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Analizo el EXTRAÑO caso de la MU3RTE del Cardenal Pell — El Vaticano queda en SILENCIO

Roma, enero de 2023, la Basílica de San Pedro. el funeral de un cardenal australiano que había pasado 404 días en una prisión de máxima seguridad en Melbourne antes de ser absuelto por unanimidad por el Tribunal Supremo de su país. un hombre que había consagrado su vida al servicio de la Iglesia, que había sido elegido por el Papa Francisco para ser el primer prefecto de la Secretaría para la Economía del Vaticano, el Sarinanciero, el hombre que tenía que limpiar las finanzas del Vaticano y que murió 3 años después de

salir de prisión. El 10 de enero de 2023, 81 años, paro cardíaco. Tras una operación rutinaria de cadera en un hospital privado de Roma, en el funeral, junto al ataúdrado de George Bell estaba un hombre que lo había acompañado en los años más difíciles de su trabajo en el Vaticano, Libero Milone, el primer auditor general en la historia de la Santa Sede, el contador que el propio Francisco había nombrado en 2015 para trabajar bajo la supervisión de Pel.

 y que dos años después fue despedido bajo acusaciones de espionaje. Milone se acercó al ataú y según sus propias palabras publicadas en el periódico australiano The Australian en 2024 y en EWTN News en marzo de 2026 hizo una promesa. En su funeral junto a su ataúd prometí que sacaríamos la verdad a la luz.

 y añadió algo más, cinco palabras que son el corazón de por qué estamos cubriendo esta historia en este canal a 17 días del nuevo juicio del cardenal Bechu. La muerte del cardenal George Pell está envuelta en el misterio. Esas son las palabras de Libero Milone, no las del canal, no las del padre Samuel, las del primer auditor general en la historia del Vaticano, pronunciadas ante el ataúd de su superior, publicadas en medios internacionales.

 Y hoy, hermanos, a 17 días del nuevo juicio del cardenal Bequ en el Vaticano, por el mismo dinero que Pel investigaba cuando murió, esas palabras vuelven a ser relevantes. Escúchenme bien. Lo que voy a contarles esta noche no es una historia de conspiraciones. No voy a decirles que sé lo que ocurrió el 10 de enero de 2023 en el Salvator Mundi International Hospital de Roma, porque no lo sé, porque nadie fuera de ese hospital lo sabe con certeza, porque la causa oficial es paro cardíaco tras una operación rutinaria y ningún tribunal italiano ha abierto

investigación criminal sobre su muerte. Lo que sí voy a contarles es quién era George Pell, qué descubrió dentro del Vaticano durante los años en que fue el responsable de sus finanzas, qué afirma su auditor sobre las circunstancias de su muerte y por qué todo eso es relevante ahora que el cardenal Bechu vuelve al banquillo por el mismo dinero que Pel estaba investigando? Las preguntas son de Milone, las respuestas no existen todavía.

 Y el 22 de junio, cuando Bechu entre en la sala del tribunal Vaticano, esas preguntas van a estar ahí, aunque nadie las pronuncie en voz alta. Bienvenidos. Soy el padre Samuel y esto es lo que no les van a decir en ningún otro lado. Vamos a conocer bien a George Pell, no el Pel de los titulares, el Pel real. George Bell. Nacido en 1941 en Balarat, Australia, una ciudad del interior de Victoria, en el sureste del continente, famosa por haber sido uno de los centros de la fiebre del oro australiana del siglo XIX. una ciudad de trabajadores, de

inmigrantes, de católicos irlandes que habían llegado durante la gran hambruna y que habían construido su fe en el nuevo mundo con la misma tenacidad con que habían sobrevivido en el viejo. Hell creció en ese ambiente, fue atleta, fue al seminario, se ordenó sacerdote. estudió en Roma en Oxford.

 Construyó una carrera eclesiástica que lo llevó a ser obispo de Balarat, arzobispo de Melbourne, arzobispo de Sydney y finalmente cardenal en 2003. Uno de los cardenales más prominentes del catolicismo angloparlante, una figura reconocida internacionalmente, un intelectual que escribía libros de teología y que participaba en los debates más importantes del catolicismo contemporáneo.

 Y en 2014, hermanos, el Papa Francisco hizo algo que nadie esperaba, lo llamó a Roma. le ofreció un cargo nuevo, un cargo que no existía antes, la prefectura de la Secretaría para la Economía del Vaticano, el primer ministerio de Economía propiamente dicho en la historia de la Santa Sede, con un mandato muy específico, limpiar las finanzas vaticanas.

 La magnitud de ese encargo, hermanos, requiere un momento de atención. El Vaticano es un estado soberano con siglos de historia y con una estructura financiera que en muchos aspectos funcionaba con la opacidad que caracterizaba a las instituciones medievales de las que había surgido. Cuentas poco documentadas, transferencias sin trazabilidad, organismos que manejaban fondos significativos sin los controles que cualquier empresa privada moderna estaría obligada a tener.

 Francisco eligió APEL para cambiar eso, para instalar sistemas modernos de auditoría, para crear transparencia donde no la había, para hacer que las finanzas vaticanas fueran, por primera vez en siglos, verdaderamente supervisables. Ese era el trabajo de George Pell en el Vaticano. Cuando Pel empezó a trabajar, descubrió cosas, cosas que el sistema había mantenido opacas durante décadas.

Cuentas de la APSA, la administración del patrimonio de la sede apostólica en bancos suizos, concretamente en bancavzera italiana y en Julius Be de Lugano. Cuentas que no figuraban en los balances que la Santa Sede presentaba públicamente. Encontró también irregularidades en el sistema de transferencias vaticano.

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 Según la documentación que salió a la luz durante los procesos posteriores, en el sistema vaticano era técnicamente posible que alguien cambiara el destino de una transferencia después de que el ordenante la había iniciado. Una vulnerabilidad que en cualquier sistema bancario moderno habría sido detectada y cerrada inmediatamente, que en el Vaticano había permanecido activa durante años.

 y encontró algo más, una operación inmobiliaria en proceso, la compra de una propiedad en el número 60 de Slone Avenue en Chelsea, Londres, una propiedad en uno de los barrios más caros del mundo, financiada con fondos vaticanos que incluían donaciones del óvolo de San Pedro. Pel alertó al Papa Francisco sobre esa operación. Según documentación posterior presentada en el juicio Becu, Pel consideraba que la operación de Londres tenía riesgos serios de blanqueo de capitales, que la estructura de la transacción con los intermediarios involucrados y las

comisiones que se estaban pagando era incompatible con la transparencia financiera que él había sido nombrado para instalar. Francisco recibió esa alerta y la operación siguió adelante. Esa operación, hermanos, es el caso Bequ, la misma que terminó con el cardenal Beck condenado en 2023 y que a 17 días de hoy regresa al Tribunal Vaticano.

 Y el hombre que alertó al Papa sobre ella murió sin ver ese juicio. En 2017 algo cambió. El 20 de junio de 2017, Libero Milone, el auditor que Francisco había nombrado para trabajar bajo la supervisión de Pel, fue despedido. La razón oficial espionaje. Su oficina fue registrada por la Gendarmería Vaticana, sus archivos fueron revisados y fue presionado para presentar su renuncia.

 Pel, que era su superior directo, denunció públicamente los métodos usados contra Milone, los calificó, según publicaciones de la época, de brutales y fascistas. Y 10 días después de que Milone fuera despedido, hermanos, ocurrió algo que Pel no esperaba. fue citado a comparecer en el tribunal de Melbourne por acusaciones de delitos sexuales contra menores, acusaciones que se habían estado desarrollando en Australia mientras él trabajaba en Roma, que habían estado en proceso de evaluación durante meses y que se formalizaron exactamente 10 días después de que su

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