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Irma Serrano: La Noche que Entró en Los Pinos y Nadie la Detuvo

Podía haberte aplastado. A muchos los aplastaba, [música] a Irma no, porque Irma llegó decidida a que ese mundo iba a ser suyo también. Rosario Castellanos no era una prima cualquiera. Era una de las voces más importantes que daría México en el siglo XX. una mujer que escribió sobre ser mujer en ese país con una honestidad que todavía incomoda.

Vivir con ella a los 14 años, respirar ese ambiente, escuchar esas conversaciones fue una formación que muy pocas personas de esa edad tenían acceso. Eso explica algo sobre Irma Serrano que sus escándalos tienden a ocultar. Nunca fue solo una figura del espectáculo. Venía de algún lugar, pensaba desde algún lugar.

Rosario Castellanos y Irma Serrano eran primas, pero eran también dos respuestas distintas a la misma pregunta. ¿Qué hace una mujer inteligente, con carácter y con algo que decir? En el México de mediados del siglo XX, Rosario eligió la escritura, la academia, el exilio interior de quien observa y nombra. Irma eligió meterse dentro, ocupar el espacio, usar el sistema contra sí mismo.

Las dos pagaron precios distintos por sus elecciones. Las dos dejaron algo que el México oficial tardó en reconocer y que todavía no ha terminado de procesar del todo. Vivir con Rosario a los 14 años no fue solo una circunstancia práctica, fue una exposición a una manera de pensar sobre ser mujer en México que muy pocas personas de esa edad y de cualquier origen tenían acceso.

las conversaciones que escuchó en esa casa, los libros que estaban en esas estanterías, las personas que entraban y salían, todo eso se quedó en Irma, aunque ella nunca lo dijera con esas palabras. No aprendió a pensar sobre el poder leyendo libros, aprendió viviéndolo. Pero el andamiaje para entenderlo lo construyó en esa casa con esa prima, siendo una adolescente de Chiapas que todavía no sabía exactamente a dónde iba.

Y en ese mundo al que llegó siendo adolescente, alguien la presentó con Diego Rivera. Rivera la retrató desnuda dos veces. En su estudio de la calle Altavista en San Ángel, Irma tenía entre 15 y 17 años. Los cuadros son de gran formato, casi 2 met de altura y los dos siguen existiendo hoy. Uno en un banco, el otro quedó con la familia de Casas Alemán. Me veía muy chiquilla.

Recordaría décadas después con esa naturalidad suya que desarmaba cualquier intento de incomodarla. Lo que esos cuadros dicen sobre quién era Irma a los 15 años y sobre el mundo en el que ya se movía es algo que el escándalo posterior tendió a ocultar, pero está ahí en los archivos de la UNAM en una fotografía que nadie encargó y que sin embargo existe.

Una menor de edad, desnuda, retratada por el muralista más famoso de México, introducida ahí por el gobernador con el que tenía una relación. Eso no es un detalle biográfico, es el retrato exacto de dónde estaba Irma Serrano a los 15 años y de lo que ya entendía sobre cómo funciona el poder. La persona muy querida era Fernando Casas Alemán, gobernador de Veracruz y hombre con ambiciones presidenciales.

Irma tenía 17 años cuando empezó la relación con él y ya entonces, a los 17 años, Irma Serrano se movía en los mismos espacios que los hombres más poderosos del país. Eso explica algo que hasta ahora no encajaba. Eso es lo que hace que lo de Los Pinos no sea un accidente. Es el resultado de una vida entera moviéndose exactamente así.

Su carrera como cantante empezó en 1962. No llegó a la música ranchera con el perfil que el género esperaba. No era del norte. No venía de familia de músicos. Venía del sur, de la casa de una escritora y de los estudios de un muralista. Y sin embargo, cuando abrió la boca, el género la reconoció. La voz era inconfundible, grave, ronca, con ese fondo que parece venir de un lugar más profundo que los pulmones, el tipo de voz que no se aprende y que cuando la tienes el público lo sabe antes de que tú lo sepas. En pocos años construyó un

nombre, canciones que sonaban en radios de todo México, películas que llenaban salas. Para mediados de los 60, Irma Serrano era alguien en México, el tipo de alguien al que los guardias de Los Pinos dejan pasar. Construir ese nombre no fue sencillo ni limpio. El México del espectáculo de los años 60 no era un lugar amable para las mujeres que querían hacer carrera en sus propios términos.

Las puertas no se abrían solas y las que se abrían lo hacían a través de conexiones que hoy serían inaceptables y que entonces eran simplemente la manera en que las cosas funcionaban. Irma llegó con una voz que nadie podía ignorar, pero llegó también con una red construida a través de los hombres poderosos que la rodeaban desde los 17 años.

Eso le dio acceso y ese acceso tenía un precio que el público no siempre veía desde fuera. Lo que el público sí veía era el resultado, una figura que no encajaba del todo en ningún molde, que era demasiado para los espacios pequeños y demasiado incómoda para los espacios grandes y que siguió adelante de todas formas. Ese es el perfil de la mujer que una noche decidió ir a Los Pinos con mariachis.

Y lo más inquietante es que cuando lo entiendes bien, lo sorprendente no es que lo hiciera, lo sorprendente es que no lo hubiera hecho antes. Para cuando conoció a Díaz Ordaz en 1969, Irma Serrano llevaba casi una década construyendo un nombre en el México del espectáculo. Había grabado discos, había hecho películas, había actuado en teatros, tenía un público que la seguía y una reputación que la precedía.

Pero esa carrera no era sólida de la manera en que puede parecerlo desde fuera. En el México del PRI, el mundo del espectáculo dependía del estado, de maneras que el público no siempre veía. Los productores necesitaban licencias. Las discográficas trabajaban con presupuestos que venían de instituciones públicas.

Las televisoras, Televisa, sobre todo, estaban íntimamente ligadas al poder político. Una mujer que quería trabajar en ese sistema necesitaba en algún momento y de alguna manera que ese sistema la dejara existir. Irma lo sabía mejor que nadie. Lo había vivido desde los 17 años, desde casas alemán, desde el estudio de Rivera.

Sabía que el acceso tiene un precio y que ese precio no siempre se negocia en términos iguales. Lo que la hacía diferente no era que no pagara ese precio, era que lo pagaba sabiendo exactamente lo que pagaba y que nunca fingió que no lo estaba pagando. esa honestidad, [música] esa negativa, a actuar como si las reglas del juego fueran otras, es también parte de lo que la hizo peligrosa [música] cuando el sistema decidió que ya no la necesitaba.

Para entender cómo llegó Irma Serrano a Los Pinos, hay que entender primero quién era el hombre que vivía ahí. Gustavo Díaz Oordaz gobernó México de 1964 a 1970. En el sistema del PRI de esa época, el presidente no era solo el jefe del gobierno, era el centro de gravedad de todo. El empresario que quería hacer negocios, el artista que quería proyectos, el periodista que quería seguir trabajando.

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