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El ASQUEROSO Secreto que Walter Mercado se Llevó a la Tumba

 Le gustaba peinar a las vecinas y le gustaba el rosa. Se ponía los velos blancos que su madre guardaba en un baúl y se quedaba horas mirando cómo brillaban las telas finas bajo el sol del patio. En el Puerto Rico de 1937 eso no se permitía. Eso era una herida abierta que un padre católico estaba obligado a cerrar. Una tarde de marzo, José María llegó a casa antes de tiempo.

 Encontró a Walter de 5 años con un velo de novia sobre la cabeza, jugando a ser la Virgen María frente al espejo del comedor. Tenía los labios pintados con el carmín de su madre. Estaba bendiciendo a sus muñecas con dos dedos en alto. Lo que pasó después, Walter no lo contó nunca en una entrevista. Lo contaron sus sobrinas décadas más tarde [música] y una vecina que vivía al lado.

 El padre cruzó la sala en tres pasos, le arrancó el velo y le partió el labio con el dorso de la mano. Le gritó cosas que el niño no entendió, pero que sí entendió la madre desde la cocina. Aurora corrió, tomó al niño del brazo, lo metió en el closet de las sábanas, cerró con llave y le susurró por la rendija una frase que Walter recordaría hasta el último día de su vida.

 Hijo, hay cosas que no se enseñan, hay cosas que se guardan adentro. ¿Me escuchas? Adentro. Walter pasó 4 horas en ese closet en silencio con el labio sangrando hasta que el padre se durmió. Esa noche aprendió la regla más importante de su vida. Hay cosas que no se muestran, hay cosas que se esconden y si te descubren te rompen.

 Lo cumplió durante 82 años, pero hay algo más que conviene contar antes de seguir, porque esa misma madre Aurora fue quien sembró en él la [música] otra mitad, la mística, la fe, la idea de que él no era un niño cualquiera, era especial, era elegido. Walter tenía 8 años cuando ocurrió lo del pájaro. Caminaba por el patio trasero cuando encontró un canario tirado en la tierra.

 Estaba muerto frío con las patas rígidas. Walter se arrodilló, tomó el pájaro entre las manos y cerró los ojos. Y según contó él mismo durante toda su vida y según juró su madre hasta el día en que murió, [música] el pájaro empezó a moverse, primero el ala, después el cuello, [música] después abrió los ojos y voló. Aurora lo vio desde la ventana de la cocina, salió corriendo y lo abrazó.

 Le dijo, “Hijo, tú eres especial. [música] Tú tienes algo, tú vas a salvar a mucha gente. Y ese día otra regla quedó grabada en el cerebro del niño Walter Mercado. Su madre tenía razón sobre el milagro, pero todo lo que ella le prometió solo podía cumplirse si guardaba bajo siete llaves la otra parte, la que su padre había golpeado hasta sangrarle el labio.

 Toda su vida fue dos personas a la vez. la que aparecía en televisión con la capa dorada y bendecía a millones y la que seguía siendo aquel niño de 5 años con el labio partido dentro del closet de las sábanas, esperando que su padre se durmiera. [música] Y 82 años después, en esa cama de hospital de San Juan, mientras los médicos le ponían oxígeno y sus sobrinas hablaban en voz baja en el pasillo, Walter Mercado iba a tomar su última decisión.

 va a decidir si lo que guardó adentro durante 82 años se moría con él o si por fin lo dejaba salir. La decisión que tomó es la que cambió todo lo que estás a punto de oír. Walter dejó Ponce a los 17 años. Su padre quería que estudiara medicina. Su madre lo dejó elegir. Walter se inscribió en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras en 1950.

Estudió varias cosas a la vez, farmacia y algo de psicología. Y a las 5 de la tarde se escapaba al teatro Tapia para las clases de ballet clásico que nunca le mencionó a su padre. Allí lo descubrió por primera vez la cámara. Tenía 21 años. Bailó el papel del cisne negro de Cikovski en una función de fin de curso.

 El público de San Juan se puso de pie. Una crítica del periódico El Mundo escribió que ese muchacho delgado de Ponce tenía algo que no se podía enseñar. Walter recortó la crítica, la guardó en un cajón y la envió por correo a su madre a su padre. No le dijo nada, pero esa crítica no fue lo más importante que pasó esa noche. Esa noche, después de la función, Walter caminó solo hasta el malecón de San Juan.

 [música] Tenía maquillaje todavía en los ojos. Vestía pantalones de calle, pero llevaba la malla negra puesta debajo. Se sentó en una banca frente al mar y allí, mientras miraba las luces de los barcos cargueros, un hombre se le acercó. El hombre tenía 4ent y tantos años llevaba un traje gris. se sentó al lado de Walter sin preguntar y encendió un cigarrillo y le dijo una frase que Walter recordaría siempre según lo confesó en una entrevista en 1997 a la revista Pueblo.

 [música] Muchacho, tú tienes un don que no se aprende en el ballet. Yo lo vi esa noche desde la primera fila. Si me dejas, yo te enseño a usarlo. Walter nunca dio el nombre de ese hombre, nunca lo [música] identificó en 30 años de entrevistas, pero según una biografía no autorizada publicada en Miami en 2020, ese hombre era un productor de televisión puertorriqueño llamado Rafael Quiñones Vidal.

 Tenía influencia en todos los canales, estaba casado y le doblaba la edad. y lo que le ofreció a Walter aquella noche en el malecón cambió todo. 27 años después, ese mismo hombre estaba sentado en primera fila el día que Walter Mercado fue presentado oficialmente como astrólogo de cadena nacional. Pero antes de llegar a esa noche hay un detalle que casi nadie conoce y que [música] tiene que ver con la madre de Walter.

Porque mientras él daba sus primeros pasos en el teatro, Aurora Salinas estaba escribiendo algo. En el ático de la casa de Ponce, Aurora guardaba un baúl de madera. Adentro había cartas cientos, páginas y páginas escritas a mano en tinta verde dirigidas a Walter, cartas que nunca le entregó en vida. Aurora le escribía a su hijo cada vez que sentía algo extraño, [música] un sueño, un escalofrío durante el rezo, una voz que decía su nombre cuando no había nadie cerca, las guardaba todas en el baúl.

Walter no supo de la existencia de esas cartas hasta el día en que su madre murió. [música] Y cuando las leyó, según contaron sus sobrinas, lloró durante 6 horas sin parar. Una de esas cartas, la última, escrita pocos días antes de la muerte de Aurora, contenía una sola frase. Era una orden. Era también una promesa que Walter tenía que cumplir desde el día en que ella muriera.

 Y esa frase escrita con mano temblorosa por una mujer de 94 años es la que Walter Mercado cumplió hasta su último aliento. Vamos a volver a esa carta. Porque lo que decía [música] cambió la vida de Walter de una manera que solo se entiende al final. Aquí es donde todo cambia. Mientras tanto, Walter seguía construyendo su personaje.

 Después de aquella conversación en el malecón, su vida tomó un giro brusco. Empezó a aparecer en castings. Lo llamaron para una pequeña telenovela puertorriqueña. Hizo dejar dinero. Apareció en pantalla durante 3 minutos. Pero esos 3 minutos fueron suficientes para que un productor de Telemundo Puerto Rico llamado [música] Tommy Muñiz se fijara en él.

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