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Flor Silvestre: Su Esposo Llegó al Aeropuerto Con Una PISTOLA… Quería Matarlos a los Dos

Tienes [música] que entender qué clase de hombre era cuando se cerraba la puerta de su casa. Y porque la puerta de su casa se cerraba y lo que ahí pasaba no salía. No salía hasta que tres décadas después, ya muerto [música] él, las audiencias de divorcio fueron sacadas del archivo y en esas audiencias había fotos.

Y en esas fotos había golpes, [música] pero todavía no llegamos ahí. Todavía [música] estamos en 1953. Flor recién casada con un bebé en brazos, sentada [música] en la sala de su casa nueva, oseando una revista donde aparece ella misma o sonriendo del brazo de Paco Malgesto. El titular dice: “La pareja más feliz del espectáculo mexicano.

” Esa [música] revista la tenían en sus casas miles de mujeres como tú. La leían [música] en las peluquerías, la pegaban en las paredes de los cuartos de adolescente y ninguna [música] de esas mujeres, ninguna sabía lo que estaba pasando esa misma noche en esa misma casa. Esa es la historia [música] que te voy a contar, la que la revista nunca puso, la que tu madre no supo, la que la familia Aguilar lleva 65 [música] años intentando no decir en voz alta, “La historia detrás de la mujer que cantaba. Mi destino fue quererte en cada

palenque, sin imaginar, sin saberlo todavía. que [música] esa canción era literalmente la sentencia de su vida. Mi destino fue quererte. Acuérdate [música] también de esa frase. La vas a oír varias veces antes de que termine y cada [música] vez va a sonar distinta hasta que al final, cuando [música] entiendas todo, esa frase te va a doler.

Para entender cómo se llegó al aeropuerto, hay que entender la maquinaria. Esa maquinaria que hoy llamamos espectáculo. En 1955 tenía dueños con nombre y apellido, oficinas en avenida Chapultepec y reglas que nadie escribía, pero todos obedecían. La primera regla decía algo simple. Si eras hombre del medio, podías tener una esposa en [música] la casa y otra mujer en el camerino.

Y la prensa lo llamaba vida bohemia. Si eras mujer del medio y te divorciabas, la prensa [música] te llamaba rebelde, problemática, ligera. [música] Y si la cosa se ponía fea, te llamaba adúltera. A flor silvestre, la prensa la llamó las tres [música] cosas. Le tocó vivir en una época donde una mujer separada [música] tenía menos derechos que un perro callejero.

La segunda regla decía que la patria potestad [música] de los hijos casi siempre se la daba el juez al padre, sobre todo si la madre era artista. Porque ser [música] artista en el código moral del juzgado familiar de la ciudad de México de 1958 era prueba de mala conducta. Una mujer [música] que se subía a un escenario que se pintaba la boca de rojo, que viajaba sola a Acapulco a cantar en un palenque.

Esa mujer no podía criar hijos. Eso decían los jueces, y los jueces todos eran hombres. La tercera regla era la más sucia de todas. Si un hombre poderoso de los medios decidía destruirte, podía hacerlo desde su propio programa. tenía un micrófono encendido cada tarde. Tenía [música] millones de oyentes esperando saber qué pensaba él sobre tal o cual escándalo.

No necesitaba un juicio para condenarte. [música] Le bastaba con mencionarte. Y Paco [música] Malgesto, esposo de Flor Silvestre, era exactamente ese hombre. Quizá tú conoces a alguien [música] que fue castigado por atreverse a irse, una hermana, [música] una amiga, una vecina, una mujer, cualquiera que un día se [música] cansó del hombre con el que se había casado y decidió salir por la puerta.

Y después de salir por la puerta, descubrió que afuera [música] la esperaba otro castigo, que la familia le daba la espalda. que la iglesia le decía que su lugar era con su esposo, que los quiscos se quedaban con [música] el padre, que el pueblo entero la señalaba. Quizá esa mujer eres tú, quizá tú sabes lo que se siente.

Lo que vivió Flor Silvestre fue eso, multiplicado por millones de personas mirándola desde la portada de una revista. Pero [música] antes de llegar al castigo, hay que llegar al pecado. Y el pecado de Flor silvestre se llamaba Antonio Aguilar. En 1955, Flor llevaba dos años casada con Paco Malgesto. Marcela acababa de nacer. El segundo embarazo venía [música] en camino y en el set de la película, La huella del Chacal, a Flor le tocó trabajar por primera vez [música] con un cantante zacatecano de 5 años mayor que ella, recio, mal hablado, con voz de barítono

[música] y modales de hombre de rancho. Lo presentaron como Tony Aguilar. No pasó nada. Ella era casada. Él era casi un desconocido. Ella [música] tenía a la prensa encima por su matrimonio con el locutor más famoso. Él apenas empezaba a sonar en discos baratos de Columbia. Lo conoció, le dio la mano, terminaron la película [música] y cada quien siguió su camino.

Dos años después, en 1957, los dos fueron convocados a otra película. Se llamaba El Rayo de Sinaloa. [música] La dirigió Roberto Gabaldón, uno de los grandes del cine mexicano. En esa película, [música] Antonio Aguilar tenía ya su lugar y Flor Silvestre llegó a filmar con un matrimonio que se le estaba [música] cayendo a pedazos.

Lo que pasaba en la casa de Flor y Paco Malgesto era un secreto a voces dentro del medio. La gente del entorno [música] sabía, los compañeros de filmación sabían, los maquillistas [música] sabían, pero nadie hablaba. Décadas después, [música] cuando las audiencias del divorcio salieron del archivo, se supo lo que [música] el medio había callado.

En el expediente había fotografías de flor con moretones en los brazos. En el expediente había declaraciones de testigos que la habían visto llegar a la grabación con maquillaje [música] extra alrededor del ojo. En el expediente había fechas de audiencias judiciales a las que ella no se presentó. El motivo de las inasistencias, según los registros que después revisaron periodistas como Chic Magazine fue [música] siempre el mismo.

Heridas y mientras en su [música] casa pasaba eso, en el set pasaba otra cosa. Antonio Aguilar la veía de lejos, callado con su sombrero de charro y la [música] cara seria. Empezó a notarla. empezó a buscar excusas [música] para acercarse entre toma y toma. Le ofrecía café, le decía a cumplidos [música] discretos la escuchaba.

Años después, en una entrevista que recuperó el periodista Arturo Rivera Ruiz, él mismo describiría ese momento con palabras suyas. habló de su sentimiento, de su sentir, de su limpieza, de su hermosura por dentro y por [música] fuera, de su manera de pensar y remató con una frase que ya nadie pudo borrar de los archivos.

Dijo que no tuvo más remedio [música] que enamorarse de ella. Flor también se enamoró, pero Flor era casada. Y en el México de 1957, una mujer casada no se enamoraba, se aguantaba. Ese fue el principio, [música] una mirada en un set, una conversación de café entre toma [música] y toma, un compañero de filmación que de repente se da cuenta [música] de que la actriz frente a él está llorando entre escena y escena y nadie [música] le pregunta por qué.

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