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VICENTE FERNÁNDEZ SE ALEJÓ de JOAN SEBASTIAN por lo que pasaba a ESCONDIDAS EN SU RANCHO…

Esa noche, [música] en ese rancho perdido entre las montañas de Guerrero, Vicente Fernández se quedó paralizado. No por la música, no por los caballos que relinchaban en la oscuridad, sino por lo que hay quienes afirman que vio con sus propios ojos al cruzar esa puerta que nadie debería haber cruzado. Y hay quienes dicen que desde esa noche el hombre al que llamaba su hermano dejó de serlo para siempre.

Existen versiones que sugieren que Vicente no quería hablar de aquello, que cuando alguien le preguntaba por Joan Sebastian se le oscurecía la cara como si una nube negra le tapara el sol. Y hay quienes dicen que no era rencor lo que sentía, era miedo. El tipo de miedo que te entra cuando sabes demasiado de alguien que ya no tiene nada que perder.

Esto es lo que hay quienes creen que pasó. Lo que hay versiones que sugieren que ocurrió a escondidas, lo que según se dice destruyó una de las amistades más grandes que ha dado la música mexicana. Y lo que dicen algunas fuentes, ninguno de los dos quiso jamás confesar en público.

Hay que remontarse al principio para entender el final, porque según cuentan quienes los conocieron de cerca, Joan Sebastián y Vicente Fernández no eran simplemente dos cantantes que se respetaban, eran, hay quienes dicen, dos hombres que se necesitaban el uno al otro, de una manera que ninguno de los dos sabía explicar con palabras.

Se dice que cuando Joan Sebastian llegó al rancho los tres potrillos por primera vez, Vicente lo recibió como si fuera de la familia, con abrazo, con tequila, con ese calor que da la gente del campo cuando de verdad te abre las puertas. Y Joan, según cuentan, lloraba, no de tristeza, de gratitud, porque hay versiones que afirman que en aquel momento Joan Sebastian vivía entre dos mundos muy distintos y el rancho de Vicente era el único lugar donde se sentía limpio.

Pero ese mundo limpio, hay quienes aseguran, estaba empezando a ensuciarse. Y Joan Sebastian, según estas versiones, era quien estaba ensuciándolo. Hay que hablar del rancho, del rancho Cruz de la Sierra en Juliantla, Guerrero. Porque si hay algo en lo que coinciden quienes lo visitaron, es que ese lugar no era simplemente una propiedad, era, según se dice, un mundo aparte, un universo donde Joan Sebastian ponía y quitaba las reglas.

donde la noche empezaba cuando él lo decidía y terminaba cuando él lo permitía. Hay versiones que describen ese rancho como un lugar de contrastes brutales. Por el día, caballos, música, barbacoa, niños corriendo entre la hierba. Pero hay quienes afirman que de noche, cuando los trabajadores cerraban las puertas y las luces del rancho se apagaban para el mundo exterior, comenzaba otra historia.

Una historia que, según estas versiones, tenía muy poco que ver con la imagen del poeta del pueblo que el mundo conocía. Se dice que las reuniones comenzaron de a poco, que al principio eran solo conocidos, hombres del pueblo, gente de la sierra. Pero hay quienes cuentan que con el tiempo los coches que llegaban de noche ya no eran los de los amigos de siempre.

Eran, según estas versiones, camionetas con vidrios polarizados, vehículos sin placas, hombres con botas de piel exótica y cinturones con evillas de oro que nadie se atrevía a mirar demasiado tiempo. Hay quienes afirman que Joan Sebastian sabía exactamente quiénes eran esos hombres y que no solo lo sabía, sino que según estas versiones los esperaba.

La pregunta que hay quienes se han hecho durante años es, ¿cuándo comenzó todo esto? ¿Cuándo fue que el poeta de Juliantla empezó a moverse en círculos que iban mucho más allá de los escenarios y los palenqu? Hay versiones que sitúan el comienzo a finales de los años 80. Cuando Joan Sebastián estaba consolidando su carrera, cuando los discos vendían, cuando los contratos llegaban solos.

Pero también, según se dice, cuando el dinero que llegaba por las canciones ya no era suficiente para mantener el ritmo de vida que había elegido, los caballos, las propiedades, las fiestas. Y sobre todo hay quienes afirman las mujeres, porque hay que hablar de las mujeres, no de las esposas, no de las madres de sus hijos.

Hay que hablar de las otras, de las que según versiones que circulan entre quienes estuvieron cerca de ese entorno, aparecían en el rancho sin que nadie supiera exactamente de dónde venían. Se dice que Joan Sebastian tenía una fascinación particular, una que hay quienes afirman fue el origen de más de una de las tormentas más oscuras de su vida.

Le gustaban las mujeres jóvenes, muy jóvenes. Él mismo lo dijo en entrevista con esa sonrisa que tenía cuando creía que podía decirlo todo sin que nadie lo juzgara. Lo escandaloso no es que a mí me gusten las mujeres jóvenes, lo escandaloso es que yo les guste a las mujeres jóvenes. Pero hay quienes aseguran que detrás de esa frase había algo que Joan Sebastian no estaba dispuesto a confesar en público.

Hay versiones que describen fiestas en el rancho donde llegaban muchachas que según quienes estuvieron ahí tenían entre 15 y 18 años. chicas de pueblos cercanos, chicas de familias humildes. Y hay quienes afirman que esas chicas no llegaban por casualidad, que había, según estas versiones, personas encargadas de localizarlas, de convencerlas, de traerlas con promesas, con dinero, con la magia del nombre de Joan Sebastian, que en aquellas sierras de Guerrero valía más que cualquier contrato firmado.

Se dice que el hermano de Joan Sebastian, Federico Figueroa, era pieza clave en ese engranaje. Federico, a quien años después señalarían narcomantas en Guerrero como parte del entramado del crimen organizado, habría sido, según hay quienes afirman, algo más que el hermano del cantante. habría sido, según estas versiones, el que abría y cerraba las puertas del rancho cuando las reuniones no eran para todos los ojos.

Y es ahí, hay quienes dicen, donde empezó a mezclarse todo. La música con el dinero, el dinero con los hombres de las camionetas negras, los hombres de las camionetas negras con las fiestas y las fiestas con las chicas jóvenes que llegaban sin saber del todo a qué mundo estaban entrando. Vicente Fernández, según hay quienes cuentan, empezó a escuchar rumores, no de cualquier persona, de gente de confianza, de personas que habían estado en esas reuniones y que llegaron a él con la cara desencajada, diciéndole cosas que él no quería creer. Porque

Vicente, hay quienes dicen, era un hombre de principios, un hombre que había construido su vida sobre valores muy claros. la familia, el trabajo, el respeto y lo que escuchaba sobre lo que pasaba en ese rancho de guerrero, según estas versiones, chocaba de frente con todo lo que él era.

Hay quienes afirman que la primera vez que Vicente le preguntó a Joan Sebastian directamente fue en privado, en uno de esos encuentros de los que no queda registro, uno de esos momentos entre amigos donde no hay cámaras, no hay periodistas, no hay testigos que puedan repetir exactamente lo que se dijo. Pero hay versiones que dicen que John Sebastian se rió, que le dio una palmada en el hombro a Vicente y le dijo que no exagerara, que todo era mentira de gente envidiosa, que Guerrero era así, que siempre había chismes, que a los exitosos siempre les

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