auditor fuera removido. Milón, al relatar estos hechos en IWTN News en marzo de 2026, dijo textualmente que siempre había considerado posible que ambos episodios, su propia destitución y el proceso contra PEL en Australia estuvieran relacionados con el trabajo que ambos estaban realizando en supervisión financiera.
Eso es lo que Milone afirma. No es lo que el canal afirma. Milone lo afirma. Y lo que ocurrió después en Australia, hermanos, es algo que la historia va a recordar como uno de los procesos más extraordinarios del catolicismo moderno. George Pell regresó a Australia para enfrentar las acusaciones. No huyó, no se escondió detrás de la inmunidad diplomática vaticana.
Regresó, se presentó, dijo que era inocente y enfrentó el proceso. En 2018, un jurado lo declaró culpable. Fue sentenciado a 6 años de prisión. El hombre que había sido el tercer jerarca más poderoso del Vaticano, el primer prefecto de economía de la Santa Sede, el cardenal que Francisco había elegido para reformar las finanzas de la Iglesia, fue llevado a prisión y no a una prisión ordinaria, hermanos, a una celda de aislamiento, porque las autoridades penitenciarias australianas determinaron que la seguridad de Pel requería que estuviera
separado de la población general. 404 días. Esa es la cifra que define ese periodo de la vida de Pel. 404 días en una celda de aislamiento, celebrando misa solo, rezando solo, recibiendo visitas limitadas. En 2020, la apelación de Pel llegó al Tribunal Supremo de Australia, el tribunal más alto del país.
Y ese tribunal, hermanos, en una decisión unánime de sus siete magistrados, anuló la condena de Pel. unánime, siete contra cer. El tribunal determinó que las pruebas presentadas en el juicio original no eran suficientes para excluir razonablemente la posibilidad de que Pel fuera inocente, que había inconsistencias en los testimonios que el jurado original no había procesado correctamente y que la condena no podía sostenerse.
Pel salió de prisión el 7 de abril de 2020, 404 días después de entrar. La absolución unánime de Pel por el Tribunal Supremo de Australia no es un punto secundario de esta historia, es un punto central. Pel fue acusado, fue condenado, fue encarcelado y fue absuelto por el tribunal más alto de su país con la decisión más contundente posible.
Ese hombre, absuelto por unanimidad regresó a Roma y el 10 de enero de 2023 murió. En enero de 2023, Pel viajó a Roma. Fue operado en el Salvator Mundi International Hospital, un hospital privado en Roma, no el policlínico universitario Agostino Yemeli, que es el hospital al que habitualmente acude el clero Vaticano de alto rango, un hospital privado.
La operación transcurrió sin incidentes. Pel despertó de la anestesia al mediodía en condiciones estables y a las 9 de la noche del mismo día, el 10 de enero de 2023, murió. Paro cardíaco. Esa es la causa oficial, la única causa documentada. Ahora, hermanos, vamos a presentarles lo que Milone afirma. Y antes de hacerlo, necesito presentarles a Milone completo con toda la información porque la audiencia de este canal merece tener el contexto completo para evaluar lo que escucha.
Libero Milone es un contador italiano. Fue nombrado por el Papa Francisco en 2015 como el primer auditor general en la historia del Vaticano. En junio de 2017, 2 años antes de que su mandato de 5 años se completara, fue despedido. Pero hay algo más que la audiencia tiene que conocer antes de escuchar sus afirmaciones.
Milone tiene una demanda activa contra el Vaticano por despido injustificado. Esa demanda la perdió en primera instancia, la perdió también en segunda instancia. Enero de 2024, el Tribunal Vaticano lo condenó a pagar 50,000 € en costas procesales. Milone ha apelado esa condena. Es decir, hermanos, Milone está en juicio contra el Vaticano.
Ha perdido en dos instancias, debe dinero a la Santa Sede y tiene una motivación personal y económica obvia para generar noticias que dañen la credibilidad institucional vaticana. Eso no significa que lo que afirma sea falso. Puede ser falso, puede ser verdadero, puede ser una mezcla de observaciones reales y de interpretaciones influidas por su situación personal.
Lo que sí significa es que la audiencia tiene que aplicar a sus afirmaciones el criterio que se aplica a cualquier fuente con conflicto de intereses obvio, no descartarla automáticamente, pero sí procesarla con la mirada crítica que la situación requiere. Dicho eso, hermanos, vamos a lo que Milone afirma, siempre con el nombre de Milone delante.
Milone publicó sus afirmaciones sobre la muerte de Pel en The Australian en 2024 y las amplió en una entrevista con EWTN News publicada el 13 de marzo de 2026. Son afirmaciones públicas con su nombre en medios verificables, no son rumores anónimos. Milone afirma que la videovigilancia del hospital Salvator Mundi estaba desactivada en el momento de la muerte de Pel.
The Australian reportó esta afirmación citando fuentes anónimas dentro del Vaticano que habrían corroborado este dato. El Vaticano no ha respondido específicamente a esta afirmación. Milone afirma que no había médicos de turno disponibles para asistir a Pel en los momentos críticos de la noche en que murió. Milone afirma que el cuerpo de Pel permaneció sin ser preparado adecuadamente durante varios días tras su muerte y que el proceso habitual de preparación del cuerpo para el velatorio no se siguió correctamente.
Milone afirma que el ataú de Pel no se abrió durante el funeral. Ese dato, hermanos, es verificable con independencia de Milone. Varios corresponsales que cubrieron el funeral del Cardenal reportaron que el ataúd estuvo cerrado durante la velación. En los funerales de Cardenales, el ataú suele estar abierto durante la velación para que los fieles puedan despedirse.
En el funeral de Pel estuvo cerrado y Milone afirma que la elección del hospital Salvator Mundi en lugar del Yemeli, donde normalmente se atendía al clero vaticano de alto rango, fue inusual. Esas son las afirmaciones de Milone, cada una con su fuente, cada una sin el aval del canal como afirmación propia.
El Vaticano ha negado las acusaciones de muerte sospechosa. No ha respondido punto por punto a las afirmaciones específicas de Milones. Ningún tribunal italiano ha abierto investigación criminal sobre la muerte de Pel. Eso es un hecho importante. La justicia italiana no ha considerado que los elementos disponibles justifiquen una investigación penal y el cardenal Becky respondió públicamente a las acusaciones que lo conectan indirectamente con la muerte de Pel.
dijo con palabras textuales que las afirmaciones que lo señalaban eran reconstrucciones imaginativas y macabras. La verdad sobre lo que ocurrió el 10 de enero de 2023 en El Salvator Mundi está disponible en ninguna fuente a la que el canal pueda acceder. Lo que está disponible son las afirmaciones de Milone, la negación del Vaticano, la respuesta de Bequ y la ausencia de investigación judicial italiana.
Eso, hermanos, es lo que existe y eso con esa honestidad es lo que les presento. Ahora, hermanos, vamos a lo que hace que esta historia sea relevante, no como historia del pasado, sino como historia del presente. El 22 de junio, dentro de 17 días, el cardenal Beckyu vuelve al banquillo del Tribunal Vaticano.
Y el dinero que Beckyu va a tener que explicar en ese tribunal es el mismo dinero que George Bell estaba investigando cuando trabajaba como prefecto de economía del Vaticano. El edificio de Chelsea, la operación inmobiliaria de Londres, las comisiones opacas, los fondos del óvolo de San Pedro que terminaron en una propiedad de lujo en lugar de en los pobres del mundo.
Pel alertó al Papa Francisco sobre esa operación en los años en que era prefecto de economía. Según la documentación posterior, advirtió de riesgos de blanqueo de capitales. Francisco permitió que la operación siguiera adelante. Pel fue enviado a Australia para enfrentar un proceso judicial. Fue condenado, fue encarcelado, fue absuelto por unanimidad. Regresó a Roma y murió.
Bechu fue condenado por esa misma operación. Su condena fue anulada por errores procesales y vuelve al tribunal el 22 de junio. El hombre que investigaba la operación murió. El hombre que firmó la operación vuelve a ser juzgado. El dinero que estaba en el centro de la investigación vuelve a estar sobre la mesa judicial.
Eso, hermanos, no es una afirmación, es una descripción de los hechos verificables. Lo que se infiere de esa descripción, si se infiere algo, lo infiere el espectador, no el canal. Milón en sus declaraciones de marzo de 2026 añadió algo más sobre el pontificado actual. Hizo una afirmación directa y pública sobre León XIV.
Dijo, y cito textualmente, que León XIV engaña sobre las finanzas del Vaticano, que los informes positivos recientes sobre la situación financiera de la Santa Sede, según él, inexactos. Esta afirmación, hermanos, hay que ubicarla en su contexto completo. Milone está en juicio contra el Vaticano. Ha perdido en dos instancias.
Cualquier información negativa sobre la gestión financiera vaticana, incluyendo la del pontificado actual, tiene valor para su situación procesal. Eso no hace su afirmación automáticamente falsa, pero hace que la audiencia deba procesarla con la misma cautela editorial que aplicamos a todas sus declaraciones. León XIV, por su parte, ha impulsado reformas financieras verificables durante su pontificado, las auditorías externas, el cambio en la presidencia del IOR, el fin del monopolio del IOR sobre las inversiones vaticanas.
Esas reformas están documentadas en fuentes oficiales independientes de Milone. Si esas reformas son suficientes para responder a las preguntas que el juicio de Bechu va a volver a plantear, eso lo decidirán los tribunales y la historia, no este canal. León XIV tiene tres opciones reales ante el desarrollo de estos procesos.
puede cooperar con la transparencia que los tribunales van a requerir, puede defender la autonomía institucional de la iglesia o puede acelerar las reformas internas para demostrar que el sistema que produjo el problema está siendo transformado. Si las reformas que ya inició son reales, los juicios van a ser la prueba de fuego de esa realidad.
Si son solo gestuales, los juicios van a exponerlo. Y la audiencia de este canal va a estar aquí para seguir esa historia. Hermanos, en mis casi 30 años de sacerdocio, aprendí que dentro de la iglesia hay dos tipos de silencio. El primero es el silencio del confesionario, el que protege lo que una persona confía en el momento de mayor vulnerabilidad de su vida, el que es sagrado, el que la Iglesia defiende con razón y que no puede ser violado por ningún tribunal ni ninguna autoridad externa.
El segundo es el silencio del archivo, el que entierra expedientes, el que hace desaparecer documentos, el que permite que preguntas importantes se mueran solas sin que nadie las responda. El que construye esa cultura institucional donde ciertas cosas sencillamente no se preguntan, donde hay temas que no tienen respuesta porque nadie se atreve a exigirla.
En mis años de ministerio, hermanos, vi el segundo tipo de silencio operar en distintas escalas. Vi a un obispo que fue promovido justo antes de que llegaran a su diócesis los expedientes de un sacerdote que había causado daño. Vi como ciertos informes financieros en una diócesis dejaban de circular exactamente cuando empezaban a mostrar anomalías.
Vi como preguntas incómodas encontraban siempre un motivo para quedar sin respuesta. No siempre era corrupción activa, a veces era simplemente la lógica institucional de las organizaciones que priorizan su propia supervivencia sobre la verdad. El instinto de protección que lleva a las instituciones a cerrar filas cuando se sienten amenazadas, a clasificar como confidencial lo que debería ser transparente, a gestionar en el silencio lo que debería gestionarse a la luz.
Ese silencio, hermanos, no es menos dañino que la corrupción activa. A veces es más porque tiene la apariencia de la prudencia, porque puede justificarse con argumentos que suenan razonables. Porque puede durar décadas sin que nadie lo nombre exactamente como lo que es. La historia de George Pell, hermanos, es una historia sobre ambos tipos de silencio.
Es la historia de un hombre que intentó romper el segundo tipo de silencio, que llegó al Vaticano con el mandato explícito de abrir archivos que habían estado cerrados, de poner luz donde había oscuridad, de instalar sistemas de transparencia en un entorno donde la opacidad había sido durante siglos la norma institucional y que encontró resistencia, no siempre explícita, no siempre detectable como tal, pero resistencia, la resistencia de los que tienen algo que perder cuando los archivos se abren.
Si las afirmaciones de Milone sobre las circunstancias de la muerte de Pel son ciertas, estaríamos hablando del segundo tipo de silencio en su forma más extrema. No el silencio que archiva expedientes, el silencio que impide que quien los abre pueda seguir abriéndolos. Pero, hermanos, no lo sé y usted tampoco lo sabe.
Y Milone, con todo el peso de su promesa ante el ataúdado todavía las pruebas que justifiquen ir más allá de la pregunta. Lo que sí sé es esto. El cardenal Beckyu vuelve al banquillo en 17 días. El mismo dinero que Pel investigaba va a volver a estar sobre la mesa de un tribunal. Y las preguntas que Milone formuló ante el ataú de su superior siguen sin tener respuesta oficial.
Eso, hermanos, no requiere que afirmemos nada. requiere que lo nombremos, que no miremos para otro lado, que no practiquemos nosotros mismos el segundo tipo de silencio por comodidad o por miedo a parecer conspiracionistas. Mi abuela Consuelo tenía una frase para los silencios que duran demasiado. Decía, “Mi hijo, lo que el agua tapa, la sed lo descubre.
” No lo entendí de niño, lo entiendo ahora. El agua de la gestión institucional puede tapar muchas cosas durante mucho tiempo. Archivos, expedientes, transferencias, conversaciones, incluso si las afirmaciones más graves resultaran ser ciertas, circunstancias de muertes. Pero la sed, hermanos, siempre llega.
La sed de transparencia, la sed de rendición de cuentas, la sed de que las preguntas que merecen respuesta reciban la respuesta que merecen. Ilone tiene sed y aunque sea una fuente con intereses propios y con una batalla legal que lo compromete, las preguntas que hace son preguntas que merecen ser formuladas, no porque el canal las avale, sino porque existen, porque fueron pronunciadas ante un ataúd, porque tienen nombres y fechas y hospitales y horarios adjuntos, y porque a 17 días del juicio de Bechu, el contexto en que esas preguntas se
formularon es más relevante que nunca. Hermanos, antes de cerrar sé que este es el tipo de video que genera preguntas difíciles sobre la fe. En el primer enlace de la descripción tienen el libro El escudo de Dios. No es un libro de respuestas fáciles a preguntas difíciles, es un libro de oraciones. Para los momentos en que el peso de todo lo que la iglesia imperfecta hace es demasiado para sostenerlo solo con el análisis.
Si sienten que les puede servir, está ahí. Llegamos al final de este video y quiero que el final sea honesto sobre algo que no siempre es fácil de decir. Este video no tiene resolución. No puedo darles una respuesta definitiva sobre lo que ocurrió el 10 de enero de 2023 en el Salvator Mundi International Hospital de Roma.
Nadie que yo conozca puede dársela y cualquier canal que les diga que sí la tiene está mintiendo o está especulando más allá de lo que los hechos disponibles justifican. Lo que puedo darles es lo que hemos hecho esta noche. Los hechos verificables sobre quién era Pel y qué investigaba, las afirmaciones de Milone con su fuente y con su contexto completo, la conexión entre esas preguntas y el juicio que en 17 días regresa al Tribunal Vaticano y la honestidad de reconocer que las preguntas existen, aunque las respuestas no estén disponibles. Ahora les pido que
pongan las manos sobre el pecho, que cierren los ojos los que puedan, que se queden un momento en silencio. El silencio que merece una historia que tiene muchas más preguntas que respuestas. Señor, hoy venimos ante ti con el peso de una historia que no tiene resolución, que tiene un hombre que murió con preguntas sin responder, un auditor que prometió ante su ataúd que sacaría la verdad a la luz y un tribunal que en 17 días va a examinar el mismo dinero que ese hombre estaba investigando cuando murió. Te pedimos
por la memoria del cardenal George Pell, por el hombre que pasó 404 días en una celda de aislamiento, acusado de algo de lo que fue absuelto por unanimidad por el tribunal más alto de su país, por el hombre que, a pesar de todo lo que le ocurrió, no abandonó su fe ni su servicio a la iglesia. Que si en su muerte hubo algo que merece ser investigado, la verdad salga a la luz en el tiempo que tú dispones.
y que si su muerte fue lo que la causa oficial dice que fue, su memoria sea respetada con la dignidad que su vida y su absolución merecen. Te pedimos por Libero Milone, por el hombre que ante un ataúd hizo una promesa, que si esa promesa viene de un lugar genuino de búsqueda de justicia, encuentre las pruebas que justifiquen las preguntas que ha formulado y que si su situación legal y personal están influyendo en sus afirmaciones más de lo que él reconoce, encuentre la honestidad de reconocerlo.
Te pedimos por el cardenal Bechu, por el hombre que en 17 días vuelve al banquillo, sea cual sea la verdad sobre su responsabilidad en los casos que enfrenta, que el nuevo juicio produzca la claridad que el anterior no pudo producir y que al final del proceso la justicia vaticana sea capaz de decir con credibilidad qué ocurrió con el dinero del óvolo que terminó en Londres.
Te pedimos por León XIV, por el Papa que en este momento tiene que gobernar una iglesia que lleva décadas acumulando preguntas sin responder sobre sus finanzas y sobre las personas que intentaron responderlas. que las reformas que ha impulsado sean la señal más clara posible de que el sistema que produjo estos casos está siendo transformado y que cuando las preguntas difíciles lleguen a su escritorio como van a llegar, las enfrente con la transparencia que prometió y no con el segundo tipo de silencio que tanto daño ha hecho a la
iglesia. Y Señor, te pedimos por nosotros, por los que esta noche escuchamos una historia llena de preguntas y que no tenemos las respuestas. Que no caigamos en la conspiración fácil que inventa certezas donde solo hay preguntas. Que no caigamos tampoco en la indiferencia que se niega a formular preguntas, porque las respuestas podrían ser incómodas.
Que sostengamos las preguntas que merecen ser sostenidas con la sobriedad pastoral que la fe requiere, con la honestidad intelectual que el periodismo exige y con la confianza de que lo que el agua tapa, como decía mi abuela, la sed tarde o temprano lo descubre. Ren conmigo, no por ellos, por nosotros. Amén.

Hermanos, antes de cerrar, el 22 de junio, cuando Bequ en la sala del tribunal Vaticano, las preguntas que hoy hemos formulado van a estar ahí, aunque nadie las pronuncie en voz alta, porque los documentos que el tribunal va a examinar son los documentos sobre el mismo dinero que Pel estaba investigando. Y porque las personas que van a estar en esa sala saben qué preguntas no se han respondido.
Voy a estar aquí para seguir esta historia. Cuando el juicio de Beckyu produzca nuevos documentos, cuando Milone publique más de lo que prometió ante el ataúd, cuando León XIV tome decisiones sobre los casos financieros que heredó. Si este video llegó hasta ustedes, compártanlo con alguien que haya seguido la historia de Pel desde Australia, con alguien que quiera entender por qué el juicio de Becku del 22 de junio importa más allá de las acusaciones de fraude, con alguien que crea que las preguntas sin respuesta merecen ser formuladas,
aunque las respuestas no estén disponibles todavía. Y si tienen seres queridos que necesiten oraciones para acompañar todo esto, recuerden que en el primer enlace de la descripción tienen el libro El escudo de Dios. Escriban amén en los comentarios si son parte de esta familia. Que Dios los bendiga y los proteja siempre.
Que las preguntas que el agua ha tapado durante años encuentren por fin las respuestas que merecen. Y que cada uno de nosotros en la escala pequeña que nos toca sea parte de la sed que las descubre. Los quiero familia nowhs do itorath church ufos are demons. The Catholic Church does not teach aliens, if they exist, are evil.
The Catholic Church does not teach that life on other planets is impossible or contrary to Christian faith or something Catholic should be afraid of. In fact, the Catholic Church has been remarkably open for the past hundred years to the possibility that we may not be alone in the universe. Let me give you the evidence. The Catholic Church owns and operates one of the oldest astronomical observatories in the world.
It is called the Vatican Observatory. It has been functioning in one form or another for over 130 years. It has two locations. One is on the grounds of the Papal Summer residence at Castel Gundolfo, just outside Rome. The other, and this might be the most remarkable thing about it, is in the United States, in Arizona on Mount Graham, where the Vatican operates an advanced telescope in partnership with the University of Arizona.
The Vatican is right now looking through telescopes at the stars. Trained Jesuit priests with doctorates in astrophysics studying the universe. Catholic men of God asking questions about the cosmos doing serious science. That is not a church that is afraid of the sky. In 2008, the director of the Vatican observatory at the time, Father Jose Gabriel Funz, a Jesuit priest and astrophysicist, gave an interview to the Vatican’s own newspaper, Loservatore Romano.
The interview made headlines around the world. Father Funz said openly and clearly that belief in extraterrestrial life is fully compatible with Christianity. He even used a striking phrase. He spoke of the possibility of, in his words, extraterrestrial brothers. Brothers, made by the same God who made us, created in the same vast, mysterious universe.
If they exist, they are part of God’s creation, just as we are. That was the official voice of the Vatican observatory in 2008. Not some marginal Catholic blog, not some wild speculation. the director of the Vatican’s own astronomical observatory speaking through the Vatican’s own newspaper. And then in 2014, Pope Francis himself was asked about this question about whether the church would baptize an extraterrestrial.
His answer, brothers and sisters, has been quoted around the world ever since. He said with his characteristic warmth and humor. If a martian came and asked to be baptized, I would baptize him. That was the pope, the vic of Christ. saying he would baptize a martian. Now, do you see the picture forming? The Catholic Church, through its observatories, through its astronomers, through its previous pope has been one of the most open and humble voices in the modern world about the possibility of life beyond earth.
The church does not pretend to know whether aliens exist or do not exist. The church simply says, “God made the universe. God knows what is in it. If there are other creatures, they too belong to him. We are not afraid. So when a respected American Catholic exorcist tells the world through a viral YouTube video that most UFO stightings are demons, that statement does not just contradict modern science.
It does not just upset secular observers. It contradicts the open, humble, scientific, deeply Catholic teaching of the church itself, of the Vatican Observatory, of Pope Francis, of generations of Jesuit astronomers who have spent their lives in awe of God’s vast universe. That brothers and sisters, is why Cardinal McLoy used the word gravely in his statement.
It was not a small disagreement. It was a public contradiction of where the church actually stands. And the cardinal as the guardian of doctrine in his archdiocese had a responsibility to correct it. Not because the cardinal hates Monsenor Rosetti, not for political reasons, not because of Trump or any administration because that is what bishops are for.
They guard the teaching of the church, especially when it is being taught wrongly to a wide audience. Now let me bring this home, brothers and sisters. Let me bring it down to where you and I actually live. Because I have been talking about cardinals and bishops and exorcists and observatories. But you did not come to this video tonight to hear about institutional decisions.
You came because something in this story touched something in you. Something about good and evil. Something about what is real and what is not. something about the question that deep down every honest person carries. How do I know if the darkness I sometimes feel is real? And if it is, what do I do about it? So let me tell you finally the most important thing I have to say tonight about real spiritual warfare.
In 30 years as a priest, I have performed exorcisms exactly twice, two times, in 30 years. Both times the experience was so heavy, so quiet, so serious, so utterly stripped of drama that I would never ever speak about it on social media. Not because of secrecy, because of reverence. Because the moment you put exorcism on YouTube, you have already misunderstood what exorcism is.
You have made it content. You have made it spectacle. And exorcism is none of those things. Real exorcism is the Catholic church at her most humble and most powerful. It is whispered Latin in a dim room. It is the smell of old prayer books and incense. It is one priest, one suffering soul, and the cross of Jesus Christ. That is all. That is everything.
I think one of the costs of the social media age, brothers and sisters, for everyone, but especially for priests, is that we have all become tempted to share everything, to turn every thought into content, to turn every private spiritual reality into a public post. And there are some things that are not meant to be shared.
There are some things that lose their power the moment they leave the silence in which God placed them. Exorcism is one of those things. Confession is another. The deepest prayers of your heart are another. Not everything that is true is meant for the camera. My grandmother Consuelo, who could not read, but who understood spiritual warfare better than most theologians I have known, used to say this.
Listen carefully, because if you remember nothing else from this video, I want you to remember this. She used to say, “Miho the devil is real, but he is not where they tell you to look. He is where you stop looking.” The devil is not where they tell you to look. He is where you stop looking. Brothers and sisters, the devil does not need UFOs.
The devil does not need flashing lights in the sky. The devil does not need spectacular phenomena to do his work. The devil is much more patient, much more boring, and much more dangerous than that. The devil is in the resentment you have carried in your heart for 10 years against your brother because of something he said at thanksgiving that you have never forgiven.
The devil is in the silence you maintain when you see injustice happening at your workplace and you say nothing because you are afraid for your job. The devil is in the small lies you tell yourself about who you really are, what you really want, what you are really doing with your life. The devil is in the bitterness toward your spouse that has slowly been growing for a decade until you barely speak in the same kitchen anymore.
The devil is in the hours you waste on your phone every night when your elderly mother is sitting alone two miles away wondering when her child will call. That is where the devil works, brothers and sisters, not in the night sky, in your own kitchen, in your own marriage, in your own conscience, in the silent hours of your own ordinary days.
Look there first. And if you find him there, and you will because we all do, every one of us, go to confession. Go to a faithful priest in a faithful parish, kneel down and confess. That is the real exorcism. That is the exorcism the church performs not twice in 30 years, but tens of thousands of times every single day in every parish around the world.
free available always. The body of Christ applied directly to the wounds of the human soul through the simple, quiet, profoundly powerful sacrament that Christ himself instituted. If you want spiritual warfare, brothers and sisters, that is where it is. Not in the headlines, not in the YouTube videos, not in the sky, in the confessional, in the early morning quiet of a small parish church, in the priest who whispers absolution over a tired soul.
That is the war and that is the war the Catholic Church has been winning soul by soul for 2000 years. I want to say one more thing about Monsenor Rosetti before we pray because I have been talking about his story for 40 minutes and I want to end with something kind. I do not know him personally.
I have never met him but I want to say this. He served the Catholic Church for 40 years. He cared for broken priests at the St. Luke Institute when nobody else wanted to do it. He sat with men who had done terrible things and tried slowly, painfully with the patience of a true confessor to bring some of them toward repentance and treatment.
He helped the American bishops after the worst crisis in modern American Catholic history figure out how to face it. He performed thousands of hours of pastoral work that you and I will never see. Confessions, counseling, funerals, visits to the sick, exorcisms in quiet rooms, the ordinary, invisible, holy work of being a priest.
And then in one video, one five- minut video in a moment that may or may not have been wise, he stepped over a line and he was corrected and he apologized and he stepped back with grace. That is the story of a priest. That is the story of every human being. We do good. We make mistakes. We are corrected. We seek forgiveness. We continue.
Let us not in the age of social media forget how to be merciful to one another. Let us not turn every priest’s mistake into a permanent identity. Let us not turn every correction into a war. Monsenor Rosetti made a mistake. He owned it. He is moving forward. So can we all. Let us pray together now. Father, we bring you tonight a strange story.
A story about UFOs and exorcists and cardinals and YouTube videos. A story that on the surface sounds absurd. And yet, like every story that touches the Catholic Church, there is something deep in it. Something about good and evil. Something about how your church discerns the truth. Something about what we are doing with the new tools that this century has placed in our hands.
We bring you Monsenor Stephen Rosetti for 40 years a priest. For 19 years, the exorcist of the archdiocese of Washington for 16 years, the caretaker of broken priests at St. Luke. Give him peace tonight, Father. Give him the rest of a faithful servant who knows he has been corrected by his church and who has accepted that correction without rebellion.
Bless the next chapter of his ministry wherever it takes place. Let the St. Michael center wherever it continues, be an instrument of your healing for the souls it serves. We bring you Cardinal Robert Mackelroy, the man you have placed in the chair of the archbishop of Washington. Give him the patience and the courage to keep doing what bishops are supposed to do.
Guarding the teaching of your church even when it cost him friendships. Even when it disappoints people he respects, even when the social media age wants to turn every decision into a scandal. Keep him close to you. We bring you the entire American Catholic Church. Father, we are tired.
We have been through too many fights, too many scandals, too many splits. We are tired of fighting each other. We are tired of turning every priest into a hero or a villain. We are tired of choosing teams. Heal us, Father. Make us one again. Let us remember what binds us together. Your son, Jesus Christ, present on every altar, in every parish, in every Catholic chapel from Maine to California to Hawaii to Alaska. Let that be enough.
Let that always be enough. And we bring you, Father, the millions of people in the United States and around the world. who are looking up at the sky tonight wondering what they are seeing. We do not know what they are seeing. The Catholic Church does not pretend to know. But we know that whatever is up there, you made it.
Whatever exists in the great vastness of your creation, you hold it in your hand. Give peace to those who are afraid of what they cannot understand. And remind us all that the most important warfare is not in the sky. It is in our own hearts. And you, Father, have already won that war for us through the cross of your son.
Through Christ our Lord. Amen. Brothers and sisters, this was a strange story. I will admit that. When I started preparing this video yesterday, I was not sure how to take it seriously. And by the time I finished writing it, I realized that the story is not really about UFOs at all. The story is about us, about how the Catholic Church is learning slowly, painfully to live in the age of social media.
About how priests are learning where the lines are, about how bishops are learning how to correct without crushing. About how all of us in our own lives are figuring out the same question Monsenor Rosetti was trying to answer in his own way. What does it mean to take spiritual warfare seriously without losing our minds about it? The answer, I think, is what my grandmother Consuelo always knew.
The devil is real, but he is not where they tell you to look. He is where you stop looking. Look inside yourself first. Go to confession. Live a holy life. Forgive your brother. Call your mother. Love your spouse. That is the real exorcism. That is the war that matters. And in that war, brothers and sisters, you are not alone. Christ is with you. The church is with you.
I am with you. God bless you and keep you always. I love you family.