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Jacqueline y Jesse Jackson: 63 años de esperanza viva

Y esto es lo que nadie puede probar todavía si esa elección fue completamente libre. o si fue el precio silencioso que pagó por amar a ese hombre en ese tiempo y en ese mundo. En la campaña presidencial de 1984, Jaqueline salió a hacer campaña, daba discursos, recaudaba fondos. Apareció en portadas de revistas con ropa de diseñador que algunos criticaron y que ella se negó a justificar.

Había algo en su presencia pública que era deliberado. Es mayor que la elegancia como declaración, como forma de decir, “Yo también soy alguien.” Hubo un momento en esa campaña que un periodista le preguntó cómo lograba mantener todo unido. La familia, los viajes, los discursos, las amenazas que recibía Jessie de manera regular, el miedo constante de que algo le pasara.

Ella respondió con algo que era casi una broma, pero no lo era del todo. Sé cómo mantener a mi marido y puedo enseñarles cómo. Detrás de esa frase hay décadas de una habilidad específica. La de ser el ancla de alguien que vive sin ancla. La de crear la estabilidad que otro necesita para poder ser inestable. La de quedarse para que el otro pueda irse.

¿Conoces ese rol? el de quien sostiene para que el otro pueda volar. ¿Y sabes lo que cuesta de verdad quedarse en tierra viendo como alguien más sube? Los años del movimiento de derechos civiles serán años de miedo real. No el miedo abstracto de quien lee la historia desde afuera, el miedo concreto de quien deja ir a su marido al aeropuerto y no sabe si va a volver.

Las amenazas de muerte eran frecuentes. El FBI tenía a Jessie vigilado. Había noches en que el teléfono sonaba y era alguien que no decía nada, solo respiraba y colgaba. Santita, la hija mayor, recordó de adulta que de niña solía acompañar a su padre al aeropuerto y quedarse mirando como el avión despegaba. Siempre pensaba, dijo Santita, que podría ser la última vez que lo vería, ya que vivió con ese pensamiento durante décadas y siguió mandando a sus hijos a la escuela por la mañana y siguió respondiendo llamadas de periodistas y

siguió siendo la primera dama de una organización que a veces sentía más real que su propia casa. El 4 de abril de 1968, Jessie estaba en Memphis cuando mataron a Martin Luther King Junior. Jacqueline estaba en Chicago con los hijos. Santita tenía 5 años, Jessie Junior tenía tres. No sabemos exactamente cómo se enteró.

No hay relato suyo de ese momento. Solo podemos imaginar el teléfono, la voz al otro lado, la noticia que hace que el suelo desaparezca bajo los pies y luego los niños mirándote esperando saber si tienen que tener miedo. Lo que sí sabemos es lo que pasó después. Jessie apareció en televisión al día siguiente con una camisa manchada de sangre diciendo que había sostenido al doctor King mientras moría, que esa mancha era la sangre de su mentor.

Otros que estaban presentes lo contradijeron. Dijeron que Jessie estaba en el parking un piso más abajo, cuando el disparo sonó. Esto es lo que sabemos. Jessie Jackson estaba allí esa noche. La camisa tenía sangre, el trauma fue real. Esto es lo que sospechamos, que en medio del caos y el dolor de esa noche, Jessie tomó una decisión no necesariamente calculada, pero sí una decisión, ser el heredero visible.

El siguiente, y esto es lo que nadie puede probar todavía, es menor que numeral cero. Cinco con numeral es mayor que ¿qué sintió Jacqueline cuando vio a su marido en televisión con esa camisa? ¿Qué pensó? si lo cuestionó en privado o si eligió, como tantas otras veces, no preguntar lo que no quería escuchar. Porque esa es una de las habilidades más complejas del amor a largo plazo, saber cuándo preguntar y cuándo dejar que las cosas sean como la persona que amas necesita que sea.

¿Has mirado alguna vez a alguien que amas hacer algo que te generaba dudas y has elegido callarte? No por cobardía, sino porque entendías que ese momento no era tuyo. ¿Y qué hiciste con esas dudas después? Los años 70 fueron los años de construcción. Jessie fundó Operación Push en 1971 y se convirtió en una presencia constante en Chicago, en las iglesias, en las escuelas, en las comunidades del sur y del oeste de la ciudad.

Jacqueline era la primera dama de esa organización en todos los sentidos que eso implica. Presente cuando hacía falta, invisible cuando hacía falta, siempre lista, siempre presentable, siempre con una sonrisa que no revelara el cansancio. Pero también era algo más la casa de los Jackson en el Southside de Chicago. también en esos años una especie de cuartel general informal, había reuniones, había activistas que llegaban, había conversaciones que duraban hasta la madrugada y en el centro de todo eso, cinco niños que necesitaban cenar, hacer la tarea, saber

que alguien los veía. Ese alien era Jacqueline. Hay un artículo del Washington Post de 1984 donde un periodista entrevistó a Jessie en casa y Jaqueline entró descalza sonriendo. Jessie le dijo al periodista, “Dirán muchas cosas de mí, pero llevamos casi 25 años casados. Eso es estabilidad.” Y que descalza en su propia cocina, escuchó eso y no dijo nada.

¿Qué no dijo? Que estabilidad no es lo mismo que presencia, que 25 años de matrimonio incluyen 25 años de ausencias, que los hijos que habían crecido en esa casa la recordaban a ella cuando pensaban en seguridad, no a él. Que la estabilidad que Jessie proclamaba la había construido ella. sola muchas noches mientras él estaba en el próximo micrófono.

Pero Jaqueline no dijo nada de eso, sonró y siguió. Hay algo en esa imagen. La mujer descalza que sonríe y no dice lo que podría decir, que me parece más poderosa que cualquier discurso, porque requiere una clase específica de fortaleza, la de saber lo que sabes y elegir en qué momento decirlo y en qué momento guardarlo.

Es resignación, es estrategia, es inteligencia, es amor adulto que no se parece mucho al amor que nos enseñaron las películas. ¿Has elegido alguna vez guardar algo que podías haber dicho? No porque no tuvieras razón, sino porque entendías que decirlo en ese momento no iba a cambiar nada. ¿Y qué hiciste con eso que guardaste? La campaña presidencial de 1984 fue la primera vez que el mundo vio a Jaceline Jackson en primer plan.

viajó, habló, recaudó fondos, apareció en portadas con ropa elegante que generó comentarios, algunos admirativos y algunos críticos, como si una mujer negra que se vistiera bien tuviera que justificarlo. En 2008, cuando su marido apoyó a Obama y ella apoyó a Hillary Clinton, lo dijo en radio sin pedirle permiso a nadie.

Creo que las mujeres son el núcleo de toda sociedad y cuando una sociedad está fallando, mira cómo trata las mujeres y verás qué le espera a sus hijos y a ese país. No era la voz de Jessie, era la suya. Y luego en enero de 2001 llegó la noche más difícil. Jessie publicó un comunicado. Había tenido una hija con otra mujer, una empleada de su propia organización.

La niña tenía casi 2 años. Acepto completamente la responsabilidad y estoy verdaderamente arrepentido por mis acciones. No hay registro de lo que Jaqueline dijo ese día. en privado, en la cocina donde tantas veces había sostenido todo. No hay entrevistas suyas de ese periodo hablando del tema, no hay declaraciones públicas de dolor.

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