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Lo Que El Loco Valdés Le HIZO al Único Hijo de La Chupitos Es ASQUEROSO

Lo Que El Loco Valdés Le HIZO al Único Hijo de La Chupitos Es ASQUEROSO

La Chupitos enterró sola a su único hijo Mauricio el 5 de agosto de 2013, Manuel el Loco Valdés, padre del niño, brindaba esa misma tarde en un palenque de Sonora, a 1900 km del cementerio. María Elena Saldaña pagó el ataúdros y regresó al escenario con la botella vacía en la mano 9 días después. Lo que Manuel el loco Valdés hizo durante esa semana es lo más asqueroso que un padre del espectáculo mexicano ha hecho jamás. Quédate hasta el final.

Vas a saber qué hizo Manuel, el loco Valdés, mientras enterraban a su único hijo. Y vas a entender por qué María Elena Saldaña, 12 años después sigue sin pronunciar el nombre del loco Valdés en ninguna entrevista pública. Pero antes de llegar al palenque de Sonora, donde Manuel Valdés brindaba mientras enterraban a su hijo, hay algo que tienes que entender sobre María Elena Saldaña, porque lo que pasó esa tarde del 5 de agosto de 2013 no empezó ahí.

Empezó 31 años antes, una noche de octubre dentro del bar Bon Bombai de la zona rosa de Ciudad de México, cuando una cómica de 29 años se sentó frente al hombre que llevaba 22 años casado con otra mujer. María Elena Saldaña Quiroz nació el 14 de febrero de 1953 en la colonia [música] Doctores de Ciudad de México, hija de José Saldaña, mecánico de un taller de la avenida Cuautemoc y de Esperanza Quiroz, costurera de vestidos de quinceañera por encargo.

Era la cuarta de seis hermanos dentro de una vecindad, donde compartían un solo baño entre 22 personas. Comían frijoles con tortilla seis días a la semana y un guisado de pollo los domingos cuando la madre conseguía completar el dinero para comprarlo. Desde los 7 años, María Elena imitaba a los borrachines que pasaban por su calle cantando rancheras a las 3 de la madrugada.

Los hacía reír a sus hermanos y eventualmente a las vecinas que se asomaban por las ventanas del segundo piso a verla actuar sobre el patio de la vecindad. A los 14 años organizaba pequeños espectáculos en las posadas del barrio donde le pagaban con tamales y atole. A los 17 se inscribió a la escuela nocturna de actuación de un comediante de televisión llamado Hugo Acéves, quien le dijo después de tres meses de clases una sola frase que María Elena se llevaría guardada el resto de su vida.

Para drama no servís, pero para hacer reír sos un milagro. Para drama no servís, pero para hacer reír sos un milagro. La frase con la que Hugo Acéves bautizó la carrera entera de María Elena Saldaña en 1970, lo que Hugo Acev no le dijo porque tampoco lo sabía aquella noche dentro del salón de la escuela de actuación de la calle Doncceles.

Es que María Elena iba a vivir el drama más asqueroso de su vida personal, mientras el país entero solo la conocía como la mujer que hacía reír a las bodas. A los 22 años, en 1975, [música] María Elena debutó en televisión mexicana dentro de un programa nocturno de variedades del canal 4. Salía en el segmento final del programa interpretando a una borrachita que entraba sin invitación a las bodas y soltaba ocurrencias mientras se tomaba las copas de [música] los invitados.

El personaje se llamó al principio La curadita, [música] luego La Curita y para 1979 ya tenía el nombre con el que México la iba a recordar el resto de su vida. La Chupitos. La Chupitos pegó como pocas cosas pegan en la televisión mexicana de los años 80. Para 1980, María Elena Saldaña era una de las cómicas más solicitadas del país.

Trabajaba en cuatro programas distintos a la semana. Hacía gira nacional de teatro carpa cada fin de semana y cobraba por cada presentación privada en bodas y quinceañeras más dinero que algunos actores principales de telenovela. La caracterización del payaso borrachín con la peluca despeinada, el vestido manchado de salsa y la botella de tequila vacía en la mano izquierda se convirtió en parte permanente de la cultura popular mexicana del momento y fue en 1982 dentro del barombai de la zona rosa, donde María Elena Saldaña conoció al

hombre que iba a marcarla para siempre. Manuel Valdés Castillo nació el 14 de mayo de 1931 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Era el menor de los 12 hijos del actor, entonces Rafael Valdés Aldama, conocido en la frontera norte como el charrasqueado, y de María de los Ángeles Castillo Acosta. Tres de sus hermanos mayores se convirtieron en figuras grandes del cine mexicano.

Germán Valdés Castillo, mejor conocido como Tin Tan, fue el más famoso. Antonio el pelado Valdés siguió la misma línea cómica y Ramón Valdés Castillo, el tercero de los hermanos, sería años después el inolvidable don Ramón del Chavo del Ocho de Roberto Gómez Bolaños. Don Ramón, el mismo Don Ramón que 28 millones de niños latinoamericanos vieron toda su infancia llorando por no poder pagarle 14 meses de renta a la bruja del 71, lo que don Ramón Valdés le dejó por escrito a su sobrino Mauricio en mayo de 1988, 3 meses antes de su propia muerte, el 9

de agosto de aquel verano. dentro de una carta sellada que María Elena Saldaña guardó durante 24 años en una caja de cartón Bimbo escondida en el desván de su casa. Es la primera prueba escrita de que Manuel Valdés Castillo sabía desde el principio lo que iba a hacer con su único hijo no reconocido. Manuel debutó en cine a los 25 años en 1956 dentro de una película llamada Las locuras de Tin Tan, donde apareció acreditado como El loco Valdés en honor a su personalidad excéntrica fuera de cámara. El apodo se le quedó pegado el

resto de su vida. Para 1960 ya era una estrella de mediana magnitud, conduciendo programas de variedades en telesistema mexicano, antecesor de Televisa y haciendo cine cómico al lado de sus hermanos. El 5 de enero de 1960, a los 28 años, Manuel Valdés se casó con Cristina Rubiales Belmont, soprano lírica de 23 años, egresada del Conservatorio Nacional de Música de Ciudad de México.

La boda fue por la Iglesia en la parroquia de la Sagrada Familia de la Colonia Roma, con 200 invitados que incluyeron a la familia Valdés en pleno y a la élite musical del país. La luna de miel duró 3 semanas entre Acapulco y Cuernavaca. Y entre 1961 y 1978, la pareja tuvo cuatro hijos reconocidos legalmente: Cristel Valdés Rubiales, Manuel Valdés Rubiales Junior, Carolina Valdés Rubiales y el menor Rafael Valdés Rubiales.

Cuatro hijos reconocidos legalmente. Cuatro actas de nacimiento firmadas por Manuel Valdés Castillo con la inscripción de padre y madre completa. Los dos apellidos puestos [música] por escrito, sello del registro civil de la Ciudad de México sobre cada documento. Lo que Manuel Valdés no le contó nunca a Cristina Rubiales, ni en la cama después de ninguna discusión, ni en ninguna de las conversaciones cotidianas que tuvieron durante los siguientes 40 años de matrimonio.

es que en 1987 iba a firmar un quinto reconocimiento parcial de paternidad sobre un niño que nació fuera del matrimonio en un papel privado escrito a mano que jamás llegó al registro civil de la Ciudad de México y que María Elena Saldaña iba a tener que destruir 26 años después para poder enterrar a ese mismo niño bajo su apellido único.

El primero de octubre de 1982, una noche de viernes, María Elena Saldaña terminó de hacer un show privado en el restaurante Ostería del Bohemio de la calle Hamburgo en la zona rosa de Ciudad de México. Le pagaron 45,000 pesos por hora y media de espectáculo. Salió del restaurante a las 11:22 de la noche, todavía con los restos del maquillaje de chupitos en la cara, y caminó tres cuadras hasta el bar Bombai de la calle Génova, donde había quedado de tomarse una cerveza con dos compañeros del programa de televisión donde trabajaba esa temporada. Sus dos

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