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Luis Miguel: Su Padre Acabó con Su Madre por Dinero… Lo Que Encontró en la Caja Fuerte de su Madre

Luis Miguel: Su Padre Acabó con Su Madre por Dinero… Lo Que Encontró en la Caja Fuerte de su Madre

Un niño de 14 años abre la puerta de su casa. Silencio. Su madre no está y nunca volverá a verla. Dicen que se fue de viaje, dicen que los abandonó. Pero lo que nadie te dice es esto. Existe una grabación donde su padre lo amenaza. Si paras, te golpeo delante de todos. Existe una transferencia de $75,000  a un rancho en las montañas.

Dos semanas después de que Marcela desapareció. Y existe una caja fuerte que Luis Miguel  tardó 13 años en abrir porque sabía que lo que había dentro lo destruiría. Dentro siete cartas que su madre escribió desde su cautiverio, un diario de 143 páginas  y la verdad de cómo murió. Esta no es la historia de una estrella, es la historia de un niño al que le robaron a su madre para que siguiera cantando.

Del hijo que tuvo que esperar 8 años para ser lo suficientemente poderoso como para enfrentar a su padre. y del hombre que cuando le dijeron tu padre murió solo respondió bien. Ojalá haya sufrido. 20 de agosto de 1985. Una madre llama a su hijo desde México. Le promete,  “Muy pronto seremos libres.

” 48 horas después, un piloto la transporta a un rancho en Chihuahua, la última cosa que dice, “Dígale a mi hijo que lo intenté.” nunca regresa. 37 años después,  Luis Miguel todavía busca su cuerpo. Hoy vas a descubrir qué decían esas cartas, por qué su padre confesó sin confesar y por qué cada vez que Luis Miguel canta la incondicional,  no le canta a un amor perdido, le canta a su madre.

Si alguna vez pensaste que el sol de México brillaba sin sombra, estás  a punto de ver la oscuridad que nadie te contó. La oscuridad tiene un nombre, Luisito Rey, y tiene sangre en las manos. Madrid, 1981. Marcela Basteri  tiene 31 años y dos hijos pequeños, Luis Miguel de 11 y Alejandro de 9.

Está parada frente al espejo de un camerino en el teatro Alcalápalas. Su hijo mayor está a punto de subir al escenario. España  entera habla de El niño sol. Las entradas se agotaron en 4 horas. Marcela ajusta la corbata de Luis Miguel. Sus manos tiemblan, no de orgullo, de miedo, porque Luisito Rey, su esposo, está del otro lado de la puerta gritándole al promotor, exige más dinero, siempre más dinero.

Y cuando no consigue lo que quiere, Luis  Miguel paga las consecuencias. Anoche fueron dos horas de ensayo sin parar, sin agua, sin descanso. Luis Miguel vomitó del cansancio. Luisito le dijo, “Si paras,  te golpeo delante de todos.” Marcela seca una lágrima antes de que su hijo la vea. Le sonríe. “Vas a ser increíble, mi amor.

” Luis Miguel la mira con esos ojos oscuros que años después romperían millones de corazones. “Mamá, ¿por qué no nos vamos? Ella no  responde porque no hay respuesta. Luisito Rey controla todo, el dinero, los contratos, los pasaportes. Marcela no tiene ni siquiera una  cuenta bancaria a su nombre. Luis Miguel sube al escenario, canta Uma una dos enamorados.

3000 personas lo ovacionan.  Desde las sombras del backstage, Luisito Rey cuenta billetes con una sonrisa. No mira a su hijo, solo cuenta. Esa noche Luis Miguel gana 840,000  pesetas, equivalente a 130,000 de hoy. Tiene 11 años, no verá ni un centavo de ese dinero.

Y Marcela Basteri toma una decisión que la atormentará el resto de su vida. Se queda callada. ¿Alguna vez te has preguntado cuánto silencio puede soportar una madre  antes de romperse? Marcela estaba a punto de averiguarlo. Cádiz, España, 1982. Hay una fotografía de ese año que Luis Miguel guarda en un cajón que nunca  abre.

En la foto están los cinco: Luisito, Marcela, Luis Miguel, Alejandro y Sergio, el hermano menor que acaba de nacer. Están en la playa. Todos sonríen. Es la última foto donde Marcela Basteri se ve feliz porque ese año algo cambia en Luisito Rey. El dinero  entra más rápido de lo que puede gastarlo, pero no es suficiente.

Nunca es suficiente. Contrata guardaespaldas. Compra tres autos de lujo, alquila una mansión en Marbella con nueve habitaciones y cada noche, mientras Luis Miguel duerme agotado después de grabar, Luisito organiza fiestas que duran hasta el amanecer. Hay una fiesta en octubre de 1982 que Marcela nunca olvidará. Luis Miguel acaba de firmar un contrato por 3 millones de pesetas.

Luisito invita a 50 personas a celebrar. Marcela baja las escaleras a las 2 de la mañana porque escucha música demasiado fuerte. Lo que ve la deja helada. Luisito está sentado en el sofá de la sala, rodeado de personas que Marcela no reconoce. Hay botellas de champán vacías por todas partes.

Hay líneas de cocaína sobre la mesa de cristal. Y Luisito está contándole a todos cómo descubrió a Luis Miguel como si su hijo fuera un objeto que él encontró y decidió  convertir en oro. Ese niño es mío, dice Luisito riendo. Yo lo hice. Sin mílo hasta que no quede ni una gota. Marcela sube las escaleras sin hacer ruido. Entra al cuarto de Luis Miguel.

Su hijo duerme profundamente con las ojeras marcadas en ese rostro de 12 años que se ve como de 16. Tiene una presentación mañana a las 10 a. Luisito lo despertará a las 6 a. para ensayar. Marcela se sienta en el borde de la cama, le acaricia el cabello y llora en silencio durante 20 minutos. Esa  noche marca el inicio de algo. Marcela empieza a documentar todo.

Escribe en un diario las fechas de cada presentación. ¿Cuánto pagan? ¿Cuánto Luisito dice que pagan? Las diferencias son devastadoras.  De un concierto de $5,000, Luisito reporta 2000. Los otros 3000 desaparecen en sus bolsillos. Marcela  intenta intervenir una vez, solo una. Le dice que Luis Miguel necesita descansar, que tiene ojeras,  que está perdiendo peso.

Luisito la empuja contra la pared. Tú no decides nada. Ese niño es una mina de oro  y voy a exprimirla hasta que se seque. Esa noche Marcela llama a su madre en Italia. Hablan durante 47 minutos. Es una llamada internacional carísima. Cuando Luisito  ve la factura telefónica dos semanas después, le corta la línea.

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