En pleno fin de semana, mientras gran parte del país descansaba, la presidenta Claudia Sheinbaum demostró que la transformación de México no tiene pausas. Desde la calurosa frontera en Mexicali, Baja California, se llevó a cabo un evento que marca un antes y un después en la historia del sector energético nacional: la inauguración de la moderna planta de ciclo combinado “González Ortega”. Sin embargo, más allá de la imponente infraestructura, el mensaje fue claro y contundente: se terminó la era en la que el dinero de los impuestos y los recursos de la nación servían como botín para unas cuantas empresas privadas. Hoy, el Estado mexicano retoma el control para garantizar la luz, el desarrollo y la justicia social para todos los ciudadanos.
Uno de los momentos más reveladores e impactantes de la jornada fue cuando la presidenta ofreció una clase magistral de historia reciente, exponiendo cómo se intentó desmantelar de manera sistemática a la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Para entender la magnitud del daño, Sheinbaum recordó que en 1960 el entonces presidente Adolfo López Mateos tomó la decisión histórica de nacionalizar la industria eléctrica, comprando las acciones de empresas extranjeras, principalmente inglesas y estadounidenses. A partir de ese momento, la C
FE logró una hazaña monumental: pasar de un 40 por ciento de hogares con electricidad a un impresionante 85 por ciento en tan solo tres décadas, demostrando la capacidad y eficiencia de una empresa del Estado.

Sin embargo, a partir de la década de 1990, comenzó a imponerse una visión neoliberal que dictaba una mentira repetida hasta el cansancio: que lo público era inherentemente ineficiente y corrupto, y que todo debía privatizarse. Bajo este falso pretexto, se inició un oscuro periodo de saqueo legalizado. Se permitió la entrada de generadores independientes, empresas privadas a las que la CFE estaba obligada a pagarles contratos abusivos y leoninos. A estas empresas se les pagaba por su capacidad instalada, incluso si no estaban generando energía, lo que representaba un desangre financiero monumental para el país.
La presidenta no se guardó nada y desenmascaró también el fraude de las llamadas “sociedades de autoabasto”. Estas operaban en total impunidad y fuera de la ley, generando energía renovable en el sur y vendiéndola en el norte, utilizando toda la infraestructura y las líneas de transmisión de la CFE sin pagar un solo peso. Era, en palabras de la mandataria, una privatización silenciosa y voraz del sector eléctrico. El golpe final de esta estrategia de destrucción llegó en 2013 con la reforma energética, la cual fragmentó artificialmente a la CFE para debilitarla y ponerla a competir en condiciones de desventaja frente a los gigantes privados extranjeros.
La historia comenzó a cambiar cuando el presidente López Obrador asumió el mandato y tomó la decisión inquebrantable de frenar este desmantelamiento. El presidente López Obrador quiso reintegrar a la CFE y darle prioridad a la energía generada por la nación, pero enfrentó obstáculos cuando la Suprema Corte de Justicia echó para atrás estas reformas. Hoy, gracias a las modificaciones impulsadas por la mayoría en el Congreso, el gobierno ha logrado devolverle a la CFE su título de empresa pública del pueblo de México, garantizando que su despacho de energía tenga prioridad por encima de cualquier interés privado.
El triunfo de esta recuperación soberana se materializa en obras concretas como la recién inaugurada planta González Ortega en Mexicali. Con una inversión pública de más de 704 millones y tecnología de última generación, esta central aporta 653 megawatts de capacidad bruta al sistema eléctrico de Baja California. Esto no es solo un dato técnico, es una cuestión de supervivencia y dignidad para una de las regiones más calurosas de todo el planeta. Como recordó anecdóticamente la presidenta, en Mexicali las temperaturas superan los 50 grados, al punto de poder freír un huevo sobre el cofre de un automóvil.
En estas condiciones extremas, el uso de aire acondicionado no es un lujo, es una necesidad vital. La alta demanda generaba históricamente enormes presiones sobre la red eléctrica, amenazando con apagones y elevando los costos. Esta nueva central, sumada a la histórica interconexión de la península de Baja California con el resto del país mediante una línea de transmisión desde Puerto Peñasco, Sonora, asegura que los hogares, clínicas y comercios no se queden a oscuras en los momentos críticos.
Además de la generación, se está atacando el problema de raíz en la distribución. Emilia Calleja, la primera mujer en ocupar la dirección general de la CFE y quien forjó su carrera desde las bases de la institución, anunció un plan de acción inmediato y contundente para Mexicali. Se están sustituyendo 4,000 antiguos postes de madera que causaban fallas e interrupciones en el servicio, de los cuales 500 ya han sido reemplazados. Este es el verdadero significado de la justicia energética: que el desarrollo y la modernización lleguen directamente a la puerta de los ciudadanos.
Con su formación como doctora en ingeniería en energía por la UNAM, Claudia Sheinbaum tiene muy claro el rumbo que debe seguir el país. Planteó que la producción de energía en México debe sostenerse sobre tres pilares inquebrantables: garantizar la soberanía nacional, disminuir los impactos ambientales para combatir el cambio climático, y asegurar la justicia social. Bajo esta directriz, el gobierno tiene el ambicioso objetivo de instalar alrededor de 32,000 megawatts adicionales en el sistema eléctrico nacional durante los próximos años. De estos, se espera que 22,000 megawatts provengan de fuentes renovables.

El modelo a futuro combinará la inversión del Estado con esquemas de inversión mixta que no endeuden a la empresa pública, pero manteniendo siempre la propiedad y el control en manos de la CFE. El objetivo final es contundente: si cuando comenzó la transformación la CFE apenas generaba el 30 por ciento de la electricidad del país, hoy genera el 54 por ciento, y la meta es dejarla produciendo un sólido 60 por ciento para blindar el futuro de las próximas generaciones.
Finalmente, el evento sirvió para rendir un merecido y emotivo homenaje a los verdaderos héroes de esta historia: las y los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad. La presidenta recordó su heroísmo durante las heladas extremas en Texas, cuando el suministro de gas importado falló y los trabajadores mexicanos resolvieron la crisis en solo tres días, así como su labor incansable jalando postes bajo la lluvia y el lodo tras las recientes tormentas en la Huasteca. Este esfuerzo humano, sumado a un liderazgo hoy encabezado por mujeres poderosas e inspiradoras en la presidencia, la dirección de la CFE y la gubernatura de Baja California, demuestra que México ha despertado. El presupuesto ya no se roba, el Estado planifica con visión de futuro, y hoy, cuando el pueblo avanza, México entero triunfa.