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Bette Davis: Nunca se dobló… aunque intentaron destruirla

Bet Davis llegó con la convicción de que si hacía bien su trabajo, el trabajo hablaría por sí mismo. Warner le enseñó que no. Warner decidía qué actriz hacía qué papel. Si rechazabas, te suspendían. [música][carraspeo] Si insistías, la suspensión se alargaba. Y cada semana de suspensión no contaba hacia el fin del contrato.

El reloj se detenía mientras Warner esperaba que te rindieras. Era un sistema diseñado para que el cansancio hiciera lo que el contrato no podía. P Davis no se cansó y eso lo cambiaba todo. No era difícil, era la única que no se dobló y eso Warner no podía permitirlo. En Warner Bros, Bety Davis encontró lo que necesitaba para construir algo real.

los recursos, la infraestructura, la maquinaria de un estudio que sabía hacer películas, pero encontró también lo que iba a costarle décadas gestionar, un sistema de control absoluto sobre su carrera que no contemplaba que ella tuviera opiniones propias sobre los papeles que hacía, los directores con los que trabajaba o las condiciones bajo las que actuaba.

Para la mayoría de actores, las condiciones de Warner eran simplemente la realidad del negocio, algo que aceptabas o no tenías carrera. Para Bet Davis no eran aceptables y esa diferencia lo cambiaba todo. Los primeros años en Warner Bros fueron los años de construir la carrera a pesar del sistema. No gracias a él.

Bet Davis hacía las películas que le asignaban y las hacía bien, con esa intensidad que sus profesores habían llamado advertencia y que en la pantalla se convertía en algo completamente diferente, presencia. La capacidad de ocupar el encuadre de una manera que hacía imposible mirar a cualquier otra cosa mientras ella estaba ahí.

En 1935 ganó su primer Óscar por Peligrosa, un papel que Warner le había asignado casi como castigo por su comportamiento y que ella convirtió en una de las actuaciones más recordadas de la década. fue la confirmación de lo que ella sabía y de lo que Warner sabía también, aunque no le convenía admitirlo, que Bet Davis era la actriz más importante de su estudio, quizás de Hollywood, y que eso no era una buena noticia para un sistema construido sobre el control.

Porque cuando alguien es imprescindible, pierde su interés en obedecer. Entiende que tiene un poder que antes no tenía. Empieza a hacer preguntas que antes no hacía. empieza a rechazar cosas que antes aceptaba porque no había alternativa y el sistema, que funciona sobre la base de que nadie es imprescindible, no sabe qué hacer con alguien que lo es.

Solo sabe apretar más. Warner apretó más papeles que Bet consideraba por debajo de su nivel, más suspensiones cuando se negaba. Más presión para que entendiera que Warner era el que mandaba, independientemente de cuántos ócars tuviera en casa. El mensaje era claro. Eres nuestra actriz, no eres una persona, eres un activo.

Y los activos no tienen opiniones. En 1936, mientras Warner le ofrecía otro papel que ella consideraba inaceptable, llegó una oferta de un productor británico, Ludovic Tweplitz, para hacer dos películas en Inglaterra. Bet quería ir. La oportunidad de trabajar fuera del sistema de Warner, de hacer películas diferentes, de demostrar que podía más de lo que Warner le permitía demostrar fue sin permiso.

Warner reaccionó de inmediato. Suspensión sin sueldo, llamadas a sus abogados, amenazas de consecuencias legales. Y cuando quedó claro que Bet Davis no iba a volver sola, Warner fue más lejos. La demandó en un tribunal inglés para impedir que trabajara en Inglaterra. o en cualquier otro lugar fuera de Warner Bros.

Era la primera vez que un estudio de Hollywood llevaba a una actriz a juicio de manera pública, con cobertura periodística, con argumentos que el mundo podía leer. Warner sabía lo que arriesgaba. La atención podía volverse en su contra, pero sabía también que si perdía ese caso, cualquier otro actor podría hacer lo mismo.

Y eso era un riesgo que no podía asumir.  Davis se jugaba todo, no solo el caso, su carrera entera. Perder y volver a Warner humillada era una cosa. Perder y quedarse sin estudio, con las deudas del juicio encima en un país extranjero, sin ingresos, era otra. Su argumento era simple y moralmente irrefutable.

Ese contrato era una forma de servidumbre que ninguna persona debería poder ser obligada a trabajar para alguien durante 7 años sin posibilidad de salir, bajo condiciones que no podía rechazar con sanciones que extendían el contrato indefinidamente cada vez que se resistía. Era un argumento moral y los argumentos morales raramente [carraspeo] ganan en los tribunales cuando se enfrentan a contratos firmados.

El juicio se celebró en Londres. Betty Davis lo perdió. El juez falló a favor de Warner Bros en todos los puntos. El contrato era válido, las restricciones eran legales. Bete tenía que volver a Hollywood, volver al estudio y seguir haciendo las películas que Warner le asignara. Había perdido, ¿o eso parecía? Bete Davis volvió a Hollywood con las deudas del juicio que eran considerables.

Porque litigar contra un gran estudio en un tribunal extranjero no es barato, y porque había pagado sus propios abogados mientras Warner pagaba los suyos con el dinero del estudio. Su madre Ruty, que había vendido cosas para ayudarla durante el proceso, estaba exhausta. Los que rodeaban a Bete le decían que había aprendido la lección, que ahora entendía que el sistema era más fuerte que cualquier persona y que lo mejor era aceptar las condiciones y seguir adelante.

Betty Davis no había aprendido esa lección, había aprendido otra. Lo que pasó después del juicio es algo que merece contarse despacio, porque Bet Davis volvió a Hollywood, volvió al estudio, volvió a trabajar con Warner y en los años siguientes hizo algunas de las películas más importantes de su carrera.

¿Cómo es posible eso? ¿Cómo vuelves a trabajar con éxito real con el hombre que te acaba de demandar y ganar? Eso viene después, pero la respuesta cambia completamente la manera de entender esta historia. Pero primero hay que entender lo que ese juicio significó en su momento, no solo para Bete Davis, para toda la industria, porque lo que se juzgó en ese tribunal de Londres no fue solo un contrato entre una actriz y un estudio.

se juzgó si los contratos de Hollywood podían encadenar a una persona a trabajar para alguien durante años sin posibilidad de negociar, sin posibilidad de salir, bajo condiciones que la persona no había podido rechazar en el momento de firmar, porque no hacerlo significaba no tener carrera. El juez dijo que sí, que esos contratos eran legales y que Bet Davis estaba obligada a cumplirlo.

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