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CANELO ÁLVAREZ: LA VERDAD DE LO QUE LE HIZO A ÁNGELA AGUILAR

CANELO ÁLVAREZ: LA VERDAD DE LO QUE LE HIZO A ÁNGELA AGUILAR

El boxeador más grande de México, cuatro veces campeón mundial, el mexicano más rico de la historia del deporte de México y ese mismo hombre destrozando a la mujer más joven de la dinastía Aguilar, volando en helicóptero privado a Houston, mientras su esposa dormía con sus dos hijas, para encontrarse con Ángela Aguilar.

 La versión que el público conoce de él es la versión limpia. Hoy vas a saber la oscura realidad, porque él no conoció a Ángela Aguilar ahora. La conoció cuando ella era una niña de apenas 15 años. Y lo que le susurró al oído cuando la pequeña entró a su camerino a pedirle que le firmara los guantes, va a hacer que se te revuelva el estómago.

 Y lo más oscuro de toda la historia, lo que Pepe Aguilar grabó durante 14 meses seguidos en las 22 cámaras de seguridad de su rancho de Zacatecas, lo que terminó destruyendo al Canelo Álvarez para siempre. Su nombre es Saúl Álvarez Barragán. El mundo lo conoce como el Canelo y la historia que vas a escuchar en los próximos 60 minutos la están intentando ocultar hasta hoy para entender cómo el boxeador más admirado de México terminó destrozando a la heredera más joven de la dinastía Aguilar en un departamento secreto del piso 22 de Houston. Primero

tienes que ver de dónde vino el grandote pelirrojo de Guadalajara, porque la herida que arrastra el Canelo desde niño es la misma herida que lo llevó 40 años después a marcar a una niña de 15 con wipil de Oaxaca en un camerino de Las Vegas, Juanacatlán, Jalisco. 18 de julio de 1990, un pueblo de carretera a una hora de Guadalajara, donde las casas de adobe se mezclaban con los puestos de fruta a la orilla de la federal, donde los hombres salían a las 5 de la mañana a trabajar en los cañaverales y regresaban a las 9

de la noche con la espalda doblada por el sol, donde los niños jugaban en las calles polvorientas sin zapatos y sin futuro. En una casa de dos habitaciones de la calle Hidalgo, esa madrugada nació el séptimo hijo de Santos Álvarez y Ana María Barragán, el más pelirrojo de todos, el más blanco, el que iba a llevar la cara más rara de la familia, lo bautizaron como Saúl.

 Y nadie en aquel pueblo polvoriento de Jalisco imaginó que aquel niño pecoso de ojos verdes iba a convertirse en el deportista más rico de la historia del país. Santos Álvarez trabajaba vendiendo paletas de hielo en un carrito de aluminio que empujaba 8 km al día por las calles de Juanacatlán. Ana María Barragán cocinaba para sus ocho hijos en una estufa de leña que llenaba la cocina de humo todas las mañanas.

 Eran ocho hermanos en total. una sola hermana, Ana Helda y siete varones. Seis de los siete varones terminaron metidos en el boxeo. Rigoberto, Ramón, Ricardo, Gonzalo, Daniel y Víctor. Pero el último, el más pequeño, el pelirrojo de ojos verdes, fue el que cambió la historia. A los 6 años, Saúl ya peleaba en la calle.

 A los 9, su hermano mayor, Rigoberto, conocido como el Español, lo metió al gimnasio Julián Magdaleno de Guadalajara para que aprendiera a defenderse. Porque los niños del pueblo le decían gerito, porque le decían canelita, porque le decían pecoso y porque cada tarde regresaba a casa con la cara hinchada por las piedras que le tiraban los otros niños camino a la escuela.

Pero algo tienes que entender de aquellos primeros años en Juanacatlán, algo que años después iba a explicar por qué el Canelo Álvarez, ya convertido en multimillonario, ya casado con Fernanda Gómez, ya padre de cuatro hijos, todavía buscaba en las mujeres jóvenes algo que nunca encontró en su infancia.

 Santos Álvarez, el padre del Canelo, no abrazaba a sus hijos, no los besaba, no les hablaba. Cuando llegaba del cañaveral a las 9 de la noche, comía en silencio, se bañaba con una cubeta en el patio y se acostaba sin mirar a sus ocho hijos. Saúl, el pelirrojo, creció buscando una mirada de su padre que nunca llegó.

 Y Ana María, la madre, ocupada en cocinar y lavar para 10 personas, tampoco tenía tiempo para abrazarlo. El único que lo abrazó en aquellos años fue Rigoberto, el hermano mayor que lo metió al gimnasio, que le compró sus primeros guantes con 15 días de salario, que lo acompañó a su primera pelea profesional cuando Saul tenía solamente 15 

años. 15. La misma edad que iba a tener Ángela Aguilar 29 años después, cuando se cruzaron por primera vez en un camerino de Las Vegas, Saúl Canelo Álvarez debutó como boxeador profesional el 29 de octubre de 2005, 15 años recién cumplidos. Una pelea de cuatro asaltos contra el mexicano Abraham González en una arena modesta de Tonalá, Jalisco.

 Saúl ganó por knockout técnico en el cuarto asalto. Y mientras los espectadores aplaudían al pelirrojo flaco que acababa de debutar, Rigoberto lo abrazó en la esquina del cuadrilátero. Le dijo solamente una frase, le dijo, “Este es el primero Canelito. Y todavía faltan 1000. Pero hay algo del Canelo a los 15 años que la prensa mexicana nunca contó.

 Algo que solamente Rigoberto, su hermano mayor, sabía. Algo que años después, cuando el Canelo ya era multimillonario, iba a empezar a buscar otra vez. Y es que Saúl Álvarez, a los 15 años ya andaba con mujeres mayores que él. Su primera novia formal se llamaba María Eugenia Berra. 19 años, 4 años mayor que él.

 Trabajaba como recepcionista en una clínica veterinaria de Guadalajara. Saúl la conoció en una fiesta del barrio. Le mintió sobre su edad. Le dijo que tenía 18 y a los 7 meses María Eugenia quedó embarazada. Dio a luz a Emily Cina Mon Álvarez. El 5 de julio de 2007. Saúl tenía 16 años. era padre y todavía no había peleado ni cinco peleas profesionales.

 Guarda este nombre en tu mente, Emily Cinnamon Álvarez. Porque esa niña pelirroja que nació en una clínica de Guadalajara el 5 de julio de 2007 va a ser la pieza más oscura de toda la historia que vas a escuchar. La frase que el Canelo Álvarez le susurró años después a Ángela Aguilar en aquel camerino de Las Vegas tiene relación directa con su hija mayor Emily.

 Y cuando entiendas la conexión, vas a entender por qué muchos en México creen que el Canelo nunca debió haber tenido permiso para estar cerca de una niña de 15 años. Pero todavía no es momento. Sigamos con la historia. Entre 2005 y 2010, el Canelo subió la escalera del boxeo profesional sin freno. 20 peleas ganadas, 15 por knockout.

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