Posted in

Natalie Wood: Vio Lo “PROHIBIDO” en el Yate… y Él la Destruyó Para Siempre

 Pero todo en esta historia  apesta a mentira. todo, porque 30 años después el caso se reabrió, la causa de muerte se cambió, el certificado de defunción se modificó  para incluir una frase que lo cambió todo, ahogamiento y otros factores no determinados. Y Robert Wagner, el hombre que dormía junto a ella cada  noche, el hombre que juró amarla hasta la muerte, fue declarado oficialmente persona de  interés en su muerte.

 ¿Qué pasó dentro de ese yate? ¿Qué vio  Natalie Wood esa noche? ¿Qué escuchó? ¿De qué discutieron?  ¿Y por qué una mujer que le temía al agua más que a cualquier cosa en este mundo terminó dentro de ella, sola, en la oscuridad, gritando auxilio mientras nadie iba a rescatarla? Hoy vas a descubrir cuatro cosas que nunca te contaron sobre la muerte de Natalie Wood.

Primero, el testimonio del  capitán del yate, Denise Daern, que durante 30 años guardó silencio, presionado por figuras poderosas de Hollywood, hasta que confesó haber escuchado una pelea física dentro del camarote justo antes de que Natalie desapareciera y admitió que Robert Wagner le ordenó no encender las luces de búsqueda mientras ella se ahogaba.

Segundo, la grabación de la testigo Marilyn Wayne, que desde un bote cercano escuchó a una mujer gritar,  “¡Ayúdenme, por favor, alguien ayúdeme, me estoy ahogando.” Durante 25 minutos seguidos, mientras  un hombre con voz arrastrada respondía algo como, “Aguanta, ya vamos por ti.” Y nunca fue.

 Tercero, el informe forense que detalla moretones en los brazos, las piernas  y la cara de Natalie. Moretones que el detective Ralph Hernández  describió con una frase demoledora: “Parecía la víctima de una agresión.” Y cuarto, la confesión de Lana Wood, hermana de Natalie, que reveló en su libro que su propia madre entregó a Natalie, siendo adolescente, a Kirk Douglas en una habitación del hotel Chateau Magmón,  donde la agredió sexualmente y que cuando la niña volvió al auto, destrozada y llorando, la madre le dijo

dos palabras: “Aguántatelo! No te preocupes, te avisaré  cuando llegue cada una, pero si te vas antes del final, te pierdes la razón por la que Robert Wagner  se negó a ser entrevistado al menos 10 veces cuando la policía reabrió el caso y lo que eso revela sobre lo que realmente ocurrió en la parte trasera de ese yate.

Pero para entender cómo la mujer más querida de Hollywood terminó flotando muerta en las aguas que más temía. Mientras tres hombres dormían a 200 met de distancia sin hacer nada, necesitas conocer el principio. Y el principio es más oscuro de lo que imaginas. Natalie Wood no nació siendo Natalie Wood.

 Nació siendo Natasha Nicolayevna  Zacarenco en San Francisco en 1938. Hija de inmigrantes rusos. Su padre Nicolay era un obrero que trabajaba donde pudiera. Carpintero un día, peón al siguiente, un hombre que cargaba sobre los hombros el peso de la gran depresión y que encontró en el alcohol la única forma de soportar ese peso.

 Cuando bebía, Nicolai se transformaba. Pasaba de ser un padre cariñoso a un hombre violento, impredecible, peligroso. La casa de los Zacarenco era un campo de batalla disfrazado de hogar, pero la verdadera fuerza en esa casa no era el padre, era la madre. María Zacarenco era una mujer con una voluntad de hierro y una imaginación sin límites.

Había  crecido en China huyendo de la revolución rusa y en algún momento de su infancia una gitana en la ciudad de Harvin le leyó la fortuna. Le dijo dos cosas. La primera, que su segunda hija sería una gran belleza conocida en todo el mundo. La segunda,  que debía tener cuidado con el agua oscura, que el agua oscura traería la muerte.

María se aferró a esa profecía como si fuera un contrato firmado con el destino. La primera parte, la de la fama, la convirtió en su misión de vida. La segunda parte, la del agua,  la convirtió en el miedo más profundo de su hija. Desde que Natasha era una niña, María le metió en la cabeza que el agua oscura  era su enemiga, que el agua oscura la mataría.

 Y esa idea se incrustó en el cerebro de Natalie Wood como un clavo que nunca nadie pudo sacar. María no era simplemente una madre estricta. María  era una manipuladora profesional. Su hija Lana, años después la llamó una mentirosa patológica. Susan Finstad, la biógrafa más rigurosa que ha escrito sobre Natalie Wood, documentó con más de 400 entrevistas cómo María convirtió a su hija en una máquina de hacer dinero  antes de que cumpliera 6 años.

 La obligó a memorizar guiones, la forzó a llorar frente a las cámaras,  la amenazó con castigos si olvidaba una línea. La hizo complacer a directores, productores,  actores, cualquier persona que tuviera poder en Hollywood. Una amiga de la familia lo resumió con una frase que duele leer. Su madre era una proxeneta y eso no era una metáfora.

 Cuando Natalie tenía 11 años la pusieron a filmar una película llamada The Green Promise. Había una escena en la que debía cruzar un puente  sobre un río embravecido. El plan era que el puente colapsara después de que ella llegara al otro lado. El puente  estaba preparado con un mecanismo que lo haría caer en el momento exacto, pero alguien activó el mecanismo demasiado pronto.

 El puente se derrumbó con Natalie todavía encima. La niña cayó al agua, 11 años, sola, luchando contra la corriente, gritando. Y el director William D. Russell desde la orilla dio una instrucción que define todo lo que Hollywood le hizo a esa niña. Que sigan filmando. No mandó ayuda, no detuvo las cámaras, la dejó ahí luchando por su vida mientras el agua le destrozaba el cuerpo.

Natalie salió del agua con la muñeca  izquierda fracturada. El hueso nunca sanó bien. Le quedó una protuberancia visible que la acompañó el resto de su vida. Y desde ese día usó brazaletes gruesos en la muñeca izquierda para esconder la marca, para esconder lo que Hollywood le había hecho cuando era una niña, para esconder la prueba de que nadie la había protegido.

Nadie, absolutamente nadie. Y aquí es donde la historia se pone más oscura, porque esa caída en el agua no solo le rompió la muñeca, le rompió algo por dentro. El miedo al  agua que su madre le había implantado de este bebé se convirtió después de ese accidente en un terror absoluto. Natalie Wood tenía pesadillas con ahogarse. Se negaba a lavarse el pelo.

No podía ver una  piscina sin sentir que el estómago se le cerraba. Y la idea de estar en el océano de noche en la oscuridad era para ella el equivalente exacto de una pesadilla  hecha realidad. Recuerda eso, recuérdalo bien, porque eso es exactamente donde terminó la noche que murió.

Read More