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LA MAFIA DE LOS FALSOS CIRUJANOS: CLÍNICAS QUE OCULTAN MUERTES | Historial Criminal

Ninguna mujer, por más hermosa que sea, parece estar a salvo de la insatisfacción. Vivimos bajo una constante presión social, bombardeados por imágenes alteradas con inteligencia artificial o con Photoshop que nos imponen cuerpos perfectos y prácticamente inalcanzables. Lo peor de todo es que este sentimiento no distingue géneros.

Por eso, hoy te pregunto, ¿hasta dónde estás dispuesta o dispuesto a llegar para encajar en los estándares de belleza de las redes sociales? Imagina que en medio de esa inseguridad llega una persona, llamémosle un doctor, que te ofrece un atajo en este camino. Te promete que con un par de cirugías finalmente lucirás perfecta.

¿Lo harías? ¿Lo harías incluso sabiendo que estás poniendo tu vida en juego? El propósito no es juzgar los arreglos estéticos para nada, para nada, sino recordarte que en un quirófano tu vida puede estar en riesgo. Un quirófano no es un juego y jamás deberías de dejar tu vida en manos de cualquier persona.  Amigos, ¿cómo están? Bienvenidos a un nuevo capítulo de Historial Criminal.

Las cirugías estéticas se mudaron por completo a las redes sociales, vendiéndose en Facebook y TikTok a través de las famosísimas tandas. El mecanismo funciona exactamente igual que el que se usa para sacar un mueble a crédito o comprar una motocicleta en abonos chiquitos. Una total irresponsabilidad si tomamos en cuenta que aquí el dinero es para modificar tu cuerpo.

Mujeres comunes se convierten en organizadoras e intermediarias del negocio. Un ejemplo es Alondra, una mujer que manejaba tandas tradicionales de electrodomésticos, pero tras someterse ella misma a una abdominoplastía con lipotransferencia y además quedar satisfecha, descubrió, ¿qué crees? una mina de oro. Entendió que existía un mercado enorme de mujeres dispuestas a pagar poco a poco por una cirugía que jamás podrían costear de contado.

Estas organizadoras usan un discurso totalmente adaptado al internet. Te hablan de tunearse, de moldearte, como si fuera una meta de consumo aspiracional o el siguiente paso natural para sentirte bien contigo misma. arman paquetes comerciales prácticamente todo incluido, que prometen cubrir la clínica, el anestesiólogo, los estudios, las cremas, incluso hasta los masajes postoperatorios.

Todo esto por pagos semanales que parecen fáciles de asumir, como por ejemplo dar 2,000es durante 30 semanas para cubrir una operación que en total te puede llegar a costar 60,000 pes. Incluso en estados como Michoacán, estas redes hacen firmar contratos obligatorios a las pacientes para deslindarse de prácticamente cualquier riesgo, porque detrás de esa eh falsa facilidad económica, el peligro es absoluto.

Las mismas organizadoras reconocen ante las cámaras que una cirugía es totalmente impredecible y que siempre existe el miedo de que alguien en la plancha, pero se lavan las manos argumentando que ellas solamente recolectan el dinero y que lo demás ocurre dentro del quirófano y que además pues no es su responsabilidad. Yo recolecto el dinero para que ellas puedan pagar su cirugía, pero ya el procedimiento eh se lleva en el quirófano.

Yo también me operé con el temor de que algo fuera a salir mal porque pues es una cirugía estética que es impredecible, ¿no? Te pones en las mejores manos, claro, pero eh solamente ahora sí que Dios sabe lo que va a pasar. Este esquema sin regulación es el gancho perfecto para que intermediarios sin escrúpulos, hay que decirlo, y clínicas improvisadas llenen sus agendas impulsadas por estándares de belleza cada vez más irreales.

Las pacientes entran pensando únicamente en el resultado y ahí está el error, sin entender el verdadero riesgo que hay detrás de un bisturí barato. Vamos con nuestro primer caso, Odalis Santos Mena. Odalis tenía solamente 23 años, aunque los primeros reportes intentaron restar la edad. era influencer, una destacada físicoculturista dentro del entorno fitness nacional, atleta multigalardonada en la categoría Wellness fitness y estudiante de la carrera de nutrición.

En sus plataformas digitales compartía diariamente su disciplina, sus alimentos y las competencias en las que participaba. Tenía planes a futuro, proyectos profesionales, una relación sentimental estable. Y esa misma mañana, cuando todo ocurrió, incluso había recibido las calificaciones aprobatorias de su semestre universitario.

Su vida avanzaba con total normalidad y éxito. Esa mañana de julio de 2021 se presentó en una clínica dermatológica llamada Skinel, ubicada en la colonia Ladrón de Guevara en Guadalajara, Jalisco. El establecimiento la había contratado para fungir como la imagen oficial de un tratamiento contra la sudoración excesiva llamado Mira Try.

Según el testimonio de su pareja, el personal del lugar le aseguró a Odalis que se trataba de un procedimiento mínimamente invasivo, algo sumamente sencillo, rápido y totalmente libre de cualquier riesgo. Consistía únicamente en aplicar anestesia local en la zona de las axilas y utilizar un dispositivo especializado para eliminar eliminar las glándulas sudoríparas.

El trato estaba diseñado específicamente para alimentar el algoritmo. Odalis no iba en calidad de una paciente común, iba a grabar contenido. El acuerdo incluía la difusión y promoción del tratamiento en todas sus redes sociales, disfrazando una campaña publicitaria como si fuera una experiencia personal de rutina. Y ojo, esto no está mal.

Hay muchas personas que hacen esto. Aquí lo que estuvo mal fue el procedimiento y la práctica, todo lo que le hicieron es lo que estuvo muy muy mal. La intervención supuestamente le dijeron tomaría tan sola una hora, por lo que su novio decidió esperarla afuera dentro del automóvil. Pero el tiempo el tiempo comenzó a extenderse de forma inusual.

Casi 2 horas después, 2 horas, el personal de la clínica salió a buscarlo al vehículo para darle una noticia totalmente inesperada. Odalis había comenzado a convulsionar en la camilla durante la etapa de preparación, justo al recibir la dosis de anestesia local compuesta por lidocaína y bupibacaína. Minutos más tarde, la joven entró en un paro cardiorrespiratorio, según las versiones, fulminante.

Cuando intentaron reanimarla, lamentablemente ya no había nada que hacer. El procedimiento fue ejecutado sin la supervisión de un médico profesional y especialista certificado en dermatología o cirugía plástica, quedando la aplicación en manos de empleados de la clínica que obviamente no supieron cómo reaccionar.

La clínica se defendió de inmediato emitiendo un comunicado público para deslindarse la tragedia. Afirmaron de forma atajante que Odalis consumía sustancias y medicamentos incompatibles con la anestesia. Específicamente se refirieron a clembuterol y oxandrolona, fármacos que la verdad es que son muy comunes en el entorno del físicoculturismo.

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