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¡LA DESTRUYERON! Amparo Rivelles Murió Sola y Con Deudas, Lo Que Su Familia Ocultó 20 Años.

 A los 16  era conocida. A los 20 era imposible ignorarla. Pero hay algo que casi nadie  sabe sobre esos primeros años y tiene que ver con el precio que pagó para llegar donde llegó. El cine español de los años 40 era un territorio  muy complicado para una mujer joven con ambición.

 Había un sistema de favores, de jerarquías, de silencios obligatorios. Las actrices  que querían trabajar tenían que aprender a moverse en ese mundo sin hacer demasiado ruido. Amparo lo aprendió. Aprendió a sonreír cuando no  quería, a callar cuando tenía razones para hablar, a agradecer públicamente  lo que en privado le costaba sangre.

 Fue el cine español del franquismo el que la lanzó, pero también el que la moldeó a su imagen. Y eso tuvo consecuencias  que tardaron décadas en verse. Sus primeras películas la convirtieron en un rostro conocido. Su naturalidad  frente a la cámara era distinta a la de otras actrices de la época que tendían a  una gesticulación más teatral, más marcada por la herencia del escenario.

 amparo traía algo diferente, traía verdad, traía esa  capacidad de hacer que el espectador creyera que lo que estaba viendo no era una actuación, sino la vida misma. Entre 1943 y 1950 rodó más de 20 películas, 20 en 7 años. Un ritmo  que hoy parece imposible, pero que en aquella industria era parte del contrato no escrito.

Trabajas, produces, no te quejas. Y funcionó. La carrera de amparo despegó de una manera que muy pocas actrices  de su generación consiguieron. Pero lo que vino después del éxito es donde empieza la parte  oscura de esta historia, porque en 1953 Amparo Riveles tomó una decisión que  marcaría el resto de su vida.

Dejó España, cogió sus maletas,  dijo adiós a los estudios que la habían convertido en estrella y se fue a México. ¿Por qué se fue?  Esa es la pregunta que durante décadas tuvo respuestas distintas dependiendo de a quién le  preguntaras. La versión oficial era simple. México le ofrecía mejores contratos, más presupuesto,  un cine que en aquellos años tenía una proyección internacional que el cine español no podía igualar.

 Y eso era verdad, pero solo era parte de la verdad. Lo que Amparo nunca contó públicamente o contó solo a medias en algunas  entrevistas tardías es que su salida de España también tenía que ver con algo personal, con alguien personal,  con una situación que dentro del régimen franquista era imposible de resolver y que fuera de España al menos  era posible vivir con algo más de dignidad.

Llegaremos a eso, pero antes  hay que entender lo que México significó para ella. Llegó a Ciudad de México  con el nombre que ya era conocido en España, pero en un país nuevo, donde ese nombre tenía que  ganarse su lugar de nuevo. Y lo hizo. Lo hizo a una velocidad que dejó  a muchos productores mexicanos con la boca abierta.

 Su primera película mexicana fue un éxito. La segunda también. Para mediados de los años 50, Amparo Riveles era una de las actrices más cotizadas de la industria cinematográfica latinoamericana.  Trabajó con los grandes directores del cine de oro mexicano. Compartió cartel con figuras  que hoy son iconos. Ganó premios, ganó admiración.

 ganó dinero, pero ganó también algo que no tenía precio y  que México le dio de una manera que España nunca pudo. Libertad. En México podía vivir de otra forma, podía tener relaciones,  podía moverse, podía ser ella misma en espacios donde en España habría tenido que esconderse.

 Y eso, para alguien que había crecido en la  España de Franco era casi un milagro. Sin embargo, esa  libertad tenía sus propios costes y uno de los más altos lo  pagó en el terreno familiar. Amparo se casó tres veces. tres  matrimonios que en su momento generaron comentarios, chismes,  especulaciones.

 La prensa rosa de aquella época no era especialmente compasiva con las mujeres que se divorciaban y mucho menos con las que lo hacían más de una vez. Pero detrás de cada uno de esos matrimonios había una historia de mucho más calado que lo que los titulares  contaban. Su primer matrimonio fue con el actor español Carlos Muñoz, una unión  que duró poco y que terminó de forma discreta, casi sin hacer ruido.

 Los dos siguieron  trabajando, los dos siguieron siendo conocidos y el tema quedó guardado en un cajón. El segundo matrimonio fue diferente, fue con alguien del  mundo de la producción cinematográfica mexicana, alguien con poder dentro  de la industria. Y aquí es donde la historia se complica, porque ese matrimonio mezcló lo personal  con lo profesional de una forma que con los años resultó  muy difícil de deshacer.

 Cuando ese matrimonio también terminó, Amparo no solo  perdió una relación, perdió vínculos. perdió alianzas, perdió parte de la red de contactos que en la industria del  cine es tan importante como el talento. Y el tercero, el tercer matrimonio es el que más consecuencias tuvo a largo plazo, el que  dejó una sombra que llegó hasta los últimos años de su vida.

 Pero antes de llegar ahí, hay que hablar de algo  que durante décadas fue el secreto mejor guardado de Amparo Riveles,  algo que su familia sabía, que algunos amigos sabían y que la prensa nunca terminó de sacar a la luz de  forma clara. Amparo tenía un hijo, un hijo cuya existencia fue durante  muchos años casi un tabú dentro de su entorno más cercano.

 Un hijo cuya relación  con ella fue tormentosa, complicada, llena de silencios y de distancias que nunca terminaron de cerrarse del  todo. ¿Por qué una madre y un hijo podían tener una relación tan rota? ¿Qué había pasado  entre ellos para que la distancia fuera tan grande? La respuesta está en  lo que Amparo eligió priorizar durante los años más importantes de su carrera y en lo que ese hijo sintió durante toda su vida sobre  esa elección.

 Cuando eres actriz de la magnitud que fue Amparo Riveles  en los años 50 y 60, el trabajo lo ocupa todo. Los rodajes se  suceden, los compromisos se acumulan, los viajes son continuos y hay algo que la industria cinematográfica de esa época no perdonaba, especialmente a las mujeres, el hecho de ser madre antes que actriz.

  Amparo intentó compaginar las dos cosas, pero en una industria  que no estaba diseñada para eso, que no dejaba espacio para eso,  compaginar significaba ceder en alguno de los dos frentes. Y Amparo cedió en el familiar. Su hijo creció con una madre  presente a ratos, ausente durante meses, que volvía de los rodajes con regalos  y con ese brillo especial que tienen las personas que hacen lo que aman.

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