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Brigitte Bardot y su único hijo: una historia de dolor, fama y controversia

Este video no es la historia que ya conoces de Brigit Bardau, la que aparece en cualquier biografía superficial. Niña  bonita, actriz famosa, símbolo sexual, activista. Esta es la historia completa, la que conecta todas esas etapas con algo que ella misma reconoció, sin filtros, sin pedir disculpas, que jamás quiso ser madre, que vivió esa maternidad como una condena y que ese conflicto terminó costándole literalmente una demanda judicial y una multa de un tribunal de París para entender cómo una mujer que el mundo entero deseaba pudo al mismo tiempo

describir a su propio hijo como el objeto de mi desgracia. Hay que mirar su vida completa, no solamente la parte bonita que aparece en las postales. Brigit Ann Marie Bardod nació el 28 de septiembre de 1934 en el distrito 15 de París. Hija de Louis Bardot y Ann Marie Musel, una familia acomodada, católica,  de las que en ese momento se consideraban de buena sociedad parisina.

No hubo pobreza en su infancia, no hubo orfanatos ni hogares de acogida, como en tantas otras historias de estrellas que terminan trágicamente. Todo lo contrario. Brigit fue una niña con acceso a una educación de élite  criada bajo una disciplina familiar estricta que, según ella misma, reconocería décadas más tarde, le causó sufrimiento en su momento, aunque  con el tiempo llegó a sentirse agradecida por esa formación.

Desde pequeña mostró talento para el ballet, llegando a conseguir un lugar en el prestigioso Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza  de París. Si alguien hubiera apostado en ese momento sobre el futuro de esa niña, lo más probable es que hubiera apostado por una carrera de bailarina clásica, no por lo que realmente terminó ocurriendo.

A los 15 años, mientras todavía estudiaba danza, Brigit apareció en la portada de la revista. Esa imagen llegó a las manos de un joven guionista y futuro director de cine llamado Roger Badim, 6 años mayor que ella, que quedó fascinado de inmediato. Empezaron una relación en secreto y cuando los padres de Brigit se enteraron de ese romance con un hombre mucho mayor, intentaron separarlos, llegando incluso a amenazar con enviarla a Inglaterra para alejarla de él.

Según ha documentado  la prensa a lo largo de los años, fue en ese momento con apenas 16 años cuando Brigit Bardod intentó quitarse  la vida por primera vez, metiendo la cabeza dentro de un horno de gas. Sus padres llegaron a tiempo para encontrarla.  Sería lamentablemente la primera de varias veces a lo largo de su vida en las que recurriría a un gesto similar.

En 1952, ya con los 18 años necesarios para casarse sin autorización paterna en la Francia de esa época, se convirtió en su esposa. Lo que vino después no fue un ascenso gradual, fue una explosión. En 1956, Badim escribió y dirigió  una película llamada Y Dios creó a la mujer con Brigit como protagonista, interpretando a una joven completamente libre de las culpas sexuales  que la Sociedad Católica Francesa de la Época imponía sobre las mujeres.

La película escandalizó a la prensa conservadora, escandalizó a la iglesia y precisamente por eso se convirtió en un fenómeno mundial. De la noche a la mañana, Brigitte Bardot dejó de ser una joven actriz  francesa más para convertirse en la mujer que, según muchos historiadores del cine, redefinió lo que el mundo entendía por Sex symbol durante toda la segunda mitad del siglo XX.

Incluso una intelectual tan seria como Simón de Boboar, la gran referente del feminismo francés de esa época, escribió sobre ella con una mezcla de fascinación y respeto, describiéndola como una fuerza de la naturaleza peligrosa mientras siguiera sin domesticar. Pero aquí está el primer giro de esta historia, el que casi nadie cuenta con suficiente detalle.

Mientras el mundo entero empezaba a admirar ataca a esa joven rubia como el ideal de libertad y deseo, en la vida real de Brigit Bardot las cosas no eran tan luminosas. La presión de la fama repentina, las críticas frecuentemente machistas sobre su talento actoral y la exposición constante a la que se vio sometida desde muy joven le provocaron, según ella misma confesaría décadas después en su autobiografía, episodios de depresión severa e incluso un intento de suicidio. Eso fue apenas el comienzo.

Porque mientras Brigit Bardó se convertía película tras película, en la fantasía erótica de medio planeta, en su vida privada se estaba gestando algo que ella jamás había deseado y que terminaría definiendo una de las relaciones más documentadas y más dolorosas de toda  su existencia, el nacimiento de su único hijo, en enero de 1960  en pleno matrimonio con su segundo esposo, el actor Jack Sharier.

Lo que pasó con ese hijo, lo que Brigit Barda escribió sobre él más tarde y lo que un tribunal  francés terminó decidiendo al respecto es la parte de esta historia que la convierte en algo mucho más complicado  que la simple leyenda de una diosa del cine francés. Miré mi vientre plano y delgado en el espejo como a un amigo querido sobre el cual estaba a punto de cerrar la tapa de un ataú.

Brigitte Bardau, iniciales  bebé. En 1959, Brigitte Bardau ya se había divorciado de Roger Badim y estaba casada con su segundo esposo, el actor francés Jack Sharier. Ese mismo año quedó embarazada y lo que escribió años después sobre esos meses de espera no se parece en nada a lo que cualquier revista de la época hubiera podido imaginar sobre la vida íntima de la mujer más deseada de Francia.

En su autobiografía titulada Iniciales bebé, publicada décadas más tarde, Brigitte de Bardot describió ese embarazo con palabras que incluso hoy generan incomodidad. Escribió que miraba su propio  vientre plano y delgado hasta entonces, como quien mira a un amigo querido sobre el cual estaba a punto de cerrar la tapa de un ataúd.

No fue una metáfora aislada. En otro pasaje del mismo libro, comparó lo que crecía dentro de ella con un tumor canceroso. Según relató ella misma, intentó terminar ese embarazo. El aborto era ilegal en Francia en esa época, así que no tuvo acceso a un procedimiento médico seguro. De acuerdo a su propio testimonio, llegó a golpearse el abdomen con los puños, buscando provocar una pérdida y trató de conseguir morfina sin éxito.

También  escribió que había tenido antes de ese embarazo que sí llegó a término, otros dos embarazos que terminaron en aborto, uno de  los cuales, según sus propias palabras, casi le costó la vida. Hay otro dato que distintos relatos biográficos sobre  este periodo no dejan de mencionar, aunque conviene precisar el momento exacto.

Durante el rodaje de la película  La verdad, en 1960, ya con Nicolás nacido, Brigit Bardau intentó quitarse la vida el día de su cumpleaños número 26, tomando una cantidad excesiva de pastillas para dormir y cortándose las muñecas. No fue la primera vez que lo intentaba y tampoco sería la última. Según ha documentado la prensa a lo largo de los años, Brigit Bardau atravesó al menos cuatro episodios  de este tipo en distintos momentos de su vida, desde los 16 años cuando sus padres se opusieron a su relación con Roger Badim hasta los 58 ya

en su última etapa. Lo que esto deja claro es que detrás de la imagen de mujer todopoderosa  y dueña absoluta de su destino que el público veía en pantalla, había una persona que cargaba desde muy joven con un sufrimiento profundo que la fama no hizo más que intensificar.  Hay otro dato igual de perturbador que aparece en esas mismas memorias y que rara vez se menciona junto a las frases más citadas.

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