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PERRO AGUAYO: POR ESTO MATARON A SU HIJO Y LO HUMILLARON HASTA QUE MURIÓ

Pedro Aguayo Ramírez, hijo de Luz Ramírez,  esposa única del ídolo zacatecano. Recuerda esa fecha  porque el muchacho que nació esa madrugada terminaría muerto en un cuadrilátero de Tijuana 35  años después. El perroayo cargó al recién nacido en sus brazos rudos, lo besó en la frente y le susurró unas palabras textuales que él mismo contaría décadas después.

Cito literal al perro aguayo Damián.  Mi hijo, tú vas a ser luchador, pero por favor no escojas el cuadrilátero como destino.  Es un camino que te puede costar la vida. Cierro la cita. Esas palabras del padre zacatecano durante el bautizo del Hijo resonarían como una premonición. Una premonición que tardaría 36 años exactos en cumplirse.

¿Por qué le pidió al hijo recién nacido no dedicarse al pancracio? Porque el padre sabía la verdad brutal del oficio. Sabía las muertes ocultas del Consejo  Mundial. Sabía los paralíticos olvidados del toreo de Cuatro Caminos, sabía las viudas hambrientas de los gimnasios profesionales y sabía que Pedrito Ramírez tenía toda la sangre rudística del clan campesino zacatecano,  lo que lo convertía en el blanco directo de las desgracias del cuadrilátero.

Pero el destino ya estaba escrito. y el propio Pedro Aguayo Ramírez contra la voluntad expresa del Padre. El toreo de Cuatro Caminos el 18 de junio del año 1995 a los 15 años de edad, sin permiso del padre, sin entrenamiento formal, a escondidas del propio perro Damián. El padre se enteró días después, lo confrontó en la sala familiar, le gritó tres horas seguidas y le exigió retirarse del pancracio de inmediato.

Pero el muchacho ya estaba enamorado del cuadrilátero. Cito literal al hijo del perro Aguayo. Papá, yo nací para el cuadrilátero. Tú no me vas a apartar del oficio, aunque te cueste verme caer en  el ring. Cierro la cita. El perro Damián lloró  esa noche en la sala familiar.

Era la primera vez en 70 años de vida que el rudo  del altiplano lloraba en su propia casa y supo de inmediato que iba a perder a su hijo único en los cuadriláteros del pancrácio mexicano. La pregunta era, ¿cuándo y en qué función  específica? Te lo advierto, lo que pasó las siguientes dos décadas confirmó la peor pesadilla del padre zacatecano.

Porque Pedro Aguayo Ramírez, conocido como el hijo del perro  Aguayo, se convirtió en menos de 10 años en uno de los luchadores rudos más populares del pancracio  mexicano. Campeón nacional en parejas con su propio padre, desenmascarador de picudo y texano junior, fundador del clan más temido del calendario contemporáneo Los perros del mal.

Recuerda esa facción, porque sobre los perros del mal descansa la maldición más oscura de toda la historia reciente del  pancracio. Y porque sobre los seis fundadores originales del clan rudístico, tres, terminarían muertos en exactos 6 años  seguidos. Pero todavía falta mucho para esa revelación. Por ahora hay que volver al  año 2015.

20 de marzo del año 2015, viernes por la noche, Tala, Jalisco. Recuerda esa fecha exacta. Porque la noche del 20 de marzo del año 2015  empezó el calvario más oscuro del clan Aguayo Ramírez. El perro Aguayo Damián, 69 años de edad,  vivía en la casa familiar del pueblo de Tala, 4 años retirado del pancracio, una vida tranquila de jubilado y un teléfono celular que no paraba de marcar al hijo toda esa semana.

Cinco llamadas en seis días consecutivos. Cito literal al perro Aguayo Damián. Mi hijo, no vayas a Tijuana este fin de semana. Algo no está bien. Cancela la función. Diles que estás enfermo del cuello. Yo te pago el dinero que dejas de cobrar. Cierro la cita. El hijo del perro Aguayo se reía en cada llamada del padre.

Cito literal al hijo del perro Aguayo. Papá, ¿estás paranoico? Ya están vendidos los boletos. La empresa me mata si no  aparezco. Es una lucha de rutina. Cierro la cita. Esa fue la última conversación oficial entre el padre y el hijo. 4 días después, el sábado 20 de marzo,  en el auditorio municipal de Tijuana, Baja California, el hijo del perro Aguayo subió al cuadrilátero para enfrentar a tres rivales en la función las cuatro esquinas de la empresa estadounidense de Crash  lucha libre y nunca más bajó vivo del propio cuadrilátero

norteño. 10:45 de la noche del 20 de marzo. Hijo del perro Aguayo y Manic contra Rey Misterio Junior y Extreme Tiger. Boletos agotados desde una semana antes, cámaras de televisión grabando el evento y el hijo del perro Aguayo cojeando sobre la entrada al cuadrilátero. Recuerda ese detalle porque sobre la cojera del muchacho del  Distrito Federal descansa la primera prueba de lo que Alberto del Río revelaría 10  años después.

Esa noche en el camerino se vivió un ambiente extraño. El propio hijo del perro Aguayo llegó cojeando del cuello cervical. Tres semanas de lesiones previas, imposibilidad de girar el cuello hacia la derecha y un dolor lumbar que le impedía agacharse normalmente. El médico de cabecera de la empresa le pidió bajarse de la función.

Cito literal al médico de The Crash. Pedro, ¿no estás en condiciones de luchar esta noche. Las cervicales no responden. Yo firmo el certificado médico ahora mismo. Cierro la cita. Pero la empresa fronteriza insistió en la lucha estelar. El show debía continuar. Los boletos estaban vendidos, la transmisión televisiva estaba contratada y el hijo del perro  Aguayo se puso las botas afelpadas heredadas del padre, sabiendo que el cuerpo le fallaba.

sabiendo que el cuello no respondía, sabiendo que algo no estaba bien  y la empresa lo sabía también. Todos en el camerino lo sabían, pero nadie del  clan rudístico lo detuvo. Y sucedió lo más asqueroso de toda esta historia. Antes de subir al cuadrilátero, un médico anónimo le aplicó una inyección específica al hijo del perro Aguayo.

Una inyección para soportar el dolor cervical durante la lucha. Una inyección que adormeció los sentidos defensivos del muchacho. Una inyección que selló su destino esa misma noche. 10:52. El hijo del perro Aguayo subió al cuadrilátero inyectado del cuello, cojeando del costado con la mirada perdida.

La pelea empezó normal los primeros minutos. Hijo del perro y Manik intercambiando golpes con Rey Misterio y Extreme Tiger. Llaves técnicas. Caídas controladas, movimientos coreográficos del pancracio profesional y entonces sucedió el momento exacto que cambió la historia para siempre. El hijo del perro Aguayo cayó en la primera cuerda tras recibir una patada lateral del costado derecho, una patada normal del pancracio, una patada que cualquier luchador sano hubiera resistido.

Pero el hijo del perro no estaba sano esa noche. Las cervicales lastimadas se dieron tras el impacto. La inyección anestesiante impidió que el cerebro registrara el dolor y el muchacho quedó colgado sobre la segunda cuerda. inconsciente del cuerpo entero, sin pulso visible del corazón rudístico, sin oxígeno en los pulmones del clan campesino, cadáver en la lona del auditorio municipal y entonces vino la peor parte.

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