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Juan de Borbón: Pasó 44 Años Esperando la Corona Y Se la Llevó Su Hijo

Cuando pagó al camarero y se dirigió a la salida, giró la cabeza hacia la mesa de los republicanos y les dijo en perfecto francés con absoluta calma, “Señores, el día que España me necesite estaré disponible.” ustedes también, supongo que tengan buenas tardes. Y salió a la calle sin esperar respuesta. Esa anécdota referida por un amigo de juventud décadas después refleja la verdadera personalidad de don Juan, un hombre con una dignidad natural que no necesitaba demostrarse, una inteligencia política forjada desde la infancia [resoplido] en los pasillos del

palacio real y una paciencia estratégica que le permitiría soportar 44 años de exilio sin perder nunca la compostura pública, al menos ante el mundo. Durante los siguientes años de exilio, entre 1931 y 1936, don Juan estudió en academias militares británicas y en la Escuela Naval de Darkmouth.

Se convirtió en oficial de la Marina Real Británica. Aprendió a hablar inglés, francés y portugués con fluidez perfecta. se relacionó con todas las casas reales europeas que podían apoyar su eventual regreso al trono. Y en 1935, con 22 años, contrajo matrimonio con la princesa María de las Mercedes de Borbondo Sicilias, una joven aristócrata española criada también en el exilio, con quien compartiría 46 años de matrimonio leal hasta el fallecimiento de ella en 2000.

Pero todo cambió con una fecha que marcaría para siempre la vida de don Juan. El 18 de julio de 1936 estalló la guerra civil española y don Juan con 23 años tomó una decisión que revelaría de forma definitiva su carácter. Intentó volver a España para combatir. Tres semanas después del inicio de la guerra, Don Juan cruzó la frontera francesa hacia España de incógnito, según relataría décadas después en sus propias memorias, con un pasaporte falso y vestido de campesino navarro.

Su intención era unirse a las tropas nacionales del general Franco. Quería combatir por España, ganar el derecho a ser rey con la espada en la mano, como habían hecho sus antepasados. Pero Franco, cuando supo que el príncipe había cruzado la frontera, envió de inmediato a sus agentes para interceptarlo y sacarlo del país.

Los emisarios del general localizaron a don Juan en Pamplona y le transmitieron un mensaje directo. Su presencia en España era inconveniente, inoportuna, peligrosa para la unidad del Movimiento Nacional. Don Juan, según relataría en sus memorias, preguntó a los emisarios con quién debía hablar para obtener permiso para quedarse.

Le respondieron que con el propio general Franco. Escribió de inmediato una carta personal al general. La carta, según documentos desclasificados en los años 90, fue respondida 15 días después con un lacónico telegrama de dos líneas. El general agradece el patriotismo de su alteza y le ruega regrese a su residencia en el extranjero por el bien de España.

Don Juan, según relataría décadas después a sus colaboradores más cercanos, leyó ese telegrama tres veces, lo dobló cuidadosamente, lo guardó en su bolsillo y regresó a Francia a pie por el mismo camino de montaña que había usado para entrar. Esa tarde de agosto de 1936, caminando solo por los Pirineos de regreso al exilio, fue el momento exacto en que don Juan de Borbón comprendió que Franco nunca lo consideró un aliado.

Desde el primer día lo consideró una amenaza. Y esa comprensión temprana, según los biógrafos serios, fue la clave de todos los errores estratégicos que don Juan cometería durante los siguientes 40 años, porque a pesar de saberlo, siguió intentando negociar con un hombre que nunca tuvo intención de cumplir su parte del acuerdo.

Durante los siguientes 9 años, entre 1936 y 1945, mientras la guerra civil y luego la Segunda Guerra Mundial devastaban Europa, don Juan vivió en varios países, Portugal, Suiza, Italia. Su padre Alfonso XI falleció en Roma en enero de 1941 sin haber abdicado formalmente, pero habiendo designado a don Juan como su sucesor legítimo antes de morir.

Don Juan, con 27 años se convirtió oficialmente en el jefe de la casa real española en el exilio, el Conde de Barcelona, el pretendiente al trono de España. Hay un detalle de la muerte de Alfonso XI en 1941 que pocas biografías cuentan con la profundidad necesaria. Alfonso XI murió en el hotel Regina Edquirinale de Roma, en una habitación de hotel alquilada por meses, sin dinero suficiente para pagar un médico especialista atendido únicamente por un médico italiano de guardia del hospital más cercano. El rey de España, el

soberano que había reinado durante 30 años sobre uno de los imperios coloniales más grandes del mundo, murió en una cama de hotel italiana sin que ningún gobierno europeo enviara una representación oficial al sepelio. Solo tres casas reales europeas mandaron flores. España, bajo franco, ni siquiera emitió un comunicado oficial reconociendo el fallecimiento.

Don Juan al enterarse por teléfono de la muerte de su padre esa mañana de febrero de 1941, según relataría, décadas después, una de sus damas de compañía más cercanas salió de la casa donde vivía en la caminó durante más de 2 horas solo por las orillas del lago alemán bajo la lluvia y volvió a casa empapado, sin decir nada a nadie en toda la tarde.

Esta noche, según la dama de compañía, se encerró en su despacho privado y según ella, desde el pasillo lo escuchó hablar solo en voz baja durante más de una hora. Solo alcanzó a entender las últimas palabras antes de que se hiciera el silencio. “Papá, te prometo que volveré.” Esa promesa hecha en voz baja en un despacho suizo en una tarde lluviosa de 1941 definió el resto de la vida adulta de don Juan.

Todo lo que hizo durante los siguientes 44 años, cada negociación, cada renuncia, cada concesión humillante que hizo ante Franco, cada vez que decidió no protestar cuando podría haberlo hecho, fue en nombre de esa promesa que le hizo a su padre muerto en una habitación de hotel romana. la promesa de volver a España con la corona en la mano.

Con la Segunda Guerra Mundial llegando a su fin y las potencias aliadas preparando la reorganización del mapa político europeo, don Juan tomó la decisión más valiente y más arriesgada de su vida política. El 19 de marzo de 1945 publicó el llamado Manifiesto de la un documento de seis páginas en el que exigía abiertamente la restauración de la monarquía constitucional en España, el fin de la dictadura franquista, la convocatoria de elecciones libres y el regreso de los exiliados republicanos.

era, en términos políticos, una declaración de guerra directa contra Franco. Era también, según los analistas políticos que lo estudiaron décadas después, el documento político más inteligente que un pretendiente al trono español había publicado en el siglo XX. Hay un detalle particular de la redacción del manifiesto de la que pocas biografías narran.

Don Juan tardó 4 meses en escribirlo. Según el testimonio de su secretario personal publicado en 1990, durante esos 4 meses don Juan redactaba borradores por las noches y los quemaba en la chimenea del despacho porque no quedaba satisfecho. Convocaba a sus colaboradores, escuchaba sus opiniones, las anotaba, se marchaba a caminar solo durante horas y volvía con nuevas versiones del texto.

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