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Alfonso Zayas: La trágica verdad detrás del hombre que hizo reír a México

Una vida escrita entre telones y hambre

Alfonso Zayas Cetina no nació en un hospital, ni rodeado de comodidades. Su llegada al mundo el 30 de junio de 1941, en Tulancingo, Hidalgo, ocurrió en una carpa de circo. Hijo de Alfonso Zayas Cetina y Dolores Inclán, creció inmerso en un ambiente de teatro ambulante. La precariedad económica fue su primera maestra, y una frase, grabada a fuego en su mente durante su infancia, dictaría el rumbo de su existencia: “La familia se moría de hambre”.

A los cuatro años, fue dejado al cuidado de su abuela en la Ciudad de México para que pudiera asistir a la escuela y tener una estabilidad que la vida nómada de sus padres no le permitía. Esta separación temprana dejó una herida profunda de soledad y abandono. Durante su juventud, Alfonso juró que nunca se dedicaría al oficio que había visto consumir la vida de sus padres. Buscó refugio en la seguridad de un empleo estable como técnico en Televicentro, trabajando como floor manager, disfrutando del anonimato y la seguridad de un sueldo fijo.

El destino y la comedia

Sin embargo, el destino tenía un plan diferente. Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, detectó en aquel técnico un carisma natural y una chispa especial que no podían pasar inadvertidos. A pesar de las constantes negativas de Zayas, quien temía repetir el destino de precariedad de su familia, la insistencia de Chespirito prevaleció. Cuando finalmente aceptó, el público respondió con risas inmediatas. Lo que comenzó como un pequeño papel terminó siendo el inicio de una carrera legendaria.

A pesar de sus reticencias iniciales, la actuación estaba en su sangre. Pertenecía a una de las dinastías más importantes del entretenimiento mexicano: su tío abuelo era Miguel Inclán, su tío fue Raúl “Chato” Padilla, y entre sus primos se encuentran figuras como Rafael Inclán y Alfonso Obregón, la voz de Shrek en español.

El fenómeno del cine de ficheras

A finales de los años 70, la industria cinematográfica mexicana enfrentaba una crisis existencial ante la competencia del cine extranjero. En este contexto, surgió el cine de ficheras como una estrategia para salvar los estudios y reactivar el trabajo de miles de técnicos y actores. Alfonso Zayas se convirtió en el rostro de este movimiento. Sus películas, aunque duramente criticadas por la élite intelectual, fueron un éxito masivo de taquilla.

Zayas representaba al “anti-galán” con el que el público mexicano se identificaba profundamente: el hombre común que, a pesar de sus carencias, lograba conquistar a las mujeres más bellas. No era la apariencia física lo que lo definía, sino su carisma y un sentido del humor que derribaba cualquier barrera.

Amores, conquistas y el precio de la fama

La vida sentimental de Zayas fue tan intensa como su carrera profesional. Maribel Guardia, considerada una de las mujeres más hermosas de la época, confesó años después que, a pesar de tener a galanes como Andrés García intentando conquistarla, eligió a Alfonso por su sentido del humor y su trato caballeroso.

Sin embargo, el éxito también trajo grandes desafíos. Con siete matrimonios y nueve hijos, su fortuna se vio mermada por batallas legales y divorcios costosos. Su intento de incursionar en el mundo empresarial con un centro nocturno en Cuernavaca terminó en ruina económica. Fue entonces cuando conoció a Libia García, su octava y última esposa, quien lo acompañó durante sus últimos 22 años, conociéndolo no como la estrella de cine, sino como el ser humano que luchaba contra las adversidades.

Una herida que nunca cerró

La parte más oscura de su vida, y que mantuvo en silencio durante 16 años, fue la muerte de su hijo mayor en 2005. Piloto de profesión, su primogénito falleció en un accidente de helicóptero en San Luis Potosí. En una entrevista poco conocida, Zayas reveló el dolor devastador que esta pérdida le causó. A pesar de su oficio de comediante, que le exigía mostrarse siempre alegre ante el público, por dentro cargaba una tristeza que nunca pudo superar del todo.

El último deseo del rey de la risa

A medida que el cine de ficheras perdía vigencia, Zayas supo reinventarse, participando en programas como Sábado Gigante en Miami y realizando teatro. En sus años finales, enfrentó problemas de salud graves, pero siempre mantuvo una actitud resiliente.

En 2021, tras un año de encierro debido a la pandemia, celebró su cumpleaños número 80 rodeado de su familia, cumpliendo un deseo que había solicitado a sus médicos. Pocos días después, el 8 de julio, falleció a causa de un paro cardiorrespiratorio. Su última voluntad, revelada por su hija Samantha, fue ser enterrado junto a sus padres en el Panteón Jardín. A pesar de haber alcanzado la cima, su corazón deseaba volver al origen, al lugar donde todo empezó, junto a aquellos carperos que, a pesar de las carencias, fueron su familia.

Alfonso Zayas no buscó ser recordado por sus películas, su fama o sus conquistas. Quería ser recordado como padre y por su apellido. Hoy, años después de su partida, el público sigue riendo con sus obras, recordando a un hombre que, aunque lloraba en silencio, dedicó su vida a regalar alegría a quienes más lo necesitaban. Su legado perdura, no solo en la historia del cine mexicano, sino en el corazón de aquellos que encontraron en él un reflejo de su propia cotidianidad.

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