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CAE Jesús “N”, presidente municipal de Cuautla, Morelos, acusado por $480 MILLONES desaparecidos

1000 elementos federales llegaron por él y aún así desapareció. Era el 20 de mayo cuando las fuerzas del gobierno de México cerraron las calles de Cuautla, la segunda ciudad más importante de Morelos. Buscaban a un hombre en específico, no a un sicario, no a un operador de plaza. Buscaban al presidente municipal en funciones, pero cuando los agentes entraron, él ya no estaba.
Durante 10 días, Jesús Corona Damián se convirtió en un fantasma. El alcalde de una ciudad de casi 200,000 habitantes, el político que gobernaba desde el palacio municipal, ahora huía de las mismas instituciones que decían perseguir el crimen. 10 días sin aparecer, 10 días en los que nadie sabía dónde estaba, hasta que lo encontraron muy lejos de casa.

La tarde del sábado 30 de mayo, en una colonia frente al mar en Acapulco, Guerrero, el hombre más buscado de la política morelense fue finalmente detenido. Llevaba consigo un arma corta, no opuso resistencia. Y así terminó una de las fugas más comentadas del año. Detengámonos un segundo en lo insólito de esa imagen.
No hablamos de un capo escondido en la sierra, ni de un sicario buscado durante años. hablamos de un presidente municipal en ejercicio electo en las urnas que en lugar de presentarse ante la justicia decidió esconderse de ella. Un alcalde convertido en prófugo. En la política mexicana eso no se ve todos los días. Pero, ¿quién es Jesús corona Damián? Y sobre todo, ¿cómo es que un alcalde en funciones terminó escondido en una playa perseguido por la Fiscalía General de la República? Corona no era un improvisado, es un político de carrera, un hombre que
conoce los pasillos del poder en Cuautla como pocos. Ocupó cargos dentro de la administración municipal durante años antes de llegar, no una, sino dos veces, a la presidencia de la ciudad. Conocía el sistema desde adentro, sabía cómo funcionaba y, según las autoridades federales también supo cómo aprovecharlo.
Lo más inquietante es que él mismo había retado a que lo investigaran. En más de una ocasión, frente a cámaras y micrófonos, negó cualquier vínculo con grupos criminales. Llegó incluso a presentar denuncias después de ser señalado en público. “Que se me investigue”, dijo. Y vaya que lo investigaron. Lo que no imaginaba, o quizá lo que esperaba que nunca saliera la luz es que para entonces ya existía una carpeta abierta en su contra, una investigación que llevaba meses tomando forma en silencio, alimentada por algo que las cámaras ya habían captado tiempo
atrás. En realidad, el reloj de este caso había empezado a correr más de un año antes. Desde principios de 2025, la Fiscalía Federal ya tenía abierta una indagatoria que apuntaba al alcalde de Cuautla y a otros funcionarios de la zona oriente del estado. El expediente crecía en silencio, sumaba documentos, reunía testimonios y mientras tanto, Corona seguía despachando como si nada, repitiendo que no tenía nada que ocultar, porque antes de la fuga, antes del operativo, antes de Acapulco, hubo una reunión. Una reunión que Corona
jamás debió permitir que quedara grabada y el hombre que estaba sentad

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