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No solo mató a su madre las últimas investigaciones revelan que Andreina, mató a dos personas más.

No solo mató a su madre las últimas investigaciones revelan que Andreina, mató a dos personas más.

Anoche hallaron el cuerpo de una mujerizada. Andreina, el silencio detrás de Sauces 9. Guayaquil amanecía inquieto. Las noticias hablaban de un crimen atroz, de una mujer que habría asesinado a su propia madre dentro de una vivienda en la ciudad de las Ausces 9. Pero nadie imaginaba que tras esa escena de horror se abriría una historia mucho más oscura.

Una historia que hoy pone a Ecuador entero frente a un espejo incómodo donde el amor, la traición y la locura se entrelazan de una manera difícil de comprender. Era octubre de 2025 cuando la abogada Marta Cecilia Solís fue reportada como desaparecida. Días después, agentes policiales ingresaron a su vivienda, donde encontraron evidencias que estremecieron incluso a los más experimentados investigadores.

En el lugar, los indicios apuntaban a una única sospechosa, su propia hija Andreina G. Una mujer de 32 años de apariencia tranquila, pero con un pasado que poco a poco empezaba a mostrar grietas. Según las primeras investigaciones, Andreina habría tenido una fuerte discusión con su madre por motivos económicos.

Se habló de $6,000 de una herencia o una deuda familiar, pero más allá del dinero, lo que surgía era una fractura emocional entre madre e hija que nadie logró dimensionar a tiempo. Los informes policiales y judiciales confirmaron que Andreina fue arrestada y puesta bajo prisión preventiva, mientras la fiscalía continuaba reuniendo pruebas sobre lo ocurrido en esa vivienda convertida en escena del crimen.

Sin embargo, lo que parecía un caso aislado de parricidio pronto se transformó en un enigma mayor. La sombra de una amiga desaparecida. En los días posteriores al crimen contra su madre, el nombre de Andreina comenzó a vincularse con otra historia igual de perturbadora, una que había pasado casi desapercibida en su momento, la misteriosa desaparición de una amiga muy cercana.

Ambas compartían salidas, conversaciones constantes y una confianza que, según sus allegados, parecía inquebrantable. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese lazo se volvió un eco lejano marcado por la sospecha y el silencio. Esa amiga, cuyo paradero aún se mantiene incierto, fue vista por última vez en compañía de Andreina.

Las versiones varían, pero una constante se repite entre quienes las conocieron. Algo en Andreina había cambiado. Su mirada, antes carismática, se volvió fría, distante, casi calculadora. Algunos dicen que la joven mostraba una fascinación extraña por la muerte, una curiosidad oscura por el sufrimiento ajeno que disimulaba tras una aparente serenidad.

Cuando la policía empezó a revisar los vínculos de Andreina tras el asesinato de su madre, el nombre de aquella amiga volvió a emerger con fuerza. Los mensajes archivados en su teléfono, las publicaciones en redes sociales y los testimonios de conocidos dibujaron una relación que terminó abruptamente, sin despedidas, sin rastros.

Andreina evitaba hablar del tema y cuando lo hacía cambiaba de conversación con un tono evasivo. Era como si una parte de su pasado la persiguiera, pero al mismo tiempo como si encontrara placer en mantenerla enterrada. La desaparición de esta joven, que hasta ahora no ha sido oficialmente atribuida a Andreina, ha generado una profunda inquietud, no solo por las coincidencias en el tiempo y el entorno, sino por la aparente falta de emociones en la principal sospechosa.

Los investigadores que han seguido de cerca el caso describen un patrón inquietante. Andreina no muestra culpa ni remordimiento, sino un desapego absoluto ante la tragedia. Esa frialdad unida a las similitudes entre los casos ha llevado a muchos a preguntarse si no estaríamos frente a una mente capaz de traspasar los límites más impensables de la violencia doméstica y emocional.

Las redes sociales, ese espejo que nunca miente del todo, se han llenado de teorías. Algunos sostienen que Andreina habría actuado movida por celos o envidia. Otros creen que detrás de todo hay un desequilibrio mental más profundo, quizá una estructura de personalidad que encubre impulsos psicopáticos. Y aunque la justicia aún no ha confirmado su relación directa con la desaparición de su amiga, las sombras que la rodean crecen cada día más densas, alimentadas por silencios, contradicciones y un pasado que parece

imposible de explicar con lógica. El caso de Andreina en este punto deja de ser una simple crónica policial para convertirse en un espejo oscuro del alma humana. Cómo una amistad puede transformarse en un terreno de manipulación. Cómo la confianza puede volverse arma y cómo el mal puede disfrazarse de cariño.

En esa sombra que dejó su amiga desaparecida, se esconde quizás una de las claves más inquietantes para comprender quién era realmente Andreina y hasta dónde pudo llegar. Los rumores que estremecen Guayaquil. En redes sociales, los rumores crecieron con fuerza. Se hablaba no solo de Jennifer, sino también de un supuesto exjefe que habría tenido un destino similar.

Sin embargo, tras revisar informes y comunicados oficiales, no existe hasta ahora evidencia comprobada que vincule a Andreina con la muerte de otro empleador o compañero laboral. Las autoridades mantienen que solo hay una víctima confirmada, su madre, y una desaparición bajo investigación, su amiga Jennifer. Pese a ello, el eco mediático fue inevitable.

Algunos usuarios comenzaron a etiquetarla como asesina serial, una expresión que rápidamente se viralizó. Pero jurídicamente no se puede usar ese término mientras la justicia no haya probado la existencia de múltiples crímenes con un mismo patrón. Aún así, el patrón psicológico y las coincidencias temporalmente distantes, una desaparición en 2022.

y un asesinato en 2025. Mantienen alerta a los investigadores. Podría haber actuado más de una vez. Podría haber ocultado otras víctimas. El perfil psicológico. Detrás del rostro tranquilo, detrás del semblante sereno de Andreina, se esconde una complejidad que ha desconcertado tanto a peritos como a quienes la conocieron.

A simple vista, su apariencia transmitía calma, educación y un dominio emocional que parecía genuino. Sin embargo, bajo esa superficie ordenada se gestaba un universo interior lleno de contradicciones, resentimientos acumulados y una necesidad de control que poco a poco comenzó a desbordarse. Los especialistas que han analizado su conducta hablan de una personalidad con rasgos fríos, calculadores y una capacidad asombrosa para la manipulación emocional.

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