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REVELADO: La TRISTE CAÍDA de JAIME MORENO – De Galán a Perderlo TODO

 Indagando, encontré una historia que la prensa de espectáculos cubrió por encima con muchísima pereza porque los reporteros suelen ignorar a las viejas glorias cuando los reflectores del estrellato ya no las iluminan. Así descubrí el oscuro expediente de un rancho chiapanec, una agotadora batalla legal de casi 10 años que terminó con el actor desalojado de sus tierras.

 Un fallo judicial a favor de un exempleado por supuesto despido injustificado lo arruinó y el retrato crudo de un anciano de 70 y tantos años que, captado por el lente de un curioso, sin que él lo notara, lucía exactamente como un hombre derrotado, alguien exiliado del glamur que alguna vez fue su mundo entero.

 Pero mi instinto decía que faltaban piezas, cabos sueltos que la televisión basura jamás amarró. Porque buscar la verdad exige rascar mucho más profundo que el simple morbo de una fotografía. ¿Qué pasó verdaderamente en la finca Los Olivos? ¿Cómo se defendió Jaime Moreno al enfrentar esta brutal demanda en los juzgados? ¿Y qué secretos se guardó? ¿Qué sobra hoy del legado y la fortuna de aquel seductor de ojos verdes? Ese ídolo ochentero por el que los directores de cine se mataban para tener en su marquesina. Llegué a la pregunta

que mis colegas evaden por considerarla cruel, aunque es la interrogante más sincera. ¿Cómo logra sobrevivir tras haber sido el intocable Jaime Moreno en los 70 y llegar a la vejez cargando apenas con lo puesto? Tú y yo vamos a desentrañar juntos este caso paso a paso. Comencemos. Revisando las actas, encontré que Jaime Moreno se llama simplemente así, sin los típicos nombres rimbombantes que otras estrellas inventaban para brillar en cartelera.

Nació en un escenario confuso que él mismo se encargó de enredar soltando distintas versiones sobre su edad. Hay que ser directos. En mis archivos, el año en que nació este galán es un verdadero enigma de la farándula nacional. Él jura haber nacido en 1957, pero su ex, Lorena Herrera, destapó algo frente al periodista Gustavo Adolfo Infante.

 Durante sus 5 años viviendo juntos, descubrió que Jaime le había mentido descaradamente sobre su edad al conocerse, que el actor casi le pegaba a la edad de su propia madre. En mi investigación cuadré los números y la diferencia real era de más o menos unos 10 largos años. Si Herrera dice la verdad, Moreno llegó al mundo hacia 1947. Si él tiene razón, fue en 57.

 Esta trampa temporal cambia toda la línea de su historia. De haber nacido en 47, pisó los sets de cine a los 28 años, no siendo un jovencito de 16 como nos vendió. Y bajo esa lógica, en aquella foto de la central en 2025 lo estaríamos viendo de 78 años, no 68. Como investigador, los números pesan. Mis registros prueban que en los años 60 este muchacho vivía en la Ciudad de México trabajando como locutor en la estación XXI, cantando por las noches para sobrevivir.

 Una vida apretada en la gran capital, idéntica a la de miles de provincianos que llegan a probar suerte, rogándole al destino por esa única gran oportunidad. Su golpe de suerte llegó una madrugada en un bar. Cuando la legendaria Sasha Montenegro lo escuchó, Montenegro movió sus hilos y lo presentó con la primera actriz Keta Laabad, quien se volvió su manager.

 Fue ella quien lo apadrinó, consiguiendo que Jaime debutara en cine durante 1973, un papelito menor en el Premio Nobel del amor, codo a codo con Angélica María y Roberto Jordán. Revisando la filmografía, 3 años después logró su primer protagónico en 1976. Fue en la cinta india junto a Isela Vega y Mario Almada.

 Ese rol detonó el monstruo taquillero que dominó los 80. Inició así una trayectoria imparable en el famoso género nacional conocido como el cine de ficheras o picardía mexicana. Una máquina que fabricaba películas para adultos como si fueran tortillas. Todo para calmar el hambre de un público de barrio que los finos estudios de Hollywood jamás entendieron.

 Jaime fue el rey indiscutible de esas cintas, investigando sus créditos topas con títulos como Las arañas se despellejan al tejer, terror y encaje negro o los mantenidos. Nombres que hoy rayan en lo absurdo, pero retratan perfecto a ese México 7entero y ochentero. Un país con sus propias reglas, consumiendo un cine callejero y crudo que le daba a la raza exactamente lo que pedía.

 En ese ecosistema rudo, mi investigación muestra que Jaime dominaba gracias a dos armas. Primero, un cuerpo brutal producto de horas de gimnasio y una disciplina de hierro que este tipo conservaba con una terquedad que sus compañeros de set todavía recuerdan con cierta envidia y admiración. Ese impacto al ver a otro impecablemente algo inalcanzable.

 Y segundo, unos penetrantes ojos verdes que derretían la cámara, dándoles a los productores justo ese morbo visual que buscaban desesperados, pero que casi nunca lograban encontrar. El archivo marca 1970 y cinco como el año que lo catapultó internacionalmente. Jaime Moreno se consagró como el primer actor.

 Fue el primer mexicano y latino en posar desnudo para la revista Playgir en Estados Unidos. Una decisión que en el contexto del México de 1975 era escandalosa. Usted y yo sabemos que produjo justo esa cobertura mediática que cualquier publicista anhela generar, pero que rara vez consiguen sin verse fingido. Al investigarlo, veo que no parecía calculado, o al menos no puramente calculado, parecía la expresión genuina de un hombre que sabía que su cuerpo era su mayor activo, dispuesto a explotarlo como la industria le permitiera. Ese mismo año detonó la

rivalidad con Andrés García. Ambos la nutrieron por décadas con declaraciones que en la prensa de espectáculos agradecíamos eternamente. En los años 70, Andrés García era el galán supremo del cine nacional. El dominicano había conquistado México combinando carisma y musculatura en pantalla. Al revisar los archivos vemos que García sumaba romances reales y ficticios a un ritmo que hacía ver novatos a los demás galanes.

 El choque entre García y Moreno ocurrió grabando la película El sexo sentido, dirigida por el cineasta Rogelio a González. Detonó un incidente que ambos me relataron durante años. Sus versiones siempre coincidían en los datos duros. pero chocaban por completo al interpretarlo. Resulta que la actriz española Adriana Vega, coestrella de la cinta, prefirió a Moreno sobre García y no fue un rumor discreto.

 Lo hizo público. Según los testimonios de Moreno, le dijo a García, “Con permiso, pero yo me voy con Jaime Moreno. Documentamos que García jamás perdonó esa humillación. Esa guerra de ego se mantuvo viva en los medios durante muchísimos años.” destaca aquel golpe bajo de Moreno sobre la prótesis peneana de García tras operarse la próstata.

Algo que el dominicano siempre se negó a confirmar, pero que tampoco desmintió con firmeza para callar rumores. Al investigar su paso por televisión, Moreno brilló en 1974 encarnando a Jaime Hannibal en Ana del Aire, un piloto que probó su talento. Para 1970 y 9 estelarizó Yara. Los registros muestran que esta producción de Ernesto Alonso fue un fracaso histórico en televisión, no porque faltara nivel actoral, sino porque la audiencia rechazó tajantemente ver a Angélica María, caracterizada como una mujer indígena a la Candona. El rating se

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