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El falso pánico por el T-MEC: Cómo el discurso mediático de Maru Campos chocó con la realidad económica y los oscuros secretos de su propio gabinete

El ajedrez político en la frontera norte de México se encuentra en uno de sus puntos más álgidos. Las declaraciones de los mandatarios estatales suelen tener un eco profundo debido a la delicada relación bilateral con los Estados Unidos, pero cuando los discursos abandonan la diplomacia para adentrarse en la confrontación mediática, la línea entre la estrategia electoral y la realidad institucional se desibuja por completo. Este es el escenario que actualmente envuelve a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia “Maru” Campos Galván, cuyas recientes e incendiarias afirmaciones sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) han encendido un debate nacional de proporciones mayúsculas, exponiendo agudas contradicciones dentro de su propia administración.

La mandataria chihuahuense causó un revuelo internacional al asegurar de forma categórica que el T-MEC se encontraba al borde de la cancelación y que existía un riesgo inminente de que no se formalizara su continuidad. Campos utilizó como argumento central la situación de seguridad en el país y las acusaciones que pesan sobre ciertos actores políticos del oficialismo, exigiendo de manera formal que el gobierno federal entregara al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, a las autoridades estadounidenses. Esta postura, que fue interpretada por analistas y opositores como una asunción de funciones que no le corresponden —actuando casi como una vocera de los sectores más radicales de Washington o del propio Donald Trump—, encendió las alarmas de la opinión pública.

La ofensiva geopolítica y la soberanía en disputa
Durante sus declaraciones públicas, Maru Camp

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