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8 UNIFORMADOS INFILTRADOS DURANTE AÑOS: LA INVESTIGACIÓN QUE REVELÓ A LOS TRAIDORES DE MANZANILLO

Los ojos de confianza se habían convertido en los peores enemigos. Ocho uniformes, ocho juramentos rotos, más de 160 años combinados de servicio policial en Manzanillo, Colima. Y todo ese tiempo estuvieron del otro lado. Rolando llevaba 21 años en la corporación, Miguel Ángel 25, Nora Alejandra 12, Sergio Alejandro y José Santos 17 cada uno. Roberto y José Luis 10.
Martín Gerardo 8. Nombres sin apellidos protegidos por la ley, rostros que la gente de Manzanillo veía patrollar sus calles creyendo que los cuidaban, pero no cuidaban a nadie. Cada retén que instalaban, cada detención que hacían, cada reporte que recibían del sistema de emergencias lo compartían. No con sus superiores, no con la justicia, con el cártel Jalisco Nueva Generación.


Eran alcoholes con placa, informantes con sueldo del gobierno, traidores uniformados que permitían que el crimen organizado supiera cada movimiento de las autoridades en tiempo real. La aplicación que usaban se llama Trema, un sistema de mensajería cifrada desarrollado en Suiza, diseñado para proteger la privacidad.
No requiere número telefónico, no deja rastro. Los mensajes se autoeliminan después de ser entregados. Perfecta para periodistas, activistas y disidentes en regímenes autoritarios. También perfecta para criminales que necesitan operar en la sombras. El CGNG pagaba 4,800 pesos al mes por 25 cuentas de esta aplicación para coordinar a sus jefes de plaza y operadores.
Estos ocho policías formaban parte de esa red digital invisible. Durante años, Manzanillo había sido territorio en disputa, el puerto estratégico para el trasciego de sustancias ilícitas hacia Estados Unidos, las calles manchadas por ejecuciones y desapariciones. Y mientras la población exigía seguridad, quienes juraron protegerlos estaban facilitando exactamente lo contrario.
Pero algo cambió en diciembre de 2023. Lo que hicieron esos días no fue simplemente filtrar información, fue participar activamente en operaciones que le costaron la vida a gente inocente, fue facilitar que sicarios evadieran la justicia. Fue traicionar no solo su uniforme, sino cada familia que alguna vez confió en ellos.
Y las autoridades lo sabían. Llevaban meses investigando, recopilando evidencia, rastreando comunicaciones, construyendo un caso tan sólido que ningún juez podría ignorarlo. Hasta que llegó el día del operativo 15 de abril de 2026. Fuerzas estatales, elementos federales, la Marina, una coordinación perfecta para detener a quienes durante años habían descoordinado la lucha contra el crimen.
Las órdenes de apreensón estaban listas. Los cargos, uso indebido de información y asociación delictuosa, pero lo que los investigadores descubrirían después revelaría algo mucho más perturbador que simples filtraciones. Diciembre de 2023. Mientras las familias colimenses preparaban las fiestas navideñas, estos ocho policías trabajaban para el otro bando.
La mecánica era simple, pero letal. El Centro de Control, Comando, Comunicaciones, Cmputo Coordinación e Inteligencia, conocido como C5I, es el corazón del sistema de seguridad en Colima. Desde ahí se coordinan todas las emergencias, se monitorean cámaras

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