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Sergio Andrade: La bebé que tiró al río, el hijo abandonado en Madrid y la hija que sigue exiliada

 

A los 13 años, Erika Aline Hernández Ponce de León y Pérez [música] entró por primera vez a una sala de ensayos de la Ciudad de México, donde un productor musical de 33 años le dijo que tenía la voz que él había estado buscando. A los 15 ya era su esposa. A los 17 salió de esa casa con el cuerpo marcado, la identidad pulverizada y una historia que el mundo de la música no quería escuchar.

A los 12 años, Karina Alejandra Yapor Gómez, originaria de Chihuahua, subió a un escenario en su ciudad natal cuando una mujer famosa con el cabello alborotado la tomó de la mano desde el público, la invitó arriba y le dijo que tenía futuro. 3 años después, Karina tenía 15 [música] años. Estaba embarazada de un hombre de 41 y ese hombre había dado órdenes de dejar a su bebé recién nacido en un hospital de Madrid con el nombre de Pila equivocado, en un cojín en el suelo [música] con leche rebajada con agua para que no le

costara mucho. A los 20 años, Valentina de la Cuesta buscó en internet quién era su papá. Encontró miles de resultados, encontró procesos judiciales. Encontró artículos de 1998 [música] con fotos en blanco y negro de un hombre joven y seguro de sí mismo, al que la prensa describía como el rey Midas de la música mexicana.

 Encontró expedientes de Chihuahua. Encontró la palabra violación junto al nombre de él. fue directo a terapia psicológica y tardó años en poder pronunciar lo que había descubierto. En mayo de 2025 tuvo que subirse a un avión y huir de México porque su seguridad estaba amenazada. Tiene 25 años, todavía no puede regresar a casa y todavía no puede decir públicamente quién la amenaza porque tiene demasiado miedo.

 Y Ana Dalay nunca cumplió ni un mes de vida. Nació el 10 de octubre de 1999 en Río de Janeiro, Brasil, hija de una mujer que amaba cantar y de un hombre que nunca quiso ser padre de esa manera. En ese momento, en esa ciudad donde ambos eran fugitivos de la justicia. murió el 13 de noviembre de ese mismo año con 34 días de vida en condiciones que nadie investigó correctamente porque la persona que debía llamar a los paramédicos era la misma que decidió que no era conveniente [música] hacerlo.

 Su cuerpo terminó en el río Recreello, en las afueras de Río de Janeiro, envuelto en una bolsa de plástico verde dentro de una maleta de mano, con las huellas dactilares borradas de manos y pies para que nadie la pudiera identificar si alguna vez la encontraban. No la encontraron. Hoy, en febrero de 2026, Sergio Gustavo [música] Andrade Sánchez tiene 69 años.

 Se le atribuyen ocho hijos reconocibles con al menos siete mujeres distintas, la mayoría de ellas menores de edad, cuando comenzaron esas relaciones. La mayoría de esos hijos no lo conocen persona. Uno de ellos no llegó a vivir un mes. Otro fue abandonado, desnutrido en un país extranjero siendo bebé.

 Otro carga el apellido de su madre porque el apellido del padre es sinónimo de condena. Y uno más tuvo que dejar su país, porque alguien relacionado con la historia de ese padre amenazó su seguridad. [música] Ninguno de sus hijos lo defiende públicamente. Ninguno. Su nombre completo es Sergio [música] Gustavo Andrade Sánchez.

 El mundo lo conoció como el rey Midas, el hombre que todo lo que tocaba se convertía en oro. Y lo que les hizo a las mujeres jóvenes que cayeron en sus manos y lo que heredaron los hijos que nacieron de esas relaciones. Es una historia que México enterró [música] durante 25 años bajo discos de platino, contratos de televisora y sentencias que nunca estuvieron a la altura del daño.

Esta [música] es la investigación que la industria musical prefirió no completar. Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambiarán todo lo que creías saber sobre este caso. Primero, lo que realmente pasó con el bebé que Sergio Andrade tuvo con una niña de 15 años, el hijo que dejó desnutrido en un hospital de Madrid, España, con instrucciones de no gastar más de lo necesario en su alimentación y las palabras exactas que la propia Karina [música] Japor usó para describir lo que le hicieron mientras estaba embarazada y sin poder llamar a

su madre. Segundo, el secreto de los dos hermanos que son también primos, Milton y Valentina. Bakini, hijos de dos hermanas que Andrade embarazó en el mismo periodo de tiempo y lo que esos dos jóvenes descubrieron de adultos sobre lo que fueron sus madres para ese hombre y sobre lo que son el uno para el otro.

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 Tercero, con todos los detalles que los medios mexicanos nunca pusieron en [música] una sola nota, lo que pasó con el cuerpo de Ana Dalay después de que murió en ese departamento de Río de Janeiro, las órdenes que Sergio Andrade dio en los siguientes minutos y la razón exacta por la que esas órdenes se obedecieron sin que nadie en esa habitación se atreviera a cuestionar una sola palabra.

 Y cuarto, ¿dónde está hoy Sergio Andrade? ¿Qué anunció en junio de 2025? Y la ironía que no tiene nombre, que ese anuncio llegó exactamente en los mismos días en que una de sus hijas de 25 años acababa de abandonar su país, sus amigos, su pareja, su casa, sus autos y su trabajo, porque alguien vinculado a su historia la había amenazado de muerte.

 Te voy a avisar [música] cuando llegue cada una de estas revelaciones. Si te vas antes del final, te pierdes [música] la cuarta. Y la cuarta es la que explica por qué esta historia no se cerró el día que cerraron las puertas de una cárcel en Chihuahua, en el año 2007. Porque el daño que Sergio Andrade sembró en el mundo no se fue preso con él.

 Ese daño nació, creció, aprendió a caminar y hoy tiene nombre y apellido materno y cicatrices que no se [música] ven a simple vista. Pero antes de hablar de los hijos, necesitas entender quién era el [música] padre, porque hombres así no aparecen de la nada. Se construyen ladrillo por ladrillo, silencio por silencio, en una industria que aprendió muy temprano, que es más fácil mirar hacia otro lado cuando el hombre tiene talento.

 El 26 de noviembre de 1955, en la ciudad portuaria de Cuatzacalcos, Veracruz, en la costa del Golfo de México, donde el aire huele a petróleo y a salitre, nació Sergio Gustavo Andrade Sánchez. Su padre fue Eduardo Andrade Aedo, ingeniero de petróleos mexicanos que después se dedicó a imprimir álbum de colección de estampillas.

 Su madre, Justina Sánchez Márquez, una familia de clase media respetable en una ciudad donde el petróleo olía a movilidad social y la gente del norte de Veracruz soñaba con el progreso [música] como si fuera algo que se podía tocar. Sergio era el hijo menor, tenía un hermano mayor, Eduardo Andrade Sánchez, que siguió el camino del derecho, la locución y la política, y que llegaría a ser diputado federal, senador por Veracruz y director del Canal del Congreso.

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