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La Espeluznante Historia de Sergio Goyri | Un Villano de la Vida Real

¿Será que al villano más bravo de las telenovelas también le tocó quedar del otro lado del chisme? Y aquí no vamos a hacerle el atole menos espeso. Vamos a hablar de sus inicios, sus villanos, sus amores, sus escándalos, el insulto que le cambió la carrera, los señalamientos que lo persiguen y esa nueva polémica que vuelve a poner su nombre en boca de todos.

Así que agárrense porque esta historia viene con telenovela, poder, ego, machismo, caídas públicas, supuestas traiciones, audios filtrados y mucho veneno de ese que la televisión mexicana escondió durante años, hasta que una cámara prendida, un micrófono abierto o una captura de pantalla dejaron ver demasiado. Y ahora sí, sin más preámbulo, vámonos a lo que te truje, Chencha.

Yo quiero estar al pendiente de todo. Y amigos, para entender por qué Sergio Goiri terminó convertido en uno de los villanos más reconocibles de la televisión mexicana, hay que irnos al principio. Sergio Goiri Pérez nació un 14 de noviembre de 1958 en Puebla. Y aunque con los años se volvió sinónimo de bigote, sombrero negro, mirada pesada y carácter de cacique, sus primeros pasos en pantalla no fueron precisamente como el malo de la historia.

Empezó muy joven en 1975, apareciendo en la telenovela Mundos opuestos al lado de Lucía Méndez. En esos años todavía no tenía esa imagen ruda que después se le quedaría pegada como marca registrada. No estaba el bigote imponente, ni el aire de patrón de rancho, ni esa presencia de hombre que parece que entra a escena oliendo a pleito.

Al contrario, al principio dicen que tenía más bien cara de niño bueno, de galán ingenuo, de muchacho noble pero atormentado, de esos que sufrían bonito y todavía podían venderse como héroes románticos. Así fue abriéndose camino en producciones como El maleficio, el precio de la fama, Angélica y más adelante el premio mayor. Vengo a matarte, Cumbias.

Pues vamos viéndolo. Y aunque trabajaba, aparecía y se mantenía dentro del medio, todavía no encontraba ese personaje que lo definiera por completo. Porque seamos claros, amigos, hay actores que pueden hacer de todo, pero la industria les descubre una cara, una energía o un gesto y de ahí ya no lo suelta. En el caso de Goiri, esa cara fue la del hombre oscuro, autoritario, machista y peligroso.

El verdadero golpe llegó en 1996 con “Te sigo amando.” Ahí Sergio dejó de jugar al galán noble y abrazó de lleno el lado más turbio del melograma. Y entonces nació la imagen que muchos todavía recuerdan. el cacique rural, el hombre de mirada torba, bigote marcado, sombrero negro Stedson y esa forma de hablar como si cada frase llevara amenaza incluida.

Y hay que decirlo, le funcionó. La rompió como antagonista porque tenía algo que no todos los villanos logran transmitir. Unas revistitas que te fotografia ibas haciendo y te odiabas. No parecía un malo caricaturesco ni un villano de cartón. Parecía ese tipo de hombre que uno sí podía imaginar mandando, humillando, controlando y creyéndose dueño de todo.

Ahí estuvo su fuerza, pero también ahí empezó el problema. El público comenzó a asociarlo con ese macho de rancho violento y dominante que después se le pegó a la piel. A partir de ahí, la televisión lo siguió usando en esa línea. Vino sin pecado concebido, duelo de pasiones, soy tu dueña y piel de otoño. En esta última interpretó a un esposo machista y violento, un papel que le valió el premio TV y novelas a mejor actor antagónico.

Y sí, el reconocimiento fue importante, pero también confirmó lo que la industria ya había decidido. Sergio Goiri servía y servía muy bien para encarnar a esos hombres duros, abusivos, orgullosos y peligrosamente convencidos de que el mundo tenía que girar alrededor de ellos. en aquella época fuera esta donde puedes demandar, no me hubiera vuelto millonario.

El detalle, amigos, es que con el paso del tiempo muchos empezaron a preguntarse si esa intensidad era pura actuación o si el personaje y la persona se parecían más de lo que convenía admitir. Porque una cosa es interpretar al villano rural con sombrero negro y otra muy distinta es que fuera del foro el actor también empiece a cargar con fama de hombre de carácter pesado, comentarios filosos y actitudes que no siempre le ayudaron a separar la ficción de la realidad.

Así fue como Sergio Goiri dejó de ser simplemente un galán de telenovela para convertirse en el rostro del macho autoritario en los melodramas mexicanos. Un actor con presencia, sí, pero también con una imagen tan marcada que con los años terminaría jugándola en contra. Y amigos, si en pantalla Sergio Goiri se volvió famoso por interpretar hombres duros, dominantes y de mirada pesada, fuera de los foros, su vida amorosa tampoco ha sido precisamente una historia tranquila de velitas, cena romántica y vivieron felices para siempre.

Pues fue como yo nunca quise ser actor, ¿no? Amigos, ahí también hay matrimonios, hijos, rupturas, mujeres más jóvenes, prumores de pasillo, compromisos que no terminan en boda y ahora hasta supuestos audios y chats que dejaron a más de uno con la boca abierta. Sergio Goiri tiene cinco hijos. De su primer matrimonio nacieron Omar y Elvis.

Y después, durante su relación con Tel Filipini, con quien estuvo casado por más de dos décadas, llegaron Sherlock y Shylock. Y miren, no más, esos nombres ya parecen sacados de una novela rara, pero así fue. Con Teli formó una de sus relaciones más largas y estables, aunque como suele pasar con los famosos de carácter fuerte, desde afuera siempre se decía que convivir con él no debía ser cosa sencilla.

Y ahí viene el comentario sabroso. Durante mucho tiempo se dijo que Sergio era tan convincente haciendo de macho dominante en las telenovelas que algunos empezaron a sospechar que quizá no actuaba tanto como parecía. Importantes, con el cariño de la gente. Ese es el éxito. Claro, eso queda en el terreno de los rumores y de la percepción del público, pero cuando una imagen se repite tantas veces termina pegándose como sombra.

y como buen galán de vieja escuela, tampoco se libró de los chismes de mujeriego. Durante la grabación de duelo de pasiones, los pasillos ardieron con el rumor de un supuesto acercamiento con una actriz mucho más joven que él. Y ya saben cómo funciona ese mundo. Basta una mirada larga, una salida después del llamado o una sonrisa de más para que medio foro empiece a preparar la novela paralela.

Y con Goiri, por su fama de hombre rudo, conquistador y de carácter dominante, el chisme prendía más rápido. Pero en los últimos años, la relación que más comentarios ha provocado es la que mantiene con Lupita Arreola, una mujer bastante más joven que él, con más de 20 años de diferencia. Y claro, las redes no perdonan.

Apenas ven a un famoso maduro con una pareja joven y de inmediato sacan el letrero de Sugar Daddy. A Sergio le han dicho de todo, que si anda comprando juventud, que si ella busca estabilidad, que si él quiere sentirse galán eterno, que si la relación es amor verdadero o conveniencia bien administrada. Ya saben, la gente en internet no analiza sentencia.

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