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Daniela Romo: la VERDAD que Ocultó Por AMOR a Su Madre (lo que CONFESÓ después)

La madre Teresa Corona, según ha relatado Daniela en infinidad de entrevistas, comprendió desde muy temprano que su hija mayor tenía algo distinto, algo que valía la pena cuidar. Y a pesar de los pocos recursos económicos de la familia, decidió darle a Teresita acceso a la formación artística que la niña claramente necesitaba.

A los 11 años, Teresita ingresó al coro de los hermanos una agrupación musical mexicana muy reconocida en los años 70. La pequeña Teresita Presmá Corona, vestida con uniforme escolar, llegaba dos veces por semana al ensayo del coro. Cantaba con otros niños, aprendía técnica básica de voz. Y allí, en ese coro infantil, según la propia Daniela ha confesado en cámara, descubrió la cosa más importante de toda su vida.

Descubrió que tenía una voz, una voz con la que dos décadas después iba a conquistar el continente latinoamericano completo. Año 1972. Teresita Presmá Corona tenía 13 años y junto con los hermanos Zavala debutó en el teatro mexicano con una obra musical titulada Contigo pan y cebolla. Aquella obra fue, según ha relatado la propia Daniela en entrevistas posteriores, el primer escenario que pisó en toda su vida.

Y allí, sobre las tablas de un teatro pequeño de Ciudad de México, frente a un público que apenas la conocía, Teresita supo lo que iba a hacer durante los próximos 60 años. iba a cantar, iba a actuar y sobre todo iba a vivir del arte. Su madre Teresa Corona la apoyó desde el primer día. Su hermana Patricia también y la abuela y la nana lloraron de orgullo el día del estreno.

Después de aquella primera obra, la joven Teresita ingresó en la academia Andrés Soler, una de las escuelas de teatro más prestigiosas de México, fundada en homenaje al primer actor mexicano del mismo nombre. La academia estaba ubicada en Ciudad de México y allí Teresita aprendió actuación clásica, técnica vocal avanzada, expresión corporal, lectura dramática, manejo de personajes.

Y allí también, según ha contado en distintos medios mexicanos, comenzó a construirse el personaje artístico que iba a usar el resto de su carrera, Daniela Romo, un nombre artístico que era completamente distinto al nombre real de la cantante. Ninguna de las dos palabras tenía relación directa con Teresita Presmán Corona.

Eran dos palabras nuevas, dos palabras inventadas, dos palabras que iban a convertirse en una marca registrada del entretenimiento mexicano. Aún muy joven, Daniela Romo viajó hasta Los Ángeles, California, para perfeccionar su técnica vocal con uno de los grandes maestros del canto en Estados Unidos, un hombre llamado Set Rick.

Rick había trabajado con cantantes como Michael Jackson, Stevie Wonder, Madonna, Quincy Jones, Ray Charles y muchos otros nombres gigantes de la industria musical internacional. Era considerado uno de los mejores entrenadores vocales del mundo y aceptó a la joven mexicana como alumna privada. Daniela pasó varios meses viviendo en California aprendiendo la técnica vocal del maestro Rick.

Aprendió control de respiración, aprendió manejo de registros vocales, aprendió interpretación dramática del texto cantado y cuando regresó a México con su pasaporte estampado y su cabeza llena de conocimientos nuevos, traía consigo algo que casi ninguna cantante mexicana de aquella generación tenía. Tenía técnica vocal de nivel internacional comprobable. Año 1978.

Daniela Romo tenía 19 años y participó en uno de los festivales musicales más prestigiosos del continente latinoamericano de aquel momento. El festival Oti. La canción que interpretó se llamaba Como tú y en la final nacional mexicana Daniela ganó el primer lugar. Aquella victoria le dio el derecho a representar a México en la final internacional del festival que se celebró el 2 de diciembre de 1978 en Santiago de Chile.

La capital chilena estaba todavía gobernada por la dictadura militar de Augusto Pinochet, [música] pero el festival musical era un evento de alto nivel que reunía a las mejores voces juveniles del continente americano. Daniela voló hasta el cono sur del continente, subió al escenario en Chile, interpretó como tú frente a un jurado internacional y quedó en el tercer lugar de la competencia.

Volvió a México con una medalla de bronce y con un nombre nuevo conocido en todo el habla hispana. El tercer lugar internacional en el festival Oti de 1978. Esto en términos comerciales significaba que Daniela Romo acababa de convertirse en una de las nuevas voces latinas más prometedoras del momento.

Las disqueras mexicanas empezaron a interesarse seriamente en ella, las telenovelas también y los empresarios musicales del [música] continente entero. La cantante, que apenas tenía 19 años, firmó sus primeros contratos importantes con disqueras y con cadenas de televisión. Pero viene el dato más cruel de toda esta historia.

La verdadera explosión comercial de Daniela todavía no había ocurrido. Hacían falta 5 años más. Hacía falta una telenovela, hacía falta una canción italiana y hacía falta el año en el que Daniela Romo se convertiría definitivamente en leyenda viva del pop latino. Ese año iba a ser 1984 y todo iba a empezar con un viaje a Italia. Si esta historia te está moviendo, suscríbete al canal para no perderte el próximo episodio.

Año 1984, Italia. La pequeña ciudad de San Remo, ubicada en la costa de Liguria, al norte del país, estaba celebrando una nueva edición de uno de los festivales musicales más antiguos del mundo, el festival de San Remo. Aquel año, una cantante italiana llamada Fiordalizo, cuyo nombre real era Marina Fiordalizo, interpretó una canción titulada Nomboglio mica la luna.

La canción no ganó el festival italiano, pero llegó a un puesto destacado dentro de la final y sobre todo llamó la atención de los productores musicales latinoamericanos que asistían cada año al festival para buscar temas que pudieran funcionar comercialmente en habla hispana. Uno de aquellos productores quedó hipnotizado con la melodía de Fiordalizo.

Compró la canción, la adaptó al español y se la envió a una cantante mexicana de 25 años, Daniela Romo. La traducción al español le puso por título Yo no te pido la luna. Daniela grabó la canción con arreglos del productor italiano Danilo Baona, uno de los productores más reconocidos del momento dentro de la música pop mediterránea y la incluyó en su nuevo disco titulado [música] Amor prohibido.

Cuando aquel disco salió al mercado latinoamericano en 1984, la canción explotó, pero explotó como pocas canciones habían explotado en habla hispana hasta aquel momento. Yo no te pido la luna se convirtió en himno generacional inmediato en México, Estados Unidos, Centroamérica y América del Sur.

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