Posted in

¡HARFUCH CAPTURA a 5 y DECOMISA 3 TONELADAS de COC4 en MEGA OPERATIVOS en GUERRERO Y TLAXCALA!

Ese tercer error fue lo último que calcularon mal porque esa madrugada Harfuch ya tenía todo lo que necesitaba. 2320 horas, municipio deixat, Tlaxcala. No hubo sirenas, no hubo luces encendidas, no hubo el tipo de movimiento que uno asocia con un operativo de esta magnitud. Lo que hubo fue silencio calculado, el silencio de 22 elementos de la SSPC, la FGQR y la Marina moviéndose en formación táctica por las calles de tierra de San Diego, Shokoyan, con una precisión que solo se logra después de horas de ensayo.

El dron llevaba 43 minutos sobrevolando el perímetro cuando se dio la orden de cierre. Desde 300 m de altura con visión térmica activada, la cámara registraba dos firmas de calor dentro del inmueble, dos cuerpos humanos, uno en el cuarto frontal, uno en la zona posterior donde estaban apilados los paquetes.

Afuera, sin saberlo, el perímetro ya estaba cerrado, cada salida bloqueada, cada callejón con un elemento en posición. La juez de control adscrita al Centro de Justicia Penal Federal en Apisac había firmado la orden a las 23:08. 12 minutos después la primera unidad estaba en posición frente al camino exhacienda a Shokoyucán.

La orden era clara, entrada controlada, neutralización de amenazas, preservación de indicios. Lo que encontraran adentro tenía que llegar intacto al perito forense. El supervisor del operativo en Talascala llevaba un audífono en el oído derecho. Por ese audífono escuchaba en tiempo real las actualizaciones del segundo frente, porque a 100 km de distancia en el Pacífico frente a Guerrero, la SEMAR ya estaba ejecutando la segunda parte de la operación.

21:55 horas, aguas territoriales mexicanas, Costa de Guerrero. Dos lanchas interceptoras de la Armada de México habían salido del punto de operaciones navales con los motores a media potencia, suficiente para alcanzar la velocidad necesaria, no suficiente para que el sonido viajara demasiado lejos en el agua.

El dron naval llevaba 1 hora y 19 minutos rastreando la embarcación objetivo. Las coordenadas se actualizaban cada 45 segundos en la pantalla del oficial de operaciones a bordo de la fragata de apoyo. La embarcación objetivo navegaba a 14 nudos en dirección noroeste, la nueva ruta que habían elegido 4 días antes, la que los llevó directo hacia el patrullaje expandido de la SEMAR.

Los cinco hombres a bordo no habían encendido ninguna señal de radio en las últimas 2 horas. Eso era protocolo estándar para este tipo de traslado. También era lo que les impedía saber que ya los tenían rodeados. Eso explica el error. Lo que sigue explica la magnitud. A las 23:31 el oficial naval dio la orden de acercamiento.

Las dos lanchas interceptoras aceleraron a velocidad máxima. 32 nudos el agua golpeando el casco con un sonido que en la oscuridad del Pacífico suena exactamente como lo que es el fin de algo. En Tlack Scala, a ese mismo momento, el supervisor del operativo terrestre levantó la mano derecha, la señal que todos en el perímetro estaban esperando.

Afuera todo parecía normal, adentro ya era demasiado tarde. 23:33 horas. San Diego Chocoyucán, Tlaxcala. La puerta de metal se dio en el segundo golpe. Los primeros 4 minutos fueron de choque y resistencia. El custodio en el cuarto frontal reaccionó en menos de 2 segundos. No con las manos en alto, sino buscando el arma larga que tenía apoyada contra la pared a su derecha.

Lo que encontró antes de llegar a ella fue a tres elementos de la Marina con visión nocturna activa que ya habían cruzado el umbral. La voz de mando fue directa y sin repetición. Al suelo, al suelo. Ahora el segundo custodio, el que estaba en la zona posterior con los paquetes, intentó salir por la ventana lateral, la única salida que el perímetro había dejado aparentemente libre.

Aparentemente, el elemento que lo esperaba fuera lo detuvo antes de que los dos pies tocaran el suelo del callejón. Sin disparos en este primer tramo, solo el sonido de cuerpos contra paredes, órdenes en voz de mando y el crujido del equipo táctico moviéndose en un espacio cerrado. Los siguientes 6 minutos fueron de control y registro.

Con los dos custodios en el suelo y asegurados, el equipo de la FGR entró al inmueble para iniciar el proceso de documentación. Lo que encontraron en la zona posterior cambió el ritmo de la operación. No era un cuarto, era una sala entera dedicada a una sola cosa. 900 paquetes rectangulares, cada uno de aproximadamente 1 kg afilados en columnas de 10 sobre tarimas de madera.

La cocaína estaba envuelta en plástico negro sellado al calor con una marca de identificación. Tres líneas paralelas impresas en la esquina inferior derecha de cada paquete. La firma del cargamento. El elemento que fotografió el primer paquete tuvo que contar hasta tres antes de procesar lo que estaba viendo.

En 10 años de operativos, nunca había visto tanto en un solo cuarto. Los últimos 3 minutos fueron de silencio y conteo. Los dos custodios esposados en el suelo no dijeron una palabra. No preguntaron por un abogado, no hicieron ningún movimiento. Miraban el techo con la expresión de hombres que ya saben lo que viene y han decidido no gastar energía en resistirlo.

El supervisor del operativo hizo la llamada de confirmación a las 23:46. Inmueble asegurado, dos personas detenidas, carga localizada, cero bajas federales. Del otro lado de la línea, en el centro de mando, alguien anotó la hora y levantó el segundo teléfono. Dale like si llegaste hasta aquí porque esto apenas comienza.

Porque mientras eso pasaba en Txcala, en el Pacífico frente a Guerrero, la segunda parte de la operación estaba alcanzando su propio punto de quiebre. 23:38 horas. Aguas del Pacífico Guerrero. Las dos lanchas interceptoras de la Semar encendieron los reflectores al mismo tiempo. Dos columnas de luz blanca que cortaron la oscuridad del Pacífico e iluminaron la embarcación objetivo como si fuera mediodía.

Desde cubierta, los cinco hombres a bordo tuvieron exactamente 3 segundos para procesar lo que estaban viendo antes de que la voz amplificada del oficial naval llenara el aire sobre el agua. Armada de México, detengan los motores. Manos visibles. Los primeros 3 minutos fueron de confrontación y cálculo. El operador de la embarcación no apagó los motores de inmediato durante 90 segundos.

90 segundos que en el agua de noche se sienten como 10 minutos. Mantuvo la velocidad y el rumbo mientras los cinco hombres evaluaban sus opciones. Las opciones eran exactamente las que la SEMAR había calculado que serían. Ninguna. Las dos lanchas interceptoras tenían el doble de potencia y ya habían cerrado el ángulo de escape por ambos costados.

Read More