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JORGE CAMPOS: CONFESÓ LO QUE LE HACIA A DANIELA CASTRO , LA ACTRIZ DE TELEVISA

JORGE CAMPOS: CONFESÓ LO QUE LE HACIA A DANIELA CASTRO , LA ACTRIZ DE TELEVISA

mejor portero mexicano de la historia, portero más extravagante del fútbol mundial, tres mundiales con la selección nacional y este mismo hombre destrozó a la actriz Daniela Castro, la estrella más reconocida de Televisa, mientras su propio padre estaba secuestrado con un rescate de millón de dólares puesto encima de su cabeza.

Te lo advierto, no es coincidencia. Hoy vas a conocer la verdad oscura detrás del Brody. lo que hizo para que Daniela Castro tuviera que huir y desaparecer para siempre. Y lo que le hicieron a los secuestradores después del rescate de su padre, todavía más macabro que el millón de dólares. La trágica verdad detrás del portero que la prensa mexicana adoró durante décadas, ningún medio del país se atrevió a contarla completa hasta hoy.

Pero antes debes entender porque lo que pasó esa madrugada de febrero de 1999, la actriz que huyó, el padre secuestrado, la grabación que existe y que la familia Campos jamás permitió que se hiciera pública. Todo eso tiene un origen, un punto exacto en el tiempo donde el destino del Brody se torció para siempre.

Y ese punto tampoco estaba en Hong Kong. No estaba dentro de un mundial ni en ningún estadio del país. Ese punto estaba en una casa pequeña de paredes blancas a tres cuadras del aeropuerto de Acapulco, donde un niño bajito, flaco, de piel quemada por el pateaba piedras imaginando que eran balones de cuero. Era el 15 de octubre de 1966 y ese niño se llamaba Jorge Francisco Campos Navarrete, el último de ocho hermanos, el más pequeño de la familia y el chamaco que terminaría sosteniendo a todos los demás cuando la vida se cobrara la primera cuenta. La segunda,

la tercera. Acapulco en los años 60 era una ciudad partida en dos. Por un lado, [música] el lujo, las playas con las estrellas de Hollywood, los yates anclados frente al hotel Las Brisas, las fotos en blanco y negro de Frank Sinatra, John Wayne y Elizabeth Taylor bebiendo margaritas en bares con vista al Pacífico.

Esa era una Acapulco que el chamaco Campos no conoció nunca. Su Acapulco [música] era otra, la del barrio humilde detrás del aeropuerto, la del centro deportivo Polvoriento, donde su [música] padre, un hombre fornido, de manos gruesas y voz potente, daba clases de fútbol a otros muchachos del puerto desde las 6 de la mañana y la de la cocina de su madre, donde se cocinaba para ocho hijos con lo que alcanzaba.

Su padre se llamaba Álvaro Campos González, pero nadie en Acapulco lo conocía por ese nombre. Lo llamaban ño Campos y ese apodo era respetado en cada esquina del [música] puerto porque Ñoño era el hombre que había fundado la Liga de Fútbol de Acapulco, [música] el que cargaba las redes oxidadas a las canchas valdías, el que sabía ver antes que nadie qué chamaco descalso podía llegar lejos.

Ñoño Campos veía esas cosas y a su hijo más pequeño, al chamaco Jorge, lo veía con una mezcla de orgullo y miedo, porque desde los 7 años el niño no jugaba como los demás. Era el más bajito de la cuadra, el más flaco, el que parecía que se quebraba en el primer choque. Pero adentro de la portería, parado entre dos piedras puestas como postes, se transformaba.

Saltaba más alto que muchachos que le sacaban dos cabezas. atajaba pelotas que ya nadie creía atajable y cuando le aburría estar de portero, salía corriendo del arco a meter goles él mismo. A los 12 años Jorge ya jugaba en las dos posiciones y a los 12 años también pasó algo dentro de la familia Campos que el Brody jamás contó públicamente, algo que marcaría su forma de relacionarse con las mujeres durante el resto de su vida.

Pero esa parte la vamos a contar después, porque todavía hay otra cosa que tienes que entender primero. A los 15 años, Ñño Campos llevó a su hijo a una prueba con un equipo amater llamado Los Delfines Blancos de Acapulco. El chamaco era tan pequeño que el entrenador soltó una carcajada apenas lo vio bajar del camión.

Le dijo a ño que se llevara al niño de regreso a su casa porque ahí no había lugar para enanos. Ñoño miró al entrenador con esos ojos suyos, esos ojos que en Acapulco se respetaban, y solo le pidió una cosa, que lo viera atajar durante 10 minutos, 10 minutos. y el entrenador se quedó callado. El Brody jugó esa misma tarde un partido completo.

[música] Atajó seis disparos imposibles, salió del arco a meter dos goles él mismo y al final el entrenador que se había reído de él le dijo a Ñoño Campos que firmara los papeles porque el chamaco se quedaba. Ese día en esa cancha polvorienta de Acapulco empezó todo. 3 años después, Jorge Campos llegaba a las pruebas de los Pumas de la Universidad Nacional Autónoma de México.

[música] Lo llevaba personalmente Ñoño, en un autobús de segunda clase desde Acapulco a la Ciudad de México, con una sola maleta, con tres camisetas dobladas y con un sobre de papel manila guardado debajo del asiento. Dentro de ese sobre había algo, algo que ño Campos llevaba como un secreto cargado en silencio durante años.

Algo que tenía que entregar a un hombre dentro de las oficinas de ciudad universitaria, un hombre llamado Miguel Mejía Varón, [música] lo que había dentro de ese sobre y lo que ño Campos negoció ese día para que su hijo más pequeño entrara a los Pumas. Es la primera pieza del rompecabezas que vas a entender esta noche, porque Jorge Campos no llegó a los Pumas solo por su talento, llegó por otra cosa también.

Y esa otra cosa te la voy a contar más adelante, pero primero hay algo todavía más importante que tienes [música] que escuchar. Cuando el autobús de segunda clase llegó a la terminal de la Ciudad de México, eran las 5:15 de la mañana del 14 de julio de 1987, Ñoño Campos cargó la maleta de su hijo Jorge sobre el hombro.

sostuvo el sobre de papel manila debajo del brazo y los dos se subieron a un taxi rumbo a ciudad universitaria, lo que pasó esa mañana adentro de las oficinas de Miguel Mejía Varón sigue siendo [música] hasta hoy un misterio guardado por la familia Campos. Mejía Varón era el director técnico [música] de las fuerzas básicas de los Puma.

Un hombre serio, callado, de pocas palabras. Conocí a ñoño Campos desde hacía más de 15 años. Y aquella mañana de julio [música] ñoño le entregó ese sobre encima del escritorio. Le dijo solo dos cosas, [música] que el chamaco que estaba sentado afuera de la oficina era su hijo más pequeño y que ese chamaco tenía algo que él mejía [música] varón iba a querer ver, lo que había dentro del sobre.

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