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El Tigre Azcárraga y el hijo que rechazó la traición, su familia jamás lo perdonó

 

A los 18 años le dijeron que nunca estaría a la altura de su padre, que era un incapaz, un hijo de papi que jamás merecería el imperio familiar. A los 42 años, su padre murió sin decirle que lo amaba, dejándolo como heredero solo porque su verdadero elegido había muerto en un accidente aéreo. A los 66 años murió solo en un yate en Miami y su hermana mayor, la misma que defendió toda su vida, se negó a despedirse de él.

Hoy, 28 años después de su muerte, su nombre sigue siendo sinónimo de poder en México, pero nadie recuerda el precio que pagó por ganarse un apellido que nunca fue suyo por derecho, sino por desgracia. Su nombre era Emilio Azcárraga Milmo, pero el mundo lo conoció como el tigre. Y lo que su padre le hizo, lo que la familia le hizo y lo que él mismo terminó haciéndose  fue un crimen que nadie pagó.

 Esta es la investigación que la dinastía Azcárraga enterró durante 52 años.  Hoy vas a descubrir cuatro cosas que cambiarán todo lo que creía saber sobre el hombre más poderoso de México. Primero,  el documento firmado por Emilio Azcárraga Vida Urreta en 1963, donde nombraba a su yerno Fernando 10 Barroso  como su sucesor al frente de Telesistema mexicano, dejando a su único hijo varón fuera de la línea de sucesión.

 Segundo,  el testimonio del periodista Agustín Barrios Gómez sobre como el león trataba peor a su hijo que a sus empleados, humillándolo públicamente en los pasillos de Televisa. Tercero, la deuda de 00 millones de dólares que el tigre acordó pagarle a su hermana Laura en 1993. Una deuda que destruyó la relación entre hermanos y que lo separó para siempre.

 Y cuarto, la verdad sobre qué pasó el 16 de abril de 1997 a bordo del yate eco en Miami, cuando el tigre murió a los 66  años rodeado de su novia de 26 años, mientras su hermana Laura se negaba a despedirse  de él, a pesar de las súplicas de Carmela. Te voy a avisar cuando llegue cada una de estas revelaciones.

Si te vas antes del final, te pierdes la cuarta. Y la cuarta es la que explica por qué el hombre más rico de América Latina murió más solo que un perro.  Pero antes de hablar de esa muerte, necesitas entender cómo comenzó todo. Porque esta no es la historia de un hombre que heredó un imperio. Es la historia de un hombre que pasó 48 años tratando de ganarse el amor de un padre que nunca se lo dio.

 Y cuando finalmente lo logró, ya era  demasiado tarde. El 6 de septiembre de 1930, en el Hospital Santa Rosa de San Antonio,  Texas, nació el tercer hijo de Emilio Azcarraga Vidaurreta y Laura Milmo Hien. Dos hijas ya habían llegado antes. Laura,  nacida el 26 de julio de 1926. Carmela, nacida el 15 de agosto de 1928.

4 años esperando. 4 años en los que Emilio Azcárraga  Vidaurreta, el león miraba a sus hijas con cariño, pero también con una pregunta que nunca dejaba de atormentarlo. ¿Quién heredará el imperio? En 1930 en México, las mujeres no heredaban empresas, no dirigían compañías, no tomaban decisiones de negocios, eran esposas, eran madres, eran anfitrionas en las reuniones de sus maridos, pero no eran herederas.

 Así que cuando ese bebé nació el 6 de septiembre de 1930 y el médico le dijo a Emilio Azcárraga, “Vida es un varón. Algo cambió en el león porque finalmente  tenía lo que necesitaba. un hijo, un heredero, alguien que llevaría el apellido Azcárraga a la siguiente generación del imperio, que él  a sus 35 años estaba construyendo ladrillo a ladrillo en México, pero había un problema que nadie vio venir.

Emilio Azcárraga Vidaurreta no sabía cómo ser padre de un hijo.  Conocía el negocio, conocía el poder, conocía la ambición, pero no conocía el amor y lo que no conoces no lo puedes dar. Déjame contarte quién era Emilio Azcárraga Vida Urreta. Nació el 2 de marzo de 1895 en Tampico, Tamaulipas, en una época en que México estaba a punto de sumergirse en 10 años de guerra civil que conocemos como la Revolución Mexicana.

 Su padre, Mariano Azcárraga López de Rivera, era funcionario de aduanas. No era un hombre rico,  pero tampoco era pobre. Era de esa clase media alta que en México significaba tener contactos, tener influencia, tener la oportunidad de hacer negocios. Mariano trabajó en las aduanas de Tampico, luego fue trasladado a Piedras Negras, después a Nogales, Nuevo Laredo y finalmente Veracruz.

  Cada traslado era una oportunidad, cada puerto era  una puerta a los negocios. Porque en México controlar una aduana significa controlar lo que entra y lo que sale del país. Significa conocer a los empresarios, significa saber que mercancías  son más valiosas. Significa poder. Mariano Azcárraga entendió esto y le enseñó a su hijo Emilio que en este país el poder no se regala. Se toma.

 Emilio Azcárraga Vidaurreta creció entre México y Estados Unidos. Estudió la primaria en Piedras Negras, Coahuila. La secundaria en San Antonio,  Texas. La preparatoria en Austin, Texas. Y mientras estudiaba en Austin,  trabajaba. A los 17 años en plena Revolución Mexicana, Emilio Azcárraga Vidaurreta era empleado en una tienda de zapatos. De día vendía zapatos.

 De noche estudiaba negocios y economía en la Universidad de San Eduardo. No dormía mucho, no tenía vida social, no tenía amigos, tenía ambición. Y la ambición, cuando es lo único que tienes, se  convierte en tu identidad. Emilio era tan bueno vendiendo zapatos que una empresa de Boston le ofreció ser su representante en México.

 Le dieron los derechos de distribución de toda la región. A los 23 años,  en 1918, Emilio Azcárraga Vidaurreta fundó su primera empresa, Azcárraga y Copeland, una distribuidora de automóviles Ford junto con Stanley Copeland. El negocio fue un éxito. En 5 años, Emilio había acumulado suficiente dinero para invertir en otros negocios.

 En 1923, a los 28 años compró la empresa de discos y fonógrafos Víctor Talkin Machine. Ahí fue donde descubrió su verdadera pasión, el entretenimiento, la música, la radio,  la capacidad de llegar a millones de personas con una sola transmisión. En 1922, apenas un año antes de comprar Víctor  Talking Machine, Emilio participó en la creación de The Mexican Music Company SA, una empresa dedicada a la ventemanufactura de instrumentos musicales.

  El entretenimiento era el futuro y Emilio Azcárraga Vida Urreta lo sabía. En 1925, a los 30 años, Emilio  se casó con Laura Milmo Hickmen. Laura venía de una de las familias más ricas de Monterrey. Su padre, Patrick  Milmo, había sido un irlandés que llegó a México y se hizo millonario con ferrocarriles y minas.

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