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Juan Gabriel: El Niño Abandonado Que Hizo Llorar al Mundo… Su Madre Nunca Lo Visitó en 8 Años

 un pasado que comenzó cuando su madre lo abandonó en un orfanato a los 5  años y nunca volvió a visitarlo. Esta es la historia del hombre  que hizo llorar a millones con amor eterno, pero que pasó su infancia llorando solo en un internado esperando una visita que nunca llegó. La historia del genio que creó la canción más bella para todas las madres, pero cuya propia madre nunca lo amó.

 Y la historia de cómo ese niño abandonado se convirtió en una leyenda, pero nunca pudo escapar del dolor que lo  persiguió toda su vida. Si te gusta este contenido de historias verdaderas de personajes que marcaron la música latinoamericana, me ayudarías mucho con una suscripción y un me gusta.

  Ahora sí, vamos con esta historia. Alberto Aguilera Baladez nació el 7 de enero de 1950 en Paraguaro, Michoacán. un pueblo pequeño y pobre en el centro de México. Era el menor de 10 hijos de Gabriel Aguilera Rodríguez y Victoria Baladez Rojas, dos campesinos que vivían en extrema pobreza.

 Su padre trabajaba a la tierra sembrando y cosechando para mantener a su familia. Su madre trabajaba como empleada doméstica cuando podía. De los 10 hijos que tuvo Victoria, cuatro murieron en la infancia por desnutrición y enfermedades. Quedaron seis y Alberto era el más pequeño, el bebé de la familia. Pero cuando Alberto tenía apenas meses de nacido, su padre cometió un  error que destruiría a la familia para siempre.

 Un día, Gabriel Aguilera estaba quemando pastizales para preparar la tierra para sembrar. Era una práctica común en el campo mexicano, quemas controladas para limpiar el terreno, pero ese día el viento cambió de dirección  y las llamas se extendieron fuera de control. El fuego comenzó a invadir las propiedades vecinas.

 Gabriel entró en pánico. Sabía que lo culparían. Sabía que lo meterían a la cárcel. No podía soportar la presión. Y según los testimonios de la familia, Gabriel Aguilera corrió hacia un río cercano y se lanzó al agua intentando suicidarse. Lo salvaron, pero algo se rompió en su mente. Entró en shock, desarrolló un trastorno mental  severo, dejó de hablar coherentemente, dejó de reconocer a su familia y Victoria no tuvo más opción que internarlo en el hospital psiquiátrico La Castañeda, en la Ciudad de México. La castañeda era

conocida como uno de los psiquiátricos más terribles de América  Latina, un lugar donde los pacientes eran abandonados y olvidados. Gabriel Aguilera entró ahí y nunca volvió a salir. Algunos familiares dicen que murió en ese hospital, otros dicen que escapó, pero nadie sabe qué pasó realmente con él  y ese misterio perseguiría a Alberto Aguilera por el resto de su vida.

Años  después, Juan Gabriel escribiría la canción de sol a sol, inspirada en la desaparición de su padre.  Pero nunca supo la verdad, nunca supo si su padre murió o escapó, nunca pudo despedirse  y esa herida nunca cerró. Con su esposo internado en un psiquiátrico y sin dinero para mantener a seis hijos, Victoria Baladez tomó la decisión más dura de su vida.

 tenía que salir de Parácuaro. Primero se mudó a Apatzingán, luego a Morelia, pero no encontraba trabajo, no podía mantener a sus hijos y finalmente decidió irse a Ciudad Juárez, Chihuahua, una ciudad fronteriza con Estados Unidos, donde había más oportunidades de trabajo. Ciudad Juárez en los años 50 era una ciudad violenta, llena de cantinas, prostitución, tráfico de drogas, pero también había fábricas, trabajos mal pagados, pero trabajos al fin.

 Victoria consiguió trabajo como empleada doméstica. Ganaba muy poco. No alcanzaba para alimentar a seis hijos. Alberto  tenía 3 años cuando llegaron a Ciudad Juárez y a los 5 años su madre tomó la decisión que cambiaría su vida para siempre. Victoria llevó a Alberto a la escuela de mejoramiento social para menores.

  Era un internado para niños huérfanos, abandonados o con problemas de conducta. Un lugar donde  el gobierno mexicano recogía a los niños de la calle y les daba educación básica, comida y un lugar donde dormir. Victoria le dijo a Alberto que era temporal, que solo sería por un tiempo, hasta que ella pudiera estabilizarse económicamente.

Alberto lloraba, no quería quedarse, pero su madre le prometió que volvería a visitarlo, que lo sacaría pronto. Esa fue la última vez que Alberto vio  a su madre en muchos años. Porque Victoria nunca volvió a visitarlo. Nunca.  Durante 8 años, desde los 5 hasta los 13, Alberto Aguilera vivió en  ese internado y en todo ese tiempo su madre nunca fue a visitarlo ni una  sola vez.

Según el propio Juan Gabriel contó en entrevistas años después. Mi madre nunca me visitó, me sentía  solo. Los otros niños del internado recibían visitas los domingos. Sus padres o familiares llegaban con comida, con ropa, con regalos pequeños. Alberto esperaba en la entrada cada domingo. Miraba hacia la calle esperando ver a su madre, pero nunca llegó.

 Y cada domingo, cuando los otros niños se iban con sus familias por unas  horas, Alberto se quedaba solo en el patio, llorando, preguntándose qué había hecho mal, por qué su madre no lo quería. La escuela de mejoramiento social para menores no era un lugar terrible como otros orfanatos de la época. Tenían  comida, tenían educación.

 Los maestros no eran crueles, pero era un lugar triste,  un lugar lleno de niños abandonados, niños que sabían que nadie vendría por ellos. Y Alberto  Aguilera creció en ese ambiente. Creció sabiendo que su madre lo había dejado ahí y lo había olvidado.  Pero hubo un hombre que cambió su vida.

un hombre que lo salvó de convertirse  en otro niño más de la calle. Su nombre era Juan Contreras. Era maestro de ojalatería en el internado. Enseñaba a los niños a trabajar el metal, a hacer latas,  a soldar. Era un oficio útil, un oficio que les permitiría ganarse la vida cuando salieran del internado.

 Juan Contreras notó algo especial en Alberto. El niño era callado,  tímido, sensible, pero tenía algo en los ojos, una inteligencia, una tristeza profunda, una necesidad de expresarse. Y Juan Contreras  hizo algo que ningún otro maestro había hecho. Le enseñó música, le enseñó a tocar la guitarra, le explicó las notas musicales, le mostró cómo canción podía expresar lo que las palabras  no podían.

 Y Alberto descubrió su salvación. Descubrió que cuando tocaba la guitarra y cantaba, el dolor desaparecía, las lágrimas se convertían en melodías. La soledad se transformaba en canciones. A los 13 años, Alberto Aguilera escribió su primera canción. Se llamaba la muerte del palomo. Hablaba de un pájaro que moría solo, lejos de su nido.

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