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La Vida en la Cárcel del Monstruo de Antioquía: Así Paga Sus Crímenes | Santiago Uribe

 

Hay una hacienda en el norte de Antioquia, se llama La Carolina. Está en el sector de los Llanos de Cuibá, municipio de Yarumal, a poco menos de 100 km de Medellín. Si uno sube por la troncal de occidente y luego gira hacia el oriente por las carreteras de tierra que suben al altiplano norte. El terreno es frío, los pastizales son verdes casi todo el año y durante los primeros años de la década de los 90, según lo que estableció la justicia colombiana después de más de 30 años de proceso, esa finca fue el centro de operaciones

de uno de los grupos paramilitares más letales del departamento. Ese lugar le pertenecía a Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente Álvaro Uribe Vélez. El 3 de junio de 2026, la sala de casación penal de la Corte Suprema de Justicia con ponencia del magistrado Gerson Chaverra Castro confirmó la condena de 28 años y 3 meses de prisión contra Santiago Uribe.

 Los delitos homicidio agravado y concierto para delinquir agravado en concurso con crímenes de lesa humanidad imprescriptibles. La corte fue explícita. Contra esa decisión no procede ningún recurso. El expediente se cerró y 6 días después, el 9 de junio de 2026, el expresidente Álvaro Uribe lo confirmó en sus redes sociales con una frase corta y cargada.

 Santiago Uribe, mi hermano, llegó por sus medios a una comisaría de policía para cumplir con la orden de captura. Pero llegar hasta ese momento tomó 31 años. En ese recorrido hubo investigaciones archivadas por falta de pruebas, testigos que huyeron del país y recibieron protección internacional de organizaciones de derechos humanos y de la compañía de Jesús.

 Un trabajador rural al que torturaron hasta enfermarle la mente. Un fallo absolutorio que duró menos de 12 meses antes de ser revocado y un intento documentado por parte del expediente de manipular la información con un testigo falso. Hoy les contamos esa historia. la del hombre al que durante décadas nadie pudo tocar, la de las víctimas de Yarumal, campamento y Valdivia, que esperaron 30 años, y la de cómo al final el peso del expediente pudo más que el peso del apellido.

 En este vídeo van a conocer quiénes eran realmente los 12 apóstoles, qué ocurría dentro de la Carolina según el expediente judicial, por qué un testigo clave terminó con esquizofrenia después de declarar cómo fue el crimen de Camilo Barrientos Durán el 25 de febrero de 1994 en la carretera entre campamento y Yarumal y que él espera exactamente a un hombre de 73 años que acaba de entrar al sistema penitenciario colombiano con una condena de 340 40 meses.

 La celda el 9 de junio de 2026. Un hombre de 73 años llegó por sus propios medios a una comisaría de policía en Antioquia. Llevaba consigo, según los reportes, lo necesario para la presentación ante las autoridades. Había sido ganadero, ascendado, dueño de caballos de paso, hermano del político más influyente de la derecha colombiana en las últimas dos décadas.

 Ese día se entregó Santiago Uribe Vélez. 4 días antes, el 3 de junio, la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema había pronunciado la palabra que hacía definitiva una condena de 340 meses de prisión. No había más instancias. El abogado Jaime Granados Peña, penalista que defiende también al expresidente Álvaro Uribe en el caso de manipulación de testigos, había presentado un recurso extraordinario de casación después del fallo del tribunal.

La Corte lo desestimó de tajo, calificándolo de improcedente. Según Granado, sin embargo, seguirá buscando herramientas jurídicas para revertir la situación. Pero la entrega ocurrió y esa imagen, un hombre que durante décadas habitó haciendas en el norte antioqueño, llegando voluntariamente a ponerse a disposición del sistema penitenciario, es el punto de llegada de esta historia.

El destino al que todo el expediente, todos los testigos, todos los años de proceso conducían. La Corte lo había anunciado desde el primer párrafo de su fallo y lo que les vamos a contar en este video es el recorrido que llevó hasta ahí. Volvamos al principio, al norte de Antioquia, a comienzos de los 90, a un territorio donde la violencia no era noticia, sino clima, y a un apellido que allí significaba poder.

 La pregunta de fondo, la que organiza todo lo que viene a continuación es esta: ¿Cómo paga alguien como Santiago Uribe? ¿Cómo se ejecuta una condena de 28 años sobre un hombre de 73 con 24 propiedades en Antioquia y el apellido más políticamente cargado del país? A esa respuesta llegamos al final, pero para entenderla del todo hay que empezar por el territorio donde todo comenzó.

 El ganadero al que nadie se atrevía a señalar, Álvaro Uribe Vélez, nació el 4 de julio de 1952. Santiago, el segundo de los cinco hijos del ganadero Alberto Uribe Sierra y de Laura Vélez, nació el 7 de abril de 1957, ambos en Medellín. Aunque la familia se movió entre propiedades en distintos municipios de Antioquia, el padre Alberto Uribe Sierra construyó una fortuna basada en tierra y ganado en el departamento con fincas distribuidas por el norte, el oriente y otras zonas de Antioquia. Mientras Álvaro el Mayor tomó

el camino de la política alcalde de Medellín brevemente, luego gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997, después senador y finalmente presidente de la República entre 2002 y 2010 Santiago siguió los pasos del padre, los caballos de paso, el ganado, las fincas, una existencia construida sobre la tierra y la actividad agropecuaria del norte antioqueño.

 14 de junio de 1983 cambió algo en la familia. Alberto Uribe Sierra fue asesinado mientras aterrizaba en su hacienda las huacharacas. En el ataque murió el padre y Santiago resultó herido con pérdida de uno de sus dedos. El expresidente Álvaro Uribe construiría durante décadas una narrativa política sobre ese episodio, atribuyendo el crimen al frente 36 de las FARCK, aunque la versión nunca fue del todo clara.

Santiago también salió marcado físicamente y según lo que vendría después de otras formas, la hacienda la Carolina. Una de las 24 propiedades que la familia Uribe Vélez tenía en Antioquia, ubicada en el sector de los Llanos de Cuibá, municipio de Yarumal, es, según el fallo condenatorio, la que más frecuentaba Santiago, la que administraba, la que, de acuerdo con la sentencia del Tribunal Superior de Antioquia era administrada en la época de los hechos por el sindicato y era conueño de sus predios. Desde antes de

ser administrador estaba al tanto. Visitaba con frecuencia el lugar. Lo destinó para reuniones de la organización ilegal y para la presencia y entrenamiento de hombres armados. En 1985, el periodista Fabio Castillo publicó el libro Los jinetes de la cocaína, obra que documentaba los vínculos entre el crimen organizado y la clase política y económica en Colombia.

 En una fotografía de ese año aparecía Santiago Uribe en una actividad social junto a miembros de la familia Ochoa Restrepo, una de las familias socias de Pablo Escobar dentro del cartel de Medellín. Esa imagen quedó registrada y fue citada en investigaciones periodísticas posteriores. Lo que es verificable, como dato judicial es que la condena definitiva del 3 de junio de 2026 no incluye cargos por narcotráfico.

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