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Los Momentos que Nadie Olvidará del Papa León XIV | Un Año SOSTENIENDO El Mundo

Hay hombres que llegan al poder buscándolo y hay hombres a los que el poder los encuentra  casi sin avisarles. León XV es del segundo tipo. Un año atrás, el 8 de mayo de 2025, el humo blanco salió de la chimenea de la capilla cistina y el mundo contuvo la respiración. Cuando el cardenal protodiácono pronunció su nombre ante la multitud, muchos se preguntaron,  ¿quién es ese hombre? Hoy, un año después, el mundo ya lo sabe, pero nosotros queremos ir más allá del nombre. Queremos recordar los momentos,

los gestos concretos, las palabras que pesaron como montañas, las decisiones que ningún titular de periódico pudo resumir en una sola línea. Porque León XIV no es solo el primer papa nacido en Estados Unidos, no es solo el primer papa agustino de la historia. No es solo el hombre que durante décadas caminó descalso por los Andes peruanos antes de llegar al balcón de San Pedro.

Es todo eso al mismo tiempo y algo más. Nosotros que hemos seguido cada paso de su pontificado, queremos recordar contigo los 10 momentos que definieron este primer año, no como un noticiario, sino como lo que realmente fueron. 10 encuentros entre un hombre de fe y el peso del mundo. Porque hay un papa que no solo habla de la paz, que la va a buscar, que se quita los zapatos antes de entrar a una mezquita, que permanece en silencio ante las ruinas de un puerto destruido, que llora con los pobres de Beirut, que le dice a un estadio lleno

de jóvenes que no malgasten su vida, que le pone límites a la inteligencia artificial con la misma serenidad con la que alguna vez construyó capillas de adobe en Los Andes. Esta es su historia, este es su año. Quédate con nosotros porque este recorrido no te lo va a dar ningún noticiero. Primer momento,  el balcón que detuvo al mundo.

El día jueves 8 de mayo de 2025, eran las 7:23 de la noche en Roma cuando las cortinas de terciopelo se abrieron. Museta roja, manos juntas. Una sonrisa apenas insinuada, los ojos húmedos por algo que no era exactamente alegría, sino algo más profundo, el peso de lo que acababa de aceptar. Robert Francis Prebost, hoy día con 70 años, nacido en Chicago, forjado los andes peruanos, apareció ante el mundo como León XIV, el papa número 267 de la Iglesia Católica.

Pero lo que nadie esperaba fue lo primero que dijo. No habló en inglés, su lengua materna. No habló en italiano, el idioma de Roma. habló en español.  Un español con acento andino, con el ritmo pausado de quien ha aprendido a escuchar antes de hablar. La paz sea con todos vosotros. 10 palabras.

Y la palabra paz la repetiría ese día 10 veces más. Después habló en italiano y al final en latín  bendijo al mundo entero, Urbiorbi, a la ciudad y al mundo. La plaza de San Pedro, que segundos antes rugía, se quedó en silencio, no de decepción, de asombro, porque ese hombre parado en el balcón no parecía un rey que tomaba su trono, parecía un pastor que acababa de recibir la encomienda más grande de su vida.

y que todavía estaba tratando de entender qué hacer con ella.  En su primera aparición ante el mundo, León XIV guardaba en su bolsillo una cruz de madera tallada por un niño de los Andes. Nadie lo sabía,  nadie lo vio, pero él la llevaba consigo porque los pastores de verdad no llegan solos a ningún lugar.

Segundo momento, la misa inaugural. 200,000 testigos. Domingo 18 de mayo de 2025. 10 días después de su elección, el mundo volvió a detenerse. La plaza de San Pedro amaneció ese 18 de mayo abarrotada de rostros. Abuelas con rosarios, jóvenes con mochilas de todas las banderas del mundo, familias con niños dormidos sobre los hombros.

Se contaron más de 200,000 personas, 150 delegaciones oficiales, líderes de estado, patriarcas, presidentes. Antes de la ceremonia, León XIV recorrió la plaza en el papamóvil. La gente gritaba, “¡Viva el Papa!” Y él respondía con una sonrisa tranquila, la misma que tiene. Quién sabe que no está ahí para recibir aplausos, sino para repartir esperanza.

La misa fue austera, pero llena de gestos que dirían mucho sobre lo que vendría. En el momento de la investidura, cuando el cardenal Luis Antonio Tagle le entregó el anillo del pescador, León XIV pareció visiblemente conmovido. Sus ojos se humedecieron. Era el anillo que han llevado todos los sucesores de Pedro. Ahora era suyo.

En su homilía no habló de grandeza, habló de servicio. Esta es la hora del amor, dijo. No vengo como autócrata, vengo como hermano. Y al terminar, antes de retirarse, hizo algo que no estaba en el protocolo. se quedó un momento más mirando a la multitud, como quien quiere grabar en su memoria cada rostro, como quien sabe que ese mar de personas no es una audiencia, es su familia.

Tercer momento, el gesto ecológico que renovó el calendario litúrgico. Jueves 3 de julio de 2025 hubo una decisión que pasó casi desapercibida entre los titulares del mundo, pero que  en la historia de la iglesia quedará registrada como un acto profético. El 3 de julio de 2025, apenas dos meses después de su elección, León XIV aprobó la introducción de una nueva celebración litúrgica en el Misal Romano.

La misa por el cuidado de la creación no era un gesto político, era una declaración teológica. Un papa que había caminado por comunidades andinas donde el agua escasea, donde las lluvias arruinan cosechas enteras, donde el clima no es un debate académico, sino una cuestión de vida o muerte. Entendía mejor que nadie que cuidar la tierra no es una opción ambiental, es un mandato evangélico.

El 9 de julio celebró el mismo esa misa por primera vez. No hubo gran fanfarria, no hubo cámaras en primera fila, solo un hombre vestido de blanco,  de pie ante el altar, rezando por la casa que Dios nos prestó y que nosotros,  generación tras generación hemos devuelto más rota de como la recibimos. Algunos lo llamaron continuidad con el legado de Francisco y su laudato.

Sí, pero quienes lo conocen bien dijeron algo diferente. Para León XIV esa oración no era política, era personal. Era la misma oración que rezaba de joven misionero cuando veía a las familias peruanas perder todo en una inundación y preguntarse dónde estaba Dios. La respuesta entonces y ahora era la misma. Dios estaba ahí.

esperando que sus hijos aprendieran a cuidar lo que él creó.  Cuarto momento, el día que la plaza se llenó de jóvenes santos. Domingo 7 de septiembre de 2025. Había algo diferente en la plaza de San Pedro ese domingo de septiembre. Las pancartas no eran de presidentes ni de cardenales, eran de dos chicos, uno con sudadera y zapatillas de deporte, otro con piolet de alpinista y sombrero.

Dos jóvenes italianos, separados por un siglo, unidos por algo que el mundo moderno apenas sabe nombrar. La santidad vivida en la calle. Más de 80,000 personas llenaron la plaza para ser testigos del momento en que León XIV canonizó a Carlo Acutis y Pier Georgio Frasati, los dos primeros santos de su pontificado.

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