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Benny Moré: El Bárbaro del Ritmo que Bebió Hasta Destruirse..Murió Cantando Mientras Colapsaba.

19 de febrero de 1963, La Habana, Cuba. Son las 9:15 de la noche. Ben y Moré, cierra los ojos para siempre, 43 años. Dos días antes había vomitado sangre en el escenario de Palmira, cerca de su pueblo natal, con una violencia que aterrorizó a sus músicos. La ruptura catastrófica de várices esofágicas, el tipo de hemorragia que en cualquier otra persona habría significado el camino directo al hospital.

Benny se limpió la boca, se acomodó la ropa y salió al escenario como si nada hubiera ocurrido. Cantó sobre el dolor y el perdón con una intensidad cruda y desgarradora, como si estuviera confesando sus pecados al mundo entero, en lo que todos, aunque no lo supieran todavía, sería su última actuación. El público no sabía que estaba presenciando el final del bárbaro del ritmo.

Dos días después, el 19 de febrero de 1963, el cuerpo que había dado todo lo que un cuerpo puede dar sin derrumbarse completamente se derrumbó. Cuando los cabarets de la Habana supieron la noticia, cerraron sus puertas en señal de duelo. Ríos de personas acudieron al funeral para despedirse del hombre que había hecho bailar y llorar a Cuba durante casi dos décadas.

Fue como si una parte del alma cubana hubiera muerto con él. ¿Qué le hizo a Benny Moré ser el mayor de 18 hermanos en la pobreza más extrema de Santa Isabel de las Lajas? y construir con sus propias manos su primera guitarra con tabla de madera y trozos de alambre, porque era la única manera de hacer música.

¿Qué ocurrió en Venezuela en febrero de 1957 cuando el promotor Max Pérez intentó engañarlo con los pagos del contrato por $44,000? y Benny, que había sobrevivido la calle vendiendo frutas podridas, que había dormido donde podía y comido lo que encontraba, tomó una barra de metal y terminó en una celda mientras los periódicos venezolanos llevaban su nombre en las portadas, no por su música, sino por la violencia.

¿Por qué el hombre que cuando los médicos le prohibieron el alcohol empezaba a verterrón en las manos y las acercaba a la nariz solo para recordar el olor, el sabor, el ritual? Siguió cantando con várices esofágicas rotas y sangre en la boca dos días antes de morir, porque prefería morir cantando a vivir en silencio.

¿Y qué dejó detrás el niño que le cantaba canciones nuevas a su madre Virginia por teléfono a cualquier hora de la noche, calculando la diferencia horaria con las lajas para que ella fuera la primera en escucharlas? cuando murió a los 43 años con sus esposas enfrascadas en disputas por la herencia y sus hijos dispersos en distintos países.

Estas son las preguntas que esta historia necesita responder. Hoy vas a descubrir cuatro cosas. Primero, ¿quién era Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez antes de ser el bárbaro del ritmo? El mayor de 18 hermanos en Santa Isabel de las Lajas, conocida como 100 fuegos, nacido el 24 de agosto de 1919, el nieto del hijo de un rey con capturado con 9 años y vendido como esclavo en Cuba.

Y el adolescente de 17 años que llegó a La Habana con una guitarra y un sueño y Pina Noches cantando en burdeles por monedas mientras vivía en la calle. Segundo, México y los maestros que lo formaron. La noche en que Ciro Rodríguez del trío Matamoros lo escuchó en el bar El Templete Miguel Matamoros como figura paterna.

Damaso Pérez Prado, el rey del mambo, como mentor y colaborador, y el apodo que cambiaría todo, el bárbaro del ritmo, dicho por el director Chucho Rodríguez después de verlo actuar. Tercero, los demonios que la fama no pudo exorcizar. El episodio de Venezuela y la cárcel. El juego compulsivo de dos días seguidos sin parar.

Las tres esposas, el hijo bebo que murió trágicamente joven, la generosidad que lo mantenía siempre al borde de la ruina y el tumor que ocultaba debajo de los tirantes y los pantalones largos, porque los cinturones le causaban un dolor insoportable. Y cuarto, el final que se veía venir, pero que nadie detuvo, la cirrosis hepática severa y la prohibición médica de beber.

Los conciertos donde llegaba tarde a propósito para mezclarse entre el público y escuchar los comentarios antes de subir al escenario, buscando la confirmación de que todavía lo amaban. Y la última noche en Palmira, vomitando sangre y limpiándose la boca para salir al escenario una vez más. Para entender todo eso, hay que empezar desde el principio, desde Santa Isabel de las Lajas, provincia de 100 Fuegos, Cuba, desde el 24 de agosto de 1919, desde un niño que construyó su primera guitarra con madera y alambre porque no

había otra manera. Santa Isabel de las Lajas, Cuba. 24 de agosto de 1919. Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez nació en Santa Isabel de las Lajas el 24 de agosto de 1919 como el mayor de 18 hijos de Virginia Moré y Silvestre Gutiérrez en una familia tan pobre que varios de sus hermanos no sobrevivieron a la infancia.

Ese número, 18 hermanos, no es simplemente un dato biográfico, es la descripción de un mundo donde los recursos de cualquier tipo, el dinero, la atención de los padres, el espacio físico, la comida, se dividen de maneras que no dejan margen para nada que no sea sobrevivir. y Benny era el mayor, lo que significa que desde temprano cargó el peso específico de ser el que debe dar el ejemplo, el que debe trabajar primero, el que cuando se va deja atrás no a sus padres, sino a 17 hermanos, que él también de alguna manera siente como

responsabilidad propia. Su linaje cargaba una historia tan poderosa como dolorosa. Su tatarabuelo materno había sido hijo de un rey de una tribu congolesa, capturado con apenas 9 años y vendido como esclavo en Cuba. Esa sangre africana, dirían muchos después, corría por las venas de Benny y moldeó el ritmo natural que lo haría legendario.

como metáfora, como la explicación más honesta de por qué cierta música sale de ciertos cuerpos con una naturalidad que no puede enseñarse completamente porque viene de algo que está antes del aprendizaje. Con apenas 6 años, Benny construyó su primera guitarra con una tabla de madera y trozos de alambre con la ayuda de su madre.

Virginia sintió de inmediato que su hijo era distinto, que tenía algo. Pero el hambre dominaba sus vidas y el talento de un niño de 6 años no paga la comida. Benny dejó la escuela siendo muy joven para trabajar, cortando caña de azúcar en los campos, y a los 17 años tomó la decisión que lo cambiaría todo. La Habana, 1936, un adolescente de 17 años con una guitarra y nada más.

La ciudad fue despiadada con él de la manera en que las ciudades grandes son despiadadas con los que llegan desde la pobreza, sin conexiones ni dinero, ni nadie que les abra una puerta. Vivió en la calle. Vendía frutas podridas y hierbas medicinales. Dormía donde podía, comía lo que lograba encontrar y por las noches cantaba.

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