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Así Es la Vida de Diego Santoy Dentro de la Prisión después de 20 años | El Asesino de Cumbres

Así Es la Vida de Diego Santoy Dentro de la Prisión después de 20 años | El Asesino de Cumbres

Hubo una época en la que Diego Santoy Riverol podía hacer lo que quisiera. Se movía libremente por Monterrey, manejaba su propio auto, salía cuando quería y volvía cada noche a una vida cómoda. Hoy duerme en una celda compartida dentro de un penal de Nuevo León, donde ha pasado gran parte de su vida adulta tras las rejas.

 cómo pasó de aquella libertad absoluta a convertirse en uno de los presos más conocidos de México y más importante aún, cómo vive realmente después de casi 20 años encerrado. Hoy vamos a ver quién fue realmente Diego Santoy Riveroll antes de la tragedia que lo convirtió en uno de los presos más mencionados de México. El hombre que durante años fue identificado por la prensa como el asesino de cumbres.

 ¿Qué hizo exactamente la madrugada en que su vida cambió para siempre y lo que casi ningún canal cuenta con detalle? ¿Cómo vive hoy dentro de un penal de Nuevo León?  ¿En qué trabaja? ¿Qué estudió? ¿Y qué ha dicho él mismo sobre los años que lleva encerrado? Quédate hasta el final porque ahí vas a descubrir cómo es realmente la vida de Diego Santoy después de casi 20 años tras las rejas.

 ¿Qué hace para ocupar sus días y por qué su futuro legal sigue sin estar completamente definido? Si te interesa descubrir cómo viven realmente en prisión los famosos criminales, políticos y personajes que alguna vez tuvieron dinero, poder o influencia, suscríbete porque aquí contamos la parte de la historia que comienza cuando las cámaras se apagan y las puertas de la prisión se cierran.

Para entender cómo llegó hasta aquí, hay que empezar por el principio. Diego Santoy Riverall nació a inicios de los años 80 en Monterrey, Nuevo León, dentro de una familia de clase media que podía pagarle un colegio privado. No hubo carencias en su infancia ni señales públicas de violencia en su entorno cercano.

 Quienes lo conocieron en esa época lo describen  como un joven tranquilo e introvertido, buen estudiante, más cercano a los libros que a los problemas. No tenía fama de violento ni antecedentes que llamaran la atención de nadie. Era, según varios testimonios recogidos después por la prensa, una persona común dentro de los círculos sociales de su ciudad.

 A mediados de los 2005, Diego conoció a Erika Penacost, una joven de una familia con mayor presencia social en Monterrey. La relación entre ambos comenzó de forma intensa, casi de inmediato. Distintos relatos posteriores coinciden en algo. No era una relación tranquila, sino una marcada por celos, control y discusiones constantes de los dos lados.

 Esa intensidad fue creciendo durante meses. Diego se volvió, según cuentan, quienes estaban cerca de la pareja,  cada vez más dependiente emocionalmente de esa relación. Para  él, Erika no era una novia más. Se había convertido en el centro de su vida diaria, al punto de dejar de lado otras áreas de su vida personal.

 Lo que parecía una relación más de adolescentes terminaría siendo la antesala de uno de los crímenes más recordados de México. Y lo que viene a continuación explica por qué esa historia terminó de la peor manera posible. Así que no te vayas. A inicios de 2006, Erika decidió terminar la relación.

 Para Diego, esa ruptura no fue un cierre más. La describió él mismo años después, como el momento que lo dejó devastado y sin control sobre lo que sentía. Las versiones coinciden en que insistió varias veces en recuperarla  sin éxito. Los días previos a la madrugada que cambiaría todo, Diego buscaba a Erika de forma constante.

 No hay evidencia de que ella hubiera denunciado amenazas formales, pero las personas cercanas a ambos describieron un ambiente cada vez más tenso entre los dos jóvenes en esas semanas. La familia de Erika tenía, a diferencia de la de Diego, mayor exposición pública en Monterrey, lo cual sería clave para entender por qué este caso terminaría convertido en un fenómeno mediático sin precedentes en el país, mucho más allá de lo que ocurre en un caso penal común.

Diego, en cambio, venía de un entorno más discreto. Esa diferencia de visibilidad entre las dos familias marcaría desde el primer día la forma en que la prensa y la opinión pública trataron el caso. Y todavía hoy sigue siendo parte de la discusión sobre lo que realmente pasó. Lo que ocurrió la madrugada del 2 de marzo de 2006 todavía se sigue discutiendo en México 20 años después y en la parte que sigue vas a conocer sin rodeos como sucedió esa madrugada.

 Según la versión oficial confirmada por las autoridades, Diego ingresó a la casa de Erikaa en la colonia Cumbres en Monterrey con el rostro cubierto y armado. Eran alrededor de las 3:30 de la mañana. En la vivienda se encontraban Erika, sus dos hermanos menores y la empleada doméstica de la familia. Dentro de la casa, Diego sometió primero a la trabajadora doméstica.

 Después, en cuestión de minutos, atacó con un arma blanca al hermano menor de Erika, un niño de 7 años, y privó de la vida a la hermana más pequeña de 3 años utilizando el cordón de una persiana. Erika también fue atacada y sufrió heridas graves, pero logró sobrevivir. Tras los hechos, Diego huyó de la vivienda en un vehículo llevando consigo durante un tramo a la empleada doméstica, a quien dejó en libertad kilómetros después en otro punto de la ciudad.

La policía inició de inmediato una búsqueda que en cuestión de horas se volvió noticia nacional, lo que hizo en los días siguientes, lo convirtió en protagonista de una de las persecuciones más mediáticas de la historia reciente de México. Y en la siguiente parte te cuento exactamente cómo terminó esa huida.

 Diego escapó hacia el sureste del país junto con su hermano con la intención de cruzar la frontera hacia Guatemala. Durante varios días  se mantuvo fuera del radar de las autoridades, mientras en Monterrey la noticia del doble homicidio dominaba los noticieros y mantenía en vilo a  buena parte de la ciudad. Cuatro días después de los hechos fue detenido junto a su hermano en el estado de Oaxaca cuando intentaban llegar a la frontera sur.

 Ambos fueron trasladados de regreso a Monterrey en un operativo que la televisión local transmitió casi en tiempo real. Algo común para un caso penal en esa época. Durante el interrogatorio inicial, Diego confesó su participación en los hechos. Años después, sin embargo, cambiaría esa versión. Aseguran que esa confesión se obtuvo bajo presión y comienza a sostener públicamente que fue Erika quien provocó la muerte de sus propios hermanos.

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