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HARFUCH CATEA el Seminario de MACIEL… Encontró lo que el VATICANO Selló y Nunca Quiso que Vieras

HARFUCH CATEA el Seminario de MACIEL… Encontró lo que el VATICANO Selló y Nunca Quiso que Vieras

Marcial Maciel, el fundador de los legionarios de Cristo, violó a sus propios hijos. Ni siquiera sabían que su padre era sacerdote. Les dijo que se llamaba José González, que era empresario. Ellos le creyeron toda la vida hasta que su madre lo vio en la portada de una revista. Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue cuando empezaron a recordar lo que les hacía de niños.

El Vaticano lo supo durante 49 años. No hizo nada. 60 niños abusados, cinco identidades, un imperio de 25,000 millones de euros y una propiedad de Entlalpan que lleva 67 años guardando todo detrás de una puerta de acero. Esta madrugada Harfuch la abrió. Son las 4:12 de la mañana. Dos camionetas negras sin placas visibles frenan sobre la calle empedrada.

El motor diésel se apaga, pero el olor a tubo de escape se queda flotando en el aire frío del sur de la Ciudad de México. Harfuch baja primero, chamarra negra, sin chaleco visible. Detrás de él salen 11 elementos de la fiscalía con equipo forense, dos peritos documentales, un cerrajero, un fotógrafo judicial. La puerta principal es de madera vieja, pesada, con un escudo que ya casi no se lee. El cerrajero tarda 40 segundos.

Cuando la puerta se abre, el olor es lo primero que golpea. Humedad vieja, papel mojado, algo orgánico que lleva décadas pudriéndose en silencio. Harf enciende la linterna y lo primero que ilumina es un pasillo largo con vitrales emplomados cubiertos de polvo. Esto fue un lugar lujoso alguna vez. Esto fue la quinta Pacheli.

La razón del operativo es una denuncia anónima recibida tres semanas antes. Hub un exionario de 74 años que asegura que en 1959, cuando el Vaticano investigó a Maciel por primera vez y lo absoló, la cúpula de los legionarios selló una habitación dentro de la enfermería de la quinta. Nadie la ha abierto desde entonces.

67 años. Antes de contarte lo que Harfuch encontró en esa habitación, dime una cosa. ¿Cuántos niños crees que pasaron por esta propiedad en 60 años? Pon tu número en los comentarios. El equipo de Harf lleva 23 minutos dentro de la quinta cuando un perito grita desde el segundo piso. En lo que fue la enfermería.

Hay un armario metálico empotrado en la pared. Detrás del armario, una puerta de acero con doble cerradura. El cerrajero necesita 11 minutos. Cuando la puerta cede, Harfuch entra primero. La habitación mide 3 m por 4. No tiene ventanas. Hay estantes de metal oxidado con cajas de cartón apiladas y sobre una mesa de exploración médica cubierta con una sábana amarillenta, hay una caja de madera con un candado pequeño.

Harf la abre. Adentro hay 23 frasquitos de cristal con tapa de rosca. Están vacíos, pero las etiquetas tienen fechas y nombres. Nombres de niños. Fechas de 1948 a 1955. 23 frasquitos, 23 nombres. Esos frasquitos coinciden con los testimonios judiciales de las víctimas de Maciel. Juan José Vaca declaró ante notario que Maciel le pedía muestras de semen frasquitos con el pretexto de análisis médicos para ayudar a un compañero enfermo.

José Antonio Pérez Olvera añadió un detalle peor. Maciel le dijo que un famoso endocrinólogo de Madrid necesitaba la muestra para curar a su hermano. le inventó un doctor, le inventó una enfermedad y le bajó los pantalones en la enfermería diciéndole que estaba haciendo un acto de caridad. Un sacerdote masturbando niños de 12 años y llamándolo caridad y guardando los frasquitos con nombre y fecha como un inventario.

Eso fue lo primero que encontraron. Espérate porque lo segundo cambia todo. En la misma habitación, en el estante más alto, hay una caja de metal gris. Dentro un sobre manila cerrado con cinta adhesiva vieja. Harfuch lo abre con guantes. Adentro hay cinco credenciales de elector y tres pasaportes. Todos tienen la misma cara.

Ninguno tiene el mismo nombre. Marcial Maciel de Gollado, Raúl Rivas, Jaime Alberto González Ramírez, Juan Rivas, José González. La misma cara, cinco vidas, cinco identidades completas con direcciones distintas, ocupaciones distintas, estados civiles distintos. Un sacerdote que predicaba la obediencia y el celibato tenía cinco vidas paralelas con documentos oficiales para cada una.

Pero eso no era lo más perturbador de lo que había en esa habitación. Hay un tercer objeto que Harfuch todavía no ha tocado. Está en el estante del fondo. Un sobre grueso sellado con la rojo. Tiene una fecha escrita a mano. 1959. Harfuch lo ve, lo deja ahí. Sabe que primero necesita entender qué estaba protegiendo ese lacre.

Hoy vas a saber cuatro cosas que nunca te contaron sobre Marcial Maciel. Primero, ¿de dónde sacó su primer millón seminarista que había sido expulsado de su propio seminario y que no tenía un peso? Segundo, y esto es lo que más te va a doler. ¿Qué hizo Juan Pablo Segi cuando le pusieron en el escritorio las pruebas de que Maciel violaba niños? Tercero, ¿qué pasó la noche que los hijos de Maciel descubrieron que su padre los había violado y que ni siquiera se llamaba como ellos creían? Y cuarto, esto no te lo esperas. ¿Qué le

hicieron a Maciel en su lecho de muerte, que hizo que los sacerdotes que estaban en la habitación salieran sin poder hablar? Te voy a avisar cuando llegue cada una, nuestro padre. Así lo llamaban los niños que entraban a la legión. Lo llamaban nuestro padre desde el primer día. Recuerda esas dos palabras.

Vas a escucharlas dos veces más y cada vez van a doler diferente. Coarturo Jurado tenía 9 años cuando su madre lo dejó en la Quinta Pacheli. Vivía en Salvatierra, Guanajuato, una familia humilde. Maciel había ido personalmente al pueblo a reclutar niños. Lo que hacía era esto. Llegaba al pueblo, se presentaba como sacerdote, visitaba las casas donde había niños que le interesaban, los quería blancos, delgados, pequeños.

Así lo describió Vaca. Les prometía a las madres que sus hijos iban a estudiar gratis en la mejor escuela de México. Les mostraba fotos de la quinta, la alberca, los jardines, el teatro. La madre de Arturo Jurado dudó. No quería separarse de su hijo. Maciel le dijo que si no lo dejaba ir, ella sería responsable de la maldición de negarle a su hijo la vocación que Dios le había dado.

Usó la fe de esa mujer como un arma. La madre cedió. que le entregó a su hijo de 9 años a un depredador sexual y se fue a su casa creyendo que lo estaba salvando. En 1947, Juan José Vaca llegó de noche a la quinta con sus padres. Tenía 10 años. Su mamá lo abrazó en la puerta y le dijo que iba a estar bien, que lo estaban dejando con un santo.

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