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La Historia Más OSCURA de Humberto Zurita: La VERDAD que NUNCA se supo sobre Christian Bach

 Creció en un entorno que tenía poco que ver con el glamur que vino después. Una familia de clase media, un padre con trabajo estable, la ciudad grande y ruidosa del México de los años 60, como fondo de una infancia que no tenía nada de extraordinario en apariencia. Lo que sí tenía era esa cosa difícil de nombrar que los que trabajan en el mundo del espectáculo llaman presencia y que los que no trabajan en él simplemente llaman carisma.

 la capacidad de que cuando entras a un cuarto la gente lo note. Llegó al mundo del espectáculo por la puerta del teatro, que en México de los años 70 era una puerta más estrecha y más exigente que la de la televisión, pero que formaba actores de otra manera. El teatro te enseña a sostener un personaje durante hora y media frente a un público que no puede dejar de verte aunque quiera.

 Te enseña a trabajar con el cuerpo, además de con la voz y te enseña que la actuación tiene un costo físico y emocional que las cámaras pueden esconder, pero el escenario no. Humberto aprendió todo eso antes de entrar a la televisión y esa formación se nota. Los actores que vienen del teatro y llegan a la telenovela tienen algo que los que solo han hecho televisión raramente tienen.

 La capacidad de habitar un silencio en pantalla, de decir algo con la manera en que respiran antes de hablar, de hacer que el momento que antecede a una frase sea tan importante como la frase misma. Eso es lo que convirtió a Humberto Zurita en el tipo de actor que se queda en la memoria de la gente, no la cara, aunque la cara ayudaba, la capacidad de estar presente de una manera que la cámara recogía y que el público sentía, aunque no supiera nombrar qué exactamente estaba sintiendo.

 Christian Batch llegó a su vida en 1984 o más precisamente sus caminos se cruzaron en 1984 en el set de una producción televisiva y lo que empezó como un encuentro profesional fue construyéndose hasta convertirse en algo que los dos describieron en distintas entrevistas a lo largo de los años con palabras que siempre coincidían en algo que se habían reconocido.

que cuando se vieron hubo una sensación de que ya se conocían, aunque técnicamente fuera la primera vez. Eso puede sonar a frase hecha, a la clase de cosa que la gente dice sobre sus relaciones cuando han durado mucho tiempo y quieren darles un origen mítico. Pero hay algo en la manera en que los dos lo contaron de manera independiente en contextos distintos y con años de diferencia que le da una consistencia que va más allá del mito de pareja.

Cristian Batch era argentina, nacida el 8 de agosto de 1960 en Buenos Aires. Había llegado a México en los años 80 con una carrera en crecimiento y con la clase de determinación que tienen las personas que han dejado su país para empezar en un lugar donde nadie los conoce y donde tienen que ganarse cada oportunidad.

 Eso forma a la gente de maneras específicas, te quita las ilusiones sobre lo que se te debe y te deja con una claridad muy práctica sobre lo que tienes que hacer para conseguir lo que quieres. Cristian lo tenía y Humberto lo vio desde el principio. La relación entre los dos no fue fácil desde el comienzo. Hubo obstáculos.

 Había una diferencia de edad que en esa época pesaba de maneras que hoy quizás pesarían menos. Había contextos profesionales que se cruzaban de maneras que podían complicar las cosas y había encima de todo eso la presión específica que tiene el mundo del espectáculo mexicano sobre las relaciones que se construyen dentro de él.

 Todo el mundo tiene una opinión, todo el mundo tiene información y la línea entre lo que es de los medios y lo que es privado se negocia constantemente y nunca queda donde uno quisiera. Pero se quedaron los dos. eligieron quedarse cuando el camino más fácil habría sido seguir adelante por separado. Y eso en una industria donde las relaciones tienen una vida media muy corta y donde la exposición pública amplifica todos los problemas en lugar de disolveros.

Dice algo sobre lo que había entre ellos que iba más allá de la conveniencia o de la costumbre. Tuvieron dos hijos. Emiliano, nacido en 1987, y Sebastián, nacido en 1991. La familia que construyeron fue, según todos los testimonios de personas que los conocieron de cerca durante esos años, genuinamente funcional en el sentido más concreto de la palabra.

 Un hogar donde los niños crecieron con padres presentes con una estabilidad emocional que no era fácil de mantener en las circunstancias de dos carreras activas en la televisión mexicana y con la sensación de que la familia era el centro y la carrera era lo que giraba alrededor y no al revés. Eso no es lo habitual en ese mundo.

 Y Humberto y Cristian lo sabían. Lo cuidaban de una manera que las personas que lo rodeaban notaban porque contrastaba con la manera en que muchas otras parejas del mismo entorno manejaban sus vidas. Las décadas que siguieron construyeron algo que tiene pocas equivalencias en la historia del entretenimiento latinoamericano.

 una pareja que se mantuvo junta durante 34 años dentro de una industria que come relaciones con una eficiencia brutal que siguió trabajando y produciendo y creando mientras esa relación se desarrollaba y que logró que el público la quisiera no a pesar de ser lo que eran, sino precisamente por eso. Ser el tipo de pareja que Humberto Zurita y Christian Batch fueron en el imaginario popular latinoamericano requiere algo que el tiempo solo da cuando hay algo real debajo de la imagen.

 Cualquier pareja puede proyectar estabilidad durante un año o dos. Proyectarla durante 34 requiere que la estabilidad exista de verdad con todas las grietas y las reparaciones y las decisiones silenciosas que eso implica. Y había grietas. Eso también es parte de la historia que el público nunca vio completa.

 Los que los conocieron bien, los que estuvieron cerca de los dos en distintos periodos de esos 34 años hablan de una relación que tuvo sus momentos de crisis, que hubo periodos donde las cosas estuvieron tensas de una manera que desde fuera no era visible, pero que desde adentro era muy real, que hubo conversaciones difíciles, que hubo momentos donde cualquiera que los hubiera observado desde afuera habría dicho que esa relación estaba en problemas y sin embargo siguieron.

 ¿Por qué? Esa pregunta tiene respuestas distintas dependiendo de a quién se la hagas y en qué momento de la historia de los dos la formules. Hay quienes dicen que lo que los mantenía juntos era algo que iba más allá del amor romántico en el sentido convencional de la expresión, una especie de reconocimiento mutuo que hacía que estar el uno sin el otro costo que ninguno de los dos estaba dispuesto a pagar, que se habían convertido el uno en el espejo del otro de una manera que hacía muy difícil verse a sí mismo sin

el reflejo del otro. Eso suena a algo hermoso cuando todo va bien. Cuando las cosas se complican, ese mismo nivel de implicación puede pesar de maneras que no son fáciles de sostener. Los últimos años, antes de la muerte de Cristian, fueron diferentes. Hay personas del entorno de la familia que lo dicen con cuidado, pero que lo dicen, que hubo un periodo, probablemente desde varios años antes de que la enfermedad se hiciera visible, donde Cristian estaba diferente, donde había algo en su energía, en su manera

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