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ÚLTIMA HORA: HARFUCH PURGA a 12 POLICÍAS MUNICIPALES que PROTEGÍAN al CJNG en JALISCO!

Eso significa que de acuerdo con esos registros, el [música] cártel estaba pagando el equivalente a casi un tercio de la nómina policial completa de Chiquilistlán. No compraba agentes sueltos, compraba la corporación. Pero la narconómina no se detenía en los municipios rurales. También aparecieron pagos a corporaciones estatales, 400,000es a una policía estatal identificada como los negros, 40,000 pesos a la estatal de caminos, 16,000 pesos a la policía vial del estado, distribuidos en entregas semanales de 2,000 pesos en Sayula y un

pago de 8000 pesos en Acatlán de Juárez, tres corporaciones distintas. en un solo mes recibiendo dinero del cártel más peligroso [música] de México. Y ese dato es el que conecta la narconómina con la estrategia de Harpunch. Porque lo que esos papeles mostraron no fue una red aislada de corrupción policial, fue un sistema organizado de protección institucional que funcionaba con la misma lógica que cualquier nómina empresarial.

Pagos fijos, periodicidad semanal, control de conceptos, distribución por zonas. El Mencho no sobornaba a policías de forma casual, [música] los tenía en nómina y esa nómina ahora está en manos de la FGR. Pero hay un detalle dentro de esos documentos que pocos han analizado con la profundidad que merecen. Las libretas no solo registraban los pagos, registraban los conceptos.

Es decir, no decían simplemente policía de Chiquilistlán, [música] 86,000. Desglosaban semana por semana con fecha el monto entregado a cada municipio, bajo qué concepto y en qué zona. Eso convierte a la narconómina en algo más que una prueba de corrupción. la convierte en un mapa operativo porque cada pago a una policía municipal es al mismo tiempo la confirmación de que esa zona estaba bajo control del cártel.

Y cada corporación que aparece en la lista es una zona donde el Estado no tenía presencia real, sino presencia nominal, una fachada institucional detrás de la cual operaba el CJNG sin ningún tipo de resistencia. Esos documentos no son solo evidencia judicial, son inteligencia. estratégica porque permiten reconstruir municipio por municipio, el mapa de protección que el CJNG tenía montado en Jalisco antes de que el cerco federal lo alcanzara.

Y esa reconstrucción es la que está permitiendo ahora identificar qué corporaciones siguen comprometidas, qué mandos policiales fueron parte del esquema y qué funcionarios locales facilitaron que el cártel operara como si tuviera derecho de piso. Institucional. Harf lo dejó claro en conferencia.

La Fiscalía General de la República ya tiene carpeta de investigación abierta. Las investigaciones incluyen a policías municipales, [música] policías estatales y a otras personas que presuntamente mantenían vínculos con el grupo criminal. Y aunque descartó por ahora la participación de políticos, fue enfático en algo que nadie debería pasar por alto, donde haya un indicio y una prueba clara para abrir o iniciar una investigación contra cualquier servidor público o civil. Así se hará.

Esa declaración no fue retórica. fue la señal de que el cerco ya no solo apunta a los criminales que disparan, apunta a los que visten [música] uniforme y miran para otro lado. Ahora bien, la historia no terminó en los papeles de Tapalpa, porque lo que vino después demostró que la infiltración del CJNG en las corporaciones policiales no era un problema exclusivo de Jalisco.

En febrero de 2026, tras el abatimiento del mencho en el operativo de Tapalpa, la violencia del CJNG estalló en 22 estados del país y en medio de los bloqueos, los incendios, las balaceras y las represalias, las autoridades no solo detuvieron a sicarios y operadores del cártel, también cayeron policías. En Michoacán, 11 policías municipales de Ecuandureo fueron asegurados durante los operativos posteriores al abatimiento.

[música] 11 uniformados que, según la Fiscalía Estatal estaban ni siquiera registrados como elementos activos ante el secretariado ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Es decir, operaban fuera de todo control institucional, portaban indumentaria táctica, llevaban parches de las fuerzas especiales del R1, una célula del CJ y su función era servir de halcones para la organización criminal desde dentro de la propia policía municipal.

Ese dato no fue un escándalo menor, fue una radiografía del nivel de penetración que el CJNG [música] había logrado en corporaciones municipales enteras. 10 de los 11 detenidos eran originarios de Jalisco, no de Michoacán. Es decir, el cártel no había reclutado policías locales. Había enviado a sus propios hombres a infiltrar una corporación municipal en otro estado, vestirlos con uniforme y darles placa para que funcionaran como vigilantes del cártel desde dentro de la propia estructura del estado. Los parches que les encontraron

entre sus pertenencias hacían referencia directa a las fuerzas especiales del R1. una célula del CJNG liderada por Rubén Guerrero, hijo del tío Laco. El propio R1 también fue abatido durante los enfrentamientos del 22 de febrero, lo que confirma que los policías infiltrados [música] en Ecuandureo formaban parte de la misma estructura operativa que protegía al Mencho en la zona.

Y para Harfuch fue la confirmación de que la purga no podía limitarse a Jalisco, tenía que abarcar a todo el país. Pero la pieza que terminó de armar el rompecabezas vino después, [música] en abril de 2026, desde un lugar que pocos tenían en el radar, Manzanillo, Colima. La presidenta municipal Rosy Vallardo anunció la detención de ocho policías municipales de Manzanillo por sostener vínculos directos con el cártel Jalisco Nueva Generación.

No eran agentes recién ingresados. Tenían entre 8 y 25 años de servicio dentro de la corporación. Y el detalle que le dio una nueva dimensión al caso fue la forma en que se comunicaban con el cártel, una aplicación de mensajería cifrada llamada Trima, una plataforma diseñada para evitar cualquier tipo de rastreo que los policías usaban para reportar en tiempo real al CJNG, las detenciones que se realizaban, la instalación de puntos de revisión, la atención a reportes del C5I y los movimientos de las fuerzas federales en la zona. Eso significa que

cada vez que las autoridades montaban un operativo, el cártel ya lo sabía. Cada vez que se instalaba un retén, el cártel recibía la alerta. Cada vez que había una denuncia ciudadana que activaba al C5I, el cártel tenía la información antes de que la patrulla llegara al lugar. La policía municipal de Manzanillo no solo estaba infiltrada, funcionaba como central de inteligencia del CJNG [música] y ese es el tipo de hallazgo que convierte una detención local en un expediente de alcance federal. Porque si ocho policías con

décadas de servicio usaban mensajería cifrada para filtrar información al cártel en Manzanillo, la pregunta que llega al escritorio de Harf no es cuántos más había en esa corporación, es cuántas corporaciones más en el país [música] operan con el mismo esquema sin que nadie lo haya detectado todavía. Sumemos.

Cuatro policías en el sur de Jalisco, incluido un director municipal, detenidos en noviembre. 11 policías en Ecuandureo, Michoacán. capturados en febrero, operando fuera de cualquier registro oficial. Ocho policías en Manzanillo, Colima, detenidos en abril por filtrar información sensible al cártel con tecnología de encriptación y la narconómina del Mencho, que documenta pagos a policías municipales y corporaciones estatales en al menos cinco municipios de Jalisco.

Todo eso en menos de 6 meses. La lectura desde el gabinete de seguridad es clara. La infiltración policial no era un efecto colateral de la presencia del CJ. Era parte de su modelo de negocio. El cártel no solo compraba protección, construía redes institucionales paralelas que le permitían operar con impunidad en territorios donde el Estado creía tener presencia.

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