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CANELO ÁLVAREZ: LA VERDAD DE LO QUE LE HIZO A ÁNGELA AGUILAR

piso 22 de Houston. Primero tienes que ver de dónde vino el grandote pelirrojo de Guadalajara, porque la herida que arrastra el Canelo desde niño es la misma herida que lo llevó 40 años después a marcar a una niña de 15 con wipil de Oaxaca en un camerino de Las Vegas, Juanacatlán, Jalisco. 18 de julio de 1990,  un pueblo de carretera a una hora de Guadalajara, donde las casas de adobe se mezclaban con los puestos de fruta a la orilla de la federal, donde los hombres salían a las 5 de la mañana a trabajar en los

cañaverales y regresaban a las 9 de la noche con la espalda doblada por el sol, donde los niños jugaban en las calles polvorientas sin zapatos y sin futuro.  En una casa de dos habitaciones de la calle Hidalgo, esa madrugada nació el séptimo hijo de Santos Álvarez y Ana  María Barragán, el más pelirrojo de todos, el más blanco, el que iba a llevar la cara más rara de la familia, lo bautizaron como Saúl.

 Y nadie en aquel pueblo polvoriento de Jalisco imaginó que aquel niño pecoso de ojos verdes iba a convertirse en el deportista más rico de la historia del país.  Santos Álvarez trabajaba vendiendo paletas de hielo en un carrito de aluminio que empujaba 8 km al día por las calles de Juanacatlán.

 Ana María Barragán cocinaba para sus ocho hijos en una estufa de leña que llenaba la cocina de humo todas las mañanas. Eran ocho hermanos en total.  una sola hermana, Ana Helda y siete varones. Seis de los siete varones terminaron metidos  en el boxeo. Rigoberto, Ramón, Ricardo, Gonzalo,  Daniel y Víctor.

 Pero el último, el más pequeño, el pelirrojo de ojos verdes, fue el que cambió  la historia. A los 6 años, Saúl ya peleaba en la calle.  A los 9, su hermano mayor, Rigoberto, conocido como el Español,  lo metió al gimnasio Julián Magdaleno de Guadalajara para que aprendiera a defenderse. Porque los niños del pueblo le decían gerito, porque le decían canelita, porque le decían pecoso y porque cada tarde regresaba a casa  con la cara hinchada por las piedras que le tiraban los otros niños camino a  la escuela. Pero algo

tienes que entender de aquellos primeros años en Juanacatlán, algo que años después iba a explicar por qué el Canelo Álvarez, ya convertido  en multimillonario, ya casado con Fernanda Gómez, ya padre de cuatro hijos, todavía buscaba en las mujeres jóvenes algo que nunca  encontró en su infancia.

Santos Álvarez, el padre del Canelo,  no abrazaba a sus hijos, no los besaba, no les hablaba. Cuando llegaba del cañaveral a las 9 de la noche, comía en silencio, se bañaba con una cubeta en el patio y se acostaba sin mirar a sus ocho hijos. Saúl,  el pelirrojo, creció buscando una mirada de su padre que nunca llegó.

 Y Ana María, la madre, ocupada en cocinar y lavar para 10 personas, tampoco tenía tiempo para abrazarlo.  El único que lo abrazó en aquellos años fue Rigoberto, el hermano mayor que lo metió al gimnasio, que le compró sus primeros guantes con  15 días de salario, que lo acompañó a su primera pelea profesional  cuando Saul tenía solamente 15 

años. 15. La misma edad que iba a tener Ángela Aguilar 29 años después,  cuando se cruzaron por primera vez en un camerino de Las Vegas, Saúl Canelo Álvarez debutó como boxeador profesional  el 29 de octubre de 2005, 15 años recién cumplidos. Una pelea  de cuatro asaltos contra el mexicano Abraham González en una arena modesta de Tonalá, Jalisco.

 Saúl ganó por knockout  técnico en el cuarto asalto. Y mientras los espectadores aplaudían al pelirrojo flaco que acababa de debutar, Rigoberto lo abrazó en la esquina del cuadrilátero. Le dijo solamente una frase, le  dijo, “Este es el primero Canelito. Y todavía faltan 1000. Pero hay algo del Canelo a los  15 años que la prensa mexicana nunca contó.

 Algo que solamente Rigoberto, su hermano mayor,  sabía. Algo que años después, cuando el Canelo ya era multimillonario, iba a empezar a buscar otra vez. Y es que Saúl Álvarez, a los 15 años ya andaba con mujeres mayores que él.  Su primera novia formal se llamaba María Eugenia Berra. 19  años, 4 años mayor que él. Trabajaba como recepcionista en una clínica veterinaria de Guadalajara.

 Saúl la conoció en una fiesta  del barrio. Le mintió sobre su edad. Le dijo que tenía 18 y a los 7 meses María Eugenia quedó embarazada.  Dio a luz a Emily Cina Mon Álvarez. El 5 de julio de 2007.  Saúl tenía 16 años. era padre y  todavía no había peleado ni cinco peleas profesionales.

 Guarda este nombre en tu mente, Emily Cinnamon Álvarez.  Porque esa niña pelirroja que nació en una clínica de Guadalajara el 5 de julio de 2007 va a ser la pieza más oscura de  toda la historia que vas a escuchar. La frase que el Canelo Álvarez le susurró años después a Ángela Aguilar  en aquel camerino de Las Vegas tiene relación directa con su hija mayor Emily.

  Y cuando entiendas la conexión, vas a entender por qué muchos en México creen que el Canelo nunca debió haber  tenido permiso para estar cerca de una niña de 15 años. Pero todavía no es momento. Sigamos con la historia.  Entre 2005 y 2010, el Canelo subió la escalera del boxeo profesional sin freno.

 20 peleas ganadas, 15 por knockout. La prensa de Guadalajara empezó a llamarlo el niño maravilla y a los 18  años, en marzo de 2009, peleó su primer combate por  un título regional contra el panameño Eulalio González. Ganó por decisión unánime en tri, pero el dinero todavía no llegaba. Su madre Ana María seguía  cocinando en estufa de leña.

 Su padre Santos seguía empujando el carrito de paletas. Y Saú, ya con una hija de 2 años,  vivía en un cuarto rentado en la colonia Independencia de Guadalajara, sin poder pagar el pediatra que Emily Cinnamon necesitaba.  En esos años, el Canelo aprendió que para salir de Juanacatlán no bastaba con saber pelear.

 Había que conocer a las personas correctas, dejarse manejar por los promotores correctos, firmar contratos sin leerlos y callarse cuando alguien con más poder te ofrecía un  favor a cambio de tu firma. El primer promotor importante en su carrera fue José Sulaimán  Saldíar, hijo del expresidente del Consejo Mundial de Boxeo.

 Le ofreció un contrato de manejo  por 5 años en 2008. Saúl, con 18 años recién cumplidos,  sin estudios más allá de la primaria, lo firmó esa misma noche. Lo que el Canelo no sabía  aquel día fue que ese contrato lo iba a conectar con un círculo de poder mucho más grande del que cualquier boxeador mexicano  había tocado antes.

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