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Lupita D’Alessio: Por ESTO Drogó a Su Propio Hijo. Casi Lo Mata

Pedro Infante [música] todavía estaba vivo. Jorge Negrete acababa de morir y todo México lo lloraba como si hubiera muerto un hermano. [música] María Félix iba y venía entre París y la Ciudad de México como una emperatriz [música] y los grandes contratos de cantantes empezaban a tener una cláusula que iba a ser la norma durante los siguientes 40 [música] años.

La exclusividad. Tú a lo mejor no sabes que es un contrato de exclusividad en el espectáculo. Te lo voy [música] a explicar fácil, como si estuviéramos sentadas tomando un café. Imagínate que tú entras a trabajar a una empresa [música] y la empresa te hace firmar un papel donde dice que durante 10 años no puedes trabajar para nadie más, ni siquiera puedes hacer un favor a otra empresa.

Y si lo haces, pierdes todo. Pierdes [música] el trabajo, pierdes el dinero que te deben y a veces hasta pierdes el derecho de usar tu propio [música] nombre. Eso era un contrato de exclusividad, una cadena de oro por fuera bonita, por dentro asfixiante y la llave la tenía siempre otro. En la disquera de Lupita, [música] en Televisa, [carraspeo] en RCA, en discos Musart.

Los contratos los firmaban hombres mayores, productores, directores, generales, dueños de sellos. Las [música] cantantes, casi siempre mujeres muy jóvenes, llegaban a la oficina con un sueño en la mano y salían [música] con un papel que las amarraba durante una década. Y ese [música] papel decía cuánto les iban a pagar, qué iban a cantar, en qué horarios podían dar conciertos y a quién pertenecían las canciones que ellas grabaran.

Casi [música] nunca a ellas. casi siempre al productor que las había descubierto. Esa estructura, [música] ese sistema fue el que iba a recibir a Guadalupe Contreras [música] Ramos cuando creciera y decidiera entrar al espectáculo. Y fue [música] el sistema que la iba a hacer famosa, riquísima por momentos, miserable por décadas [música] y casi muerta varias veces.

Pero todavía falta para llegar ahí. [música] Antes hay que pasar por su primer matrimonio y por el hombre que iba a marcar su vida para siempre. A los 17 años, Guadalupe ya cantaba en [música] los pequeños bares y centros nocturnos de Tijuana. Su voz era distinta. Era una voz oscura con un quiebre que sonaba a una mujer mucho mayor.

Una voz que no parecía caber en un cuerpo de adolescente y empezó a llamar la atención. Llegaron los primeros productores, [música] llegó una grabación y llegó también el primer hombre que iba a romperle el corazón antes de que ella supiera lo que era tener un corazón roto. Se llamaba Jorge Vargas.

Era un cantante de Aguas Calientes. Tenía la voz dulce, era guapo y la enamoró rápido. Guadalupe se casó con Jorge Vargas, casi recién cumplidos los [música] 18 años. Y desde el primer día, según ella misma ha contado en múltiples entrevistas a lo largo de cinco décadas, ese matrimonio fue una guerra. Hubo gritos, hubo golpes, hubo infidelidades de él que ella supo y cayó.

Hubo [música] momentos en que ella no podía salir de su casa porque él se lo prohibía. Tú quizás conoces a una mujer que pasó por eso. Quizás la conoces bien, quizás es de tu familia. Quizás [música] esa mujer eres tú. En ese México de los años 70, [música] una mujer maltratada no tenía a quien acudir.

La policía mandaba a la víctima de regreso a su casa con un consejo. Aguante, [música] señora, así son los maridos. Las mamás también, las [música] abuelas también. Y Guadalupe, que era apenas una muchacha y que estaba [música] empezando una carrera en la música, aguantó. Aguantó los gritos, aguantó las traiciones, [música] aguantó hasta que ya no pudo.

Mientras eso pasaba en su casa, en la [música] calle, en las cocinas mexicanas, su voz empezaba a sonar en todos lados. [música] Su disco Mudanzas de 1973 había tenido un detalle que nadie esperaba. [música] La canción central ¿Quién te crees tú? Se convirtió [música] en el himno de las mujeres mexicanas que querían dejar a un hombre y no se atrevían.

Una mujer cantándole [música] a un hombre con rabia controlada, diciéndole, “¿Quién te crees tú para tratarme así? Tú. A lo mejor la cantaste. [música] A lo mejor fue la canción que pusiste en una vitrola un viernes por la noche cuando estabas [música] cansada de que te trataran mal. A lo mejor esa canción en esa época fue la única amiga que te dijo lo que tú no podías decir en voz alta.

Lo que casi nadie sabía es que la [música] mujer que cantaba esa canción sobre dejar a un hombre no se atrevía todavía a dejar al suyo. La voz iba adelante, la vida iba detrás [música] y entre las dos había un abismo que solo Guadalupe conocía. De ese matrimonio nacieron dos niños, Jorge en 1971 y Ernesto en 1977. Lupita era [música] ya entonces una cantante con éxito creciente en México.

Su disco Mudanzas había salido en 1973 y la había puesto en el mapa. Canciones como ¿Quién te crees tú? Se vende esta casa [música] y qué miedo tienes se escuchaban en todas las cantinas y en todas las cocinas. [música] Pero detrás del éxito en su casa las cosas se rompían. Hay un momento en su biografía que ella misma fechó con precisión. Fue en 1978.

[música] Ernesto tenía un año de nacido, Jorge tenía siete. [música] Y Lupita, en un arranque de supervivencia que ella iba a cargar como culpa el resto de su vida, [música] hizo algo que en aquel México casi no se hacía. Se fue, [música] dejó la casa, dejó al marido y dejó a sus dos hijos con él. [música] Tú a lo mejor estás diciendo en este momento, ¿cómo pudo hacer eso? Una [música] madre, dejar a un bebé de un año es lo primero que pregunta cualquier mujer de cualquier generación [música] cuando escucha esa parte de la historia.

Y es la pregunta que ella misma se [música] hizo durante cuatro décadas. Lupita lo contó así en una entrevista publicada en El Universal en [música] 2020. Primero fui artista y luego madre porque me fui de la casa y dejé a mis hijos. Y en otra ocasión, frente a Patti [música] Chapoy en el programa Ventaneando, cuando Paty le preguntó por qué se había ido, [música] ella respondió mirando al piso.

Era un proceso de sobrevivencia. Si me quedaba, no salía de ahí, [música] pero pagué un precio. Pagué un precio que no se acaba de pagar. Ese precio [música] tiene un nombre. Ese precio se llamaba Jorge y ese precio se llamaba Ernesto. Dos niños [música] que durante 10 años casi no vieron a su madre. 10 años.

Lo dijo [música] ella misma textualmente. Dejé a mis niños 10 años y me arrepiento. Anota [música] ese número. 10 años. Lo vas a necesitar para entender el aeropuerto vacío. [música] Lo vas a necesitar para entender por qué Ernesto nunca pudo decirle mamá sin tragar saliva. Lo vas a necesitar para entender por qué Jorge [música] después aceptó la cocaína que ella le ofrecía.

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