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JULIO CÉSAR CHÁVEZ: LO QUE LE HIZO A SALMA HAYEK (TERESA DE TELEVISA)

JULIO CÉSAR CHÁVEZ: LO QUE LE HIZO A SALMA HAYEK (TERESA DE TELEVISA)

El mejor boxeador mexicano de la historia. Tres veces campeón mundial. 13 años sin conocer una sola derrota. Y este mismo hombre le puso un cuchillo de cocina en el cuello a la madre de sus tres primeros hijos antes de que ella tuviera que huir a Estados Unidos. Destrozó a la Teresa más vista en la historia de Televisa.

La actriz Salma Hayek se puso una pistola en la cabeza y trató de quitarse la vida frente a la alberca de su propia casa. Hoy sabrás lo que verdaderamente le hizo a Salma Hayek y lo que ella ocultó durante los últimos 30 años. Sabrás la verdad, todavía más oscura del día que se quiso quitar la vida, la noche en la que jaló el gatillo tres veces.

Y lo peor de toda la historia, la muerte de sus dos hermanos, uno de 4 años de edad y el otro de 54 años. Te lo advierto, no es coincidencia. Ah, pero te aviso, lo último nunca ha sido revelado y es lo que el gran campeón mexicano le hizo al hermano que lo metió al boxeo. La trágica verdad detrás del César del boxeo que ningún medio mexicano se atrevió a contar completa hasta hoy.

Pero antes debes entender quién era y cómo llegó hasta dónde llegó. Ciudad Obregón, Sonora. 12 de julio del año 1962. En una casa de madera construida a un lado de las vías del ferrocarril. Nació el quinto de 11 hermanos. Su padre se llamaba Rodolfo Chávez Lisárraga. Le decían el gero. Trabajaba en los ferrocarriles del noroeste mexicano.

Salía a las 5 de la madrugada. Regresaba pasadas las 9 de la noche con las manos negras de aceite y con el cuerpo deshecho del trabajo en los rieles. Su madre se llamaba Isabel González. Planchaba ropa de otra gente por monedas. Tenía un fierro de carbón que calentaba sobre una hornilla de leña y planchaba camisas y pantalones desde antes del amanecer hasta después de medianoche. 11.

Una casa de tres cuartos sin agua corriente, sin baño dentro de la casa, con un foco colgando de un cable como única iluminación. A ese niño que acaba de nacer lo van a llamar Julio César en honor al emperador romano. Porque su madre Isabel le había dicho a su padre Rodolfo que ese hijo iba a ser diferente, que ese hijo algún día iba a sacar a toda la familia de la miseria.

Su madre tenía razón, pero también iba a equivocarse de la peor manera posible, porque ese mismo niño que iba a sacar a sus padres de la pobreza iba a regresar 30 años después, con la cabeza destrozada por las drogas, con el cuerpo arruinado por el alcohol y con una pistola apuntándose la cabeza frente a la alberca de su propia mansión.

Pero esa noche todavía estaba muy lejos. En esa casa de madera, a un lado de las vías del tren, lo único que se escuchaba durante el día eran los gritos de los 11 hermanos jugando en la tierra, los silvatos de las locomotoras pasando y la voz de Isabel González pidiéndole a sus hijos que se metieran a comer.

El menor de todos ellos era un niño que se llamaba Omar. Recuerda ese nombre. Vas a entender por qué Omar tenía 4 años cuando ocurrió la primera tragedia de las muchas que iban a marcar a esa familia para siempre. Era una tarde de invierno. Isabel González estaba en la cocina preparando frijoles de la olla. El padre todavía no llegaba del trabajo y los hermanos mayores andaban afuera jugando al fútbol con una pelota de trapo.

Omar, el menor de 4 años, salió a buscar a sus hermanos. Cruzó la calle de tierra frente a la casa y de la nada apareció un camión, lo envistió de frente. El cuerpo del niño voló por el aire, cayó del otro lado de la calle y se quedó tirado en el polvo sin moverse. Cuando los hermanos llegaron corriendo, ya no respiraba. Lo cargaron como pudieron hasta el hospital del Seguro Social de Ciudad Obregón.

Los médicos lo conectaron a una máquina. Le dijeron a Isabel y a Rodolfo, “Noturas, que su hijo tenía muerte cerebral, que ya no había nada que hacer. Esa misma noche, la madre y el padre tomaron la decisión más dolorosa de sus vidas. Aceptaron desconectar al niño. Lo enterraron al día siguiente en el panteón municipal de Ciudad Obregón, sin lápida, porque no había dinero para comprarle una piedra.

Julio César tenía apenas 6 años de edad cuando vio bajar el ataúd aquella tumba y desde ese día algo dentro de él se rompió. 28 años después, cuando ya era el gran campeón mexicano, cuando ya era multimillonario, cuando ya tenía mansiones en tres países, su segunda esposa le iba a dar un hijo varón y él iba a tomar una decisión.

le iba a poner Omar en honor a aquel hermanito muerto. Ese segundo Omar, el de la generación siguiente, también iba a terminar destruido, también iba a terminar tirado en otra cama de hospital tres décadas después. Pero a esa parte de la historia vamos a llegar más adelante, porque después de la muerte del hermano menor, la familia Chávez González quedó deshecha por dentro.

La madre Isabel se encerró en la cocina y se pasaba las horas planchando ropa, sin hablar, sin mirar a nadie. El padre Rodolfo empezó a tomar y los hijos varones que quedaban salieron a buscar dinero, dónde fuera, cómo fuera. Ey, dos de los hermanos mayores, Rodolfo Hijo y Rafael, al que le decían el borrego, encontraron un gimnasio de boxeo en un terreno valdío.

Cerca de la estación del tren. Era un local de adobe con un techo de lámina y un cuadrilátero hecho con cuerdas de manila amarradas a cuatro postes de madera. Ahí entrenaba a un hombre que después iba a cambiar la historia del boxeo mexicano. Sin saberlo, los dos hermanos, Rodolfo y Rafael empezaron a entrenar boxeo para ganar dinero en peleas amateur.

5 pesos por combate, 10 pesos si ganaban. Y un día el hermano menor que les quedaba quiso ir con ellos. Ese niño tenía 9 años de edad. Se llamaba Julio César. El borrego. El hermano Rafael, lo agarró de la mano, lo llevó al gimnasio de adobe, le puso unos guantes prestados más grandes que su propia cabeza y lo subió al cuadrilátero por primera vez.

En su vida recuerda esa imagen. Recuerda al hermano Rafael. El borrego subiendo al niño Julio César al cuadrilátero con unos guantes prestados, porque 42 años después ese mismo hermano, Rafael, el borrego, el que lo metió al boxeo, iba a aparecer muerto con cinco balas en una casa abandonada de Culiacán, Sinaloa.

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