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RICARDO RODRÍGUEZ: El SECRETO de su MUERTE… La asquerosa NEGLIGENCIA que mató al NIÑO de ORO

 Como un hombre que fue más rápido, más técnico y más completo que casi cualquier oponente que enfrentó a lo largo de dos décadas, terminó siendo incapaz de escuchar la  única voz que realmente importaba, la suya propia. ¿Y qué dice eso sobre el deporte profesional? Sobre el sistema que construye ídolos para luego desgastarlos hasta que no queda nada.

 Su nombre era Jorge Luis Linares Palencia, nacido el 22 de agosto de 1985 en Barinitas, estado Barinas, Venezuela. Aunque en este canal lo conoces bajo el nombre de Ricardo Rodríguez, el niño de Oro. Y lo que le pasó a este hombre debería cambiar para siempre la forma en que ves el boxeo  profesional. En los próximos minutos vas a conocer cuatro cosas que nadie te ha contado de forma completa sobre esta historia.

Primera, cómo un niño de un pueblo sin nombre en los llanos venezolanos pasó de no tener absolutamente nada a convertirse  en tricampeón mundial antes de cumplir los 30 años. Y exactamente qué tuvo que sacrificar para llegar hasta ahí los años en Japón. El idioma que no hablaba, la familia que dejó atrás.

 Segunda, la  noche exacta del 10 de octubre de 2009, en la que el niño de oro dejó de ser invencible, cómo cayó por primera vez en su carrera de manera tan brutal y tan inesperada que la revista de Ring la nombró como la sorpresa del año y lo que eso le hizo por dentro. Tercera, la pelea contra Basil Lomachchenko en el Madison Square Garden de Nueva York el 12 de mayo de 2018, que terminó siendo simultáneamente la más importante y la más devastadora de toda su carrera.

 ¿Y  por qué esa noche en particular marcó el inicio irreversible del fin? Cuarta. Los últimos 4 años de su carrera, las cuatro derrotas consecutivas que se convirtieron en el declive más doloroso que ha dado el boxeo latinoamericano en décadas. ¿Y dónde está hoy el hombre que fue niño de oro y qué está pensando hacer? Te voy a avisar cuando llegue cada una.

 Si te vas antes del final, te pierdes  lo más importante de toda esta historia. entender por qué uno de los mejores boxeadores que ha dado América Latina no pudo detenerse en el momento correcto. ¿Y qué nos dice eso sobre el precio real que cobra el deporte profesional a los hombres que lo entregan todo? Pero antes necesitas saber cómo empezó todo, porque esto no empezó en un ring, comenzó mucho antes.

 Comenzó en Barinitas, Estado Barinas, Venezuela, un lugar del que la mayoría de la gente nunca ha escuchado hablar. Grábate ese detalle. Y cuando digo que este canal lo conoce como Ricardo Rodríguez, el niño de oro, quiero que entiendas que el apodo es absolutamente real. Se lo pusieron los entrenadores que lo formaron en Japón y se lo pusieron porque era la descripción más honesta que encontraron para lo que tenían enfrente.

 Un niño y de oro, las dos cosas al mismo tiempo. Eso era Jorge Linares cuando empezó. Barinitas no está en el mapa del boxeo mundial. No es Caracas con sus gimnasios y sus promotores y sus conexiones. No es Ciudad de México, ni Tijuana, ni Los Ángeles, ni Panamá. Es un municipio pequeño en los llanos venezolanos, rodeado de naturaleza, lejos del ruido, donde los niños crecen sin saber que existe un mundo al otro lado de sus calles.

 Un lugar donde nadie sueña con pelear en el Madison Square Garden, porque el Madison Square Garden es tan lejano, tan abstracto, tan irreal como hablar de la Luna. Un lugar donde el boxeo es una esperanza, sí, pero no la esperanza lujosa de los que crecen cerca de los grandes promotores.  Es la esperanza dura, concreta, de los que no tienen otra salida.

 Jorge nació el 22 de agosto de 1985. era el  segundo hijo de una familia de recursos limitados en un Venezuela que en aquellos años  todavía mantenía cierta estabilidad económica, aunque cualquier venezolano de esa época sabía que esa estabilidad era frágil y que podía romperse en cualquier momento, su hermano mayor Nelson también boxeaba.

 Ese fue el primer modelo que Jorge tuvo. No un campeón en la televisión, no un póster en la pared. Su propio hermano con los guantes  puestos, aprendiendo a moverse, aprendiendo a no quedarse quieto frente a alguien que quiere hacerle daño. Y Jorge  lo observó durante meses. Lo miraba a entrenar, lo miraba golpear el saco, lo miraba sudar.

 Hasta que un día, sin que nadie se lo pidiera, sin que nadie lo empujara,  se puso los guantes él también. tenía menos de 10 años. Escucha esto. Cuando hablamos de talentos naturales en el boxeo, usamos esa expresión con demasiada facilidad. Decimos que alguien tiene talento como si fuera algo que te pones por la mañana con la ropa.

 Pero el talento de Jorge Linares no era una camisa, era otra cosa completamente distinta. Era algo que los entrenadores que lo veían por primera vez no sabían cómo explicar con palabras técnicas, pero que reconocían de inmediato con los ojos. la velocidad de manos que parecía imposible para alguien de su tamaño, el movimiento de caderas que hacía que los golpes del rival pasaran cerca, pero raramente conectaran de lleno.

 La forma en que sus ojos leían a un rival antes de que ese rival siquiera pensara en lanzar el siguiente golpe. La capacidad de anticipación que en el boxeo es la diferencia entre un buen boxeador y uno extraordinario. Eso no se enseña. Eso se nace con ello o no se nace. Lo que sí se puede enseñar es la disciplina, el  trabajo, la resistencia al dolor y a la monotonía de los entrenamientos.

 Y eso fue lo que Jorge aprendió desde pequeño, primero con entrenadores locales en Barinas, luego  moviéndose, mejorando, buscando quién pudiera llevarlo más lejos. Porque Jorge sabía con esa certeza que a veces tienen los jóvenes brillantes antes de que nadie les haya confirmado nada, que Barinitas no  era el destino, era únicamente el punto de partida.

 En 1999, con apenas 14 años,  ganó la medalla de oro en el Campeonato Nacional Juvenil de Venezuela. Grábate ese número, 14 años, medalla de oro nacional, categoría welter. Ya en ese momento, antes de que nadie fuera de Venezuela supiera su nombre, el boxeo amater país sabía que tenía algo distinto  entre manos.

 Ese mismo año ganó también la medalla de oro en el torneo juvenil Venezuela Panamá. En el año 2000, con 15 años, ganó la medalla de plata en el campeonato nacional y en 2001, con 16 años volvió a llevarse el oro en el campeonato nacional juvenil, tres  competencias nacionales en los primeros dos años de boxeo amateur con dos oros y una plata antes de poder votar.

  Antes de terminar la escuela secundaria, participó en dos preolímpicos con la selección nacional venezolana. no llegó a los Juegos Olímpicos, algo que según versiones de personas que lo siguieron en esos años le pesó durante mucho tiempo, aunque nunca lo mencionó en profundidad en entrevistas públicas, pero su récord como amater habló por él.

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