Eugenio. Esa decisión asquerosa le costó al comediante tres cosas.

Una batalla legal por la custodia de su propio hijo, el silencio de Victoria Rafo durante tres décadas y casi la vida dentro de un quirófano de Estados Unidos en agosto de 2022. México lo amó 30 años como el comediante más entrañable del medio del espectáculo. El crossover latino que conquistó Hollywood. Pero la mujer que firmó los papeles del que creía su matrimonio guarda un secreto sobre Eugenio Dervz.

Un secreto que su hermana está escribiendo en un libro póstumo, un libro que solo se publicará cuando Victoria Rufo muera. Pero antes de saber qué pasó esa tarde de 1992 dentro de aquel salón católico de la ciudad de México, hay algo que tienes que entender, porque la decisión que Eugenio Dervz tomó frente a Victoria Raffo no empezó aquella tarde.

Empezó casi 30 años antes en una colonia residencial del centro de la capital mexicana, donde un niño pequeño veía cada noche a su madre actriz salir hacia los estudios de Televisa. sin saber que aquella ausencia constante terminaría marcando el resto de sus relaciones adultas con las mujeres que entrarían en su vida.

Eugenio González Dervz nació el 2 de septiembre del año 1961 dentro de una familia mexicana del centro de la capital. Su madre era Silvia Dervz, una de las actrices más reconocidas del cine mexicano de la época. Su padre, Eugenio González Salas trabajaba como publicista y desde el primer día de la infancia de Eugenio, la madre actriz estaba más ausente que presente.

El matrimonio entre los padres no aguantó las tensiones de aquella vida desequilibrada. En el año 1971, cuando Eugenio tenía apenas 10 años cumplidos, sus padres se separaron oficialmente. Existe una escena concreta de aquella separación que el propio Eugenio Dervz ha narrado dentro de varias entrevistas mexicanas. Ocurrió la tarde en que su padre salió del departamento familiar con la maleta de cuero negra que durante años había guardado dentro del armario del dormitorio principal.

Eugenio tenía 10 años cumplidos. Estaba sentado dentro del sofá de la sala principal y vio a su padre salir por la puerta del departamento sin que el hombre se acercara siquiera a despedirse de su propio hijo. Le dijo una sola frase, según versiones recogidas posteriormente por la prensa cultural mexicana. Pórtate bien con tu madre.

Existe una fotografía concreta de aquella maleta de cuero negra dentro del archivo familiar de los Derbz. Es una fotografía en blanco y negro tomada durante un cumpleaños del año 1969, donde la maleta aparece de fondo junto al sillón del salón principal del departamento familiar mexicano. Vamos a regresar a esa maleta más adelante.

El padre se mudó fuera del departamento. Silvia Dervz se quedó con la custodia completa de Eugenio y de sus dos hermanos. Y desde aquel día, según versiones recogidas por periodistas culturales mexicanos a lo largo de las décadas posteriores, el padre biológico de Eugenio prácticamente desapareció de la vida cotidiana de su hijo durante el resto de su adolescencia.

Acuérdate de esta dinámica. Vamos a regresar a ella 21 años más tarde dentro de un hospital de la Ciudad de México con un niño recién nacido que llevaría el apellido Dervz sin que su propio padre estuviera presente durante la primera semana de su vida. Eugenio creció dentro de aquel departamento, acompañado únicamente por su madre actriz y sus dos hermanos mayores.

Iba a una escuela privada durante el día y por las tardes esperaba sentado dentro de la sala del departamento a que su madre regresara de los rodajes televisivos de Televisa que durante los años 70 la mantenían trabajando 16 horas diarias. Silvia Derbesz era durante aquellos años una de las actrices mexicanas más solicitadas del medio televisivo.

Aparecía dentro de las telenovelas más vistas del país y compartía escena con figuras del cine de oro mexicano que durante décadas le habían enseñado el oficio dentro de los estudios de la capital. Pero dentro del departamento familiar. Su presencia maternal era cada vez más esporádica conforme los hijos crecían dentro de aquel hogar disfuncional.

Eugenio empezó a desarrollar dentro de aquel ambiente familiar la única forma de llamar la atención de su madre actriz que durante años le funcionó. La comedia. esperaba cada noche dentro del sofá de la sala principal con un repertorio nuevo de imitaciones preparado para el momento exacto en que su madre cruzara la puerta del departamento.

Imitaba a los políticos mexicanos que veía dentro de los noticieros vespertinos durante las horas de espera. Y cuando Silvia Dervz regresaba agotada de los rodajes televisivos, le pedía a Eugenio cada noche desde la puerta del departamento una sola frase concreta. Hazme reír, hijo. Eugenio aprendió desde niño una lección emocional concreta.

El amor maternal había que ganárselo a través del espectáculo. El cariño dentro del medio mexicano se intercambiaba por entretenimiento y las personas más importantes de su vida adulta vendrían y se irían dentro de aquel mismo patrón emocional disfuncional que su propia madre actriz le había enseñado durante toda su infancia.

Esa lección emocional iba a definir cada una de las decisiones que el comediante tomaría dentro de sus relaciones adultas posteriores con mujeres mexicanas del medio del espectáculo. A los 16 años cumplidos, Eugenio Dervz ya había decidido oficialmente que quería seguir la carrera profesional de su madre actriz.

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