No por vanidad, aunque sus críticos luego lo acusarían de eso, sino por estrategia. Si los periódicos publicaban las fotos de las cervecerías [música] destruidas, si el público veía que alguien realmente estaba haciendo algo, la presión sobre Capone aumentaba y la moral del equipo también. En menos de 6 meses, Nes y sus hombres habían destruido cervecerías que generaban más de un millón de dólares al mes.
El daño económico a la organización de Capone era real y creciente. Capone lo notó y reaccionó como solía hacerlo, con dinero. Un día, uno de los hombres de NES recibió una visita. Le ofrecieron un sobre. El sobre contenía una cantidad de dinero que equivalía a varios meses de salario. [música] Era un soborno directo, una invitación a mirar para otro lado.
El agente rechazó el sobre y se lo contó a Nes. Inés hizo algo que Capone no esperaba. convocó una rueda de prensa, le contó a los periodistas todo el asunto, mostró el sobre, explicó que sus hombres habían rechazado el dinero. Al día siguiente, todos los periódicos de Chicago llevaban la historia [música] y uno de esos periódicos escribió, refiriéndose al grupo de NES, que eran completamente incorruptibles.
[música] Untouchables, en inglés, intocables. El nombre quedó y con él una leyenda. Pero la vida de los intocables no era una película de acción con música de fondo. Era peligrosa, tensa y agotadora. Capone ordenó varias veces que eliminaran a Nes. Hubo intentos de hacerle daño que Nes esquivó por suerte o por instinto.
Un amigo cercano suyo, Cam Alison, no tuvo tanta suerte. fue asesinado. Nes vivía pendiente de las espaldas, cambiaba de rutas, variaba sus horarios, no confiaba en nadie fuera de su círculo íntimo. Durmió mal durante años, pero siguió adelante. Y mientras Nes desmantelaba las cervecerías, otro equipo del gobierno trabajaba en la sombra con las armas que finalmente doblaron a Capone. Los números.
Los agentes del fisco llevaban años revisando las finanzas de la organización. Capone había cometido el error de ingresar dinero en bancos, de pagar en efectivo propiedades que no podía justificar, de vivir de una manera que no concordaba con ningún ingreso legal declarado. En 1931, el fisco [música] tenía suficiente para acusarlo de evasión fiscal en 21 cargos.
Los esfuerzos de NES habían reducido sus ingresos y su capacidad de sobornar jurados, pero fue la evasión fiscal la que finalmente lo llevó a juicio. El 17 de octubre de 1931, Alcapone fue declarado culpable de cinco de los 22 cargos de evasión fiscal. El juez le impuso 11 años de prisión y una multa millonaria.
Capone, que había corrompido a una ciudad entera, que había sobornado a policías y políticos durante una década, que había ordenado masacres sin que nadie pudiera tocarle, fue derrotado por los números de un libro de contabilidad. Empezó su condena en 1932, primero en la penitenciaría de Atlanta y luego cuando desde allí seguía controlando sus negocios.
Fue trasladado a la recién inaugurada prisión de Alcatraz, en la bahía de San Francisco, donde el control era absoluto. Chicago celebró la noticia. Los periódicos pusieron a NES en primera página. Tenía 28 años. [música] Era el agente más famoso del país y acababa de quedarse sin misión. Después de Capone podría haber esperado un ascenso, un puesto cómodo en Washington, una carrera tranquila apoyada en el prestigio de haber derrotado al mafioso más famoso de América.
Pero Elliot Nes no era un hombre que buscara la comodidad, o quizás era simplemente un hombre al que el sistema no sabía muy bien qué hacer con él cuando no había un monstruo concreto que cazar. Lo enviaron [música] a Cinati. Desde allí coordinó operaciones contra las redes de destilación ilegal de alcohol en las colinas y montañas de Ohio, Kentucky y partes de Tennessee.
Era trabajo importante pero invisible, lejos de los focos. NES lo hizo bien, como siempre, metódicamente sin escándalos y en 1934 lo trasladaron a Cleveland como agente de la Unidad de Impuestos sobre el Alcohol. Un año después, en diciembre de 1935, el alcalde de Cleveland, Harold Hits Burton, le ofreció algo inesperado.
El cargo de director de seguridad pública de la ciudad. Tenía 32 años. Era el más joven en ocupar ese puesto en la historia de Cleveland y lo que encontró cuando llegó fue un desastre. Cleveland era, a mediados de los años 30 una ciudad asfixiada por la corrupción. La policía local era una organización podrida desde dentro.
Los agentes cobraban sobornos de bares ilegales y burdeles, protegían operaciones criminales, miraban para otro lado cuando los jefes de AMPA hacían sus negocios. El departamento de bomberos no era muy diferente. La ciudad entera tenía la sensación de estar en manos de intereses oscuros que operaban con total impunidad.
Burton quería limpiar todo eso y pensó que el hombre que había derrotado a Alcapone era el indicado para hacerlo. NES aceptó y empezó a trabajar con su método habitual, información. Reunió pruebas sobre más de 200 agentes de policía corruptos. No los denunció todos a la vez porque habría colapsado el sistema. Lo hizo de forma gradual, construyendo casos, acumulando evidencias, asegurándose de que cuando llegara el momento ningún abogado pudiera desmontar lo que había construido.
Llevó a 15 funcionarios a juicio por conducta criminal. Expulsó a los demás. Fundó la Academia de Policía de Cleveland, donde los nuevos agentes recibían formación moderna, ética y profesional. Reformó el Departamento de Bomberos con el mismo criterio. Creó tribunales especializados para los casos de tráfico, separándolos del resto para agilizar los procesos y eliminar la posibilidad de sobornos puntuales.
En esos primeros años en Cleveland, NES fue extraordinariamente eficaz. Transformó una institución corrupta en algo que empezaba a parecerse a un cuerpo policial moderno. La prensa local lo admiraba, los ciudadanos lo respetaban. Parecía que su carrera, lejos de estancarse después de Capone, estaba entrando en una segunda fase todavía más ambiciosa y entonces empezaron a aparecer los cadáveres.
El primero en realidad llegó antes de que Nes pisara Cleveland. [música] En septiembre de 1934, la mitad inferior del torso de una mujer apareció en la orilla del lago Eri, al este de la ciudad. No tenía cabeza, no tenía brazos, no tenía piernas por debajo de las rodillas. La prensa la llamó la dama del lago.
La policía no la conectó de inmediato con nada más. Era un crimen aislado, o eso parecía. En septiembre de 1935 aparecieron dos cuerpos más en un barranco del barrio de Kingsbury Roun, una zona deprimida del este de Cleveland, llena de chabolas, vagabundos, bares de mala muerte y vías de ferrocarril.
Los dos cuerpos estaban decapitados y mutilados. Uno de ellos fue identificado. Se llamaba Edward Andrasi. Tenía 29 años y era conocido en los ambientes más sórdidos de la ciudad. El otro nunca fue identificado. La policía empezó a preguntarse si había alguna conexión con la dama del lago. Todavía no sabían que estaban ante el inicio de la serie [música] de crímenes más escalofriante de la historia de Ohio.
A lo largo de 1936 [música] aparecieron más cuerpos, siempre el mismo patrón, decapitados, algunos mientras todavía vivían, según los informes del forense, los miembros separados con una precisión que revelaba conocimientos de anatomía. Los cuerpos siempre aparecían en Kingsbury Roun o en sus alrededores. La ciudad entró en pánico.
Los periódicos de Cleveland publicaban historias casi a diario. La ciudadanía exigía respuestas y el alcalde Burton presionó a NES para que se involucrara directamente en la investigación. NES no era detective de homicidios. Su especialidad era el crimen organizado, los delitos económicos, la corrupción institucional, pero aceptó la responsabilidad porque era el director de seguridad [música] pública y porque entendía que la ciudad necesitaba ver que alguien al mando se tomaba el asunto en serio.
Así que Nes empezó a reunirse con los detectives asignados al caso, a revisar los informes forenses, a pensar en ese asesino invisible que llevaba meses aterrorizando Cleveland. convocó lo que los periódicos llamaron una clínica del torso, una reunión de policías, forenses y expertos para analizar toda la información disponible y trazar un perfil del asesino.
Era un método pionero para la época, algo que hoy llamaríamos análisis de comportamiento criminal, pero que en 1936 no tenía ni nombre ni metodología establecida. Nes estaba inventando sobre la marcha tratando de aplicar al perfil de un asesino en serie las mismas técnicas analíticas que había usado contra Capone.
Los cuerpos seguían apareciendo, [música] el séptimo, el octavo, el noveno. Algunas víctimas eran mujeres, otras hombres. La mayoría no tenía identificación. Eran los invisibles de la gran depresión. Vagabundos, indigentes, trabajadores sin papeles que nadie reclamaba. El asesino los elegía precisamente por eso, porque nadie los buscaría y seguía libre en algún lugar de la ciudad afilando sus instrumentos.
A medida que los crímenes se acumulaban, NES fue cerrando el cerco alrededor de un sospechoso. Su nombre era Francis Swinnie. [música] Era médico cirujano de formación con los conocimientos anatómicos necesarios para ejecutar las mutilaciones con esa precisión que tanto había desconcertado a los forenses.
Vivía cerca de Kingsbury Roun. tenía acceso a instalaciones donde podría haber mantenido los cuerpos antes de abandonarlos y era alcohólico, errático, con una vida personal en ruinas. [música] Se había divorciado, había perdido su licencia médica temporalmente, reunía todas las características que Nes había aprendido a buscar.
Pero Swinny tenía una protección inesperada. Era primo de Martin Swinny, un congresista demócrata que era enemigo político declarado del alcalde Burton, el jefe de NES. Procesar a Francis Swinnie significaba inevitablemente entrar en una batalla política de consecuencias impredecibles. NES lo [música] sabía y, sin embargo, siguió adelante.
En mayo de 1938, Nes organizó un interrogatorio secreto sin cámaras, sin periodistas, sin registro oficial. Llevó a Swinnie a un hotel de Cleveland y lo interrogó durante varios días junto a otros investigadores y un experto en polígrafos. El médico respondió las preguntas. se mostró extrañamente tranquilo en algunos momentos y completamente descompuesto en otros.
Según Nes, el polígrafo señaló que Swinnie mentía en respuestas clave. Según Nes, era su hombre, pero no había pruebas materiales. No había un solo fragmento de evidencia física que pudiera presentarse ante un [música] tribunal. El interrogatorio había sido informal, extraoficial y, por tanto, inutilizable en un proceso judicial.
Nes tenía la certeza moral, pero no la jurídica. Y sin la segunda, la primera no servía de nada. Lo que sucedió a continuación es uno de los episodios más extraños de toda esta historia. En agosto de 1938, Francis Swinnie tomó una decisión aparentemente voluntaria. [música] Se internó en un sanatorio psiquiátrico y desde ese momento los crímenes se [música] detuvieron.
El último cuerpo oficial atribuido al carnicero de Kingsbury Run fue encontrado el 16 de agosto de 1938, dos días antes de que Swinny ingresara en la institución. Las coincidencias [música] son a veces demasiado perfectas para ser casualidad, pero las coincidencias tampoco son pruebas. NES nunca pudo arrestarlo, nunca pudo llevar a nadie a juicio por los crímenes de Kingsbury Run y eso lo persiguió durante el resto de su vida porque Sini lo sabía.
Desde su confinamiento en el sanatorio, el médico empezó a enviar tarjetas postales a NES, tarjetas crípticas, burlonas, [música] con mensajes que oscilaban entre la amenaza velada y el insulto directo. Las tarjetas llegaron durante años. Llegaron cuando Nes ya había dejado Cleveland, cuando su carrera se había desintegrado, cuando su matrimonio se había roto, cuando bebía demasiado.
Las tarjetas llegaron hasta la década de los 50. Dejaron de llegar cuando Nes murió en 1957. Sini sobrevivió a su presunto perseguidor. El caso del carnicero de Kingsbury Run permanece oficialmente sin resolver hasta hoy. 13 víctimas reconocidas, aunque algunos investigadores sugieren que podrían haber sido 20 o más, solo tres de [música] ellas fueron identificadas.
El resto son nombres en blanco en los archivos, fantasmas de una ciudad que ya no existe tal como era entonces. Y en esos archivos, junto a los nombres de los muertos, está también el nombre de Elliot Nes, el hombre que intentó atrapar al asesino y fracasó. Ese fracaso tuvo consecuencias. La opinión pública que había aplaudido a NES durante años empezó a mirarlo de otra manera.
En agosto de 1938, pocos días después de encontrar los últimos cuerpos, NES ordenó una operación que generó polémica. Sus agentes barrieron los campamentos de indigentes en Kingsbury Roun, detuvieron a más de 300 personas y quemaron las chavolas donde vivían. Era una medida desesperada la decisión de un hombre que no tenía respuestas y necesitaba hacer algo visible.
Los periódicos que antes lo habían ensalzado ahora lo criticaban por desalojar a los pobres en lugar de encontrar al asesino. Y mientras todo eso ocurría, en la vida personal de Nes, las cosas tampoco iban bien. Su primer matrimonio con Edna Staley se deshizo en 1938 después de 9 años. Edna dijo que Elliot no estaba nunca, que el trabajo lo consumía todo, que no había espacio para ninguna otra cosa en su vida.
Era verdad y al mismo tiempo no contaba la historia completa porque Nes había conocido a otra mujer, Evaline Mcandrew, artista sofisticada, con una vida social que contrastaba con la austeridad del mundo policial. Se casaron en 1939. Parecía un nuevo comienzo, pero los nuevos comienzos en la historia de NES duraban poco.
En 1942 sucedió algo que cambió todo. Una noche [música] de enero, el coche de NES chocó contra otro vehículo en las calles de Cleveland. Los análisis posteriores revelaron que NES conducía bajo los efectos del alcohol. Era un escándalo monumental. El hombre que había construido su reputación sobre la ley y la incorruptibilidad, el hombre que había peleado contra el alcohol ilegal durante años, ahora era detenido por conducir borracho.
NES negó inicialmente los hechos, luego intentó minimizarlos. El daño ya estaba hecho. La prensa fue implacable. La imagen del héroe into se agrietó de una manera que nunca se repararía del todo. Pocos meses después del accidente, Nes presentó su dimisión como director de seguridad pública. Su segunda esposa, Evelyin, se divorció de él y se mudó a Nueva York.
Nes se quedó solo en una ciudad que ya no lo quería como líder y entonces intentó algo que nunca debería haber intentado, la política. En 1947, Elliot Nes se presentó a las elecciones para alcalde de Cleveland. Era una candidatura que nacía de la desesperación más que de la ambición. Necesitaba recuperar algo, un propósito, un lugar en el mundo que reconociera quién había sido.
Pero el NES de 1947 no era el NES de 1931. Era un hombre de 44 años con el alcohol, ya instalado en su vida como una presencia fija, con una reputación dañada por el escándalo del accidente, con una ciudad que lo recordaba más por sus fracasos recientes que por sus victorias antiguas. perdió y la derrota fue aplastante.
Ese mismo año fue despedido de su trabajo en la empresa Debol, fabricante de sistemas [música] de seguridad, donde había intentado reinventarse como hombre de negocios. La razón oficial fue vaga, rendimiento insatisfactorio, algo por el estilo. La razón real era probablemente más compleja, una mezcla de distracción, de falta de interés genuino y de una reputación que ya no abría puertas.
Nes se mudó a Kudersport, una pequeña ciudad de Pennsylvania. prácticamente desconocida, incluso para la mayoría de los americanos. Encontró trabajo en una empresa local llamada North Rich Industrial, que fabricaba un producto llamado Flocuele, usado en procesos de purificación de agua. Pasó de perseguir a Alcapone a vender flocuele en Pennsylvania.
Si la ironía tiene nombre, a veces ese nombre es [música] Elliotes. Sus últimos años fueron grises. Había rehecho su vida sentimental [música] por tercera vez. Se había casado con Elizabeth Andersen Sber en 1946, una mujer de mundo que lo conoció cuando todavía conservaba algo de su antiguo brillo. Juntos adoptaron un hijo, Robert.
Nes intentó [música] ser un buen padre, aunque los testimonios de quienes lo conocieron en esa época pintan a un hombre que se escapaba a sí mismo con frecuencia, que bebía más de lo que debería, que alternaba periodos de energía y optimismo con otros de oscuridad y silencio. El dinero nunca llegaba, tenía deudas. Vivía con una economía precaria que contrastaba absurdamente con la imagen glamurosa que el público todavía asociaba vagamente a su nombre cuando lo recordaba.
Y fue en esa situación a principios de los años 50 cuando un periodista deportivo llamado Óscar Fray lo encontró en un cóctel y le preguntó si alguna vez había pensado en contar su historia. Nes dijo que sí, que llevaba años pensándolo. Los dos empezaron a trabajar juntos. Nes contaba, Fría. Era un proceso lento, interrumpido por los problemas cotidianos de NES, por sus silencios, por sus noches malas.
El libro fue tomando forma a lo largo de años. Se tituló Los intocables y narraba la historia de la persecución de Alcapone [música] desde el punto de vista del propio NES, con el tono dramático y cinematográfico que Fría dar a los textos. Era una narración que mezclaba hechos reales con dramatizaciones, que inflaba algunos episodios y simplificaba otros.
No era historia académica, era algo más cercano a la mitología de uno mismo. El 16 de mayo de 1957, Elliot [música] Nes se sentó con las pruebas de imprenta del libro. Las leyó, las corrigió, las aprobó. Era el último paso antes de que el libro fuera a la imprenta. Horas después sufrió un infarto masivo y murió en su casa de Coodersport. Tenía 54 años.
En su cuenta bancaria quedaban exactamente $800. Los Intocables se publicó en noviembre de ese año, 6 meses después de su muerte, y algo inesperado ocurrió. El libro fue un éxito, no un éxito discreto, sino un fenómeno. En 1959, la cadena ABC estrenó una serie de televisión basada en él. La protagonizaba Robert Stack como Elliot Nes y se llamó, ¿cómo no? Los Intocables.
Duró cuatro temporadas, 118 episodios [música] y convirtió a un hombre que había muerto en la oscuridad en uno de los personajes más reconocibles de la cultura popular americana. La familia Capone intentó demandar a la producción por el uso del apellido. Los italoamericanos protestaron [música] por cómo se retrataba a los inmigrantes italianos.
Frank Sinatra, el mismo hijo de italianos, declaró públicamente que la serie era una ofensa. [música] La controversia alimentó la audiencia. En 1987, el director Brian de Palma llevó la historia al cine. Kevin Cosner interpretó a Nés Sean Connery ganó el Óscar al mejor actor de reparto como el policía irlandés Jim Malone y Robert de Niro compuso un alcapone que se quedó en la memoria colectiva.
La película era una fantasía elaborada, llena de licencias dramáticas, con muy poca relación con los hechos reales. Pero eso le importó poco al público, que salió de los cines convencido de que Elliot Nes era un héroe de película. Literalmente, hubo algo poético y al mismo tiempo cruel en todo eso. Nes nunca vio nada de ese reconocimiento.
No supo que su nombre duraría décadas después de su muerte. No supo que millones de personas en todo el mundo aprenderían quién era a través de una pantalla. murió pensando que había sido olvidado, que su vida había acabado siendo menos de lo que prometía y en cierto sentido tenía razón. La vida real de Elliot Nes fue mucho más complicada, mucho más oscura, mucho más humana que cualquier versión que Hollywood pudiera fabricar.

Sus cenizas, [música] que nadie reclamó durante años estuvieron guardadas en un garaje durante décadas. En 1997, [música] 40 años después de su muerte, la ciudad de Cleveland organizó un funeral con honores militares y policiales y sus restos fueron esparcidos en el lago del cementerio Lakeview. No lejos de Kingsbury Roun, no lejos del lugar donde el carnicero dejó sus víctimas sin nombre, no lejos del único caso que Eliotnes no pudo resolver, fue un hombre que vivió persiguiendo monstruos y acabó derrotado en parte por sus propios
demonios. fue un héroe con grietas, un incorruptible que se rompió, un símbolo que la historia trató mejor que la vida. Y quizás eso es lo que lo hace todavía fascinante, no la leyenda impecable que construyó Hollywood, sino el hombre real que hubo detrás con sus victorias extraordinarias y sus fracasos muy ordinarios.
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