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Así fue la SORPRENDENTE VIDA de SILVIA PINAL y su Mansión | Amores, Perdidas, Lujos

Así fue la SORPRENDENTE VIDA de SILVIA PINAL y su Mansión | Amores, Perdidas, Lujos

Silvia Pinal dijo una [música] vez y con esa seguridad que tienen las personas que ya no necesitan convencer a nadie de nada, dijo, “Aquí está construida mi vida entera. Vivencias, recuerdos, no me puedo ir de aquí.” Y no se fue. Vivió en esa misma casa desde 1961 hasta el último día de su vida.

La misma casa donde durmieron cuatro maridos distintos, donde Pedro Infante llegaba sin avisar, donde Juan Gabriel comía con la familia cuando todavía no era el divo que el mundo conoció, donde una hija creció, brilló y murió demasiado joven, donde Diego Rivera dejó colgado un retrato que hoy vale 3 millones dó y que México declaró patrimonio cultural de la nación, inamovible, eterno, clavado en la misma pared de roca volcánica para la que fue pintado.

Hoy vas a conocer esa casa por dentro. Vas a saber como una muchacha de Guaimas, sonora, que no sabía quién era su padre, que se casó a los 16 años para escapar de su propia casa, llegó a comprarla con el sueldo de una sola película. Vas a conocer al amor que ella misma confesó fue el más grande de su vida y porque ese amor la destruyó y la elevó al mismo tiempo.

Vas a entender que pasó esa madrugada de octubre de 1982, que partió su existencia en dos, un antes y un después, que ella describió como un reloj que se detuvo y nunca volvió a funcionar igual. Vas a saber por qué el Vaticano amenazó con escomulgarla. Porque el gobierno español ordenó destruir su película más importante y como ella la salvó escondiéndola dentro de su abrigo en un aeropuerto como si fuera una película de espías, porque literalmente lo fue.

Vas a conocer los matrimonios que México no olvidará, la violencia que nadie quería ver, los escándalos que sacudieron a la familia más famosa del espectáculo mexicano. Y vas a entender porque esa casa en jardines del Pedregal no es solo ladrillo y roca volcánica, sino el único testigo mudo de una vida que muy pocas personas en la historia han podido vivir con esa cantidad de gloria, de amor y de tragedia acumulada bajo un mismo techo.

Pero para entender esa casa hay que entender a la mujer que la construyó y para eso hay que empezar desde el principio, desde Guaimas. Guaimas es un puerto en el estado de Sonora, al noroeste de México, una ciudad de pescadores y calor intenso que mira hacia el Golfo de California. No es el tipo de lugar del que uno espera que salgan leyendas del cine internacional, pero el 12 de septiembre de 1931 nació ahí una niña que se llamó Silvia Pin Hidalgo y desde el primer momento su historia tuvo una capa de misterio. Su

madre se llamaba María Luisa Hidalgo Aguilar. tenía 15 años cuando la tuvo. 15. Y el hombre que engendró a Silvia, un señor llamado Moisés Pasquel, nunca formó una familia con ella, nunca estuvo presente. Silvia creció sin saber quién era su padre biológico. Lo descubrió muchos años después, ya siendo adulta, ya siendo famosa.

Y fue uno de esos datos que la vida te entrega tarde, cuando ya no cambia nada externamente, pero igual te remueve algo muy profundo por dentro. Quién sí [música] estuvo desde el principio fue su abuela Jobita. Fue ella quien en los primeros años cargó con la crianza de Silvia, mientras su madre era apenas una adolescente tratando de entender su propia vida.

Y cuando Silvia tenía 5 años, su madre se casó con un hombre llamado Luis Pinal Blanco, periodista, militar y político con cierta posición. Y ese hombre hizo algo que marcó a Silvia para siempre, [música] la reconoció como su hija y le dio su apellido. Silvia Pinal, así se llamó desde entonces, un nombre que no era el de su sangre, pero que se convirtió en el nombre más famoso que ese apellido jamás llevaría en toda su historia.

El problema con Luis Pinal era su trabajo. Lo obligaba a moverse constantemente por el país y la familia se movía con él. Puebla, Monterrey, Acapulco, Chilpancingo, Cuernavaca. Silvia fue una niña que nunca terminó de echar raíces en ningún lugar, siempre llegando a una ciudad nueva, siempre siendo la niña que no conoce a nadie, siempre aprendiendo a leer a las personas rápido, porque en cada escuela era la nueva y necesitaba saber en los primeros [música] días quién era amiga y quién no.

Eso te forma de una manera muy particular, te hace observadora, te hace adaptable, te hace capaz de entrar a un cuarto lleno de desconocidos y encontrar casi de inmediato cómo conectar, cómo pertenecer, cómo hacer que la gente te mire. Esas son exactamente las habilidades que necesita una actriz y Silvia las desarrolló desde niña sin saber todavía para qué le iban a servir.

Cuando la familia se instaló en la Ciudad de México, Silvia tenía 15 años y un padrastro estricto que supervisaba cada movimiento. En su autobiografía que publicó en 2015 con el título “Esta soy yo,” describe esa época con una honestidad que todavía hoy sorprende. Dice que vivía bajo un yugo, que las exigencias de Luis Pinal dentro de la casa eran tan rígidas que existir ahí se sentía como una restricción permanente, que respirar tenía reglas.

Y fue en ese contexto asfixiante que llegó algo que lo cambió todo, la radio. Silvia empezó a frecuentar una estación de radio donde se hacían programas de entretenimiento en vivo. Era el tipo de lugar donde la gente joven con inquietudes artísticas encontraba su primer espacio. Y ahí conoció a un grupo de publicistas que la invitaron a unirse a una compañía de teatro experimental que operaba en la ciudad de México.

Era una oportunidad pequeña, casi invisible, del tipo que la mayoría de la gente deja pasar porque parece que no lleva a ningún lado importante. Silvia no la dejó pasar. Su primera obra se llamó Los Caprichos de Goya y el director de esa obra era un hombre que iba a cambiar el rumbo de su vida por primera vez.

Se llamaba Rafael Bankels. Rafael Bankels tenía 35 años cuando conoció a Silvia. Ella tenía 15. Él era actor y director, un hombre con experiencia en el mundo del espectáculo que vio en esa muchacha alta de mirada intensa y presencia natural frente al público. Algo que valía la pena desarrollar, algo que no se aprende, algo que se tiene o no se tiene.

Empezaron una relación. Cuando Silvia tenía 16 años, Vanels le pidió matrimonio y ella aceptó de inmediato. [música] No porque estuviera profundamente enamorada, aunque algo sentía, eso no lo negó nunca. lo aceptó porque casarse con él significaba salir de la casa de su padrastro. Significaba libertad o lo que ella en ese momento creía que era libertad.

[música] En 1947 se casaron el padrino de bodas fue nada menos que Mario Moreno Cantinflas, que en ese entonces ya era el cómico más querido de México y una de las figuras más reconocidas del cine latinoamericano. Como regalo de bodas les dio 5000 pes. Silvia usó ese dinero para comprar un comedor, una sala y un colchón matrimonial.

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