Posted in

EL SANTO vs BLUE DEMON: nunca apostaron sus máscaras, el misterio más grande de su rivalidad

5 de febrero de 1984, Ciudad de México. Miles de personas se amontonan en las calles alrededor del Panteón Jardín. Hay llantos, hay gritos, hay silencio, porque hoy se entierra al hombre más famoso de México que nunca mostró su cara. Rodolfo Guzmán Huerta, el santo, el enmascarado de plata, acaba de morir de un infarto fulminante a los 66 años.

 Su cuerpo está dentro de ese ataúdate todavía puesta porque así lo pidió. Pero hay un detalle que a casi nadie le importa en ese momento y que debería importarle a todos. De pie frente al féretro montando guardia de honor, hay un hombre que pasó 32 años siendo su rival más feroz. Un hombre que lo golpeó en un ring, que le arrebató un campeonato mundial que compitió con él por el trono de la lucha libre durante tres décadas. Blue Demon.

 Ese hombre está ahí parado en silencio, despidiendo a quien supuestamente odiaba. ¿Por qué? Mi nombre es Emiliano Herrera  y lo que vas a escuchar en los próximos 25 minutos no es la historia de una pelea, es la historia de un misterio, porque el Santo y Blue Demon se enfrentaron cientos de veces en el cuadrilátero.

 Filmaron nueve películas juntos. Fueron los dos nombres más grandes que la lucha libre mexicana ha producido, pero nunca. Jamás apostaron sus máscaras uno contra el otro y después de más de 70 años, nadie sabe exactamente por qué. Para entender lo que pasó entre estos dos hombres, necesitas conocer de dónde vinieron, porque no vinieron del mismo mundo.

 Rodolfo Guzmán Huerta nació el 23 de septiembre de 1917 en Tulancingo, Hidalgo. Era el quinto de siete hermanos. Su familia no tenía dinero. Cuando era niño se mudaron al barrio de Tepito, en la Ciudad de México, uno de los barrios más duros del país. El chamaco creció entre calles de tierra y mercados callejeros. Practicó béisbol, fútbol americano, Yujitsu, todo lo que tuviera contacto físico le gustaba.

 Y a los 17 años, en 1934, subió por primera vez a un cuadrilátero profesional. No era el santo todavía, ni de cerca. Luchó como Rudy Guzmán, después como el hombre rojo, después como el demonio negro, después como el murciélago enmascarado. Segundo, nombre tras nombre, máscara tras, buscando uno que le quedara. Mientras tanto, a cientos de kilómetros al norte, otro chamaco crecía en circunstancias parecidas.

Alejandro Muñoz Moreno nació el 24 de abril de 1922. Era el quinto de 12 hermanos en una familia de campesinos. Se mudó joven a Monterrey, donde terminó trabajando en una estación de ferrocarril. Le pusieron un apodo, manotas, porque tenía unas manos enormes. Un día, un luchador llamado Rolando Vera lo vio y dijo algo que cambiaría todo.

Tú tienes cuerpo para esto. Lo entrenó. Y el 12 de marzo de 1948 en Laredo, Texas, Alejandro Muñoz debutó como profesional, sin máscara, con su nombre real. Nadie lo conocía, pero eso estaba a punto de cambiar porque seis meses después cruzó la frontera de regreso a México con un nombre nuevo, un nombre que iba a perseguir a el santo durante el resto de su vida, Blue Demon.

Para 1942, Rodolfo Guzmán por fin encontró su nombre definitivo. Su entrenador, Jesús Lomelí, estaba formando un nuevo equipo. Quería trajes plateados y le dio a escoger entre tres nombres: el santo, el  o el ángel. Guzmán escogió el santo y debutó con esa máscara de plata en la ciudad de México ese mismo año.

El espectacular cameo de El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras en WWE

 La elección fue casi profética porque durante las siguientes cuatro décadas México no lo trataría como un luchador, lo trataría como un santo de verdad, un símbolo de justicia, una leyenda viviente que comía, dormía y viajaba con la máscara puesta.  Incluso usaba una versión especial con la boca abierta para poder comer en restaurantes sin que nadie viera su rostro.

 Tomaba vuelos separados de su equipo para que nadie lo viera sin máscara. Iba al banco con máscara, a la tienda con máscara. Sus propios vecinos no sabían quién era el hombre que vivía al lado. Y en septiembre de 1952, semanas antes de la noche que cambió todo, nació algo que multiplicó su leyenda, un cómic semanal llamado Santo, el enmascarado de plata.

 Lo creó José Guadalupe Cruz con una técnica única, fotomontaje, usando fotografías reales del luchador recortadas y pegadas sobre fondos dibujados a mano. El cómic se publicó sin interrupción durante más de 30 años. 30 años. En su mejor momento salía hasta tres veces por semana y convirtió a El Santo en algo más que un luchador o un actor.

 Lo convirtió en un mito viviente accesible para cualquier chamaco que tuviera unas monedas. Pero en los años 40 el santo no era el héroe de todos, era un rudo, un villano dentro del ring y tenía un compañero de equipo, Gory Guerrero. Juntos formaron la pareja atómica y su mayor rivalidad era contra otra dupla, los hermanos Shadow.

¿Quiénes eran los hermanos Shadow? Dos luchadores que en realidad no eran hermanos. Uno era Black Shadow, su nombre real, Alejandro Cruz Ortiz. Y el otro era un recién llegado del norte con manos enormes y un nombre que sonaba a pesadilla. Blue Demon. Cuenta la historia que les pusieron hermanos, porque un día, en una batalla real donde el último en pie ganaba, ellos dos quedaron al final y se negaron a pelear entre sí.

Le dijeron al público que eran hermanos y así nació el nombre. Ahora párate un segundo y observa el tablero. El Santo y Gory Guerrero de un lado, Blue Demon y Black Shadow del otro, cuatro hombres, dos bandos y en medio las arenas más ruidosas de México. Nadie imaginaba que de esa configuración iba a salir la rivalidad más grande en la historia de la lucha libre y que todo iba a empezar con una sola noche.

 7 de noviembre de 1952, Arena Coliseo, Ciudad de México. Lo que ocurrió esa noche se conoce hasta hoy como la madre de todas las luchas de apuestas. El Santo contra Black Shadow. Máscara contra máscara. El perdedor se quita la máscara frente a todo el público y revela quién es. Para siempre. En la lucha libre mexicana, perder la máscara no es perder un accesorio, es perder tu identidad, tu misterio, tu poder.

 Es como si un superhéroe revelara su nombre al mundo entero y nunca pudiera volver atrás. La pelea duró aproximadamente 70 minutos. 70 minutos de castigo, llaves, caídas, hasta que el santo ganó. Black Shadow perdió y según la tradición debía quitarse la máscara él mismo con dignidad, con respeto. Pero lo que pasó después no siguió ninguna tradición.

 El santo, eufórico, enloquecido por la victoria, intentó arrancarle la máscara a Black Shadow con sus propias manos. No esperó a que Black Shadow se la quitara. Quiso hacerlo él a la fuerza. Y en ese instante, un instante que cambió la historia de la lucha libre para siempre, alguien saltó al ring. Blue Demon, el mejor amigo de Black Shadow, su hermano de equipo, su compañero de guerra.

Read More