Este es México, la selección de un país gigantesco, futbolero y muy apasionado, pero que en los mundiales vive atrapada en un ciclo eterno de esperanza, sufrimiento y frustración. Yo vi todas las eliminaciones de México en los mundiales, absolutamente todas, una por una, minuto a minuto. Vi cada gol en contra, cada desconexión, cada error arbitral, cada colapso mental.
Vi cada vez que México estuvo un paso de hacer historia y se quedó en la orilla. Y lo que descubrí me hizo entender muchas cosas, porque México no solo pierde mundiales, México se sabotea. Hoy te voy a contar con lujo de detalle cómo un país tan histórico, fanático al fútbol, que ha ido a tantos mundiales, fracasa tanto cuando llega el momento de la verdad.
Sin romanticismo barato, sin nacionalismo ciego, solo fútbol. Y al final te voy a decir de una vez por todas si México es un país histórico que ha tenido mala suerte o simplemente es un equipo chico. México en los mundiales, gigante de presencia en ano de resultados. Antes de hablar de eliminaciones, hay que entender el contexto.
México es el cuarto país con más participaciones en la historia de los mundiales, solo por detrás de Brasil, Alemania y Argentina, con un total de 18 participaciones contando con este mundial del 2026 en el que va a ser anfitrión otra vez. Va a ser su tercer mundial que va a jugar como local. y solo dos veces llegó a cuartos de final, 1970 y 1986, las dos en casa.
Nunca ha pasado de octavos fuera de su país. Ha jugado 60 partidos en total y ha tenido 17 victorias, 15 empates y 28 derrotas, 62 goles a favor y 101 goles en contra. Diferencia de gol de -39. unos números bastante malos para una selección tan histórica y tan protagonista que es México. Es decir, México es un invitado VIP a los mundiales, pero que casi nunca es importante.
Y cuando miras sus eliminaciones te das cuenta de que no es mala suerte, es un patrón. 1930 a 1966. Aprender a perder. No me voy a detener demasiado tiempo aquí, pero es importante saber de dónde viene todo esto. En los primeros mundiales 1930, 1950, 54, 58, 62 y 66, México casi siempre se fue en fase de grupos. Perdían y los goleaban las mayores potencias de esa época.
En 1930 tuvieron tres derrotas y 13 goles en contra. En 1950 otra vez tres derrotas. En 1954 y 1958, más goleadas, más frustración. En 1962, por fin, la primera victoria en un mundial contra la todapoderosa Checoslovaquia y en 1966 otra vez fuera en fase de grupos. Durante esos años México no participó en cuatro mundiales, el mundial del 34, del 38, 42 y 46.
Dos de ellos no fueron porque no hubo mundial por la guerra que tenían en ese momento. La FIFA canceló tanto el Mundial de 1942 y 1946, pero en los dos mundiales anteriores a esos, México no se clasificó. En el Mundial de Italia 34, México se inscribió, pero fue eliminado en la fase de clasificación por Estados Unidos.

En esa época, los partidos clasificatorios se jugaban en Norteamérica y México perdió 4 a2 en Roma en un duelo único que definía el cupo y en el mundial de 1938, México se retiró antes del sorteo. La FIFA había decidido que solo un país de América participaría directamente y ese país fue Brasil y los demás no quisieron disputar eliminatorias por la distancia y los costos.
En esos años, México no era un fracasado, era simplemente un equipo chico. Pero ojo, México no perdió, aprendió. O por lo menos esa frase hubiese quedado bien si en realidad hubieran aprendido algo. En el caso de México no fue del todo así. Mundial 1970, México. El primer gran sueño y el primer gran golpe. Primer mundial en casa. Estadio Azteca, Pelé, Beckenbauer y las Grandes Potencias.
Y México por primera vez con la sensación de que podía competir de verdad. México hace una muy buena fase de grupos, empata con la Unión Soviética, le gana a El Salvador, le gana a Bélgica y se clasifica a cuartos de final por primera vez en su historia. un éxito rotundo, considerando el papel que habían hecho en los mundiales anteriores.
Y digo cuartos de final y no octavos, porque en ese entonces no existían los octavos de final, solamente habían seis partidos en ese entonces, así que cuando tú pasabas de grupo pasabas directamente a los cuartos de final y México estaba muy bien en ese momento. Sorprendía a propios y extraños. Parecía que la localía hacía que sus jugadores elevaran su nivel.
La plantilla de México en el mundial de 1970 era la mejor que el país había tenido hasta ese momento. Entre ellos habían buenos jugadores, el portero Ignacio Calderón, el delantero Enrique Borja, el cerebro del equipo Javier Valdivia y el capitán Gustavo Peña. No eran crack mundiales ni nada por el estilo, pero eran jugadores que te aportaban mucho y que luchaban por el equipo.
Y lo más interesante es que cuando ves los partidos completos te das cuenta de que no era un equipo improvisado, sino un grupo con identidad, técnica y carácter. No era una plantilla de cracks internacionales, pero sí de jugadores que entendían el juego. México 70 fue el primer equipo mexicano que tuvo una idea clara. Presión alta, tocar rápido y aprovechar la localía como energía, no como presión.
En mundiales anteriores, México no hacía más que perseguir la pelota y a ver quién tenía el buen día, porque no había mucho planteamiento de juego. Eso no se empezó a implementar hasta a partir de este mundial que se vieron cosas de verdad. No tenía figuras globales, pero tenía algo más importante, coherencia. Si tuviera que comparar a esa selección con un equipo actual, un muy buen ejemplo sería Japón, por ejemplo, el del 2022, del mundial pasado.
No eran favoritos, pero jugaban como si lo fueran. No esperaban milagros, los provocaban. México 70 fue el primer equipo mexicano que jugó con identidad propia. Japón hizo lo mismo, presión coordinada, transiciones rápidas y mucha disciplina táctica. Pero claro, todo eso está muy bien hasta que te enfrentas a una potencia de verdad. Y México le tocaba jugar los cuartos de final contra la Gran Italia.
Y eso ya son palabras mayores. Cuartos de final, México versus Italia. El Azteca era un volcán. Por primera vez, el país creía que el quinto partido no era un sueño, sino una posibilidad real. Y el partido empezó de la mejor manera. En el minuto 13, el gol nace de una jugada de Javier Fragoso que deja tirado al defensor italiano.
Manda un gran pase filtrado a José González, que define muy bien de tres dedos para vencer al portero Albertosi. ¡Gol! [música] México se adelanta. El estadio vibra como nunca. Por un instante, el país entero siente que puede vencer a una potencia europea, pero lo que sigue es una radiografía del fútbol mexicano. En el minuto 25, México empieza a retroceder sin razón.
No es Italia empujando, es México renunciando a la pelota. Italia no encontraba espacios hasta que en una jugada caótica lo cambió todo. En el minuto 43, tras un disparo desviado por Gustavo Peña, Italia marcaría el gol del empate. La pelota se fue llorando con dirección a portería e Ignacio Calderón no alcanzó a desviar la pelota.
El silencio invadió al Azteca. México llevaba 10 minutos sin cruzar la mitad del campo. Ese gol no fue una genialidad italiana, fue el síntoma de un equipo mexicano que empezó a dudar y a partir de ahí todo se desmorona. Italia con experiencia y oficio toma el control. México se parte en dos. Los delanteros corren sin apoyo. Los mediocampistas se hunden.
La defensa se queda sola. En el minuto 70 llega el segundo gol italiano y en el minuto 80 el tercero. Y en el 90 el cuarto. El Azteca pasa del rugido al silencio. No fue una goleada por inferioridad técnica, fue una derrota emocional. México jugó bien, pero no supo manejar la ventaja. Cada minuto después del 1 a0 fue una batalla interna entre la ilusión y el miedo.
Los mejores jugadores lo dieron todo, pero el equipo se quebró cuando el partido se volvió mental. Italia jugó como un veterano, México como un debutante. Esa derrota fue el primer gran golpe de una selección que descubrió que competir con los grandes no bastaba. Hay que saber sostener la ventaja, manejar la presión y creer hasta el final.
Ese día México aprendió algo que marcaría su historia mundialista. El talento puede abrir la puerta, pero la mentalidad es lo que te deja cruzarla. ¿Por qué tiene que pasarle esto a México siempre? ¿Por qué le tiene que pasar eso? el remate que era el empate y surge un señor y la saca y a nosotros nos han hecho un gol pegando la pelota en el pie de un compañero. Ese es el fútbol.
Pero, ¿por qué siempre contra nosotros? Mundial 1974, Alemania. Después del Mundial del 70, la selección entró en una etapa de desorganización. No hubo continuidad del proyecto de Raúl Cárdenas. La liga mexicana se volvió más comercial que formativa. Se perdió el impulso de aquella generación dorada y el fútbol nacional se estancó tácticamente mientras el mundo evolucionaba.
En las eliminatorias rumbo a Alemania 74, México jugó sin identidad. Los partidos eran lentos, sin ritmo y sin ideas. El equipo parecía desconectado del espíritu que había encendido el país 4 años antes. México había quedado fuera en las eliminatorias de la CONCACAF, donde solo el campeón obtenía el boleto al Mundial.
El equipo mexicano fue eliminado por Trinidad y Tobago, y esa derrota hacía que Haití quedara campeón de la CONCACAF y terminara clasificándose por primera vez en su historia. Ver el Mundial de 74 sin México fue como ver una película sin su protagonista regional. Mientras el mundo admiraba a Cru y a la naranja mecánica, México miraba desde casa intentando entender cómo había pasado de anfitrión a solo un espectador más.
Mundial 1978, Argentina, el fondo del pozo. Si 1970 fue el sueño, 1978 fue la pesadilla. México llega a Argentina 78 y firma el peor mundial de su historia. México llegaba sin rumbo, sin proyecto y sin identidad. La generación del 70 se había desintegrado y el país no había construido nada sobre aquel impulso.
El equipo que viajó a Argentina era una mezcla improvisada entre veteranos y debutantes, sin cohesión y sin nada de liderazgo. Y lo que pasó en la cancha fue brutal. Tres partidos, tres derrotas, 12 goles en contra, último lugar del torneo. México perdió 3 a 1 con Tunes, 6 a0 con Alemania Federal y 3 a 1 con Polonia.
No fue solo que perdiera, sino que ni siquiera compitió. Cuando ves esos partidos, notas que México no tenía ritmo, ni estructura ni alma. Los jugadores se movían como si no creyeran en lo que estaban haciendo. Contra Tunes, el equipo se adelantaba y luego se desmoronaba. Contra Alemania se ve una diferencia de velocidad y presión abismal.
Y contra Polonia, el equipo juega sin convicción, como si solo quisiera que el torneo terminara. No había plan táctico, no había reacción emocional, solo resignación. El Mundial 78 mostró el otro extremo del fútbol mexicano. No solo tiene techos bajos, sino que también tiene suelos muy profundos. Cuando el proyecto está mal armado, cuando no hay estructura, el equipo se cae a pedazos.
Fue el cierre de una década perdida. El 1970 fue el sueño, el 74, la ausencia y el 78, el desastre. El mundial 78 no fue una eliminación más, fue una advertencia. El recordatorio de que el talento sin proyecto se desvanece y que México sin dirección puede pasar de la gloria al olvido en solo 8 años. Ese torneo fue el silencio más incómodo de su historia.
Un país futbolero mirando la pantalla sin entender cómo el equipo que había hecho [música] vibrar al Azteca ahora ni siquiera competía. Mundial 1982, España. México había tocado fondo en Argentina 78 y no logró recuperarse a tiempo. La selección fue eliminada en las clasificatorias de la CONCACAF, donde solo los dos primeros se clasificaban al mundial.
El cupo lo ganó Honduras, que sorprendió al continente con una generación brillante. El Salvador quedó en segundo y se clasificó también, dejando a México fuera por primera vez desde 1974. El país vivía una crisis estructural, no había continuidad de proyecto ni identidad táctica. Los clubes priorizaban el negocio sobre la formación.
La generación del 70 estaba retirada y la del 78 había sido borrada. La selección cambiaba de técnico constantemente, sin estabilidad ni visión. México era un gigante dormido con pasión, con afición, con historia, pero sin dirección. Mundial 1986, México. Otra vez mundial en casa. Otra vez el Azteca. El entrenador era Bora Milutinovic y esta vez con una generación muy seria.
Pablo Larios, Fernando Quirarte, Félix Cruz, Carlos Muñoz, Tomás Boy, Manuel Negrete, Javier Aguirre, Luis Flores y Hugo Sánchez. Era un grupo que sabía sufrir y sabía jugar. México jugaba con ritmo, con confianza, con una conexión emocional que se sentía en cada toque. Era un equipo que no improvisaba, ejecutaba.
En su primer partido, México debutaría con victoria de 2 a 1 contra Bélgica, el mejor comienzo para debutar en casa. En el segundo partido, México empataría 1 a 1 contra Paraguay en un partido muy táctico, controlado, donde México mostró su madurez y en el último partido de la fase de grupos, México le ganaría 1 a0 a la selección de Irak.
Victoria tranquila, suficiente para clasificarse como primeros de grupo. México estaba encendido. El país entero volvía a soñar con el quinto partido. Octavos de final. Ahora sí, octavos, México versus Bulgaria. Y sí, en este mundial ya había octavos [música] y a México le tocaría enfrentarse contra Bulgaria.
México juega su mejor partido del torneo. Negrete y Servín marcaron los goles, pero lo que impresionó no fueron los tantos, sino la autoridad con la que México dominó. No había miedo ni tampoco dudas, solo fútbol. México avanzó a cuarto de final por primera vez en su historia, pero esta vez sí llegaron al quinto partido.
La vez anterior llegaron a cuartos, pero solamente había seis partidos en total, no había octavos. Esta vez sí contaba como quinto partido y fue la primera y la última vez en toda la historia para México y el rival era la Alemania federal. Este partido es una obra de tensión pura. Cuando lo ves completo, entiendes que México no fue inferior, fue valiente, táctico e inteligente.
En los primeros minutos, México empezó muy bien, controlando el ritmo del partido. Alemania no se le veía muy inspirado y México se le notaba muy sólido en la defensa. El partido estaba siendo muy trabado, sin dominio de ninguno de los dos equipos, pero México se le veía mucho más cómodo hasta que en el minuto 38 Alemania empieza a presionar alto.
México no tiene salida limpia, pero aguanta. En el minuto 70, México dejó de atacar, empieza a cuidar el empate y con un gran manejo del partido, México consiguió acabar los primeros 90 minutos sin recibir ni un solo gol y eso hacía que se fueran a los tiempos extras. Durante el tiempo extra, México en ningún momento tuvo la intención de atacar Alemania.
Sabía que si se desordenaba, Alemania los liquidaría y tras mucho esfuerzo y concentración México logró su objetivo de llegar a los penaltis. Y ahora era tan solo cuestión de fortuna. El Azteca se convierte en un santuario de nervios. Los alemanes caminaban hacia el punto penal como si fueran a cobrar impuestos, los mexicanos como si fueran al matadero.
Y desafortunadamente México falló dos penales, uno de Negrete y el otro de Kirte. Alemania, por su parte, no falló ninguno y de manera dolorosa, pero muy digna, México quedaba eliminado del Mundial. México había quedado fuera. Pero cuando ves el partido completo, entiendes que no fue una derrota futbolística como tal, fue una derrota emocional.
México jugó muy bien, pero jugó para no perder y en los mundiales eso es una sentencia de muerte. México 86 fue el mejor mundial de su historia. El equipo compitió, emocionó y se ganó el respeto del mundo, pero también dejó una lección que sigue vigente. El fútbol mexicano puede tocar el cielo, pero todavía le cuesta sostenerlo.
Desde ese entonces, el país vive con una pregunta clavada, ¿y si no volvemos a estar tan cerca nunca más? Spoiler, no volvieron. Mundial 1990, Italia. México había clasificado deportivamente, tenía una generación prometedora y venía de su mejor mundial en 1986, pero todo se derrumbó por el caso de los cachirules, uno de los escándalos más grandes en la historia del fútbol mexicano.
En 1988, durante el torneo clasificatorio al Mundial Sub20, se descubrió que varios jugadores de la selección mexicana juvenil habían falsificado sus edades para poder participar. La FIFA investigó y comprobó el fraude. México había inscrito futbolistas mayores de 20 años como si fueran menores. La sanción fue inmediata y ejemplar.
México fue suspendido de todas las competiciones internacionales por 2 años. Eso incluía las eliminatorias rumbo a Italia 90. El país quedó fuera del mundial por primera vez desde 1982. El castigo fue devastador. México pasó de ser anfitrión y cuarto finalista en el 86 con el mejor equipo de su historia, a quedar fuera del siguiente mundial por un acto de corrupción interna.
Fue un golpe moral y estructural. El fútbol mexicano perdió credibilidad ante el mundo entero. Los jugadores de esa generación vieron como su ciclo se cerraba sin poder competir otra vez. Mientras tanto, el Mundial 90 se jugaba en Italia con Maradona, Breme y Mataus como protagonistas. México lo miraba desde casa como un país castigado por sus propios errores.
El Mundial del 90 no fue una eliminación en la cancha, fue una eliminación en los despachos. El fútbol mexicano no perdió por goles, perdió por mentiras. Ese escándalo marcó un antes y un después. fue el recordatorio de que el talento no basta si el sistema está podrido y que a veces el enemigo más peligroso no está enfrente, sino dentro de casa.
1994 a 2018, la era del quinto partido. Aquí empieza la parte más dolorosa, la que todos recuerdan, la que convirtió una estadística en una maldición. México clasificó octavos de final en siete mundiales consecutivos, el del 94, 98, 2002, 2006, 2010, 2014 y 2018. Y en los siete se fue eliminado en octavos de final, siete veces seguidas, siete maneras distintas de morir.
Y aquí te voy a contar una por una. Mundial 1994, Estados Unidos. El entrenador fue Miguel Mejía Varón y el equipo se conformaba con jugadores como Jorge Campos, Claudio Suárez, Ignacio Ambr, Alberto García Aspe, Marcelino Bernal, Sague, Luis García y Hugo Sánchez. México regresó al Mundial tras la sanción del 90 y lo hizo con fuerza.
En el grupo E, junto a Italia, Irlanda y Noruega, todos terminaron con cuatro puntos y la diferencia de goles lo decidió todo. México hace una muy buena fase de grupos. En el primer partido, México cayó derrotado 1 a0 contra Noruega, pero en el segundo partido, México lograba su única victoria en la fase de grupos, ganándole 2 a 1 a Irlanda.
Y en la última jornada, México empataría 1 a 1 contra Italia, haciendo que todos terminaran con cuatro puntos. Pero México terminó con mejor diferencia de goles y terminó como primero del grupo E. México llegaba con confianza tras liderar su grupo, pero el partido contra Bulgaria fue una historia de tensión. El encuentro terminó 1 a un.
Alberto García empató tras el gol de Stoikov y el duelo se fue a los penales. Y otra vez, en el momento más frágil, México se rompe. Falla tres penales y queda eliminado otra vez en los octavos. Y aquí nace algo importante, la eliminación ante Bulgaria no solo dolió por los penales, sino por las decisiones tácticas que marcaron el final del partido.
El técnico Miguel Mejía Varón fue duramente criticado por no hacer los cambios que todos esperaban. Tenía en la banca a Hugo Sánchez, el máximo goleador histórico, y a Carlos Hermosillo. Ambos listos para entrar, pero nunca los mandó al campo. México empató 1 a 1 y el partido se fue a los penales con jugadores cansados y sin variantes ofensivas.
La imagen de Hugo Sánchez mirando desde el banco mientras México fallaba tres penales se volvió símbolo del error. Muchos lo interpretaron como miedo a romper el orden táctico, otros como exceso de respeto al rival. Pero todos coincidieron en algo. México perdió por no atreverse. Fue el inicio de una herida que se repetiría en los mundiales siguientes.
El miedo a cambiar cuando más se necesita hacerlo. Mundial 1998. Francia. Competir pero no matar. El entrenador de la selección mexicana fue Manuel La Puente, un técnico con carácter fuerte y una visión táctica muy clara, orden defensivo, presión alta y aprovechar la velocidad con sus delanteros. El equipo se conformaba con jugadores como Jorge Campos, Claudio Suárez, Pabel Pardo, Raúl Lara, Braulio Luna, Alberto García Aspe, Cuautemo Blanco y el Matador Hernández.
Y en este mundial, México vuelve a ser una buena fase de grupos. Le gana a Corea y le empata a Holanda y a Bélgica. México pasa como segundos de grupo y pasaba otra vez a los octavos de final y les tocaba enfrentarse otra vez contra Alemania, su bestia negra. México se adelantó 1 a0 con un gol de Luis Hernández tras una jugada que encendió al país entero.
Por unos minutos, el sueño del quinto partido parecía posible. Alemania estaba contra las cuerdas, pero México no lo remató. El [música] equipo se echó para atrás, empezó a defender demasiado cerca de su área [música] y el gigante despertó. Con oficio y frialdad, Alemania remontó 2 a 1 con goles de Jürgen Clisman y Oliver Bierhoff.
Fue una derrota que dolió más por el como que por el resultado en sí. México tuvo al gigante contra las cuerdas, pero no se lo creyó. Ese partido dejó una sensación que se repetiría en los siguientes mundiales. México puede, pero no termina de creérselo. Fue una eliminación que marcó el inicio de una era de frustraciones repetidas donde el equipo siempre rozaba el sueño sin alcanzarlo.
Mundial 2002, Corea, Japón, el golpe más humillante. México vivió una fase de grupos ejemplar, de esas que hacen creer que el quinto partido está al alcance. El equipo de Javier Aguirre se conformaban con jugadores como Óscar Pérez, Rafa Márquez, Gerardo Torrado, Ramón Morales, Yaret Borgetti, Cuautemo Blanco y un Osvaldo Sánchez y Jorge Campos de suplentes.
La selección tricolor mostró carácter, equilibrio y una identidad clara, intensidad, orden y talento. Arrancó con autoridad ante Croacia, ganándoles 1 a0 gracias al penalti de Cautemo Blanco. Luego remontó ante Ecuador 2 a 1 con goles de Jaret Burgetti y Gerardo Torrado demostrando que el grupo tenía reacción. El cierre fue ante Italia, el gigante europeo.
México se adelantó con un cabezazo perfecto de Borgetti y resistió hasta que Del Piero empató cerca del final. El partido terminó 1 a un y aún así el empate bastó para que México terminara líder de grupo por encima de Italia, Croacia y Ecuador. Fue una fase de grupos que consolidó la idea de que México podía competirla cualquiera.
El equipo jugó con personalidad, con ritmo y con fe, pero esa fe, como tantas veces se pondría a prueba en los octavos. Y el rival era nada más y nada menos que Estados Unidos. clásico regional, superioridad histórica de México. Estados Unidos eran literalmente sus hijos. México llegaba como líder del grupo con confianza y ritmo.
Estados Unidos había clasificado como segundo y todo el país veía el cruce como una oportunidad perfecta, el momento de demostrar superioridad histórica. México era el favorito, Estados Unidos el aprendiz, pero el fútbol no entiende de jerarquías. Desde el inicio, Estados Unidos fue más intenso, más directo, más decidido.
A los 8 minutos, Brian McBrid marcó el 1-0 tras una jugada rápida y precisa. México intentó reaccionar, pero se encontró con un muro táctico. Los estadounidenses cerraron espacios, presionaron alto y golpearon otra vez. El legendario Landond Donova de cabeza puso el 2 a0. México nunca encontró la claridad, ni Cuautemo Blanco ni Borgetti pudieron romper el cero.
Fue un partido sin épica, sin respuesta, sin alma, un baño de realidad. La derrota fue más que una eliminación, fue un golpe a la identidad. Por primera vez, México fue superado por su vecino del norte en un mundial. El país entero sintió que el sueño del quinto partido se había convertido en una pesadilla. Desde entonces, ese 2 a0 quedó grabado como la herida más humillante, el punto donde México dejó de mirar hacia arriba y empezó a mirar hacia adentro.
Ese día rompió algo en el orgullo mexicano. No solo te eliminó tu vecino, te eliminó jugando mejor que tú. Y ahí aparece otra raíz del problema. México domina su región, pero cuando se mira el espejo se da cuenta de que ese dominio lo ha adormecido. Mundial 2006, Alemania, el mejor partido y el mejor gol en contra.
México llegó con expectativas altas bajo la dirección de Ricardo La Volpe con un estilo más técnico y ofensivo. La selección se conformaba con jugadores como Osvaldo Sánchez, Rafa Márquez, Pabel Pardo, Siña, un joven Andrés Guardado y Guillermo Choa en el banquillo. El grupo lo compartió con Portugal, Irán y Angola y aunque se clasificó dejó sensaciones mixtas.
En el primer partido, México debutó con victoria de 3 a 1 a Irán, con doblete de Omar Bravo y un gol de Cña. En el segundo partido, México decepcionó empatando a cero contra Angola en un partido muy trabado, sin claridad ofensiva. Y en el último partido del grupo, México caería 1 a do contra Portugal, una derrota contra un equipo superior, descontó José Fonseca, pero no fue suficiente.
México se clasificaba como segundo del grupo. México llegaba a la fase eliminatoria con dudas, pero en octavos se transforma. A México le tocaba enfrentarse a Argentina en los octavos, una de las favoritas. Y México juega uno de los mejores partidos de su historia en mundiales. Presiona, compite y se adelanta en el minuto 6 con un gol de Rafa Márquez que lo celebró con furia.
Pero 4 minutos después, [música] Argentina lo empataría con un gol de Crespo desde el tiro corner. El resto del partido, México estaba jugando muy bien, creando varias ocasiones de peligro. Argentina, por su parte, también creaba ocasiones y, de hecho, hubo un gol de Messi que fue anulado por fuera de juego. Pero viendo la repetición otra vez, la jugada era completamente legal, así que México pudo haber perdido el partido en el tiempo reglamentario, pero no fue así.
Tras terminar 1 a un, México y Argentina se iban a los tiempos extra, en donde en el minuto 98 Maxi Rodríguez metería uno de los mejores goles del torneo. Control de pecho y goleazo al ángulo, un tremendo golazo que dejó a México en chock. Durante el resto del partido, México lo intentó pero no pudo y el partido acababa con victoria de 2 a 1 para Argentina.
México se va otra vez en octavos, pero esta vez con una sensación distinta. Jugamos bien, hicimos todo, pero aún así no alcanzó. Y aquí se instala otra idea peligrosa, la derrota honorable. Perder, pero con discurso, perder, pero con orgullo, perder y acostumbrarse. Mundial 2010, Sudáfrica. El de Yabú. México llegó con ilusión y juventud bajo el mandato de Javier Aguirre con jugadores como Pérez, Carlos Salcido, Rafa Márquez, Carlos Vela, Giovanni Dos Santos, Andrés Guardado, Cuautemo Blanco, el Chicharito y Memo Choa todavía de suplente. México caería
en un grupo con Sudáfrica, Francia y Uruguay, un grupo bastante potente. Fue una fase irregular, pero suficiente para avanzar. México empezó empatando 1 a 1 contra Sudáfrica en el primer partido del Mundial y en ese encuentro Rafa Márquez empató en los últimos minutos evitando lo que podía ser un desastre de comienzo.
El partido había sido bastante malo, pero por lo menos sacaron el empate al final. En el segundo partido, México jugaría su mejor partido del mundial, ganándole 2 a0 a una Francia muy decepcionante, con goles de Javier Hernández y Cuautemo Blanco en un partido en el que el clima estaba igual que los defensas franceses, congelados. En el último partido, México caería 0-1 contra Uruguay con un gol de cabeza de Luis Suárez tras un gran pase desde la derecha de Cavani.
Una derrota que los dejó segundos del grupo y avanzaban a octavos de final y otra vez les tocaba Argentina, una Argentina que era dirigida por el mismísimo Diego Armando Maradona. Y esta vez la historia es distinta. México no solo pierde, se descompone. En el minuto 26, Carlos Tévez abre el marcador con un gol de cabeza tras un pase de Messi, pero Tévez estaba en fuera de juego y el árbitro no lo vio.
Ese error arbitral desata el caos emocional. México se desconcentra y se desordena. Los jugadores mexicanos reclamaban, pero el árbitro convalidó el tanto. En el minuto 33, Gonzalo Higuaín aprovechaba un error de Ricardo Osorio en la salida y define con frialdad. Osorio comete un error completamente inesperado tras la buen temporada que había hecho con el Stutgart ese año.
Esos errores en partidos tan importantes te matan. Y en el minuto 52, Tevez volvía a aparecer con un disparo espectacular desde fuera del área, un tremendo golazo que anotó con el famoso balón Jabulani. Y en el minuto 71, Javier Hernández recortaba distancias con un potente zurdazo. Tras un gran movimiento hacia dentro del área, México marcaba el gol de la honra y se despedía del Mundial otra vez en octavos.
Y aquí se ve otro patrón. Cuando hay injusticia arbitral, México no se enfurece para jugar mejor, sino todo lo contrario, se desmorona. La selección no sabe gestionar la adversidad, ni la presión ni la rabia. México volvía a caer contra Argentina, pero esta vez siendo muy inferiores. Mundial 2014, Brasil. México llegó con dudas, pero encontró identidad bajo el mandato de Miguel el Piojo Herrera.
El equipo tenía jugadores como Memocho Choa, Rafa Márquez, Miguel Layun, Héctor Herrera, Giovanni Dos Santos, Guardado, Marco Fabián, Raúl Jiménez, Alan Pulido, Orive Peralta y el Chicharito. En el grupo estaba Brasil, Croacia y Camerún, un grupo bastante complicado. Y en el primer partido México debutaría ganando 1 a0 contra Camerún con un gol de Orive Peralta y dos tantos anulados a Giovanni dos Santos.
un inicio sólido que les daba sus primeros tres puntos. En el segundo partido, México empataría a cero contra Brasil en un partido sobresaliente de Pacomé Mochoa que le hizo todo tipo de atajadas a Neymar y compañía, probablemente su mejor partido que ha hecho en los mundiales. Y en el tercer partido, México daba una actuación brillante, derrotando 3 a 1 a Croacia con goles de Rafa Márquez, Andrés Guardado y uno del Chicharito.
Victoria contundente que se llaba la clasificación. México hacía una gran fase de grupos. El equipo tenía ritmo, carácter y una defensa sólida. El país entero volvía a soñar, sí, con el quinto partido. Y el rival en octavo de final era Holanda, una potencia, pero que no estaba en su mejor momento y eso México lo sabía y jugó el partido perfecto hasta que dejó de ser.
En el minuto 48, Giovanni Dos Santos anotó el primero del partido, recibe fuera del área y define con la zurda cruzado al palo más lejano de Silesen. Golazo. México se adelanta. El Azteca imaginario vibra desde millones de pantallas. El país entero siente que el quinto partido está a 40 minutos de distancia. Después de ese gol, México maneja el partido con inteligencia.
Memocho hace una tajada milagrosa en el minuto 57, desviando un cabezazo de de Brick al poste. La defensa aguanta, el equipo se ordena. Ochoa sigue haciendo atajadas durante el partido, una a Roben y otra a Huntelar. Todo parece bajo control hasta que en el minuto 75 México empieza a retroceder demasiado atrás.
le regala la iniciativa a los holandeses. Holanda adelanta líneas, mete a juntelar y presiona con todo hasta que en el minuto 88 llega un centro desde el tiro de esquina. Sneid recibe un pase de cabeza de Juntelar y fusila con la derecha. ¡Gol! 1 a un. El silencio se apodera de México. El quinto partido volvía a peligrar y entonces llegaba el minuto 92.
Roben entra en el área, Rafa Márquez lo toca apenas. El contacto es mínimo, pero el árbitro pita penal de todos modos. El país entero grita al mismo tiempo. No era penal. Esa no era penal. No era penal. No era penal. No era penal. Penalti en los últimos minutos del partido. Si Juntelar anotaba, México estaba liquidado y con mucha frialdad, Juntelar marcaba el segundo. Holanda 2, México 1.
México eliminado. Nadie se lo podía creer. México estuvo tan cerca, pero otra vez cae de forma dolorosa. Y por más doloroso que fue esa derrota, si ves los 90 minutos, te das cuenta de que México no perdió necesariamente por el penal. Ya a minutos anteriores, México ya había retrocedido demasiado y era solo cuestión de tiempo para que te marcaran el segundo.
México se puso adelante otra vez como lo ha hecho en muchísimos mundiales, pero siempre se repite la historia. Se echa para atrás, intenta aguantar el marcador y siempre se lo terminan remontando una y otra vez, pero no, pero nunca aprende. El México del 2014 jugó su mejor mundial en décadas. Tuvo identidad, carácter y mucho fútbol. Pero cuando el partido se volvió mental, cuando había que sostener la ventaja, el equipo volvió a su viejo fantasma, el miedo a ganar.
Ese día nació una frase que se convirtió en símbolo nacional, no era penal, pero cuando ves el partido completo descubres algo más incómodo. No era penal, pero tampoco era el quinto partido. Mundial 2018, Rusia, el techo de cristal. México llegaba con una generación experimentada y con Juan Carlos Osorio de técnico. El equipo era muy parecido al del 2014, pero con algunas incorporaciones como Hugo Ayala, Gallardo, Edson Álvarez, Carlos Vela, el Chucki Lozano y un Rafa Márquez ya veterano. Y el inicio fue espectacular.
Primer partido, México versus Alemania. El partido que hizo creer al país otra vez. Irvin el Chucki Lozano, marca el gol tras una jugada de vértigo. Robo, transición, pase de Chicharito y una definición cruzada. Golazo. Alemania, campeona del mundo, no entendía lo que estaba pasando. Yo me acuerdo perfectamente de ese mundial y recuerdo que meses antes de ese mundial el técnico estaba siendo muy discutido.
El equipo no jugaba bien ni tampoco tenía buenos resultados y Osorio estaba en punto de mira, o sea, si lo hacía poquito mal en el mundial se iba para la casa. y terminó pasando. Pero este partido nos ilusionó demasiado. Fue el gol que yo más celebré, sin duda, de todos los mundiales que he visto con la selección desde que tengo memoria, porque no fue una simple victoria, fue una victoria contra la campeona del mundo.
Venía de ganar la Argentina en el 2014 y 4 años después le ganamos empezando el mundial de esta manera cuando menos se esperaba. Y eso fue increíble. En los siguientes partidos, México derrotaba 2 a 1 a Corea del Sur con goles de Carlos Vela y el Chicharito, un golazo de Hun Minson en el último minuto del partido prácticamente.
Y en el tercer partido, México perdería 3 a0 de forma increíble contra Suecia, un resultado que nadie se esperaba, especialmente después de haberle ganado a Alemania. Tras esta derrota, México peligraba quedarse eliminado del Mundial otra vez en fase de grupos, pero al mismo tiempo se estaba jugando Corea contra Alemania y todos antes de ese partido dan por hecho de que Alemania iba a derrotar a Corea.
Claro, es la campeona del mundo contra Corea, que no era una gran selección, era Hion Minson y poco más. Y para sorpresa de todos, Corea derrotó 2 a0 Alemania, un resultado que celebramos todos los mexicanos. O sea, yo me acuerdo en ese momento lo celebré y casi igual como el gol del Chucku. Era una victoria para nosotros porque esa derrota hacía que nosotros nos clasificáramos como segundos del grupo y esa victoria de Corea hizo que Alemania quedara en último lugar, o sea, la maldición del campeón se volvía a
repetir otra vez y ahora México pasaba a octavos de final y le tocaba Brasil. El partido empieza con México encendido. Los primeros 25 minutos son una exhibición de presión alta y ritmo. Guardado y Herrera dominaban el medio campo. Lozano desbordaba y Brasil no encontraba los espacios. Pero al minuto 26 el partido cambia. Brasil ajusta.
México se queda sin aire. En el minuto 51, Neymar abre el marcador tras una jugada rápida, combinación con William, que se la devuelve para que defina solo al segundo palo. México se quedaba paralizado. El equipo intentaba reaccionar, pero no tenía profundidad. En el minuto 88, Firmino marcaba el segundo tras un desvío de Ochoa provocado por Neymar.
Y con ese gol, Brasil sentenciaba el partido con oficio. Y si ves el partido completo, te das cuenta de que México no fue tan inferior técnicamente, fue inferior emocionalmente. Jugó bien, pero no supo sostener la intensidad. Como siempre, los primeros 25 minutos fueron de élite, los siguientes 65 de resignación. Brasil no ganó por talento, ganó por jerarquía.
México volvió a chocar con su techo invisible el cuarto partido. El mundial de 2018 fue el espejo del México moderno. Capaz de vencer al campeón del mundo, pero incapaz de sostener la fe cuando el rival responde. Ese día México no perdió por Neymar. Perdió porque no supo mantener el fuego encendido. Fue el recordatorio de que el fútbol mexicano puede tocar el cielo, pero todavía no sabe quedarse ahí. Mundial 2022. Qatar.
[música] Ni siquiera alcanzó para soñar. México llegó con dudas con una generación envejecida y un proyecto desgastado bajo el mando de Gerardo el Tata Martino. El equipo era muy similar al anterior con las incorporaciones de César Montes, Jorge Sánchez, Luis Chávez, Luis Romo, Alexis Vega, Henry Martin y el Gat Antuna.
El equipo tenía talento, pero no identidad y eso se notó desde el primer minuto del torneo. México debutó con un amargo empate a cero contra Polonia. Guillermo Choa le detuvo un penal a Lewandowski y mantuvo vivo al equipo, pero fue el único momento de euforia para los mexicanos. En el segundo partido, México caería 0 a contra Argentina.
Era un partido que rompió el alma. México jugó con miedo y sin ambición a una Argentina que si no ganaba estaba prácticamente eliminada tras haber perdido el primer partido contra Arabia. Al minuto 64, Messi marcó un golazo con un tiro raso desde fuera del área y Enzo Fernández sentenció al minuto 87 con otro golazo al segundo palo.
México no disparó al arco durante todo el partido. Ese fue el símbolo de una selección que se le olvidó de atacar. Y tras esta derrota, México estaba obligada a golear Arabia si quería clasificarse a los octavos, pero por desgracia su victoria de 2 a 1 fue insuficiente. Henry Martin marcó el primero tras un tiro de esquina y Luis [música] Chávez marcó el segundo de tiro libre.
Un tremendo golazo que les daba algo de esperanza, pero Arabia les quitó el sueño tras descontar en el minuto 95 en una pared dentro del área. Del otro lado, Argentina le estaba dando un baile a Polonia y se llegó a poner 2 a0 y con un gol más hacía que México se clasificara por diferencia de goles. Pero Polonia se encerró el resto del partido, incluso cuando estaban perdiendo por dos goles.
Y Messi tuvo una oportunidad para hacerle un favor a México, pero falló su penalti. Y si Messi hubiese anotado ese gol, era el primero del partido, pero igual hubiesen metido más goles y México se hubiese clasificado. Uno nunca sabe lo que hubiese pasado. Y justamente me acuerdo que después de ese partido le sacaron una foto a Messi riéndose, haciendo como que falló el penalti a propósito para que no se clasificara México.
Yo no creo, pero aún así ese penalti pudo haber hecho que México se clasificara, pero no, tampoco se lo merecían. También seamos honestos. Primera vez fuera en fase de grupos desde 1978. México no fue inferior por talento, fue inferior por mentalidad. Jugó sin convicción, sin plan y sin hambre. El equipo parecía desconectado de su historia.
No había liderazgo, ni ritmo ni emoción, solo rutina. El fútbol mexicano tocó fondo no por perder, sino por no saber qué quería ganar. El mundial de 2022 fue el cierre de un ciclo, el final de la generación que había sostenido la ilusión del quinto partido durante tres décadas. México no fracasó por el penal que no fue ni por el rival que lo superó.
Fracasó porque ya no creyó en sí mismo. Ese torneo no dejó una herida como el del 2014. Dejó algo más profundo, el silencio de un país que por primera vez no tuvo nada que celebrar. Y entonces la pregunta definitiva, ¿por qué México fracasa tanto en los mundiales? Después de verme todos sus mundiales, he sacado una conclusión.
Hay patrones que se repiten una y otra vez. No es una maldición. No es mala suerte, es estructura, es cultura futbolística, es sistema. Sistema que se describe con cinco claves importantes. Un país gigante con una liga que piensa en negocio antes que en la selección. La Liga MX es poderosa, rica y atractiva, pero su lógica no está diseñada para producir una selección de élite.
Muchos extranjeros, pocos mexicanos en puestos clave, poca exportación temprana Europa, proyectos cortos, técnicos que duran poco y cero continuidad. Mientras países como Croacia, Uruguay o incluso Estados Unidos exportan talento joven a ligas top, México muchas veces prefiere que sus figuras se queden en casa bien pagaditas, cómodas, sin la exigencia brutal de Europa.
Eso se nota cuando llega el mundial. Los rivales están acostumbrados a jugar partidos de máxima tensión cada semana. Los mexicanos no siempre. Número dos, procesos cortos, histeria larga. México cambia de entrenador con demasiada facilidad. Cada fracaso se soluciona con un nuevo técnico, un nuevo discurso, un nuevo proyecto que suele durar máximo 2 años y así es imposible.
No hay continuidad de la idea, no hay una identidad clara que sobreviva los nombres. Mientras tanto, elecciones como Alemania, Francia o incluso Japón trabajan con una línea de juego que se mantiene en el tiempo más allá de quién se siente en el banquillo. Número tres, dominio regional que engaña.
En CONCACAF, México casi siempre favorito. Se clasifica a los mundiales con relativa comodidad, eso genera una ilusión peligrosa. Parece que el equipo está mejor de lo que realmente está. Cuando llega el Mundial y se enfrenta a equipos que compiten cada año en Eurocopa, Copa América o Champions, la diferencia de ritmo, intensidad y jerarquía se nota mucho.
México llega como gigante regional, pero como clase media a los mundiales. Es decir, México es el peor de los mejores y el mejor de los peores. Número cuatro, fragilidad mental en los momentos clave. Ese es el patrón más doloroso. Penales fallados contra Bulgaria. Ventajas desperdiciadas contra Alemania y Holanda.
Colapsos emocionales tras errores arbitrales contra Argentina. Partidos que México domina pero no sabe cerrar. Cuando el partido se vuelve mental, cuando hay que sufrir, cuando hay que jugar con el cuchillo entre los dientes sin perder la cabeza, México muchas veces se rompe. No solo es falta de talento, es también falta de gestión emocional.
Número cinco, la cultura de la derrota honorable. Quizá el problema más profundo. México ha aprendido a convivir con el fracaso, vistiéndola de épica. Jugamos bien, pero nos robaron. Dimos todo, pero no alcanzó. Fue un gran mundial, pero caímos en octavos otra vez. Ese discurso protege al jugador, al entrenador, a la federación, pero nunca cambia nada.
Mientras otros países convierten sus fracasos en revoluciones internas, México muchas veces los convierte en memes, en frases repetidas, en excusas. Y ahora la pregunta, ¿está México maldito en los mundiales? Después de ver todas sus eliminaciones, mi conclusión es esta: México no está maldito. México está atrapado. Atrapado en una estructura que prioriza el negocio sobre la élite.
Atrapado en una región que no lo exige lo suficiente. Atrapado en procesos cortos, en proyectos a medias. Atrapado en una mentalidad que se conforma con competir en lugar de ganar. Cuando ves todos los mundiales de México, no ves a un país luchando contra todo el mundo. Ves a un país luchando contra sí mismo, contra sus dueños, contra sus decisiones, contra su miedo a cambiar.
Conclusión: ¿Qué descubrí viendo todas las eliminaciones de México? Descubrí que México no solo fracasa por falta de talento, fracasa porque nunca han construido un proyecto de verdad, porque se acostumbraron a ir al mundial, pero no ir a por el mundial. Y por eso, después de tantas décadas, el fútbol mexicano sigue haciéndose la misma pregunta.
¿Cuándo llegará el maldito quinto partido? La respuesta por ahora es dura. No va a llegar solo. No es cuestión de suerte. No es cuestión de un penal o de una jugada. Es cuestión de cambiar todo lo que pasa antes de que ruede la pelota. Porque México no está condenado a fracasar. Pero mientras no se atreva a romper su propio sistema, sus mundiales seguirán terminando de la misma manera, con un país enorme frente a una pantalla, preguntándose otra vez, ¿cómo es posible que con tanto fútbol sigamos quedándonos tan cortos? Y ahora es cuando llegamos al mundial del 2026
que se va a jugar en el momento que estoy grabando este video. Faltan semanas para que se empiece y nuestro entrenador va a ser otra vez Javier Aguirre, que creo que ya es su tercer mundial que va a dirigir. Y sinceramente los partidos de preparación que he visto no me ha dejado muy buenas sensaciones y en tanto los jugadores que van a ir, la verdad que no hay ninguno que me inspire mucho o que me dé muchas esperanzas.
No hay ninguno que digas, “Uf, este tiene cositas”, no, la verdad que no. Con decirte que el mejor jugador que tenemos en forma en este momento es Julián Quiñones, que viene de meter 33 goles en la Liga de Arabia Saudita, que le ganó el pichiche a Cristiano Ronaldo. Es nuestro mejor jugador, que ojo, no es ni mexicano, es colombiano el cabrón, pero lo nacionalizaron a mexicano.
Y otra cosa, en los partidos de preparación que ha hecho Javier Aguirre, ni siquiera ha sido titular, ni siquiera le ha dado la confianza que debería tener porque es nuestro mejor jugador en este momento, por lo menos el que mejor forma está. Por otro lado, Santi Jiménez no está y ni se le espera.
La verdad que este güey lleva más casi un año sin meter un gol en el Milan, ni juega y cuando juega no hace nada y en la selección creo que ha metido dos goles en toda su etapa con México, que tampoco es mexicano, pero bueno, este por lo menos sí se le puede infiltrar un poco más, tiene parte de mexicano, así que este bueno, te lo valgo, pero lo de Quiñones es en los mexicanos.
Luego tenemos Alexis Vega, que sí, en el Toluca lo hace bien, lo hace bastante bien. Cuando juega en el Toluca parece que es el mejor jugador que tenemos, pero la selección nunca da nada de nada, siempre se queda corto, como la mayoría de jugadores. Después tenemos a Raúl Jiménez, que siempre saca su prime, pero nunca en el mundial, cuando lo necesitamos en el mundial, nunca rinde como rinde años anteriores previo al mundial. Ahí sí se la saca.
Tenemos Ochoa, cóo, no Ochoa, que solamente va a ir al Mundial para romper el récord de seis mundiales, porque seamos sinceros, este jugador ya es más un exjador que otra cosa. Tiene ya que 40 años, no es titular, solamente va a ir a ser equipo y para romper el récord de seis mundiales, poco más. Y nuestro jugador que mejor pinta tiene, que es nuestra joven promesa, que está todas nuestras esperanzas en él, es Gilberto Mora, que es muy joven.

Para mí está todavía verde, le falta experiencia, pero es lo mejor que tenemos en tanto al talento. Por lo menos en los partidos que le he visto, se le ha visto al jugador que por lo menos diferente, es el único jugador diferente que tenemos en el equipo y esperemos que lo haga bien. Yo obviamente tengo la camisa esta. Yo soy mexicano, obviamente que voy a apoyar a la selección, pero si lo hacen mal, soy el primero que los va a criticar.
el primerísimo de aquí no se salva nadie. Y ojo, el reto no va a ser el quinto partido para este mundial. No, no, no, no. A mí no me vale. Este mundial es diferente porque ahora son ocho partidos, no siete como eran antes y no seis como eran hace 50 años. Esta vez son ocho. Así que el quinto partido se tiene que convertir en el sexto partido, que son los cuartos de final de toda la vida.
Hay que llegar a cuartos de final para hacer un papel decente, un buen papel para un anfitrión que somos nosotros, que somos uno de los tres anfitriones que van a estar en este mundial. va a ser Estados Unidos, Canadá y México. Yo, si tuviera que dar una predicción, yo digo que pasamos la fase de grupos porque nos ha tocado uno muy fácil, a priori debería ser muy fácil.
Después, depende el equipo que nos toquen 16avos, pasaremos octavos, depende el equipo y luego en octavos, yo creo que hasta ahí llegamos. No me veo pasando más de octavos, no creo, no tenemos equipo para eso. Como le dije, yo aquí los voy a apoyar, pero si lo hacen mal, los voy a criticar como el que más avisados
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