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Paola Durante: Su Hija Creció Mientras Todo México la Llamaba Asesina. El Daño Fue Para Siempre

Le ofrecían entrar al nuevo programa de Paco Stanley en TV, Azteca. Una tras otra iba a ser una de las bailarinas, una de las edecanes que abrían el show. Y para una mujer en su situación era el sueño que había esperado durante años. Ella misma contaría después que firmó sin leer todo el contrato. Porque era TV Azteca, porque era Paco Stanley, porque era la oportunidad.

Lo que firmó, sin saberlo, era una cadena. Una cadena que en seis meses la iba a arrastrar al fondo del pozo más oscuro de la televisión mexicana. Tú también has conocido esas cadenas, las has visto en tu propia familia, en esa hermana que aceptó un trabajo que no debía, en esa hija que entró a una empresa que la consumió, en esa amiga que se metió a una relación que le costó la vida.

Para Paola esa cadena se llamó industria del espectáculo mexicano de fin de los 90. Un sistema que tomaba a mujeres jóvenes, las exprimía durante 6 meses y cuando ya no servían, las tiraba a la calle sin pensión, sin contrato fijo, sin nadie que las defendiera. Paola debutó en una tras otra a finales de 1998.

bailaba en los openings, salía en los sketches, aparecía detrás de Paco cuando él hablaba a cámara. Cobraba 8000 pesos al mes. En ese momento, eso era el equivalente al sueldo de una secretaria con experiencia, ni más ni menos. Su hija Stephanie tenía 4 años. vivía con la abuela y Paola pensaba en silencio que por fin las cosas iban a cambiar.

Lo que ella ignoraba mientras subía al foro de TV Azteca cada mañana era que en una celda del reclusorio sur de la Ciudad de México, a unos kilómetros de distancia, había un hombre que iba a destrozar su vida. un hombre al que Paola no conocía, un hombre que jamás había visto y que en abril de 1999 hizo una llamada al número de emergencias diciendo que tenía información sobre un crimen que todavía no ocurría.

Ese hombre se llamaba Luis Gabriel Valencia. era el supuesto cocinero de los hermanos Amezcua, capos del cártel de Colima. Guarda ese nombre también, porque sin él, sin esa llamada, sin esa declaración, Paola durante jamás habría pisado el penal de Santa Marta a Catitla. Y su madre, doña Silvia Ochoa, jamás habría tenido que levantarse a las 4 de la mañana durante 18 meses para llevarle huevos batidos y tortillas rotas en una bolsa de plástico.

Pero todavía no llegamos ahí. Todavía estamos en mayo de 1999. Paola durante años. Su hija duerme en la casa de su mamá. Paco Stanley sale al aire todas las mañanas y nadie, ni Paola, ni Stanley, ni Silvia, ni Stefanie, sabe que faltan exactamente 32 días para que todo se rompa. Lo que sí está pasando, aunque tú no lo ves todavía, es que el mecanismo ya está armado, las piezas ya están sobre el tablero, el testigo ya está en su celda, el procurador ya tiene el caso preparado en su cabeza y a una mujer con una hija

pequeña, sin contactos, sin abogados, sin nadie que la proteja, se le acaba el tiempo. El lunes 7 de junio de 1999 empezó como un día normal. Paco Stanley llegó a las instalaciones de TV Azteca cerca de las 7 de la mañana. Hizo el programa Una tras otra en vivo con Mario Bezares y con Jorge Gil. Bear apareció ese día con una férula en el pie, algo que después tomaría relevancia.

En un momento de la transmisión, Paco le pegó a Mario en la cabeza con unos papeles que tenía en la mano en broma frente a las cámaras. Mario reclamó. El público se rió. Esa fue la última imagen pública de los dos juntos. Al terminar el programa, Stan le invitó a desayunar a Mario Bezares y a Jorge Gil.

Se subieron a una camioneta, salieron de la Jusco y se dirigieron a un restaurante popular en el periférico sur llamado El Charco de las Ranas, un lugar al que Stanley iba con frecuencia porque quedaba a unos metros de la televisora. Paola Durante no fue invitada. Paola durante ese día tenía instrucciones de irse con las otras edecanes a una tienda de autoservicio a comprar utilería.

Eran las 11:45 de la mañana. Paco entró al restaurante, comió, conversó con Mario y Jorge. Mario Bezares recibió una llamada en su celular. se levantó, dijo que iba al baño y se quedó ahí. Cuando Paco y Jorge Gil subieron a la camioneta para salir, varios hombres se acercaron por los costados, vaciaron sus armas dentro del vehículo, cuatro balazos a Paco, varios más a Jorge Gill, que estaba a su lado. Eran las 12 del mediodía.

Paco Stanley murió ahí mismo, sentado en el asiento del copiloto, mientras a unas cuadras de distancia su mamá veía la televisión sin saber lo que había pasado. Jorge Gill quedó gravemente herido, pero sobrevivió y Mario Bezares salió del baño cuando ya había terminado todo. secuencia.

Ese detalle de que Mario justamente fuera al baño en el momento exacto del ataque fue la chispa que prendió todas las sospechas. Paola se enteró por la coordinadora Elía, que pegó un grito en la tienda de autoservicio. Las edecanes corrieron al televisor. Vieron las primeras imágenes de la camioneta acribillada. Vieron a los policías rodeando la escena y Paola, según contaría después, se quedó parada sin entender nada.

Lo único que pensó en ese momento, lo confesaría 20 años más tarde a Jordi Rosado, fue, “Me voy a quedar sin trabajo.” Esa confesión le costó cara. Décadas después, cuando ella reveló que su primer pensamiento al saber del asesinato no fue dolor por Paco, sino miedo por su empleo, la gente la atacó por insensible.

Pero tú también has estado ahí. Tú también has tenido ese pensamiento egoísta en un momento de tragedia. Tú también has pensado en en cómo te va a afectar a ti algo terrible que le pasó a otra persona. Y tú sabes que eso no te hace mala, te hace humana. Y Paola Durante, en ese momento, era una mujer de 24 años.

con una hija de cuatro y un sueldo de 8,000 pesos al mes que acababa de perderlo. Lo que vino después fue una de las investigaciones más vergonzosas en la historia reciente de México. El procurador de la Ciudad de México en 1999 se llamaba Samuel del Villar. Era un hombre culto, abogado, intelectual, pero también era un procurador con prisa por mostrar resultados y la presión sobre él era enorme.

El asesinato de Paco Stanley había paralizado al país. La prensa exigía respuestas. Televisa, que era enemiga de Azteca, especulaba con teorías de narcotráfico. Azteca, que perdía su figura más popular, pedía que rodaran cabezas. Y el gobierno en pleno año electoral previo al fin del PRI en el poder, necesitaba que el caso se cerrara rápido.

Del Villar tomó una decisión que marcaría su carrera y la de Paola. decidió que el asesinato había sido ordenado por por los hermanos Luis Ignacio y Jesús Amezcua, capos del cártel de Colima, conocidos en esa época como los reyes de las metanfetaminas. decidió que el motivo eran deudas de Stanley con esa organización y decidió que tenía a dos personas dentro del entorno de Paco, que habían facilitado el crimen.

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