Eso también es gestión, la gestión de crear las condiciones para que pase lo que tiene que pasar. Y el mismo día que España demostraba que la gestión importa, que el talento solo no alcanza si quien organiza el equipo no sabe qué hacer con él, México demostraba lo contrario, que cuando las condiciones son las correctas, el talento responde, que cuando alguien pone las cosas en su lugar, el resultado llega. Luis Romo.
Minuto 50. Error del portero coreano Kimyu que intentó atrapar el balón en el aire, chocó con un compañero y lo dejó caer. Romo estaba ahí porque México no había parado de buscar desde el pitido inicial. 1 a0, primer clasificado del torneo. Mira el contraste punto a punto porque habla solo.
España con Pedri, con Rodri, con la Mine Yamal esperando en el banquillo, con el mejor medio campo del mundo sobre el papel, no pudo marcarle a Cabo Verde en su primer partido mundialista. México con César Montes suspendido, con Edson Álvarez de central improvisado, con un chico de 17 años, Gilberto Mora en el medio campo ganó su segundo partido del grupo y se clasificó a la siguiente ronda antes de la última jornada.
Eso no es casualidad, eso es lo que pasa cuando un equipo sabe lo que es y cómo funciona. Y cuando quién está en el banquillo sabe sacar lo mejor de los suyos con lo que tiene. Javier Aguirre, el Vasco, lleva toda su carrera sabiendo exactamente eso, cuándo presionar, cuándo replegarse, cuándo cambiar antes de que el partido se te vaya definitivamente de las manos.
En 1986 fue expulsado en el partido que dejó a México fuera de una semifinal que se hubiera jugado en Guadalajara. 40 años después volvió a ese mismo estadio, al Acron de Guadalajara y clasificó al tri a los 16avos del mundial como líder de grupo. Esa historia Luis Enrique no la conoce en detalle, pero si la conociera diría lo mismo que dijo sobre el PSG, que los resultados llegan cuando pones a cada jugador en su sitio y confías en ellos desde el primer minuto.
Pues fíjate en algo que la oposición mexicana no puede procesar sin dolores de cabeza. Llevan dos años usando a España como ejemplo implícito de lo que México debería ser. No lo dicen exactamente así, pero la narrativa está ahí. Europa funciona. Europa organiza. Europa produce gobiernos capaces. El modelo a seguir está del otro lado del Atlántico.
Los países que saben son los de allá, los de la larga tradición democrática, los que llevan siglos en esto. Y resulta que la selección española, la bandera futbolística de ese modelo europeo que la oposición cita sin citarlo, empató a0 con Cabo Verde. Y Luis Enrique, el entrenador más exitoso que ha tenido España en los últimos años, está criticando públicamente desde París a quien la dirige ahora.
Y el propio fútbol español lleva 16 años sin ganar un mundial con solo tres victorias en los últimos 12 partidos mundialistas. 3. Australia 3 a0 en 2014, Irán 1 a0 en 2018, Costa Rica 7 a0 en 2022, el resto empates y derrotas. Mientras tanto, México, el que según ese relato de la oposición no sabe hacer nada bien, está liderando su grupo, siendo señalado por la FIFA como sede de referencia del torneo y recibiendo emisarios presidenciales de países que perdieron partidos contra él, pero que tienen demasiado interés bilateral como para
que eso cambie la relación. Este, a ver, déjame hacer la conexión completa porque importa. Luis Enrique habló de gestión, habló de lo que significa poner a los jugadores correctos en las posiciones correctas y dejarlos trabajar. Habló de que el talento sin estructura no produce resultados y habló de que cuando él tuvo esa estructura en el PSG con jugadores que podían hacer lo que saben hacer, los resultados llegaron solos.
Esa es exactamente la filosofía con la que Shain Baum organizó este mundial. Las sedes no estaban en condiciones óptimas el día que México ganó la candidatura. Hubo que negociar con la FIFA durante años. Hay que cumplir inspecciones. Hay que renovar infraestructura. Hay que coordinar tres ciudades con sus propios gobiernos estatales.
Hay que garantizar seguridad para decenas de miles de turistas internacionales que no conocen el país y que llegaron con expectativas formadas por todo lo que los medios internacionales habían dicho sobre México durante décadas. Y todo eso funcionó. El estadio Azteca recibió el partido inaugural con Shakira en el campo y Jan Infantino en las gradas.
El estadio Acron recibió a 45,700 personas que generaron el mejor ambiente de la primera jornada del torneo, según medios de todo el mundo. Y el estadio BBVA de Monterrey, la tercera sede, espera su turno. Eso no se improvisa en el descanso, eso se prepara, eso se negocia, eso requiere que quien está al frente sepa lo que tiene y sepa dónde ponerlo.
Luis Enrique lo entiende porque es entrenador y un buen entrenador sabe que el talento sin gestión no llega a ningún lado y la gestión en este caso tiene nombre y apellido, Claudia Shane, pues mira lo que dijo Luis Enrique sobre algo que lo toca personalmente, algo que en la RFF sigue sin tener respuesta convincente. A Luis Enrique le impulsaron a irse de la selección española por los resultados, por la presión mediática, por la manera de comunicarse y de tomar decisiones.
Le pidieron explicaciones por partidos mucho mejores que un 0 a0 con Cabo Verde en un debut mundialista. Y Luis Enrique se fue, sin dar explicaciones que no debía, y se fue al PSG. Y en el PSG, sin la presión constante de la Federación Española, con los jugadores que quería, con el proyecto que él eligió, ganó dos Champions consecutivas.
Mientras Luis Enrique hacía eso en París, de la Fuente estaba en España poniendo a Gabi de extremo y esperando al minuto 69 para hacer el primer cambio de un partido que llevaba 45 minutos siendo un desastre. El doble rasero. A Luis Enrique lo echaron por menos. A de la Fuente. Nadie en la RFF está hablando todavía de cambios.
Eso lo dijo Luis Enrique sin rodeos esta mañana. Y cuando lo dijo, cuando ese contraste quedó expuesto, el mundo del fútbol tenía al lado la imagen de Acron lleno, la de México clasificado como líder de grupo, la de Shane Baum emocionada celebrando el gol de Romo y la de España tratando de explicar cómo es posible que no le pudiera meter un gol a Cabo Verde.
La oposición mexicana tiene un argumento favorito cuando el país sale bien en algo, que fue a pesar del gobierno, que el fútbol mexicano es independiente, que la afición siempre ha sido así, que los estadios ya existían, que la selección tiene su propio mérito y no hay que mezclar a Shaba con el tre. Pues bien, apliquen ese mismo argumento a España.
Si el fútbol es independiente del gobierno, si la gestión política no tiene que ver con lo que pasa en el campo, entonces el 0 a cer de España con Cabo Verde tampoco tiene que ver con quien gobierna España. Pero los medios españoles no dicen eso. Los medios españoles están hablando de gestión, de planificación, de quién toma las decisiones y con qué criterio.
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Y están usando las palabras de Luis Enrique para decir que el problema de España en este torneo no es el talento, que el talento está ahí, sino quien lo organiza. Exactamente lo mismo que aplica a México, pero al revés. México tiene el talento, México tiene la afición, México tiene la historia. Lo que México necesitaba era quién organizara las condiciones para que ese talento y esa afición se expresaran en el mejor escenario posible.
Y Shainbaum lo organizó. Eso es lo que el contraste entre España y México en este mundial está diciendo a todo el que quiera escucharlo. Luis Enrique no mencionó a Shan Baum, no tiene por qué. Su conversación era sobre fútbol español, pero las imágenes que corrieron el mismo día que él hablaba, las de Acron lleno, las del gol de Romo, las de Shane Baum emocionada, las de México como primer clasificado del torneo, son la respuesta más elocuente que cualquier declaración política podría haber dado.
Mira, hay un detalle más de la semana de Luis Enrique que quiero contarte porque conecta todo el escándalo del debut de España contra Cabo Verde no fue solo táctico. Cucurellya, el lateral titular, firmó por el Real Madrid mientras el partido se jugaba. El catalán, el que días antes había dicho que le costaría mucho decirle que no al Barça, firmó por el Madrid sin avisarle a nadie del vestuario.
Eso generó un ambiente en el grupo que de la Fuente tampoco supo gestionar. El vestuario roto, los resultados ausentes, el seleccionador que espera 69 minutos para cambiar algo y Luis Enrique desde París con dos Champions en el bolsillo diciéndole al mundo cómo debería haberse hecho. Eso es lo que España tiene esta semana. Y México tiene al primer clasificado del torneo, a una presidenta que se quebró de emoción cuando pitó el árbitro y a 45,700 personas en Guadalajara que pusieron al mundo entero a mirar hacia acá.
La selección española tiene una segunda oportunidad contra Arabia Saudí. Luis Enrique dice que con la Mine Yamal de titular desde el primer minuto, con Pedri en su posición, con Jeremí Pino de extremo, España puede demostrar que lo de Cabo Verde fue un accidente quizás. Pero esa corrección, ese reconocimiento de que el planteamiento fue el problema y no los jugadores, ya llegó tarde.
El primer partido de un mundial no se repite y en el momento en que España estaba demostrando que el talento sin gestión no alcanza, México estaba demostrando exactamente lo contrario, que cuando hay gestión, cuando hay alguien que organiza las condiciones, el talento responde. La oposición mexicana apostó a que las sedes iban a fallar, a que la organización iba a crujir, a que el gobierno de Shainbaum no tenía capacidad para entregar algo de esta escala.
Luis Enrique habló esta mañana de lo que pasa cuando quien organiza lo hace bien, de la diferencia entre un equipo que tiene todo el talento del mundo, pero no sabe dónde ponerlo y uno que saca lo mejor de lo que tiene porque quien está al frente sabe exactamente lo que hace. España 0 a0 con Cabo Verde. México, primer clasificado del torneo.

El comentario más demoledor de Luis Enrique sobre este mundial lo hizo sin mencionar a México ni a su presidenta. Lo hizo describiendo lo contrario. Pero hay más capas en esta historia que vale la pena desmenuzar porque el contraste entre España y México en este mundial no es anecdótico, es estructural y tiene que ver con algo que Luis Enrique lleva años diciendo y que finalmente el torneo está poniendo en evidencia de una manera que nadie puede ignorar.
España lleva 16 años sin ganar un mundial desde 2010 y en esos 16 años el balance en Copa del Mundo es, como dijo Luis Enrique esta mañana, para preocuparse. 12 partidos jugados desde que ganaron en Sudáfrica, solo tres victorias. Tres. Australia 3 a0 en 2014, Irán 1 a0 en 2018, Costa Rica 7 a0 en 2022.
El resto, empates y eliminaciones dolorosas. En 2014 cayeron en la fase de grupos. Derrota 1 a Colanda, derrota 0 a 2 con Chile, eliminados. En 2018 llegaron a octavos, les empató Portugal en el primer partido 3 a 3. Empataron con Marruecos 2 a 2 y en octavos los eliminaron Rusia en penaltis. En 2022 empataron con Alemania en grupos, perdieron con Japón 1 a do y en octavos los eliminó Marruecos en penaltis, nueve partidos consecutivos en mundiales sin ganar en los 90 minutos reglamentarios.
Nueve. Y ayer sumaron otro. 10. Eso lo puso Luis Enrique sobre la mesa, que el problema de España en los mundiales no es el talento, que el talento ha estado ahí edición tras edición, sino algo que ocurre cuando llega el momento de la verdad, algo que tiene que ver con cómo se organiza el equipo, con qué confianza llegan los jugadores al partido grande, con si quien toma las decisiones tiene la claridad necesaria para hacerlas bien bajo presión.
Y mientras Luis Enrique construía ese argumento desde París esta mañana, el telón de fondo era México clasificado como líder de grupo con seis puntos, el Acron en los titulares de prensa de todo el mundo como el mejor ambiente del torneo y Shainbaum con la foto de la camiseta del tri y la emoción del gol corriendo por millones de teléfonos.
Eso es lo que la oposición mexicana tiene que procesar esta semana. A ver, hay algo que quiero que veas con claridad porque es el núcleo de todo este episodio. Luis Enrique no habló de México. Luis Enrique habló de gestión deportiva. Habló de la diferencia entre un entrenador que sabe leer un partido y uno que no.
habló de la diferencia entre un proyecto donde el técnico tiene libertad y confianza para tomar decisiones, como el que él vivió en el PSG, y uno donde la estructura que rodea al entrenador le impide hacer bien su trabajo. Pues ese mismo argumento, ese exacto, es el que define la diferencia entre lo que Shane Baum construyó para este mundial y lo que la oposición mexicana pronosticó que iba a pasar.
La oposición pronosticó caos. pronosticó que la estructura institucional del gobierno de Shane Baum no tendría la capacidad de organizar algo de esta escala, que los estadios iban a fallar, que la coordinación con la FIFA iba a romperse, que las ciudades no estarían listas, que el mundo iba a llegar a México y encontrar lo que los medios internacionales llevan décadas retratando cuando México sale mal en las noticias. y encontró lo contrario.
Encontró Guadalajara lista, encontró el Azteca en condiciones perfectas para el partido inaugural. Encontró una organización que la FIFA elogió. Encontró a Jan Infantino en las gradas del partido inaugural diciéndole al mundo con su presencia que confiaba en lo que México había preparado. Eso es exactamente lo que Luis Enrique dice que faltó en España esta semana.
La organización correcta, la gestión que pone a cada cosa en su lugar, la confianza en que quien está al frente sabe lo que tiene y cómo usarlo. España no lo tuvo. México sí. Mira, quiero contarte algo sobre Luis Enrique y la selección española que da todavía más peso a lo que dijo esta mañana. Porque el contexto personal importa para entender por qué sus palabras pesan como pesan.
Luis Enrique llegó a la selección española en 2018 después del desastre del Mundial de Rusia, donde Lopetegui fue destituido dos días antes del inicio del torneo. Luis Enrique asumió en un momento de máxima turbulencia y tuvo que construir un nuevo proyecto desde cero con jugadores jóvenes que nadie conocía en un contexto mediático que exige resultados inmediatos y que no perdona los procesos de construcción.
Con ese equipo llegó a las semifinales de la Eurocopa de 2020, que se jugó en 2021 por la pandemia, con Álvaro Morata de delantero, el jugador más cuestionado de la selección española en los últimos 10 años, el que la afición pitaba en el Bernabéu. Con Pablo Sarabia de extremo, un jugador competente, pero que no tiene ni de lejos el nivel de la Mine Yamal o Nico Williams.
Con ese equipo, con esas piezas, Luis Enrique llegó a las semifinales y cayó contra Italia, el campeón del torneo, en penaltis. Y después, cuando los resultados no llegaron con la constancia que la federación esperaba, la presión se hizo insostenible. No porque los partidos fueran peores que un 0 a0 con Cabo Verde, porque Luis Enrique tiene una personalidad que incomoda a las instituciones tradicionales del fútbol español.
No le gusta callar, no le gusta seguir la corriente, no le gusta decir lo que la gente quiere escuchar cuando lo que él piensa es diferente. Y la RFF encontró la manera de que esa incomodidad resultara en su salida. Luis Enrique se fue al PSG con los jugadores que quería, sin la presión de la federación, con el proyecto que él eligió y ganó dos Champions consecutivas.
Y ahora, mientras de la Fuente empata con Cabo Verde en el debut del Mundial, Luis Enrique habla y tiene razón en todo. Y en la RFF no saben cómo responder. Ese es el hombre que habló esta mañana. Ese es el contexto de su autoridad para decir lo que dijo. Y lo que dijo, aunque no lo incluyera él, conecta directamente con lo que México está haciendo en este torneo.
Fíjate, déjame conectar el hilo completo porque creo que vale la pena verlo junto. Luis Enrique dice, “La gestión importa. El talento sin la organización correcta no produce resultados. Cuando pones a los jugadores en sus posiciones, cuando les das confianza, cuando el entrenador tiene libertad para tomar decisiones, el equipo gana.
Cuando no, el equipo empata con Cabo Verde. Shin Baum aplicó exactamente esa filosofía a la organización del mundial. puso a las instituciones en sus posiciones, les dio los recursos que necesitaban, coordinó con los estados sede sin invadir sus competencias, garantizó el respaldo federal para que la FIFA encontrara lo que le prometieron y tuvo la confianza suficiente en el proceso para no microgestionar cada detalle desde Los Pinos.
Resultado, el Azteca listo, el Acron listo, el BBVA de Monterrey listo, la FIFA satisfecha, el mundo mirando. Eso es lo que los medios de la oposición no quieren conectar, que el mismo principio que Luis Enrique está invocando para explicar el fracaso de España, aplicado al revés, explica el éxito de México en este torneo y el contraste entre los dos países esta semana es demasiado obvio para ignorarlo.
España con los jugadores más valiosos del torneo en muchas posiciones, no le pudo meter un gol a Cabo Verde. México con César Montes suspendido, con Edson Álvarez de central improvisado, con un chico de 17 años en el medio campo, ganó 1 a0 a Corea del Sur, se clasificó a los 16avos y se convirtió en el primer país en asegurar su pase a la siguiente ronda.
Eso es fútbol y eso también es gestión. Bueno, hay un elemento más de esta semana que la oposición prefiere que no conectes y lo voy a decir con la misma claridad con que Luis Enrique habló de de la Fuente esta mañana. El mismo día del partido de España contra Cabo Verde salió en medios españoles la noticia del fichaje de Cucurella por el Real Madrid en pleno partido del mundial.
El lateral titular de la selección española firmó por el Madrid mientras sus compañeros corrían en el campo. Eso generó un ambiente en el vestuario que de la Fuente no supo gestionar antes del partido, durante el partido ni después. Esa es la diferencia entre una organización que funciona y una que no, que cuando las cosas que no deberían pasar pasan de todas formas, quien está al frente tiene la capacidad de absorberlas y seguir adelante sin que el equipo se desintegre.
México tuvo problemas también. César Montes, suspendido por tarjetas, la presión de jugar en casa con 45,700 personas mirando, sabiendo que cada generación anterior de aficionados mexicanos ha vivido la misma historia de esperanza y decepción, la presión de cargar con 40 años del quinto partido, de la maldición que nadie quería nombrar, pero todos tenían en la cabeza y Aguirre los gestionó y la selección respondió y Romo estaba en el lugar correcto en el momento correcto porque el equipo no paró de buscar.
Eso es lo que Luis Enrique estaba describiendo cuando hablaba de lo que hace un entrenador que sabe leer un partido y eso es lo que Shainbom lleva haciendo desde que asumió la presidencia. Gestionar lo que llega, mantener el rumbo, no dejar que lo accidental se convierta en definitivo y entregar resultados cuando el momento de la verdad llega.
La oposición pronosticó que la gestión de Shane Baum iba a ser exactamente lo que de la Fuente entregó esta semana. Talento desperdiciado, oportunidades perdidas, caos disfrazado de planificación. Y resultó que la gestión de Shane Baum fue lo que Luis Enrique lleva 2 años describiendo que debería ser una gestión correcta.
poner a cada quien en su posición, darles los recursos que necesitan, confiar en el proceso y dejar que los resultados hablen. Los resultados están hablando. Luis Enrique los escuchó y los medios de todo el mundo los están escuchando. Y la prensa inglesa los cubrió y la prensa argentina los reconoció. Y el presidente coreano mandó una carta.
Y la oposición mexicana sigue callada esperando que el contraste deje de ser tan obvio. No va a dejar de serlo. México está en los 16avos. España está explicando como un 0 a0 con Cabo Verde fue posible y Luis Enrique con dos Champions en el bolsillo y la autoridad de quien dice la verdad aunque duela, puso esta semana el espejo en el que todo el mundo puede ver la diferencia entre lo que se hace bien y lo que se hace mal.
El lado que está bien lo organizó Shain Baum. El lado que está mal lo organizó la RFF con de la Fuente de Comparsa. Eso es lo que el fútbol de este mundial le está diciendo al mundo el 22 de junio de 2026. M.
Disclaimer: This story is a work of fiction created for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.