Posted in

Rokossovsky LANZÓ el Ataque Relámpago en Varsovia — 90,000 Alemanes QUEDARON SEPULTADOS VIVOS en 6h

Rokossovsky LANZÓ el Ataque Relámpago en Varsovia — 90,000 Alemanes QUEDARON SEPULTADOS VIVOS en 6h

En la madrugada del 14 de enero de 1945, el mariscal Constantin Rokosovski observaba desde su puesto de mando las luces de Varsovia brillando débilmente en la distancia. Hacía 5 meses que la capital polaca había sido reducida a escombros después del levantamiento de Varsovia, donde la resistencia polaca había sido brutalmente aplastada por los alemanes mientras el ejército rojo esperaba al otro lado del río Vístula.

Ahora, finalmente había llegado el momento de la venganza. Rokosovski no era un hombre común. Nacido de padre polaco y madre rusa, había sobrevivido a las purgas estalinistas, pasando dos años en las prisiones de la NKVD, donde perdió varios dientes bajo tortura. Cuando la Unión Soviética necesitó desesperadamente de sus generales más capaces después de la invasión alemana, Stalin lo liberó y le devolvió su rango.

Ahora comandaba el primer frente bielo ruso, una fuerza masiva de casi 2 millones de soldados que estaba a punto de desatar el infierno sobre las defensas alemanas. La situación era extremadamente delicada. Los alemanes habían fortificado Varsovia transformándola en una fortaleza. El grupo de ejércitos A, bajo el mando del general Joseph Jarpe, había establecido una línea defensiva que parecía impenetrable.

90,000 soldados alemanes ocupaban posiciones en búnkers de hormigón, trincheras profundas y edificios fortificados. Tenían órdenes directas de Hitler: Defender Varsovia hasta el último hombre. No había posibilidad de retirada, era victoria o muerte. Pero Rokosovski había aprendido algo durante sus años de combate.

Había estudiado cada batalla, cada movimiento del enemigo. Sabía que los alemanes esperaban un asalto frontal masivo, el tipo de ataque brutal que había caracterizado gran parte de la guerra en el Frente Oriental. Por eso había diseñado algo completamente diferente. No atacaría a Varsovia directamente, la rodearía, la estrangularía y luego la aplastaría desde todas las direcciones simultáneamente.

El plan era audaz hasta la temeridad. Rokosovski dividiría sus fuerzas en múltiples columnas blindadas que avanzarían a velocidad máxima, ignorando los flancos, penetrando profundamente en las líneas alemanas antes de que pudieran reaccionar. Era el tipo de guerra relámpago que los propios alemanes habían perfeccionado en 1939 y 1940, pero ahora sería usada contra ellos con una ferocidad multiplicada por 10.

A las 3 de la madrugada del 14 de enero, el cielo sobre el frente se iluminó como si 1000 soles hubieran nacido simultáneamente. 4000 piezas de artillería soviética abrieron fuego al mismo tiempo. El bombardeo fue tan intenso que los sismógrafos en Suecia registraron las vibraciones. Cada segundo, toneladas de explosivos caían sobre las posiciones alemanas.

Los búnkers temblaban, el suelo se convertía en un mar de cráteres y los soldados alemanes que habían sobrevivido a 4 años de guerra en el Frente Oriental rezaban como nunca antes lo habían hecho. El teniente alemán Heinrich Müer estaba en una trinchera al norte de Varsovia cuando comenzó el bombardeo. Había luchado en Stalingrado, había sobrevivido a Kursk, había escapado de la trampa de Minsk, pero nunca había experimentado nada como esto.

Las explosiones eran tan continuas que se fundían en un rugido constante que perforaba los tímpanos. Los hombres a su alrededor gritaban, pero no podía escuchar sus voces. La tierra saltaba en columnas gigantescas. Los árboles desaparecían convertidos en astillas. Y esto era solo el comienzo. Después de 90 minutos de bombardeo apocalíptico, el fuego de artillería se desplazó hacia objetivos más profundos.

Entonces comenzó la verdadera pesadilla para los alemanes. Desde la oscuridad emergieron los tanques soviéticos. No eran docenas, eran cientos, miles. Los T34 avanzaban en oleadas interminables acompañados por los pesados tanques Stalinis 2, monstruos de acero de 46 toneladas, cuyo cañón de 122 mm podía destruir cualquier tanque alemán con un solo disparo.

Müller vio la primera oleada de tanques aproximarse. Sus hombres abrieron fuego con todo lo que tenían. Los Pancer Faust silvaban en la oscuridad. Algunos tanques explotaban, pero por cada uno que caía, cinco más aparecían. Los T34 no se detenían. Pasaban sobre las trincheras, aplastando búnkers, destruyendo posiciones defensivas y detrás de ellos venía la infantería soviética, miles y miles de soldados gritando ura ura mientras corrían hacia delante con sus rifles y ametralladoras PPSH disparando sin cesar. La línea

defensiva alemana, que se suponía debía contener el ataque soviético durante semanas, colapsó en menos de 3 horas. Las unidades alemanas intentaron reagruparse, formar nuevas líneas defensivas, pero la velocidad del avance soviético era abrumadora. Las columnas blindadas de Rokosovski no se detenían para consolidar sus ganancias.

seguían adelante, penetrando cada vez más profundo, dejando bolsas de resistencia alemana que serían eliminadas por las fuerzas de seguimiento. En su cuartel general, el general Harpe recibía informes contradictorios y desesperados. Sus comunicaciones estaban siendo cortadas una por una. Unidades enteras desaparecían de sus mapas.

intentó ordenar contraataques, pero sus reservas blindadas estaban siendo destruidas antes de que pudieran siquiera organizarse. Las columnas soviéticas se movían tan rápido que aparecían en lugares donde se suponía no debían estar por días. Era como intentar detener el océano con las manos. A las 9 de la mañana, apenas 6 horas después del inicio de la ofensiva, las primeras unidades soviéticas alcanzaron los suburbios occidentales de Varsovia.

Los alemanes defendiendo la ciudad no podían creerlo. Según todos los cálculos, los soviéticos no deberían estar allí hasta dentro de una semana como mínimo. Pero ahí estaban los tanques T34 rugiendo por las calles destruidas con la estrella roja pintada en sus torres. El coronel alemán Klaus Bonteinberg comandaba la defensa del sector norte de Varsovia.

Era un veterano de la Wermcht condecorado con la cruz de hierro, respetado por sus hombres. Cuando recibió los primeros informes del colapso de las líneas exteriores, no lo creyó. Pensó que era pánico, exageración. Luego escuchó el rugido de los motores diésel soviéticos acercándose.

Miró por la ventana de su puesto de mando y vio la marea de acero aproximarse. En ese momento supo que Varsovia estaba perdida, pero Bonstainberg era un soldado profesional. Tenía órdenes de defender la ciudad y las cumpliría. organizó sus fuerzas rápidamente. Cada edificio sería un fortín, cada calle una zona de muerte. Si los soviéticos querían Varsovia, tendrían que pagar por ella con sangre.

Read More